Vie. 19 Julio 2024 Actualizado 2:45 pm

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Nicolás Maduro cumple 10 años como presidente de Venezuela (Foto: AVN)
Informe especial

A una década de la presidencia de Nicolás Maduro: 10 hitos

El presidente Nicolás Maduro ha cumplido 10 años de haber sido electo en el cargo por primera vez. Sin lugar a dudas su permanencia es de por sí un hito sumamente significativo si damos por descontados todos los eventos que se han resistido a su investidura, a las instituciones venezolanas y a la sociedad.

Este aniversario demanda un análisis al detalle de los aspectos más relevantes de este periplo. Lo que sería también, y por defecto, una síntesis sobre la realidad venezolana, la situación nacional como un país bajo asedio y la forma en que el gobierno de Maduro ha prevalecido, contra muchos pronósticos.

1. El 14 de abril

La elección presidencial del 14 de abril de 2013 estuvo precedida por la muerte del Comandante Hugo Chávez. El clima político nacional estaba plenamente delineado por el estado socio-anímico del desconcierto. En una corta carrera electoral, el chavismo se comprometió a desarrollar una campaña política que debía ser eficaz.

A diferencia de los demás comicios que habían precedido, este demandaba el recordatorio constante de Chávez, pero Maduro también debía ser situado en el liderazgo político como una figura con cualidades propias.

Aunque Nicolás Maduro había desempeñado funciones como presidente del parlamento y canciller de la república, no era un líder electoral de talla nacional. Su principal punto de fuerza había sido fungir como delegado por Chávez para conducir el país en caso de su ausencia.

Las semanas previas a la jornada del 14 de abril fueron consideradas de gran "vulnerabilidad" política para el chavismo. Los enemigos del país entendían el poder institucional como un espacio "cautivo" expuesto al asalto mediante la vía electoral encarnada en Henrique Capriles Radonski. Pero Maduro logró conducir el chavismo como nuevo referente en las peores circunstancias.

Aunque con un estrecho margen en el sufragio, consolida el primer hito de su tiempo político: Lograr la presidencia del país.

2. Un estilo propio

El primer acto de resiliencia del chavismo en la era Maduro fue encaminarse hacia la superación progresiva de la partida física del Comandante Chávez para asumir su nombre como un símbolo, un modelo, un referente a seguir: Síntesis de un legado colectivo a proteger.

Desde entonces el Presidente ha tenido clara la necesidad de sostener a Chávez y su obra como puntos cardinales, pero al mismo tiempo ha dado marca y estilo personal a su rol como Jefe de Estado y líder político, frente a un país que evolucionaba al compás de los eventos.

Desde un ángulo politológico el cambio de era demandó una resignificación del propio chavismo. Este tendría que asumir variantes sin abandonar sus claves fundacionales con vistas a reeditarse como oferta política.

Supo proponerlo desde su sello de "primer presidente chavista" del país. Con distinciones no menores: Caraqueño, antiguo conductor de autobús, con un registro suyo de discurso y con maneras auténticas de "caribear" la política.

Logró darle un perfil a su mandato.

3. Victorias políticas

El presidente Maduro ha sido llamado "El conductor de victorias", una denominación que incluye muchos ámbitos pero que se ha utilizado especialmente en contextos comiciales.

Exceptuando las elecciones parlamentarias de 2015, con resultados fatídicos para el chavismo y para el país, el primer mandatario ha conducido los partidos del chavismo en claras victorias durante nueve eventos, incluidos dos procesos presidenciales, parlamentarias de 2020, dos elecciones regionales y otra a una Asamblea Nacional Constituyente.

Aunque el chavismo —e igualmente la oposición— ha perdido base de votos de manera progresiva, el líder logró instrumentar con eficacia las condiciones electorales mediante la difusión de su acción política, territorializando y sectorizando la orgánica comicial del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV).

4. El presidente más criminalizado en la historia de Venezuela

Conviene mencionar algunos puntos que refieren, de manera indiscutida, que el acoso al mandato del presidente Maduro ha sido constante hasta alcanzar intensidades inéditas, irracionales, fuera de todo parangón.

