Recientemente el gobierno de Donald Trump anunció la venta de petróleo venezolano a refinadores estadounidenses, por el orden de unos 30 y 50 millones de barriles de crudo, aunque sin especificar en qué lapso de tiempo se realizarían esos despachos.
También trascendió en medios internacionales el aparente envío de 11 buques a Venezuela, por parte de la estadounidense Chevron, a fin de cargar crudos venezolanos con destino a Estados Unidos.
Estos anuncios se realizan posteriormente a los eventos acaecidos el 3 de enero de este año, cuando Estados Unidos realizó ataques masivos en suelo venezolano y secuestró al presidente Nicolás Maduro.
Trump, durante su presentación a la prensa en la mañana del secuestro del primer mandatario venezolano, repitió la palabra "petróleo" unas 27 veces, señalando el replanteamiento de la relación energética entre Washington y Caracas mediante inversiones y "control" del flujo del crudo venezolano, el cual iría ahora hacia Estados Unidos.
En recientes declaraciones, el secretario de Estado Marco Rubio indicó que las acciones obedecían al interés estratégico de su país. También alegó en concreto "expulsar" de Venezuela a Irán y Hezbolá, al señalar que supuestamente eran beneficiarios del petróleo venezolano.
El funcionario enfatizó como uno de los principales "problemas" el hecho de que Venezuela ha vendido su petróleo "a los adversarios de Estados Unidos".
La administración de Donald Trump se ha referido a China y Rusia como actores clave en el negocio petrolero venezolano en detrimento de su propio país.
Cambio de forma, mas no de fondo
Washington ha planteado ahora, desde una perspectiva mediada por el uso de la fuerza, un nuevo escenario en el relacionamiento energético con Caracas. Pero lo anuncian con la ahora presidenta encargada Delcy Rodríguez en la primera magistratura, sin consolidar un cambio de régimen en el país.
Desde la perspectiva de Estados Unidos, este nuevo contexto sugiere un cambio profundo en el manejo, tanto en lo narrativo y en lo metodológico del vector energético, el cual es el principal factor denominador de las relaciones entre ambos países.
En lugar de conseguir un acuerdo con el gobierno venezolano en los últimos meses, la Casa Blanca ha preferido el políticamente costoso secuestro del presidente Maduro, para ejercer una nueva presión que desemboque en el acceso "total" de Estados Unidos a los crudos venezolanos.
Trump ha impuesto un estilo de "negocios" abiertamente imperialista, neocolonial y basado en el uso de la fuerza. En sus declaraciones, su estilo se erige sobre un nuevo tipo de presión e intimidación absoluta sobre el gobierno venezolano. Todo a cambio de nuevo suministro petrolero a Estados Unidos.
Cambian las formas, mas no el fondo.
Desde su lógica y estilo de hacer política y propaganda, Trump parece preferir imponer su política en lugar de concertarla.
Trump ahora apunta contra su propia política
Es importante destacar que el andamiaje narrativo de Trump se construyó sobre el alegato de que Venezuela ofrecía sus productos a los adversarios estadounidenses, en detrimento de los intereses estadounidenses. Una afirmación bastante débil.
En realidad, el registro de hechos sugiere que fue Washington, y especialmente el mismo Trump, el que implosionó durante años la relación energética con Venezuela.
Según los datos de la U.S. Energy Information Administration (EIA, por sus siglas en inglés), en el año 2005 Venezuela ofrecía a Estados Unidos la cuenta de 1 millón 300 mil barriles de petróleo al día (bpd). En cambio, para el año 2025, se despacharon apenas 145 mil bpd, según la misma fuente.
La baja en la cuenta de suministro obedeció a diversos elementos combinados, referidos a continuación.
En el año 2007, las estadounidenses ExxonMobil y ConocoPhillips decidieron no participar en el proceso de re-nacionalización de las operaciones en los yacimientos petroleros venezolanos, especialmente en la Faja Petrolífera del Orinoco.
El Gobierno Bolivariano y la empresa estatal Petróleos de Venezuela, S.A. (PDVSA) implementaron un esquema de empresas mixtas que otorgaba lugar a las transnacionales mediante una asociación no mayoritaria en los yacimientos venezolanos, dando a nuestro país el control administrativo y operacional de los campos petroleros.
En ese contexto, Chevron decidió permanecer en Venezuela, manteniendo una relación que sigue vigente hasta el presente, siendo la empresa que ha garantizado el suministro de crudo venezolano a diversas compañías refinadoras estadounidenses.
El retiro unilateral de ExxonMobil y ConocoPhillips desembocó en la judicialización del Estado ante diversas instancias internacionales. Esto, pese a que el proceso de expropiación de los activos de esas empresas se ejecutó conforme a las leyes venezolanas y los montos de la transferencia de bienes se realizaron oportunamente.
Para entonces, el gobierno venezolano catalogó esos litigios como maniobras políticas con el fin de afectar el relacionamiento internacional de PDVSA y aumentar el riesgo de los petrobonos emitidos por la estatal. A diferencia de Chevron, esas transnacionales se convirtieron en actores abiertamente hostiles a las políticas soberanas de Venezuela.
Desde entonces, los campos que estaban bajo control de ExxonMobil y ConocoPhillips fueron concesionados a favor de empresas chinas. Esto se tradujo en una captación progresiva de crudo venezolano por parte de la nación asiática, lo cual implicó un descenso en los despachos a Estados Unidos.
