En un movimiento que dejó estupefacto al mundo, el ejército de los Estados Unidos lanzó ataques a lo largo de la capital venezolana, bombardeando varios sitios incluyendo un importante centro académico y científico y un almacén médico, como para acentuar las similitudes entre las tropas estadounidenses y las sionistas.
La operación culminó con el secuestro del presidente Nicolás Maduro y su esposa además de la muerte de alrededor de cien personas.
Este acto desvergonzado vino luego de meses de escalamiento. Comenzó con amenazas sobre supuestos "envíos de drogas", luego con una concentración militar en el Caribe. Luego vino una serie de ataques con misiles contra embarcaciones, ataques que expertos legales en todo el mundo denunció como ilegales, asesinado a más de cien personas, no todas venezolanas. La mayoría de las víctimas eran pescadores u otros simplemente luchando para alimentar a sus familias.
Luego, predeciblemente, la narrativa viró hacia su objetivo verdadero, el petróleo.
Una hora luego de que el presidente Maduro fue secuestrado, el anuncio provino de la Casa Blanca. El mundo miró con conmoción y repugnancia al ver a un jefe de estado encadenado junto a su esposa, que había sido golpeada por tropas estadounidenses. El presidente de los Estados Unidos declaró que el petróleo de Venezuela, las reservas probadas más grandes del planeta, ahora son un activo estadounidense indefinidamente. De ahí en adelante, sus miles de millones de riqueza soberana serían canalizados y robados por Washington.
En Caracas, la respuesta fue la furia de una nación. La vicepresidenta y ahora presidenta en funciones Delcy Rodríguez denunció un "secuestro ilegal e ilegítimo", una violación descarada de la Carta de las Naciones Unidas y todas las normas de la decencia humana.
La condena global fue rápida y extendida, emanando de Latinoamérica, África y Asia. Provino de todos los lugares… excepto en las capitales de los aliados más cercanos a Washington: Israel, la Unión Europea, y otros regímenes occidentales. Se trazaba una nueva línea en tiempo real para que todo el mundo la viese.
Un líder extranjero, abducido por un ejército extranjero. La riqueza de una nación, declarada propiedad permanente de otra. El así llamado orden basado en reglas, hecho jirones.
Pero la historia está lejos de terminar. La resistencia en Venezuela está viva.
Esto nos lleva a la asociación Venezuela-Irán: una alianza que desde el principio fue etiquetada por el imperio como una amenaza global. No es ninguna coincidencia que los sionistas y los neoconservadores ataquen simultáneamente a Irán y a Venezuela. Su sociedad representa un desafío formidable a esta era de imperialismo depredador.
Su significado yace no solo en la cooperación económica y política pero en su conciencia, solidaridad y entendimiento forjado entre la mayoría global: una fuerza cuyo poder no puede calcularse en términos materiales. La demonización promovida por el imperio y su maquinaria de medios pierde mucha de su potencia mientras la mayoría de la gente a lo largo de América Latina y Asia occidental reconocen sus verdades, ideales y aspiraciones compartidas. Reconocer esto es veneno para el imperio.
A pesar de los proyectos occidentales de robo de activos, sanciones, cambios de régimen violentos y revoluciones de colores, y que, incluso la guerra, la narrativa confeccionada por el imperio permanece siendo singular y oscura: una amenaza estratégica, un "Eje de autoritarismo antiamericano", un matrimonio entre supuestos "Estados paria".
Dentro de este marco, las acusaciones se amontonan para crear un clima de miedo fabricado. LA asociación es etiquetada como un pacto de cooperación autoritaria, pero en realidad, se ha vuelto uno de los laboratorios más avanzados del mundo en la evasión de sanciones: sanciones desplegadas por los estados unidos y sus aliados para estrangular naciones, colapsar economías, destruir trabajos, aumentar la pobreza, romper familias, matar al enfermo por falta de medicinas, deshacer el tejido de sociedades, y arrodillar a las naciones.
El imperio lo retrata como algo de alguna manera siniestra como una "economía fantasma" llevando sus asuntos en la oscura alta mar. Esta caracterización luego se hace que mute inevitablemente hacia la mayor amenaza de seguridad: asesores militares, drones iraníes en suelo venezolano, culminando con supuestos vínculos con Hezbolá.
