Mié. 25 Febrero 2026 Actualizado 3:34 pm

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Petróleo y licencias: variables de la reinserción energética de Venezuela en el mercado global (Foto: Leonardo Fernández Viloria / Reuters)
Entre sanciones, empresas y necesidad energética

El petróleo como eje de la reinserción comercial de Venezuela

Ni siquiera ha transcurrido el primer trimestre del año y el sector hidrocarburífero venezolano ya evidencia una aceleración notable en sus reajustes operativos, impulsados por modificaciones graduales en la política energética de apertura de Estados Unidos hacia Caracas.

A esta dinámica, que se demuestra con los movimientos logísticos y de exenciones estadounidenses, se sumó un elemento político de alto nivel: la visita del secretario de Energía estadounidense, Chris Wright, cuya presencia en el terreno de proyectos energéticos venezolanos evidenció la importancia del intercambio binacional, que aún a esta fecha Wright continúa dando sus impresiones y pronósticos positivos del negocio petrolero en Venezuela.

Al configurarse un esquema de flexibilización funcional, la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC, según sus siglas en inglés) inició una secuencia de autorizaciones regulatorias que ampliaron el margen de acción previamente restringido, permitiendo determinadas transacciones vinculadas al petróleo venezolano bajo condiciones propias del sistema sancionatorio vigente.

Washington autorizó a entidades estadounidenses a extraer, explorar, comercializar, almacenar, transportar y revender (entre otras operaciones de la industria) crudo venezolano, una medida concebida para facilitar el retorno progresivo de estos barriles al circuito energético estadounidense, principalmente, y también global.

La Licencia General Nº 50 (GL 50), actualizada después como GL 50A el 18 de febrero, profundizó este enfoque al habilitar operaciones petroleras y gasíferas entre el gobierno venezolano, PDVSA y un grupo limitado de compañías energéticas internacionales, entre ellas BP, Chevron, Eni, Repsol, Shell y Maurel & Prom, consolidando así un mecanismo de participación que evidencia un reajuste pragmático destinado a reactivar capacidades productivas.

No obstante, el movimiento comercial había comenzado incluso antes de la formalización completa de estas licencias.

A inicios de enero, las principales casas globales de comercialización de materias primas, Vitol y Trafigura, recibieron autorizaciones específicas para ejecutar las primeras ventas de crudo venezolano que permanecía acumulado durante meses en tanques de almacenamiento y buques cisterna, como resultado directo de las incautaciones y del endurecimiento del esquema de bloqueo petrolero aplicado el año anterior.

Estas operaciones iniciales permitieron comenzar a liberar volúmenes retenidos, marcando así el primer movimiento concreto hacia la reactivación gradual de los flujos comerciales del petróleo venezolano tras un prolongado período de inmovilización forzada.

Ambas firmas participaron en operaciones cercanas a los 500 millones de dólares destinadas a movilizar inventarios retenidos, en una decisión que, según explicó en ese entonces el secretario de Estado Marco Rubio ante el Congreso estadounidense, respondía a una solución inmediata para generar liquidez y estabilizar flujos energéticos mientras se definía un marco regulatorio más amplio.

La elección de estas compañías respondió a criterios operativos y aprovechables en el mercado, pues su capacidad logística global y su experiencia en escenarios de alta volatilidad les permitían ubicar rápidamente cargamentos que otras empresas petroleras tardarían meses en movilizar.

De hecho, durante una reunión convocada por el presidente Donald Trump con directores ejecutivos del sector energético, el CEO de Trafigura, Richard Holtum, confirmó que los primeros embarques comenzarían en cuestión de días, mientras representantes de Vitol destacaban su capacidad para reinsertar el petróleo venezolano en mercados internacionales con rapidez y competitividad.

Así que, a mediados de enero, comenzaron a salir cargamentos hacia Europa, incluyendo suministros destinados a la refinería de Repsol en Cartagena, España, mientras las casas comerciales ofrecían crudo venezolano a refinerías de la costa del golfo de México, como Valero Energy y Phillips 66, con descuentos cercanos a 8-9 dólares por barril respecto al Brent, incentivando el retorno del crudo pesado venezolano a sistemas de refinación diseñados históricamente para procesarlo.

Ese proceso alcanzó un nuevo punto el 24 de febrero de este año, cuando se informó que comerciantes y compradores habían comenzado a fletar los primeros buques transportadores de crudo de gran tamaño (VLCC) desde Venezuela bajo el nuevo esquema de suministro.

