Dom. 19 Mayo 2024 Actualizado ayer a las 11:34 am

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La historia de los ultranacionalismos o parafascismos es tan integral para Europa como las aspiraciones dirigenciales de establecer una unión (Foto: Sputnik)

A un año de la guerra en Ucrania: un balance geopolítico (II)

En la primera parte de este trabajo especial sobre el aniversario del despliegue de la Operación Militar Especial (OME) de Rusia en Ucrania y el Dombás abarcamos lo militar como punto de partida para el análisis y el balance. En esta segunda entrega desarrollamos brevemente la evolución y el papel de los factores fascistas y abiertamente nazis en el golpe del Euromaidán de 2014, asociados con Estados Unidos y la Unión Europea —el origen "ucraniano" del conflicto—, que deviene en factor confrontativo, para luego analizar y brindar un balance del viraje estratégico de la Federación Rusa hacia la zona euroasiática y Asia en general, producto de la respuesta occidental a la OME.

La incubación de la serpiente

La historia de los ultranacionalismos o parafascismos es tan integral para Europa como las aspiraciones dirigenciales de establecer una unión. Sólo que solía ser una historia soterrada, mal guardada, un elefante blanco relegado a los intereses geopolíticos de Estados Unidos e Inglaterra, motorizados y sobreviviendo bajo su sombra por tantos años.

Distintas operaciones encubiertas —Paperclip, Sunrise, Bloodstone, etcétera—, se sabe, se encargaron de rescatar y reactivar selectivamente a individuos de la comunidad científica o cuadros militares o de inteligencia nazi altamente competentes para luego emplearlos en acciones clandestinas en contra de la Unión Soviética, así como grupos infiltrados en los países de Europa occidental, como fuerza de choque y disrupción contra la amenaza de una victoria comunista o de orientación nacional por encima del atlantismo en esos países.

Del mismo modo que, más adelante en el siglo XX, muchos de estos individuos y grupos adiestraron y adoctrinaron las nuevas camadas de matones doctrinarios en otras regiones en plena ebullición por la liberación nacional, como África y América Latina, ucranianos, croatas, bálticos, etcétera de clara y explícita estampa nazi sobrevivieron y prosperaron en los círculos anticomunistas como ejércitos de reserva de la CIA y el MI6, toda vez que en lo político los gobiernos de Washington y Ottawa permitieron que las ideas y su "cultura" pervivieran en el tiempo.

Los grupos y círculos de poder nacionalistas ucranianos encontraron su oportunidad en el proceso de "independización" de Rusia y los últimos resquicios de la Unión Soviética, presionando y dándole forma, con apoyo occidental, a la ruptura más completa posible y el reforzamiento de su identidad "europea". Esto, como es natural, también se traducía a cambio en compromisos políticos, económicos y "garantías de seguridad" con el "Occidente colectivo". La aspiración a formular una Ucrania dentro de la OTAN se remonta a esos días, toda vez que fue incorporada en 1994 a la "comunidad de paz" de la organización.

Los otrora caudillos políticos de la nomenclatura soviética se convirtieron en nacionalistas integrales, y con el proceso de "privatización por cleptocracia", al decir del historiador Tony Judt, fue cobrando forma la "nueva" Ucrania con una clase política, el auge de su propia casta de oligarcas y la acentuación de una Ucrania europea y otra rusa.

A la par de las formalidades en materia geopolítica y de relaciones internacionales, en lo cultural y lo educativo paulatinamente se fue haciendo el trabajo a lo interno en la construcción del enemigo ruso, una acción psicocultural, diría el historiador y publicista Andréi Fursov, para forzar de forma más profunda la ruptura de Ucrania con el mundo eslavo.

Con la "Revolución Naranja" de 2004, muy cuidada en lo estético y simbólico, todavía ostentaba las floripondieces y maniobras frente a las cámaras que le confería un aspecto colorido y festivo a una maniobra geopolítica que puso en práctica en la calle, una vez más, los postulados "no-violentos" de Gene Sharp. Ucrania, se suponía, ingresaba en la órbita euroliberal por todo lo alto, acentuándose las líneas de desigualdad, la intensificación del poder de oligarcas como Rinat Akhmetov e Ihor Kolomoiski, entre otros, y la depresión socioeconómica pasaba a ser caldo de cultivo por un lado de los partidos de ultraderecha resurgentes y del sentimiento, al este, de proximidad con Rusia..

Poco antes de entregar el cargo, en 2010 Yushenko decide otorgarle póstumamente la orden "Héroes de Ucrania" a Stepan Bandera, el líder de la Unión de Nacionalistas Ucranianos (la OUN) y del Ejército Insurgente Ucraniano (UPA), responsable directo de dar la orden de distintas masacres, ya se ha dicho, contra judíos, polacos y comunistas y posterior ficha de la CIA, el MI6 y los servicios alemanes.

Pero esto no solo tenía un reflejo netamente simbólico o estético, también tiene uno político. Ya desde la "independencia" en los márgenes emergieron partidos que doctrinariamente se asumían herederos de la OUN de Bandera. Por ejemplo, era público y activo el Partido Nacional Social de Ucrania que luego, en 2004, de la mano del urólogo de Lvov, Oleh Tyahnybok, reformaría su empaque y pasaría a llamarse "Svoboda" (Libertad), suspendiendo el uso del símbolo rúnico y nazi del Wolfangel para hacerse más digerible en la fase "naranja" liberal de la historia reciente del país, sustituyéndolo por el tridente.