En el año 2017 el parlamento, entonces en desacato, realizó uno de los actos más absurdos que se hayan visto en la historia legislativa republicana: Declararon el "abandono del cargo" del presidente Maduro, quien estaba en pleno ejercicio, como justificativo para su destitución. Aquello no tenía coherencia alguna, pero era un mandato estadounidense con vistas a allanar condiciones para el asedio sobre el país, pues ahí residía el carácter de "ilegitimidad" que le endosaban.

Maduro es el único presidente en la historia al cual se le organizó un "juicio" nacional en el extranjero, sin su presencia y mientras desarrollaba plenas funciones de su cargo. En 2018 el Congreso de Colombia prestó sus instalaciones para que el llamado "tribunal supremo en el exilio", junto con la exfiscal prófuga Luisa Ortega Díaz, hiciera un juicio exprés contra el presidente, en el que se le criminalizó, sentenció y se ordenó su detención.

En marzo de 2020 el fiscal general de Estados Unidos, William Barr, criminalizó al presidente Maduro acusándolo de "narcotraficante y financiador del terrorismo" y le puso precio a su cabeza por 15 millones de dólares con el fin de detonar acciones internacionales para capturarlo.

El presidente Maduro ha sido objeto de denuncias por parte de dirigentes de la oposición venezolana ante la Corte Penal Internacional (CPI) debido a supuestos "crímenes de lesa humanidad" que, aunque no han logrado resultados concretos, se fraguaron en la fabricación de un expediente político, comunicacional y judicial en su contra.

Como es evidente, todos estos dispositivos de poder pseudoinstitucionales, prácticas de lawfare y medidas agresivas no han surtido efecto.

5. "Todas las opciones están sobre la mesa"

Su mandato ha sido el más hostigado en la historia republicana del país. No hay registros de tales niveles de injerencia externa en Venezuela en 200 años que se puedan comparar con la intromisión que el gobierno estadounidense ha dirigido contra el país bolivariano en la última década.

A inicios de 2019 el presidente estadounidense Donald Trump afirmó que "todas las opciones están sobre la mesa", con lo que aludía a una intervención militar en el país.

Esto pudo corroborarse dado que, recientemente, exaltos funcionarios de esa nacionalidad han publicado libros en los que confiesan que la opción militar contra Venezuela fue real. Mark Esper (exsecretario del Departamento de Defensa), Mike Pompeo (exsecretario del Departamento de Estado) y John Bolton (exasesor de Seguridad Nacional) lo han explicado a nivel de detalle y todos declararon que el llamado "gobierno interino" encabezado por Juan Guaidó solicitó la intervención extranjera ante el mismo Donald Trump.

6. Maduro "destiñó" las revoluciones de color en Venezuela

En los años 2014 y 2017 se implementaron en Venezuela operaciones a gran escala que consistían en el desarrollo de la conmoción social, la violencia generalizada y el quiebre institucional, que fueron coloquialmente llamadas "guarimbas".

Se trató de revoluciones de color, hechos que se ensayaron antes especialmente en Europa del este, desplegados en una versión mejorada en Venezuela —y en otras latitudes mundiales— bajo la apariencia de estallidos sociales.

En ambos eventos el presidente Maduro logró articular la política de Estado de forma muy sofisticada, por ejemplo a través del desarrollo del uso diferenciado y proporcionado de la fuerza, la inteligencia, la contrainteligencia, medidas institucionales y la respuesta político-social.

Estas operaciones, que habrían hecho caer a cualquier gobierno del mundo, fracasaron en Venezuela dado el acumulado de experticia en la dirigencia y en el presidente Maduro.

El presidente venezolano ha contado con una inapelable pericia que construyó como operador político del presidente Chávez y como articulador de la institucionalidad nacional. Comprende el metabolismo de los eventos, los métodos de sus adversarios y los detalles del intrincado arte de la guerra en sus nuevas variantes multidimensionales.