Aquí, la narrativa da su salto decisivo, transformando la amenaza de lo meramente económico a algo encuadrado como existencial, una ilusión de peligro para los Estados Unidos propiamente. Finalmente, es presentado como una gran conspiración: dos "regímenes aliados" planeando invadir Estados Unidos con refugiados e inmigrantes, matar a su población con las drogas, y otras acusaciones que, mientras demencial, permanece siendo trágicamente creíble para un segmento grande del propagandizado público estadounidense.
Esta es la narrativa. Entre otras excusas extravagantes, ha sido usado para justificar muchos años de sanciones barbáricas. Y ahora, se justificó el secuestro del presidente de una nación soberana y la masacre incontable de gente.
La llamada "asociación criminal" es, por supuesto, algo completamente distinto. Es una colaboración determinada entre dos naciones forjando un camino alternativo, un plan práctico para preservar sus independencias frente a la agresión y el castigo colectivo de los Estados Unidos.
El foco incansable sobre las amenazas del terrorismo global es una distracción. Este encuadre está diseñado para oscurecer las realidades, tangibles y diarias, que verdaderamente une a estas naciones hermanas: los ingenieros reviviendo refinerías, la tecnología agrícola alimentando ciudades, el plan estratégico para 20 años firmado abiertamente en Teherán. Esta es la verdadera lucha, no tan solo la supervivencia, sino el sostener al Estado moderno contra los asedios económicos abarcantes.
Interroguemos a la arquitectura de la propia historia, cómo una narrativa se usa como arma, ladrillo a ladrillo, hasta que la muralla que construye es tan alta que esconde la realidad humana del otro lado, justificando cualquier acción que se hace tomada detrás de ella.
En la lucha por el mundo multipolar, ¿quién define al terrorismo? ¿Quién define la legitimidad y moralidad? ¿Qué precio están las naciones forzadas a pagar para escribir su propia historia?
Las raíces del apoyo
Para Irán, esta relación es mucho más que una mera alianza económica o estratégica. Es la ejecución de una misión nacional, un principio grabado en las propias fundaciones del Estado.
La constitución de la República Islámica de Irán es explícita: contiene un mandato revolucionario de comprometer al Estado en la defensa de los Mustaz’afin -los oprimidos y los esclavizados- donde sea que sea. Este principio ofrece un lente por el que las luchas de los palestinos, pero también los bosnios, surafricanos, cubanos y sí, venezolanos, son vistos como uno y lo mismo: una lucha unificada contra la dominación y la opresión imperial.
Esto no es algo teórico. Es una trayectoria de acción.
Cuando la mayoría de los gobiernos del mundo todavía hacían negocios con el apartheid surafricano, la recién formada República Islámica de Irán inmediatamente cortó toda relación. Se volvió en un campeón sonoro del ANC y otras organizaciones de la resistencia, ofreciendo un apoyo crítico para la lucha anti-apartheid mientras que occidente apoyaba el gobierno del supremacismo blanco.
En los años 90, mientras Europa no hacía nada y veía cómo se desenvolvía el genocidio en Bosnia, Irán actuó. Desafió un embargo de armas de la ONU para proveerle al ejército bosnio armamento crucial, suministros y asesores militares, un línea de la vida que ayudó a asegurar la supervivencia de la nación.
De este modo, cuando Irán mira hoy a Venezuela -una nación independiente bajo una guerra económica brutal, sus activos robados, su líder ahora secuestrado- no ve a un mero "socio estratégico". Irán ve una lucha compartida contra la opresión. Sus imperativos constitucionales e ideológicos hacen que su posición basada en principios sea más que un resultado de la alianza, su alma.
Y es desde este principio fundamental que, a pesar de las amenazas, la cooperación ha crecido: una alianza forjada en la necesidad, práctica y urgente, de insuflarle aliento a una economía asediada.
Esto es lo que se revela como la historia verdadera: no un eje oscuro, sino un plan para la soberanía económica forjada en desafío contra un hegemón brutal.
Las raíces de la resistencia
La asociación entre Irán y Venezuela no es ni antigua ni inevitable. Es una creación moderna, forjada por una visión compartida de un mundo multipolar y endurecida en la olla de presión implacable del asedio económico.