De igual manera, grupos más en el orden de los "movimientos sociales" o formaciones de carácter más parapolítico como Sector Derecho (Pravy Sektor), una suerte de "coordinadora" formada durante las jornadas del Euromaidán compuesto por formaciones fascistas y neonazis, como por ejemplo los Patriotas de Ucrania —de donde saldría el Batallón Azov—, la Asamblea Nacional de Ucrania o la Asamblea Nacional-Social, todos predicadores del credo no reconstruido del nazismo antieslavo, antijudío, antipolaco, etcétera.

De todos estos grupos, y otros, es que emergería la mayoría de los escuadrones y batallones paramilitares que sería vanguardia en la guerra del Dombás en sus inicios, muchos de ellos posteriormente asimilados a la cadena de mando de las fuerzas armadas.

La (paulatina) toma del poder

Ucrania llega a la encrucijada política de 2013-2014 luego de que el fracaso de su experimento liberal facilitara el retorno al poder de Viktor Yanukovich y el Partido de las Regiones, una vez que el ciclo pseudoeuropeísta se tradujera en mayor corrupción, continuación del desmantelamiento de lo que quedaba de sólido de la era soviética de la mano de los oligarcas, y la frustración en la calle.

Debido a la presión política por la definición del rumbo del país, con el Acuerdo de Asociación con la Unión Europea (UE) en el medio y la Federación Rusa haciendo lo propio, se activa el reconocido dispositivo movilizador que con su vistosidad, esteticismo y discurso "pacífico" tuvo éxito en 2004, diez años antes. Sin embargo, conforme avanzaban los tiempos, el cariz de las manifestaciones obtuvieron un carácter aún más violento y militarizado.

"Una tarea esencial para ese momento era atraer incluso a los rusos de la zona de Kiev, que comprendían la mayoría de aquellos que se paseaban alrededor de la plaza. Era importante el no arrancarse la máscara demasiado pronto. No revelar el bestial rostro banderita antes de que la gente estuviese preparada, y condicionada para verlo", cuenta el corresponsal de guerra Dimitri Steshin, que estuvo ahí todos esos días.

En enero de 2014 la aceptación paulatina por parte de la población de Kiev a la presencia ultra dio el vuelco que venía prefigurándose, y de la festividad colorida "no-violenta" las acciones directas recrudecieron. Se puso en marcha el verdadero dispositivo de fondo y, a pesar del sostenimiento narrativo de los medios mainstream que colaborando activamente seguían encuadrando el Euromaidán como una movida "cívica" de la "sociedad civil" en su conjunto, Svoboda y Pravy Sektor pasaron a la nueva fase de acciones.

La bendición para proceder con el golpe la recibieron directamente de Estados Unidos, tras el carrusel de comisiones de la UE en los pasillos oficiales y, por otro lado, de diputados de tercera de países vecinos, junto con oficiantes estadounidenses. Fue dada por la propia Victoria Nuland cuando declaró que "Occidente" estaba con ellos.

"La ultraderecha ucraniana influyó de forma decisiva en la estrategia y el timing de la protesta en Euromaidan. Svoboda, en una primera fase, radicalizando y militarizando la revuelta, y Pravy Sektor en una segunda, marcando los tiempos y oportunidades para forzar un desenlace violento que rompiera el juego político vigente, juntos impidieron una salida pactada y gradual de la crisis que habría podido evitar, o al menos diferir, la marcha hacia la guerra civil" (p.119), cuenta el historiador Francisco Veiga, que también estuvo en esos días por allá.

En eso vino el desenlace. Los francotiradores no identificados, como en abril 2002 en el centro de Caracas, dispararon indiscriminada y aleatoriamente a manifestantes y policías antidisturbios, pero la narrativa del momento responsabilizó a Yanukovich. Steshin incluso habla, previo a eso, de una explosión en la que volaron cascos y escudos de las fuerzas del orden público y los acontecimientos se precipitaban. "Esta fue la señal", dijo. El corresponsal ruso señala, también, que incluso los árboles que recibieron bala francotiradora fueron cortados y desaparecidos para ocultar cualquier evidencia, lo que sugiere complicidad interna.

El papel de las formaciones ultra en los días del 20 al 23 de febrero de ese año fue definitorio, planificado y programado. Los trabajos académicos de dos fuentes difícilmente prorrusas (este de Vladímir Ischenko y este otro de Iván Katchanovski) demuestran sin ambigüedad cómo fue dispuesta y organizada la ultra para alcanzar los objetivos políticos del interés de Europa y Estados Unidos.

En ese proceso la ultraderecha, en sus distintas variaciones, pero la misma matriz, fue consolidando aún más su lugar político en la Ucrania postmaidán, sus fuerzas paramilitares cobraron auge al desencadenarse la fase armada y, como también lo recordaría Veiga, tras los eventos de febrero lograron "asegurarse el apoyo implícito y vergonzante de las democracias occidentales, tanto de la Unión Europea como de los Estados Unidos y miembros de la OTAN".

Con esa legitimidad pública, que nunca dejó de empeñarse en encubrir o disminuir el talante ideológico de estas formaciones, y tras los eventos en torno a Crimea retornando a la soberanía rusa, con los contramaidanes expresándose en el sureste y el sur del país, en especial y con mayor contundencia en el Dombás, el recién instalado gobierno golpista se dispuso a ir a la conquista de las zonas que comenzaban a rebelarse.

