El cuento clásico de Hans Christian Andersen "El traje nuevo del emperador" también es conocido como "El rey desnudo". A veces se presenta como una fábula, ya que contiene una especie de moraleja, que viene a decir algo parecido a que la verdad no es ella misma por el simple hecho de que así lo diga todo el mundo.
Luego de ser estafado por un par de bribones, un emperador salió a la calle "vestido" de un supuesto traje que le había sido confeccionado, pero que no era nada. Nadie se atrevía a hacérselo saber porque, según los ofertantes, la pieza no era apta para ser vista por tontos. Luego de que un niño dijera que estaba desnudo a toda voz, el presumido optó por seguir fingiendo hasta el final para no parecer ignorante y mantuvo su marcha airoso, mientras la multitud reía a carcajadas.
La verdad muchas veces es dicha por quien no tiene nada que perder ni teme a las opiniones ajenas, algunas veces por honestidad, pero en el caso de la élite gobernante de Estados Unidos, el poder ejercido de manera inmoral da todas las facultades para andar desnudos.
El rey pasea desnudo, pero angustiado
Tal es el caso del reciente secuestro del presidente Nicolás Maduro y la primera dama Cilia Flores, hecho a partir del cual las declaraciones de Donald Trump y su séquito han estado marcadas por la elocuencia y claridad respecto al ejercicio del poder y un menosprecio evidente de todos los códigos que sustentan la llamada "democracia occidental".
El mandatario magnate estadounidense, quien representa al entramado corporativo de su país —y también de "su" hemisferio—, sumó la 41.ª intervención militar en América Latina y el Caribe luego de haber enmascarado el asedio bajo el relato de la "guerra contra las drogas". Ya un mes antes del hecho develó el verdadero motivo del despliegue bélico, como lo había hecho durante su campaña electoral: se trataba de una apropiación arbitraria del petróleo y los minerales en territorio venezolano.
Por si quedaban dudas respecto al engaño, el Departamento de Justicia retiró oficialmente la narrativa respecto al ficticio "Cártel de los Soles", que nunca existió. La acusación contra el presidente venezolano no habla de robo de petróleo ni de fentanilo, temas expuestos de manera profusa por parte de Trump.
En declaraciones posteriores al ataque militar, que causó una centena de muertes y daños infraestructurales en el territorio venezolano, Trump afirmó explícitamente que "vamos a sacar una enorme cantidad de riqueza del suelo" y que esta riqueza "iría a parar a los Estados Unidos de América en forma de reembolso por los daños que nos ha causado ese país".
La elocuencia en cifras se traduce en que mencionó los términos "petróleo", "petrolero" o "petroleras" en una veintena de oportunidades, mientras que la palabra "democracia" no fue pronunciada ni una sola vez.
Otras declaraciones, como las del secretario de Estado y asesor de Seguridad Nacional, Marco Rubio, ahondaron en la desnudez de los hechos y sus causas. El cubano-mayamero dijo que seguirían asaltando buques con petróleo venezolano, pero que "nos importan las elecciones, nos importa la democracia, nos importa todo eso".
El subjefe de gabinete de la Casa Blanca, Stephen Miller, alterado y descompuesto, dejó colar en otra entrevista que "este marco neoliberal de que el trabajo de Estados Unidos es ir por todo el mundo exigiendo que se celebren elecciones inmediatas en todas partes, todo el tiempo, de inmediato, para llenar esos vacíos. Eso no es lo que yo pienso".
El embajador estadounidense ante la Organización de Naciones Unidas, Mike Waltz, expresó ante Fox News que Trump "tomó medidas audaces, y seguiremos atacando a esa ridícula organización llamada Naciones Unidas".
Distintos voceros de Venezuela, incluidos el comandante Chávez y el presidente Maduro, han denunciado la hipocresía por parte de la élite euroatlántica mientras sectores de la oposición criminalizaban al chavismo e insistían en la narrativa de las elecciones "creíbles" y los derechos humanos. Esos mismos sectores hacen silencio ante las muertes de civiles y militares bajo el fuego de la potencia agresora, mucho más ante las declaraciones de estos funcionarios ebrios de poder.
Queda demostrado que el interés de Washington por la democracia y los derechos humanos es un relato para maniobrar según sus intereses. Muchos de ellos basados en la angustia de poseer una deuda nacional de 38,5 billones de dólares con una relación PIB/deuda de 120%; estar en presencia del agotamiento de los recursos minerales baratos con los que ha sostenido su economía y el lento declive de la producción global de petróleo convencional desde 2005.