A lo largo de buena parte de su historia, Teherán y Caracas eran conocidos distantes. Eso cambió con la entrada al nuevo siglo con una fusión poderosa de ideologías -socialismo bolivariano y el pensamiento revolucionario islámico- unido en una convicción sencilla e imponente resistencia al dominio unipolar.
El Puente estratégico entre Teherán y Caracas comenzó a ser construido a comienzos de los 2000 bajo Hugo Chávez y Mohammad Khatami. Su cortejo diplomático comenzó en serio en 2001 y fue cimentado a través de visitas de Estado recíprocas y grandes acuerdos de cooperación en energía y construcción. La alianza evolucionó aun más bajo el presidente Mahmud Ahmadinejad, solidificándola de 2005 en adelante hasta un declarado "eje de unidad" contra el "imperialismo estadounidense".
La escala de la cooperación de dos países pesadamente sancionados fue extraordinaria. Firmaron más de 270 acuerdos bilaterales. En 2007, anunciaron un fondo conjunto de 2 mil millones de dólares para invertir en otros países que "buscan liberarse ellos mismos". El compromiso fue resaltado en 2006 cuando Chávez prometió que Venezuela "permanecerá junto a Irán en cualquier momento y bajo cualquier condición".
Para marzo de 2005, esta asociación pujante, y el apoyo de Venezuela al programa nuclear iraní- causaba alarmas dentro de la administración estadounidense.
Sobre el terreno, las firmas iraníes construyeron fábricas de cemento y municiones, abrieron una planta automovilística, y lanzaron vínculos aéreos directos entre ambas capitales. El valor de los proyectos industriales iraníes en Venezuela alcanzaron los 4 mil millones de dólares, y para 2008 el comercio bilateral había crecido de forma significativa .
El lazo se mantuvo firme con Nicolás Maduro. Sin embargo, la relación en poco tiempo enfrentó uno de sus retos más severos: sanciones abrumadoras y aplastantes de los Estados Unidos. Esta presión externa transformó su "eje" en un salvavidas práctico y vital.
La visión por sí sola no mantiene las luces prendidas. En consecuencia, la alianza evolucionó hacia la unión de la retórica hacia un pacto pragmático de supervivencia y desarrollo.
Para 2020, la industria refinadora de Venezuela había colapsado, En respuesta a esto, Irán despachó cinco tanqueros cargando 60 millones de galones de gasolina en un desafiante viaje de 9 mil millas, con ambas naciones advirtiéndole a los Estados Unidos contra cualquier interferencia. Esta fue una misión de rescate arriesgada por la soberanía energética, luego formalizada en un contrato por el valor de 110 millones de euros para reparar la refinería El Palito, en Venezuela.
La cooperación, sin embargo, se expandió mucho más allá del petróleo. Una cadena de supermercados iraní abrió en Caracas, y ambas naciones lanzaron investigaciones conjuntas en nanotecnología. Esta fue un proyecto integral para construir capacidades soberanas, cubriendo todo desde seguridad alimentaria pasando por industrias y llegando a la tecnología avanzada.
De manera crítica, la cooperación se extendió a los ámbitos culturales y científicos de ambas naciones. Ministerios de ciencias, cultura y educación iban y venían. Esta ya no era solamente sobre comercio; fue la forja de una alianza intelectual a largo plazo.
Este éxito multidimensional y tangible no pasó desapercibido. En Washington, la alarma se cristalizó en una contra-estrategia formal. Ya para 2012, el Congreso realizó audiencias y redactó legislación para específicamente contrarrestar la presencia creciente de Irán y su "actividad hostil" en el hemisferio occidental. Una asociación pacífica dedicada a mejorar las vidas de quienes habían sido oficialmente designados como adversarios por la ley estadounidense.
Y con esa mirada fija sobre eso, la narrativa oscura se intensificó. El Mossad difundió reportes falsos sobre una base naval iraní en un puerto venezolano. En Washington y, estrafalariamente, en todo los medios estadounidenses, la alianza ya no era encuadrada como un desafío regional sino como una amenaza de seguridad y existencial a las puertas de Estados Unidos.
Aun así, en 2022, los dos países desafiantemente firmaron un plan de cooperación estratégica por 20 años en Teherán, firmado por el presidente venezolano Nicolás Maduro y el presidente iraní, Ebrahim Raisi.