Así como al oeste y centro del país los grupos de ultraderecha esencialmente tomaron el poder de forma coordinada y marcial amén de la ocupación de instituciones públicas y sedes de gobierno, lo mismo ocurría en el sur y el sureste, pero políticamente, en dirección contraria. Otro factor había contribuido a emitir el mensaje del golpe —lejos de la euronarrativa— cuando el 25 de febrero el nuevo "gobierno" busca rescindir la ley que le otorgaba estatus de segunda lengua oficial al ruso en las regiones orientales y sureñas del país. El mensaje de facto estaba claro, a pesar de que pocos días después el nuevo presidente vetaba la abolición de la ley.

El breve período de revueltas antigolpistas que se suscitó en el este y sureste (Jarkov, el Dombás) y el sur del país (Odesa, Zaporoshye, Jersón, Dnipropetrovsk) no tuvo el impacto sobre el terreno ni el grado de coordinación y seguridad que tuvo en Kiev y en el occidente del país. De hecho, en algunas regiones, como en la propia ciudad de Jarkov, fueron reprimidas incluso por el propio alcalde, afiliado al Partido de las Regiones.

Pero a la pregunta a veces hecha de por qué no se reflejó un nivel de resistencia más robusto, como en Donetsk y Lugansk, además de lo dicho hasta ahora es obligatorio comentar que unidades neonazi con connivencia de autoridades locales y de seguridad se encargaron de intimidar y/o asesinar a activistas rusófonos opuestos al golpe.

En eso vino Odesa. El 2 de mayo de 2014 —fuimos de los pocos medios en español, probablemente el único latinoamericano, que lo cubrió— manifestantes antimaidán, prorrusos, de izquierda, con reivindicaciones moderadas sobre el estatus de su lengua materna, la federalización y la orientación internacional, que habían tenido un plantón el 1 de mayo, fueron atacados por una movilización neonazi compuesta por números de Pravy Sektor, de barras bravas de los clubes de futbol de la ciudad y de Jarkov —germen de todas estas agrupaciones ultra— más complicidad del alcalde.

Con un saldo de 41 muertos y 217 heridos, cuerpos rematados al saltar el edificio en llamas asediado por la turba o profanados luego de morir, sin desaprovechar la oportunidad para tomarse selfies mientras la Casa de los Sindicatos era sitiada, lo que imposibilitó incluso la labor de los bomberos, una investigación débil y trucha sin conclusión o esclarecimiento, junto con el abrumador silencio cómplice, hasta hoy en día, de esos otros barras bravas de los derechos humanos y la democracia liberal. Este fue, en el conflicto, el punto de no-retorno.

La fase armada y abierta del conflicto se precipitó en el Dombás, donde la toma del poder y la declaración de las Repúblicas Populares de Donetsk y Lugansk delimitaban las posiciones respecto al gobierno emanado del golpe. La insurgencia armada antimaidán había logrado no sólo hacerse con las respectivas capitales sino que, en el oblast de Donetsk, lograron también tomar las ciudades de Slaviansk y Kramatorsk.

Esto último fue lo que condujo al gobierno en Kiev a lanzar lo que llamó la Operación Antiterrorista. Imposible enfocarse en los pormenores militares más allá de dejar por escrito que, producto de la derrota militar ucraniana, fue que el conflicto se "recondujo" hacia lo político, lo que se reflejaría en los acuerdos de Minsk I y Minsk II en 2015.

El gobierno Maidán recurrió a los mismos sectores ultras toda vez que nuevos batallones fueron formados a partir de estos grupos, por lo general con capital oligárquico, fuera de la cartera de Kolomoiski o Akhmetov, entre otros. Esto dio pie al fortalecimiento neonazi en la estructura del Estado, así como el provocar un fenómeno mucho más extendido con la internacionalización del conflicto y una inyección de esteroides con la llegada de numerosos voluntarios de distintos países de Europa, Estados Unidos y de las propias Rusia y Bielorrusia.

Si ya la situación estaba mediada esencialmente, digamos, "por arriba", cuello blanco en lo político con las potencias occidentales y la UE proactivamente apoyando el golpe del Maidán, ahora lo hacía también directamente sobre el campo de batalla, cuello sucio.

Es en esta fase cuando Batallones como Azov, Aidar, Donbass, Karpatia Sich y otros comenzaron a cobrar notoriedad, principalmente por su brutalidad delictiva como también por el inicio de su proyección internacional y sus propias estrategias de difusión en medios y redes sociales.

A través de la División Misantrópica, un paraguas internacional de círculos y grupos neonazis o neofascistas, comenzaron a establecerse coordinaciones y redes logísticas para intensificar la llegada de militantes con vistas a ser entrenados o ya con experiencia militar. Por esta vía, procelosa y difusa, también lo harían operadores de inteligencia, "asesores" militares, mercenarios de diverso cuño.

Luego de la firma de Minsk II el conflicto per se no cesó sino que pasó a una fase de baja intensidad. En ese ínterin, todavía con Poroshenko en el gobierno, muchas de estas formaciones, las más "talentosas" y renombradas, comenzaron a proyectarse ya no únicamente sobre el campo de batalla sino en muchos aspectos de la vida civil, lo que atrajo sin interrupciones ni obstáculos a militantes, voluntarios y simpatizantes.

De todos, el de mayor renombre internacional es el Batallón Azov, ahora parte orgánica de la estructura del Estado, como parte de la Guardia Nacional, toda vez que nuevas compañías se han reestructurado asimilando a cuadros de la organización en tiempos recientes.