7. "Los hicimos fracasar"

El día 30 de abril de 2019 Venezuela despertó con la patética estampa de Juan Guaidó y Leopoldo López sobre el elevado Altamira, frente a la Base Aérea La Carlota en el este de Caracas. Ese día se desplegó la fallida "Operación Libertad", un intento de golpe militar clásico. Guaidó llamaba a la fuerza armada a ponerse de su lado y al paso de las horas nadie acudió, no hubo conmoción y ya algunos de los involucrados estaban detenidos.

Esa noche, una vez desmontada la acción, el presidente Maduro afirmó que el golpe decayó "porque los hicimos fracasar". Refirió que la intentona había sido aplacada absolutamente y que desde su puesta en ejecución estaba condenada a la derrota.

En realidad ese día la inteligencia venezolana jugó a las cartas y le ganó a la inteligencia estadounidense. Elliott Abrams, quien fungía como representante especial del gobierno de Trump para Venezuela, admitió que algunas autoridades venezolanas los timaron, "negociaban la salida de Maduro y luego apagaron sus teléfonos", afirmó. Es evidente que habían infiltrado el golpe al más alto nivel. El mismo presidente declaró haber coordinado enteramente la operación.

Este evento es un hito enorme, pero no es el único. El máximo gobernante venezolano ha logrado anular sobradamente otras operaciones armadas en su contra.

Otro ejemplo tuvo lugar en los puentes fronterizos entre Venezuela y Colombia en 2019. Este evento proponía el quiebre de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) para dejar ingresar al país camiones con supuesta "ayuda humanitaria" gestionada por Estados Unidos. Los militares debían plegarse a la "orden" del "presidente interino" y permitir la entrada, pero la acción resultó fallida.

En mayo de 2020 se emprendió la "Operación Gedeón", un ensayo de tipo mercenario que despachó lanchas desde Colombia, con paramilitares colombianos, exsoldados venezolanos y exsoldados estadounidenses, todos coordinados por la contratista estadounidense SilverCorp, dirigida por Jordan Goudreau.

Esta intentona fue recibida con fuego en las costas venezolanas. En solo horas la mayoría de los mercenarios fue capturada o dada de baja en diversos puntos de la costa nacional mediante la acción de fuerzas regulares, milicia bolivariana e inteligencia social. En declaraciones a los medios el presidente Maduro afirmó que "los tenemos infiltrados hasta los teque-teques", en alusión a que la operación estaba comprometida desde sus inicios. También añadió que la Administración para el Control de Drogas de Estados Unidos (DEA, por sus siglas en inglés) participó en el hecho a través de enlaces con narcotraficantes colombianos.

Conviene agregar en este punto que el presidente Maduro también fue objeto de otro evento inédito. En agosto de 2018 fue víctima de un atentado con drones artillados, primer caso reportado en la historia de intento de magnicidio mediante este método. Los cuerpos de seguridad lograron preservar la vida del mandatario y luego se reveló que todo había sido organizado desde suelo colombiano.

Ha prevalecido ante las acciones de fuerza paramilitarizada en su contra. Esto tiene diversas explicaciones de origen múltiple, pero son innegables las capacidades que ha tenido el presidente para anticiparse, para analizar la realidad nacional y aprender a identificar las amenazas internas y externas.

Además, en Venezuela se ha desarrollado una arquitectura de seguridad integral cuyo epicentro lo constituye la unión cívico-militar. Esta alineación le ha permitido a la república superar todas las arremetidas, ha garantizado la continuidad existencial del país y ha alejado a la población de las grandes conmociones que se ha intentado fabricar.

8. El bloqueo económico contra el país

Venezuela ha sido objeto de un formidable proceso de armamentización de la economía. Desde el año 2017 la administración de Donald Trump desplegó un embargo lineal a las fuentes vitales de la economía nacional. En el año 2019 recrudecieron los hostigamientos hasta llegar a la categoría de "máxima presión".