Al menos tres superpetroleros (Nissos Kea, Nissos Kythnos y Arzanah), contratados por Vitol y Trafigura, recibieron ventanas de carga para marzo en la terminal José, operada por PDVSA y responsable de aproximadamente el 70% de las exportaciones del país, con destino a India.

El uso de estas embarcaciones, capaces de transportar hasta 2 millones de barriles cada una, permite reducir costos de transporte, aliviar la escasez de buques menores y acelerar la salida de millones de barriles almacenados.

Paralelamente, otro VLCC, el Olympic Lion, marcó a Venezuela como próximo destino, mientras Chevron y refinerías estadounidenses, incluyendo Valero Energy, Phillips 66 y Citgo Petroleum, iniciaron preparativos para incrementar el procesamiento de crudo venezolano, cuestión que demuestra que la flexibilización regulatoria comienza a traducirse en flujos físicos sostenidos dentro del comercio energético global.

Reacción de las empresas

En paralelo al reinicio progresivo de los flujos comerciales, empresas energéticas y actores del sector comenzaron a fijar públicamente posición sobre el nuevo escenario operativo que se abre en Venezuela, coincidiendo en que las recientes licencias constituyen un punto importante para poder insertarse de nuevo en la apertura estadounidense hacia Venezuela.

Un portavoz de Chevron afirmó que "las nuevas Licencias Generales, junto con los cambios recientes en la Ley de Hidrocarburos de Venezuela, son pasos importantes para permitir un mayor desarrollo de los recursos de Venezuela para su gente y para avanzar en la seguridad energética regional", subrayando que la flexibilización regulatoria crea condiciones para ampliar operaciones ya existentes.

Las compañías energéticas han interpretado estas medidas como señales prácticas de reactivación gradual.

Un portavoz de Shell indicó a Reuters que la emisión de las licencias "es una señal positiva" que permite avanzar específicamente en el proyecto gasífero Dragón, considerado uno de los desarrollos transfronterizos más inmediatos. De forma paralela, la refinadora india Reliance Industries obtuvo autorización estadounidense para comprar crudo venezolano directamente, tras haber adquirido previamente 2 millones de barriles a través de Vitol, evidenciando la reapertura al mercado asiático para estos suministros, especialmente relevante considerando que India y China eran los principales destinos del crudo pesado venezolano en el periodo de auge sancionatorio.

El interés no se limita a operadores upstream, ya que la empresa de servicios petroleros Halliburton manifestó estar preparada para reiniciar operaciones en cuestión de semanas si recibe aprobación definitiva, tras haber mantenido infraestructura y equipos en territorio venezolano.

Su director ejecutivo, Jeff Miller, destacó ante inversionistas que el país representa una oportunidad estratégica en un momento en que la desaceleración del shale estadounidense obliga a diversificar mercados.

Analistas como Eric Smith, del Instituto de Energía de la Universidad de Tulane, señalaron que una licencia general beneficia de inmediato a compañías de servicios que buscan expandirse para apoyar la recuperación productiva venezolana, permitiendo además que operadores ya presentes optimicen inversiones sin asumir grandes riesgos de capital.

"Esto beneficiará inmediatamente a las compañías de servicios petroleros, que han estado ansiosas por expandir sus operaciones para impulsar la recuperación de Venezuela. Las licencias, sin duda, brindarían apoyo a Halliburton y a otras como Chevron… les permitirían aumentar ligeramente la producción sin arriesgar una gran cantidad de capital adicional".

Incluso actores tradicionalmente más cautelosos comenzaron a reconocer el potencial técnico del país.

El CEO de ExxonMobil, Darren Woods, afirmó que la compañía posee la tecnología necesaria para desarrollar crudos pesados venezolanos de forma más eficiente, señalando que la experiencia adquirida en Canadá permitiría alcanzar menores costos de producción y mayor recuperación de reservas.

Esta percepción fue reforzada durante la visita del secretario de Energía de Estados Unidos, Chris Wright, quien, tras recorrer operaciones en la Faja Petrolífera del Orinoco, declaró que la oportunidad de cooperación energética entre ambos países es "inmensa".

Wright sostuvo que Chevron podría elevar de inmediato su producción hasta alrededor de 300 mil barriles diarios en las áreas que opera y que la viabilidad técnica observada confirma el potencial de expansión progresiva si se mantienen condiciones operativas estables.

El mensaje central, reiterado por funcionarios y empresas, converge en una misma idea que, con la apertura estadounidense al sector petrolero venezolano, coincide con que la capacidad productiva venezolana puede reactivarse con rapidez y convertirse nuevamente en un factor relevante dentro del equilibrio energético regional y mundial.

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