No obstante, en gran medida su presunta "épica" murió donde nació así hayan intentado meterle electroshock publicitario luego de eso: A pesar de los intentos por revivir su prestigio, iniciado con la conquista de Mariupol en la segunda batalla en 2014, fue en ese mismo sitio donde todo su intento de ejército neopagano dispuesto a morir combatiendo hasta llegar al Valhalla se acabó cuando, asediados por las fuerzas rusas y las unidades chechenas, salieron encandilados, andrajosos y con las manos arriba como prisioneros de guerra, tras replegarse por casi un mes en la enorme planta metalúrgica de Azovstal, el primer trimestre de la guerra.

Antes de eso, Azov no solo preservó su aura de veteranía militar sino que pasó a ser una organización política, social y cultural. En lo primero su creador, Andréi Biletski, asesor del ministerio del interior, fundó los Cuerpos Nacionales para incorporarse, sin éxito, en la arena electoral.

Pero, del mismo modo, el movimiento comenzó a fundar núcleos culturales —"hacer que estas ideas se vuelvan mainstream"—, centros de artes marciales combinadas, una editorial, campamentos para la juventud y una rama de representación política que establecía vínculos formales con los demás movimientos ultras en Europa y a través del Atlántico.

Olena Semenyanka, representante de relaciones internacionales del Azov, le declaraba a Radio Europa Libre/ Radio Libertad: "Pensamos globalmente" y en esa medida dice, en otro reportaje, que lo suyo es "establecer puentes para superar la brecha entre el nacionalismo y el resto de la sociedad". En 2018 la misma Semenyanka se jactaba en una publicación de Facebook que "en apenas cuatro años el Movimiento Azov se ha convertido en un pequeño Estado dentro del Estado".

Esta frase encapsula de forma contundente la trayectoria de esas legiones y hasta cierto punto es extensivo a las demás organizaciones; un parámetro. Si bien el "movimiento" Azov ha recurrido a tácticas discursivas postmodernas y a estrategias promocionales en la horma del soft power, su sentido y lógica emana de la fuerza brutal y burda contra minorías y demás expresiones débiles de la sociedad mientras más se alejaban del campo de batalla, donde sus excesos, asesinatos, torturas y otras brutalidades contra los civiles del Dombás fueron recogidas en informes de Naciones Unidas, por mencionar una fuente "neutral".

Tanto Azov —o la "guardia municipal" o las "milicias nacionales"— como otras organizaciones extremistas tipo C14 y Karpatia Sich habían asumido tareas de vigilantes atacando a minorías, en particular a gitanos, toda vez que durante los tiempos de pandemia violentamente reforzaban las cuarentenas.

"Nuestros mejores guerreros", afirmaba en 2014 el para entonces presidente Petro Poroshenko. Sus mejores guerreros, financiados por oligarcas como Kolomoiski y Serhy Taruta, reproducen en mayor medida los mismos patrones de acción.

Los matices, quizás, son más de composición y de forma. Porque si bien por un lado el (devaluado) Azov se insertaba globalmente mientras captaba público e ideas que a su vez combinaba el nuevo pensamiento neonazi, las doctrinas aceleracionistas y la "reconquista" de Europa por el otro ostentaba el imaginario heredado del colaboracionismo ucraniano de Bandera y la OUN.

En el otro extremo, menos preocupado por las formalidades políticas se encuentran los Batallones Dnipro, Donbass y Tornado, cuyos dirigentes y miembros provenían del mundo criminal, a tal punto que el propio gobierno ucraniano tuvo que detenerlos, liberándolos al inicio de la OME.

Puede que el control de la renta sea lo más importante —tráfico de drogas, venta de armas, madera, material ferroso—, pero el enriquecimiento mediante capitalismo lumpen y aterrorización de la población a niveles inusitados también resuena con la Alemania nazi, con la Brigada Dirlewanger. Otra "rima" histórica.

En 2019, tras una resonante victoria (73.19%) electoral llega a la presidencia Vladímir Zelenski, una absoluta creación de laboratorio desde que en los dos años anteriores se hizo famoso a través de una serie de comedia cuya fábula muestra a un profesor escolar que casi de forma accidental llega a la presidencia del país.

Desde la casa productora del programa, al partido Servidor del Pueblo —el mismo nombre del seriado televisivo que lo proyectó—, más todo el sistema de apoyo, la compañía que se encargó de la estrategia de campaña hasta su equipo de gobierno tras la victoria, todo, fue financiado por Kolomoiski, el mismo financista —judío con pasaportes israelí, chipriota y ucraniano— de los batallones ultras mencionados más arriba, y hasta hace poco tal vez el hombre más poderoso del país.

Las promesas electorales de Zelenski iban en torno al fin de la guerra, reconocimiento del idioma y cultura rusa —él mismo de origen ruso parlante— y lucha implacable contra la corrupción. Pero ya desde los inicios de su mandato se encontró con la primera piedra de tranca: Los propios movimientos de la ultraderecha.

En el mismo país, en los círculos políticos y culturales de la diáspora —el verdadero refugio histórico, centro de promoción y financiamiento— emprendieron una cruzada bajo la denominación de "movimiento para resistir la capitulación". La situación puso en jaque al gobierno, que eventualmente perdería el pulso: La guerra continuaría y, como ya sabíamos, aspiraba a pasar de baja a alta intensidad con una pretendida ofensiva relámpago que debería abrumar al Dombás. Precisamente lo que le dio motivo, origen y justificación a la OME de la Federación Rusa.