Además, ante el avance multipolar, esa élite ha optado por replegar su pretensión de imponer la hegemonía mundial al impulsar la "Doctrina Donroe" para apropiarse tanto de los recursos naturales como de la fuerza de trabajo existentes en América Latina y Europa, en principio.
El delito convertido en política de Estado
Tras el asalto, la amenaza al gobierno venezolano ha escalado y, con la misma elocuencia descrita, Trump declaró que la permanencia de la presidenta (e) Delcy Rodríguez se mantendrá siempre y cuando ella "haga lo que queremos". Con ello establece que en "su" hemisferio solo habrá paz si hay obediencia ciega a los intereses —o angustias— estadounidenses.
Aparecer como un Estado matón no es una novedad de Estados Unidos, pero casi siempre su estamento maniobró para conservar ciertas formas, con o sin éxito. Haber invadido Irak y Afganistán y que, en uno, haya predominado el Estado Islámico y, en otro, la sobreproducción de heroína, son delitos que se pueden determinar más por los resultados que por alguna confesión abierta, que es lo que hoy el mundo presencia.
El sistema político estadounidense está basado en principios de separación de poder y libertades, pero a lo interno, sobrevive a un Congreso plagado de lobbys y sin autoridad constitucional, incluyendo el derecho a declarar la guerra y aprobar leyes. El año pasado envió 38 proyectos de ley al escritorio de Trump para su promulgación que, en su mayoría, eran para revertir regulaciones promulgadas durante la administración Biden.
Lo de haber obviado la palabra "democracia" durante las referidas declaraciones del presidente coincide de manera perfecta con las 226 órdenes ejecutivas emitidas hasta el pasado 5 de enero. Este fue el mayor número durante un primer año de gestión presidencial desde Franklin Delano Roosevelt, quien emitió 568 órdenes ejecutivas en 1933. Además:
- Los medios de comunicación, concentrados en corporaciones y oligarcas, son una caja de resonancia para los crímenes de Estado, incluyendo el genocidio continuo de palestinos, los ataques a Irán, Yemen y Venezuela y el saqueo sistémico de la clase multimillonaria.
- Esto ocurre mientras las elecciones saturadas de donaciones multimillonarias son un trámite que poco apunta a algún cambio político, sino a reacomodos de negocios.
- El cuerpo diplomático en Washington, supuestamente encargado de negociar tratados y acuerdos, prevenir la guerra y forjar alianzas, permanece desarticulado y sin capacidad de reacción.
- Los tribunales, con excepciones como los jueces que lograron el bloqueo del despliegue de la Guardia Nacional en Los Ángeles, Portland y Chicago, son operadores del poder corporativo y están supervisados por un Departamento de Justicia cuya función principal es silenciar a los enemigos políticos de Trump.
De cara al exterior, el emperador naranja y sus funcionarios emiten, con furor, amenazas contra Irán, Cuba, Groenlandia (en realidad a Europa, sucursal estadounidense), Colombia, México y Canadá.
Estado de excepción global permanente
El relato, apegado o no a la realidad, permite identificar el objetivo de cada acción; pasa en las personas e instituciones. De allí surge la mitología, pero también los contratos sociales basados en principios y valores que cada colectivo construye para permanecer... o desaparecer, si sale mal. Cada sector de la especie humana, por su construcción cultural, tiene ideales y estos estructuran los comportamientos.
Al respecto, el analista francés Arnaud Bertrand se pregunta: ¿Qué sucede cuando una nación deja de decirse a sí misma que debe ser buena? La respuesta flota en el aire del Caribe y del planeta entero; todos intuyen la respuesta. Las declaraciones de Trump, Rubio, Waltz y Miller demuestran que la fractura cultural de Occidente está expuesta y la desesperación duele.
La visión colonialista, que contradice las bases filosóficas de autodeterminación política e independencia económica que impulsaron la revolución estadounidense, es la que predomina en el país de Trump y los superricos que ocupan el gobierno. Se trata de una coalición que ha decidido crecer sin raíces morales y que pudiera fragmentar —aún más— a aquella sociedad y al resto del planeta, pero de manera irreversible.
El resto de la "comunidad internacional" reacciona tibiamente, como aquellos que veían al rey desnudo, sin atreverse a plantar posición ante un Estado matón, para no parecer lo que en realidad se han encargado de mostrar que son. No son pocas las voces que denuncian lo mismo que aquel niño del cuento, pero todo indica que hacerse el sordo no evitará el colapso de un sistema que no para de mostrar señales.