Una importante parte de la base material del país ha sido destruida y ha generado costos jamás cuantificados en la historia nacional. La cualidad del asedio contra Venezuela yace en la contundencia del daño transversal e indiscriminado que se le ha asestado al país, al punto de que a causa del bloqueo en 2020 se registró una pérdida de 99% de las divisas que ingresaban a la nación, lo que afectó gravemente el presupuesto público.

El Producto Interno Bruto (PIB) de la economía venezolana se redujo 25,5% en 2019, año cuando se experimentó la peor caída.

Pero la economía, el gran talón de Aquiles de la era del presidente Maduro, iba a comenzar a variar pese a muchos pronósticos.

Un conjunto de acciones evasivas del bloqueo, nuevas políticas monetarias, medidas para el fomento de la producción y el afianzamiento de las políticas sociales y la gestión de gobierno —dentro de los límites presupuestarios— iban a facilitar las condiciones para la recuperación del PIB y su regreso a terreno positivo desde finales de 2021.

En el último trimestre de ese año la economía saltó a 14,65% y el crecimiento acumulado de los primeros tres trimestres de 2022 fue de 17,75%. La recuperación parcial del consumo, la motorización de los sectores económicos y la reactivación de las actividades de la banca han permitido el desarrollo de escenarios optimistas para el año 2023 entre los 5 y 6 puntos de incremento.

La economía venezolana es la que más creció en el continente americano en el año 2022 y podría situarse entre las que más lo hagan en el año 2023. De acuerdo con 18 fuentes de análisis económico, el PIB venezolano seguirá en aumento.

Aunque el presupuesto público sigue contando con serias debilidades, especialmente para los ajustes de salarios y pensiones, la economía ha adquirido un metabolismo menos dependiente de la renta petrolera. Y ello debe analizarse como parte de las propias contradicciones de la asfixia a las exportaciones del Estado.

Las posibilidades de distensiones del bloqueo, sobre todo los acuerdos aprobados mediante licencias otorgadas por el gobierno estadounidense a algunas operadoras extranjeras en Venezuela para la extracción y comercialización de crudo, mejoran las perspectivas pero Maduro ha sido enfático en el apalancamiento de una economía "postrentista", enfocada en el desarrollo de otras cadenas productivas alternas al petróleo.

9. La recuperación del espacio internacional

Casi 60 países asumieron la legitimidad del llamado "gobierno interino" en desconocimiento al presidente Nicolás Maduro en el año 2019. Apenas tres años después el contexto cambió diametralmente.

El ejemplo más concreto de ello tiene lugar en la Organización de Naciones Unidas (ONU), donde la misión diplomática enviada por el Gobierno Bolivariano es ahora ampliamente reconocida al tiempo que en 2022 solo cuatro países afirmaban respaldar a Juan Guaidó.

Además, el gobierno del presidente Maduro retomó lugar en instancias internacionales como la Cumbre Iberoamericana de Andorra en 2021, junto con la visita del mandatario a México en septiembre de ese año para una nueva cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac).

Durante 2022 Venezuela reanudó relaciones con Colombia mediante una agenda concebida por un claro dinamismo. Progresivamente, en estos años, el país ha retomado vínculos con Bolivia, Argentina, Brasil y Chile, entre otros países otrora integrantes del efímero "Grupo de Lima", creado únicamente con el propósito de aislar Venezuela en la región.

Ese mismo año iba a ocurrir una inflexión superior en la política exterior venezolana. El primer dirigente nacional coordinó la visita de funcionarios de la Administración Biden al Palacio de Miraflores con vistas a estudiar la viabilidad de distensiones políticas y económicas que incidieran sobre la inercia y el estancamiento, dado que el presidente ha declarado al gobierno estadounidense como el actor real detrás de la oposición a su gobierno.