Pero esto no termina de cerrar el cuadro en su totalidad, independientemente del peso directo que tiene sobre ese moldeado: Hace falta un consenso que supere, incluso, la lógica dictatorial de estos grupos.

Un apunte sobre ingeniería

Serguéi Naryshkin, jefe del servicio de inteligencia exterior ruso, el SVR, en octubre del año pasado declaraba que la otrora próspera Ucrania se había convertido en "una herramienta útil en las manos de un grupo de regímenes liberal-totalitarios de Occidente".  Afirmaba también que el país fue transformado en apenas una generación.

Evgeny Krutikov, a partir de las declaraciones de Naryshkin, traza la ruta por la cual pudiera encontrarse una explicación a que sea más bien ahora y no hace tres décadas cuando este fenómeno pasaba más o menos sin detectar por sus propios organismos de inteligencia. Y, en el trasfondo, operaba justamente esa alianza y solidaridad que incluso con la disolución de la Unión Soviética y el papel casi gaseoso de Ucrania en la Comunidad de Estados Independientes, entre los servicios de inteligencia y el ejército de ambos países —además de Bielorrusia y Kazajistán— existía el pacto implícito de ser todos hermanos de formación y que por lo tanto la necesidad de espiarse unos con otros estaba fuera de discusión.

Es por eso que, también, el tiempo aprovechado a partir de Minsk II por Ucrania se empleó especialmente en reformar el ejército de acuerdo con parámetros de la OTAN mientras se le dotaba de nueva tecnología, tácticas y sistemas de armamento según la doctrina atlántica. En el seno de las fuerzas armadas y la inteligencia esto se tradujo en la purga, precisamente, de los cuadros de mayor antigüedad que todavía estaban signados por esa lógica de los primeros años postsoviéticos, lo que además explica la urgencia de que sobre todo en la primera etapa de la Operación Antiterrorista hayan sido, junto a ciertas unidades militares, milicias paramilitares las encargadas de ejecutar la guerra contra el Dombás.

Dmitri Steshin, en la crónica ya comentada, cuenta cómo en esos días tempranos de postgolpe tuvo que huir a Donetsk por tener la seguridad comprometida en la propia Lugansk. Cuenta cómo se topó con que en esos mismos días en la ciudad, Parubyi, Oleg Lyashko y Yulia Tymoshenko acudirían a un evento proMaidán y cómo quienes componían la asistencia eran esa generación:

"Unos miles de residentes se reunieron para el mítin proucrania, la mayoría de ellos siendo jóvenes que habían crecido y fueron educados en las maneras de la ‘nueva Ucrania’. Fueron precisamente estos jóvenes, los ‘ucranianos políticos’, quienes se convertirían en el soporte de la Operación Antiterrorista (ATO, por sus siglas en inglés), esa guerra punitiva dirigida contra el Dombás que recibió jesuíticamente ese nombre".

La "nueva Ucrania" también se refleja en el tipo de custodia que ahora tiene sobre su memoria. La tarea de rehabilitar a héroes y grupos violentos que formaron parte del holocausto no es únicamente un asunto de círculos neonazis sino parte del circuito institucional del país.

Desde la quema y prohibición de libros —hablamos de tiempos de preguerra—, agresiones y linchamientos contra gitanos, el reestablecimiento del discurso antijudío clásico —no obstante Israel apoyando por años a las unidades militares neonazis—, al engrandecimiento selectivo de su pasado, "en unos años, toda una generación será adoctrinada para adorar a perpetradores del Holocausto como héroes nacionales", escribía Lev Grinkin en 2019 y reflejaba otro síntoma de la miopía liberaloide: Luego de acopiar a detalle en su artículo todos los elementos que denotan la fascistización profunda de gran parte de la sociedad ucraniana, en particular la juventud, "predice" algo que ya está ocurriendo.

Algo que ya está ocurriendo y que ahora cuenta aún más con el apoyo y la glorificación de los patrocinantes políticos al más alto nivel institucional e incluso multilateral, que al celebrar el neonazismo en el patio ajeno se ciegan ante el que regresa endurecido del combate a sus propios territorios, luego de la escuela de una internacional fascista, asumiendo que lograron huir a tiempo de los campos de batalla en el sureste ucraniano.

Lógico, ante las respectivas crisis internas, países como Estados Unidos requieren vertebrar un nuevo enemigo interno. Toda vez que el externo está claramente dilucidado hacia el oriente cartográfico, geopolítico y cultural.

El viraje estratégico de Rusia

La diplomacia rusa, bajo los gobiernos de Vladímir Putin y Dmitri Medvedev, insistió durante lustros en crear las condiciones para un relacionamiento estable y flexible con Estados Unidos y Europa, incluso durante los momentos de más tensión. El cisma que generó la respuesta del eje atlantista a la OME tiró al traste una dinámica violentada de antemano, pero que generaba apenas unos breves sismos en la arena internacional, sobre todo en el área política y diplomática.

Con la ofensiva "sancionatoria" estadounidense y europea emergió un escenario de desacoplamiento geopolítico y económico entre los países de la OTAN y Rusia que se extendió a los vínculos políticos, sociales y culturales en una especie de Kristallnacht antirrusa. Los espacios de negociación entre un bando y otro se tornaron en pogromos, una constante persecución de todo lo ruso a todos los niveles. Y el modelo de gobernanza en los asuntos económicos, financieros y comerciales, pero también securitarios y energéticos, dejó de ser una guía gestionaria para el Kremlin y pasó a convertirse en periódico de ayer.