Desde 2009 hasta 2013, Estados Unidos seguía siendo el principal destino de las exportaciones de petróleo desde Venezuela. Pero esta situación comenzó a cambiar desde 2014, cuando el Congreso estadounidense y el gobierno de Barack Obama construyeron las bases para el desarrollo de sanciones ilegales contra Venezuela con fines de bloqueo económico, comercial y financiero.
Obama declaró a Venezuela como una "amenaza inusual y extraordinaria a la seguridad" de su país. Esta medida detonó el repliegue de diversos clientes en suelo estadounidense.
Diversas refinadoras comenzaron paulatinamente a degradar la compra de crudo venezolano, sustituyendo primeramente el flujo de crudos livianos. Luego, incrementaron su relación con otros proveedores como Canadá y México para mitigar los riesgos a mediano plazo ante el posible advenimiento de sanciones directas.
En el año 2017, Donald Trump 1.0 emitió la primera batería de sanciones directas contra PDVSA, excluyendo tanto a la estatal como a Venezuela del circuito internacional de financiamiento.
Trump también congeló el envío a Venezuela de las ganancias de Citgo Petroleum Corporation, empresa venezolana radicada en Estados Unidos que posee tres refinerías principales (Illinois, Luisiana y Texas) y una extensa red de más de 5 mil estaciones de servicio en dicho país.
Las medidas de ese año se tradujeron en un corte brusco del financiamiento, la inversión y el flujo de caja de PDVSA.
En ese contexto, Venezuela optó por incrementar sus relaciones con China, disminuyendo el flujo petrolero hacia Estados Unidos, ante un claro contexto de hostilidad regido por sanciones ilegales.
Durante esos años, India también se posicionó como otro importante destino de los crudos venezolanos, siendo el tercer cliente más importante de Venezuela, luego de China y Estados Unidos respectivamente.
En 2015, Venezuela despachaba en promedio unos 735 mil bpd a Estados Unidos; en 2019 la cuenta bajó a unos asombrosos 148 mil bpd. Lo cual puede explicarse claramente por las medidas coercitivas de la administración Trump en 2017.
Pese al contexto, Chevron junto con PDVSA seguían realizando despachos desde Venezuela hacia Estados Unidos.
Pero en 2019 Trump recrudeció su política, vetando toda compra de crudo venezolano y llevando el bloqueo y la política de sanciones ilegales a su máxima expresión.
Para los años 2020 y 2021, la EIA registró en cero (0) los despachos de crudo hacia Estados Unidos.
Durante la administración de Joe Biden, Washington decidió virar parcialmente su política de sanciones. Esto se originó por las serias distorsiones en las cadenas de energía y materias primas a causa de las sanciones estadounidenses contra Rusia.
La empresa Chevron, así como otras proveedoras estadounidenses de servicios a campos, recibieron licencias que les permitieron trabajar con los productos venezolanos.
Lo que permitió que se alcanzara un nuevo cenit de suministro de crudos hacia Estados Unidos por el orden de los 227 mil bpd en promedio durante 2024.
Sin embargo, nuevamente, el despacho sufrió una abrupta y nueva caída, luego del ascenso de Donald Trump 2.0. En 2025, la EIA registró un suministro de 145 mil bpd.
Estos datos sugieren que las decisiones que han deteriorado la relación energética entre ambos países se originaron en Washington, no en Caracas.
Aunque el gobierno estadounidense refiere ahora relanzar los envíos de crudo venezolano bajo una denominación de fuerza y pretendido tutelaje a las actividades del país latinoamericano, hay un elemento ineludible: Washington sugiere revertir la propia política de bloqueo sistemático que construyó estos años sobre Venezuela.
Trump refiere que la venta de crudo venezolano "a precio de mercado" facilitará un beneficio mutuo para Venezuela y Estados Unidos.
Sobre el beneficio tangible para Venezuela, eso está por determinarse, dado que la autoridades nacionales mediarán los negocios en un contexto de gran presión y buscando el máximo beneficio nacional posible en este contexto.
Si bien el gobierno venezolano ha dado un importante espacio estratégico a los países emergentes como clientes y destino de las exportaciones energéticas venezolanas por ser factores de la demanda energética global, también es un hecho que Venezuela (hasta que Trump lo impidió) reconoce a Estados Unidos y a la región latinoamericana y caribeña como un enclave esencial para colocar sus productos por considerar al continente como un espacio comercial natural.
Venezuela ha apostado a su propio beneficio relacionándose en múltiples bandas y actores de la geopolítica internacional. Por lo que uno de los desafíos de la presidenta Delcy Rodríguez es sostener y canalizar la confluencia de intereses diversos en un contexto de gran presión.
Pero es un hecho que el petróleo venezolano, como un producto que brinda beneficios a Estados Unidos, fue algo que el mismo Trump negó a su país hace casi nueve años, desde que desplegó su errática y costosa senda de sanciones y presiones agresivas.
El registro de hechos recientes sugiere que Trump apunta ahora contra la política de Donald Trump.
Este 7 de enero, PDVSA informó que estaba en curso una negociación petrolera con Estados Unidos. La estatal aludió a los vínculos comerciales existentes entre ambos países y que esta transacción "estrictamente comercial" se realizaría "bajo esquemas similares con empresas internacionales como Chevron".
La empresa mencionó en un comunicado su interés de construir alianzas basadas en el "beneficio para ambas partes", ratificando su interés en contribuir a la estabilidad energética global.
El desglose a detalle de los nuevos acuerdos estaría por aclararse. Se trata de eventos en desarrollo que podrían traducirse en un cambio significativo del actual esquema de relación energética comercial entre ambos países, a pesar del continuo cerco sobre Venezuela y el secuestro del presidente Maduro.