En noviembre del año pasado, en el marco de la Cumbre para el Cambio Climático en Egipto, el presidente francés Enmanuel Macron se dirigió a Maduro como "presidente" en un efusivo y mediatizado saludo. Macron medió un encuentro entre los negociadores venezolanos del chavismo y la oposición en París, donde también estuvieron los mandatarios Gustavo Petro de Colombia y Alberto Fernández de Argentina. Para Macron el interés ha sido impulsar actividades comerciales petroleras con Venezuela, una situación que era impensable apenas tres años antes.

Los procesos de retoma del espacio internacional por parte de Venezuela no son resultado de la casualidad. En realidad se trata de un proceso de desgaste de la agenda contra el país. El aislamiento promovido se debilitó al mismo ritmo en que el presidente Maduro logró neutralizar el "interinato".

De igual manera ha sido un promotor de la ruptura de los consensos sobre el bloqueo a Venezuela. Ha realizado, delante y tras bastidores, muchas asociaciones y vínculos para reposicionar el país e inviabilizar políticamente la continuidad de las medidas coercitivas que se han ejecutado en contra de la nación.

En este sentido también ha sido clave la articulación que Venezuela logró sostener con sus aliados estratégicos, lazos que él mismo ha labrado desde tiempos de su labor como canciller durante la era Chávez. China, Rusia, Türkiye, los países del bloque de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América-Tratado de Comercio de los Pueblos (ALBA-TCP) y, especialmente Irán, han sido neurálgicos para el desarrollo de las relaciones internacionales de Venezuela en los momentos de mayor dificultad.

El mandatario logró maximizar estos vínculos no solamente en materia económica y comercial; también ha sabido aprovecharlos en el terreno político para posicionar la condición objetiva de su liderazgo sobre el Estado venezolano.

Logró relanzar Venezuela como un factor inevitable en las relaciones regionales y más allá del Hemisferio Occidental, lo cual inhabilitó de facto varias de las condiciones destructivas que se impusieron mediante el aislacionismo.

La "máxima presión" internacional también fracasó porque el líder del gobierno venezolano la hizo fracasar.

10. La paz como bien absoluto

Algo han tenido en común las arremetidas internas y externas contra el mandato del presidente Nicolás Maduro. Todas han implicado, en diversos niveles y categorías, el desarrollo de la conmoción social, el quiebre de los vínculos sociales y la construcción del caos en Venezuela.

La eliminación mediante el hostigamiento —erradicación de su mandato, e incluso de su persona física— podría significar una inflexión —seguramente incorregible— de los consensos elementales que rigen el país. Las circunstancias abruptas habrían producido una ruptura orgánica de las instituciones, una disolución de las contenciones y se habrían perdido las condiciones elementales de la regulación social.

Si el presidente Maduro no hubiese prevalecido, muy probablemente el país estaría hoy en guerra civil.

De esta manera, un importante hito en esta década fue haber labrado la paz mediante su propia continuidad y habiendo derrotado las acciones destituyentes y de fuerza contra su investidura, contra las instituciones.

No han sido pocas las veces cuando el Presidente ha instrumentado el diálogo político, la acción de fuerza diferenciada institucional, la acción coercitiva dentro de los canales de gobierno, para así maniobrar las circunstancias.

Todas las veces que ha evocado "la paz como bien supremo" no ha habido exageración.

Las condiciones tan adversas con las que ha lidiado Venezuela son infrecuentes y han hecho del país un lugar atípico, si se le mira desde una óptica extranjera. Es un país donde, pese a la crisis económica, no ha habido un estallido social. Es un país que ha sido constantemente empujado a un conflicto civil y no ha cedido ante ello. Es un país donde la política dentro de los canales regulares sigue siendo transversal a todos los espacios.

El presidente Maduro ha sido justamente un desarrollador de la política basada en el disenso, ha creado condiciones incluso para quienes le adversan y las ha trasladado a todos los espacios vivos y nodales, con lo que ha afianzado todas las formas de organización socio-política. Esto también hace de Maduro un "dictador" raro porque cabalga sobre las contradicciones de la política, las aprovecha y hasta las promueve.

Analizando a fondo sus métodos, es evidente que reconoce en la sana diatriba un instrumento para desactivar la violencia y ganar la paz.

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