En una rueda de prensa este lunes 27 de febrero en Moscú el ministro de Relaciones Exteriores, Serguéi Lavrov, aseveró que "las propias condiciones externas que necesitamos para el desarrollo no las determinábamos nosotros, sino la minoría occidental", pero que ahora Rusia determinará "las condiciones externas de desarrollo que necesitamos". En este sentido, el gobierno del presidente Vladímir Putin ha hecho los esfuerzos para reafirmar esta separación a través de una política de recuperación industrial y monetaria a lo interno de la Federación Rusa, junto con una estrategia de integración en el mapa geopolítico y geoeconómico de su vecindad euroasiática.

Pero se debe reafirmar el hecho de que el viraje de Rusia hacia su proximidad asiática fue provocado por las agresiones "sancionatorias" de Estados Unidos y la Unión Europea. Hasta el 19 de febrero de 2023 la Federación Rusa fue objeto de una batería inusitada de 14 mil 081 medidas coercitivas, de las cuales 11 mil 327 fueron expedidas desde el 22 de febrero de 2022, fecha cuando el Kremlin reconoció oficialmente las Repúblicas Populares de Donetsk y Lugansk, horas antes del inicio de la OME.

Por boca de Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, sabemos que en diciembre de 2021 el Departamento del Tesoro estadounidense y la institución que ella dirige comenzaron a preparar los paquetes punitivos contra Rusia dos meses antes de que iniciara el despliegue de la OME. La fecha coincide con la falta de respuesta pública al planteamiento ruso para un nuevo acuerdo securitario de nueve puntos cuya creación contemplaba una "línea directa" entre Moscú y Bruselas —sede de la OTAN— "para mantener contactos de emergencia", al tiempo que exigía garantías para que la alianza atlantista no ampliara sus membresías o su apoyo militar a Ucrania u otros países.

Las confesiones de que Rusia iba a ser desplazada de la zona de influencia estadounidense han sido más que suficientes para que el Kremlin confirmara su postura de independizarse progresivamente de la estructura modélica de desarrollo capitalista occidental. Con el levantamiento del muro de contención en las múltiples áreas de la dinámica global dominadas por Estados Unidos, el Kremlin avanzó en su viraje estratégico y comenzó a desplegar una serie de medidas energéticas, geopolíticas y geoeconómicas que hasta los momentos les han dado un margen de maniobra a sus propios fines.

por eso, de fondo, la praxis económica y geoestratégica rusa se ha basado en el desarrollo industrial doméstico dirigido por el Estado, en el soslayamiento del sistema dólar y en la creación, por una parte, y robustecimiento, por la otra, de estructuras e infraestructuras que abren las rendijas para la interconectividad financiera y comercial con aliados y socios de importancia para la economía —y la política— rusa.

A un año de la OME, los números macroeconómicos demuestran la resiliencia con la que un país cuya economía se basa mayoritariamente en la exportación de materias primas, con una industria energética vigorosa y con gran incidencia en los mercados internacionales, logra torcer los pronósticos y designios de colapso.

En el caso ruso, la combinación de los altos precios de los hidrocarburos y la disminución de las importaciones produjo un superávit comercial a niveles récord. El superávit comercial de Rusia en 2022 alcanzó los 370 mil millones de dólares casi 30% de su PIB frente a 190 mil millones de dólares en 2021.

Ello no evitó que la economía rusa escapara de una contracción el año pasado. Se esperaba que se desplomara 8,5%, sin embargo nada más se contrajo 2,1%, de acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), dato que usó el mismo presidente Putin ante la Duma para demostrar el nivel de resiliencia asumido. Esa misma institución pronostica que la economía rusa crecerá 0,3% en 2023.

  • En general, la desaceleración de 2022 resultó ser más leve que en el año pandémico de 2020, cuando la economía se contrajo 2,7%.

Lo que explica esta relación entre flujo de caja dineraria y contracción económica reside en que Rusia aún tiene una industria manufacturera relativamente exigua y de baja productividad. Este es un sector dependiente de bienes e insumos importados de alta tecnología, cuestión que se ha visto limitada por las "sanciones", lo que ha disminuido la disponibilidad de tecnología y financiamiento. Las dificultades para crear un cuadro de sustitución de importaciones de productos tecnológicos se han vuelto aún más acentuadas. El economista británico Michael Roberts explica que "si bien las importaciones rusas de China y Turquía han superado los niveles anteriores a la guerra en los últimos meses, la proporción de productos tecnológicos se ha mantenido sin cambios".

Dicho analista considera que Rusia en este momento tiene una economía de guerra: "Con eso quiero decir que el Estado ahora controla la dirección de la economía, es decir, dónde se emplean la producción y la inversión. El 'mercado libre' es reemplazado por el control estatal del esfuerzo militar". En términos productivos, durante una guerra los servicios pierden su importancia en relación con la agricultura, la industria y la construcción: Hacia esos sectores se canaliza la inversión; a esto se añade la "alta adaptabilidad de las empresas" de diversos sectores industriales, de acuerdo con el Banco Central de Rusia. El PIB ruso no cayó estrepitosamente porque la dirección estatal —"la mano visible"— de la economía priorizó la producción alimentaria e industrial nacional.