A pesar de las amenazas en escalada, cada fase de la relación se construyó sobre la anterior. Era esta visión compartida que hizo posible la cooperación práctica. Fue este compromiso determinado a la soberanía y la libertad de la dominación que finalmente condujo a los asesinatos en el Caribe, el derramamiento de sangre en Venezuela y el secuestro de su presidente.
Pero esta no es una alineación pasajera. Es estructural, una red resiliente que ha sobrevivido a la muerte de su fundador, el líder venezolano Hugo Chávez. Fue preservado y prosperó a pesar de transiciones políticas, a más de dos décadas de presión estadounidense y acción congresional directa para revertirlo.
Estas dos naciones concluyeron hace tiempo que cuando eres excluido del sistema, no ruegas para reingresar. Construyes una alternativa, parte por parte. Pero cuando el nuevo plan para la independencia esté siendo escrito, ¿qué hace un poder envejecido?
Busca borrar a los arquitectos y, aun más importante, a la arquitectura.
Conclusión
El ataque contra Venezuela fue un mensaje enviado a cada nación que busque su independencia: no estás a salvo. Tu soberanía es condicional. Tus recursos están perdidos
El aplauso del régimen sionista en respuesta al asesinato y agresión confirmó la calidad de las relaciones Venezuela-Irán y la identidad y naturaleza del antagonista. Los rumores persistentes -con frecuencia extraído desde la inteligencia del régimen israelí- de un puesto de avanzada iraní o una base para Hezbolá en el Caribe fueron más munición para una narrativa hostil. Revelaron el poder detrás del telón.
Para el supremacismo del sionismo y sus aliados neoconservadores -que, en efecto, son uno y lo mismo- esta es la amenaza mayor. La mera existencia de naciones independientes, en la búsqueda de su propio honor y dignidad y la demanda de iguales derechos, es un desafío existencial a sus dominios. Para ellos, semejante amenaza justifica cualquier respuesta.
Pero quienes planearon esta operación cometieron un error de cálculo crítico. Creyeron que al cortar la cabeza, el cuerpo colapsaría. No entendieron sus raíces.
Esta alianza fue la vanguardia de un mundo multipolar y se fundó sobre una creencia radicalmente profunda e ideológica en la dignidad compartida y el honor de ambos pueblos. Buscó desafiar a la arquitectura del orden unipolar incluso antes del ascenso del antagonismo entre el occidente y Rusia o China. Afirmó el derecho de las naciones a mapear su propio curso independiente. Esta hermandad ayudó a prender el fuego que un imperio agonizando pueda sofocar, no importa cuán violentamente pueda golpear. La solidaridad y la camaradería entre gente de distintos continentes, razas y religiones se ha vuelto un faro de esperanza para la era post-Estados Unidos.
Esta alianza nunca fue meramente bilateral. Era el pilar de una constelación más amplia -dentro de los BRICS y el Sur Global- de naciones determinadas a escribir sus propias reglas, a vivir en sus propios términos, y rechazar la lógica exhausta del colonialismo bajo un nuevo disfraz. El sentimiento anti-colonial no es una reliquia ni en Caracas ni en Teherán; es el propio combustible de la determinación de sus pueblos para resistir la piratería, el saqueo y, aun más importante, la colonización de la mente.
El tiempo demostrará que el secuestro del presidente Nicolás Maduro producirá efectos indeseados. No ha espantado al pueblo venezolano hacia la sumisión. En su lugar, ha hecho de su resistencia una inspiración global, iluminando para el mundo entero la fuerza de una nación determinada a desafiar el imperio. En todo el mundo, la gente ahora son testigos de hombres y mujeres marchando desafiante, rechazando ser colonizados por Washington.
Mientras tanto, sus aliados en Irán -igualmente luchando contra el terror y la agresión sionista- continuarán del lado de Venezuela en las buenas y en las malas. La marcha colectiva hacia la liberación de los imperios continúa.
Esta traducción es una transcripción del monólogo que el profesor Mohammad Marandi dio en su programa "Desmitificando Irán", transmitido por Al Mayadeen el 16 de enero de 2026. Cedida a esta redacción, la traducción para Misión Verdad la realizó Diego Sequera.
Seyyed Mohammad Marandi es profesor de literatura inglesa y orientalismo en la Universidad de Teherán. Es un reconocido comentarista en diversos medios sobre la realidad iraní, a contracorriente del consenso hostil elaborado por las plataformas de medios y políticas occidentales.