Entre la serie de medidas que Moscú aplicó para que la sociedad rusa continuara su cotidianidad sin mayores aspavientos, a pesar de la ingente cantidad de recursos necesarios para el despliegue y mantenimiento de la OME, se puede destacar cómo Rusia ha logrado vender millones de barriles de hidrocarburos a países europeos sin pasar por los obstáculos sancionatorios de la UE.

  1. El petróleo y sus productos derivados se transfieren de un barco petrolero a otro en aguas neutrales, por ejemplo frente a las costas de Grecia y el norte de África.
  2. Las autoridades griegas ya han declarado que no pueden hacer nada al respecto, cuenta Bloomberg, porque el comercio tiene lugar fuera de las aguas territoriales en jurisdicción de Bruselas.
  3. Desde principios de 2023, al menos 23 millones de barriles de petróleo ruso y combustible refinado se han transferido de un petrolero a otro en el golfo de Laconia.
  4. Muchos de estos cargamentos luego se transportan a países asiáticos, no solo europeos. Estos últimos siguen importando combustibles fósiles de Rusia por la cantidad de medio billón de barriles cada semana, menos de lo que era antes, pero lejos de la "independencia" de la energía rusa que lleva Bruselas como bandera.
  5. Parte del petróleo ruso también sigue llegando a Europa a través del oleoducto Druzhba hacia Hungría y Bulgaria, ambos países exentos del embargo de la UE.
  6. El coste de transporte del crudo aumentó 405% tras la imposición de las "sanciones" europeas contra el petróleo ruso.

Pero Europa ya no es la prioridad comercial de Rusia para sus exportaciones energéticas. Desde hace un año el mundo experimenta un reacomodo del mercado energético, según el cual el petróleo se erige como factor determinante en la correlación de fuerzas del tablero geopolítico, en el nuevo panorama de las relaciones internacionales. Los Estados productores se han expandido en los mercados y generan presencia en el mapa global, al tiempo que los Estados importadores de hidrocarburos son cada vez más dependientes. Bajo este paraguas, la industria rusa se beneficia al punto de que sus exportaciones de petróleo aumentaron a un máximo histórico en enero a pesar del embargo gringo-europeo sobre el crudo transportado por mar en diciembre pasado, según un informe publicado por la Agencia Internacional de Energía (AIE).

Si bien las exportaciones de petróleo ruso a la UE cayeron dos tercios desde los niveles previos al conflicto, estima la AIE, los flujos a China aumentaron desde 300 mil bpd hasta 2,1 millones de bpd en enero, el nivel más alto registrado en el marco bilateral. La potencia asiática e India se han convertido en los principales compradores de hidrocarburos rusos. Türkiye también aumentó sus compras al país euroasiático.

De manera diáfana se está viendo que la medida de virar los flujos energéticos hacia países "amigos" está rindiendo los frutos a nivel de caja, sobre todo luego de que la UE estableciera un límite de precio (price cap) de 100 dólares por barril para el diésel, el combustible para aviones y la gasolina proveniente de Rusia, además de un tope de 45 dólares por barril para otros productos derivados del petróleo que comercializan por debajo del precio del crudo, como el fuel oil. El Kremlin decidió prohibir los contratos que se atengan a la decisión de Bruselas.

Detrás de la pugna que rompe la dinámica de las cadenas de suministro energéticas se encuentra —como propone la diplomática y periodista austríaca Karin Kneissl— una confrontación protagonizada por "Estados Unidos y sus aliados europeos, quienes representan y apoyan el sector financiero mundial, esencialmente comprometidos en una batalla contra el sector energético mundial", encarnado por la OPEP+ en donde Rusia es un actor clave como proveedor. Moscú seguirá desarrollando sus lazos en la región de Asia-Pacífico con la cooperación de la organización energética, allí donde la mayoría de los países no acepta la "lógica destructiva de las sanciones" —Putin dixit—.

No obstante, el cambio tectónico más importante en este campo esencial de la dinámica económica global fue el sabotaje terrorista a los gasoductos transnacionales de Nord Stream 1 y 2. Un acontecimiento que reluce como la fase destructiva de la relación ruso-europea y que tiene a la Casa Blanca como victimario intelectual y a la Armada estadounidense y la CIA como operadores directos, de acuerdo con la investigación del periodista Seymour Hersh. Todo un continente quedó desacoplado del gas ruso y a merced de los capitales energéticos estadounidenses, lo que significa un punto de no retorno geopolítico por sus implicaciones ya analizadas en esta tribuna.

  • Es más: En el desarrollo de la guerra en Ucrania, debido a los avances en la ciencia militar a raíz de los adelantos en el área armamentística —con aplicaciones de Inteligencia Artificial, realidad virtual aumentada, entre otros elementos electrónicos y tecnología de punta—, "Rusia tiene tantos puntos de presión sobre la industria estadounidense de semiconductores como a la inversa —escribe el analista Simplicius The Thinker—, y ambos están invirtiendo mucho para intentar cambiar esa situación: Estados Unidos para ampliar y diversificar sus cadenas de suministro —mucho más difícil de lo que parece, por razones que van más allá de este artículo—, y Rusia para desarrollar sus capacidades de fabricación de chips". En el ínterin, como lo refirió el director ejecutivo de la empresa tecnológica Intel en el último Foro de Davos: "Las cadenas de suministro de chips darán forma a la geopolítica más que el petróleo en los próximos 50 años".

Los circuitos de integración entre Europa occidental y Eurasia —el "corazón continental" o heartland de Harold Mackinder— han sido prácticamente destruidos, al menos a corto y mediano plazo, en un momento histórico signado por la construcción de una nueva lógica geoeconómica en el flanco oriental del mapamundi con impulso del Kremlin —y de Zhongnanhai—. Sus planes en torno a la construcción, desarrollo y consolidación de corredores económicos que cruzan el Asia occidental hasta la región asiática meridional están trazados con la tinta de un nuevo, si se quiere, "contrato civilizacional", según el mismísimo presidente Putin, quien considera a Rusia un "país abierto y al mismo tiempo una civilización independiente":

"En primer lugar, ampliaremos los prometedores lazos económicos con el extranjero y construiremos nuevos corredores logísticos. Ya se ha tomado la decisión de ampliar la autopista Moscú-Kazán hasta Ekaterimburgo, Cheliábinsk y Tiumén, y eventualmente hasta Irkutsk y Vladivostok, con ramales a Kazajstán, Mongolia y China. Esto nos permitirá, en parte, ampliar considerablemente nuestros vínculos con los mercados del sudeste asiático.

"Desarrollaremos los puertos del Mar Negro y del Mar de Azov. Prestaremos especial atención al Corredor Internacional Norte-Sur, como saben quienes trabajan en él a diario. Este año podrán pasar por el canal Volga-Mar Caspio buques de hasta 4,5 metros de calado. Esto abrirá nuevas rutas para la cooperación empresarial con India, Irán, Pakistán y los países de Oriente Medio. Seguiremos desarrollando este corredor.

"Nuestros planes incluyen la modernización acelerada de los ferrocarriles orientales —el ferrocarril transiberiano y el ferrocarril Baikal-Amur (BAM)— y el desarrollo del potencial de la Ruta Marítima Septentrional. Esto creará no solo un tráfico adicional de mercancías sino también una base para alcanzar nuestros objetivos nacionales de desarrollo en Siberia, el Ártico y Extremo Oriente.

"La infraestructura de las regiones y el desarrollo de las infraestructuras, incluidas las comunicaciones, las telecomunicaciones y el ferrocarril, recibirán un fuerte impulso. El año que viene, 2024, pondremos en condiciones adecuadas al menos 85% de todas las carreteras de las mayores metrópolis del país, así como más de la mitad de todas las carreteras regionales y municipales. Estoy seguro de que lo conseguiremos".

Todos estos planes, en especial el Corredor Internacional de Transporte Norte-Sur, están supeditados a un contexto en el que los países que potencialmente los integren no se ciñen a los esquemas "sancionatorios" de Estados Unidos y la UE. La propuesta de creación de una nueva moneda, respaldada en oro y en un conjunto de materias primas, sería un factor fundamental en estos proyectos, pues sin una arquitectura financiera alternativa establecida y fiable no puede haber un soslayamiento del eurodólar como mecanismo de transacción.

Este último punto ha sido estudiado y analizado por el húngaro Zoltan Poszar, quien fue un operador insigne de la Reserva Federal de Nueva York y del Departamento del Tesoro de Estados Unidos, y ahora estratega financiero del banco Credit Suisse. Propone denominarlo Bretton Woods III, un pacto financiero en el que elemento dinerario estaría basado en materias primas que crearán un mercado aparte para ello, a tono con lo propuesto por el ruso Serguéi Glazyev, economista Ministro a cargo de la Integración y la Macroeconomía de la Unión Económica Euroasiática (UEE). Pero es más preciso hablar de un contrato post-Bretton Woods debido a que la geolocalización de la propuesta financiera estaría lejos de los centros de poder occidentales, basada en Asia.

Poszar advierte que las condiciones para la creación del mencionado mecanismo financiero están desarrollándose en un reciente artículo para Financial Times, portal que nos sirve como visión de las ideas, perspectiva y propósitos de la élite capitalista occidental—las negritas son nuestras—:

"El cambio ya está en marcha. Los superávits en cuenta corriente de China, Rusia y Arabia Saudita están en un récord. Sin embargo, estos excedentes no se reciclan en gran medida en activos de reserva tradicionales como los bonos del Tesoro, que ofrecen rendimientos reales negativos a las tasas de inflación actuales. En cambio, hemos visto una mayor demanda de oro —ver las compras recientes de China—, materias primas —ver las inversiones planificadas de Arabia Saudita en intereses mineros— e inversiones geopolíticas como financiar la Iniciativa de la Franja y la Ruta y ayudar a aliados y vecinos necesitados, como Türkiye, Egipto o Pakistán. Los excedentes sobrantes se mantienen cada vez más en depósitos bancarios en forma líquida para retener opciones muy necesarias en un mundo cambiante".

Los cambios en el sistema mundial capitalista implican la imposición de un quiebre pivoteado por Estados Unidos entre Rusia y el resto de Europa, vía "sanciones" y desarrollo de proyectos en el seno de la OTAN —como la iniciativa polaca Intermarum y el Grupo Visegrad—, que buscan una ampliación de la influencia de Washington en el Este europeo con la "agresión rusa" de corcel narrativo en lo que podría calificarse como el Gran Juego del siglo XXI. Pero todo esto sufre de una fragilidad histórica puesto que Rusia, aunque "no es Europa", se considera civilizatoriamente como parte de la historia europea por su raigambre cristiana, cuño de origen. Integrada en una foto más grande conocida como Eurasia.

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