Vie. 16 Enero 2026 Actualizado 4:02 pm

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Estados Unidos no recupera la ventaja tecnológica frente a China, no logra desarticular a Rusia, no estabiliza Asia occidental ni ofrece un plan realista para convertir el “botín” venezolano en una victoria estratégica duradera (Foto: Gary Hershorn)
EE.UU. busca reformatear su pérdida de influencia global

¿El Corolario Trump implica repliegue o reacomodo de la estrategia imperial?

El ataque militar estadounidense en contra de Venezuela, realizado el pasado 3 de enero, culminó con el secuestro del presidente Nicolás Maduro. Más que una mero exceso táctico, constituye la primera aplicación pública y brutal del "Corolario Trump" a la Doctrina Monroe, formalizado en la Estrategia de Seguridad Nacional (ESN 2025) publicada por la administración Trump en diciembre de 2025.

El documento representa un punto de inflexión histórico debido al abandono explícito, por parte de Washington, del lenguaje del "orden internacional basado en reglas" instaurado luego de 1945. Esto mediante la adopción de un realismo imperial descarnado que reconoce la incapacidad de contener a China y la interdependencia global como techo de su unilateralismo.

Ante el avance de un mundo multipolar liderado por China y Rusia, algunos análisis afirman que Estados Unidos se "repliega" estratégicamente hacia lo que considera "su" hemisferio occidental, buscando consolidar una "Fortaleza América" autárquica bajo el dominio exclusivo de sus élites.

Sin embargo, otros enfoques destacan que este reacomodo no pretende ser un retiro total de su poder en diversos lugares del planeta sino un cambio de táctica. Estados Unidos continúa librando una guerra indirecta contra Rusia, desestabilizando a Irán y apoyando a militantes que atacan la infraestructura de la Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI, por sus siglas en inglés). Las fuerzas estadounidenses estacionadas en la región Asia-Pacífico siguen amenazando rutas marítimas vitales para el comercio chino.

Al tiempo que proclama la captura de los activos energéticos venezolanos, Washington desarrolla operaciones bélicas —abiertas o no— en Rusia e Irán. Estos tres países comparten una característica común: Son socios y exportadores de petróleo a China.

La operación en Venezuela es un mensaje de fuerza a la región y un intento desesperado por controlar recursos, pero revela, sobre todo, un reacomodo por parte de Washington ante su debilidad estratégica y su relativo declive como potencia.

Inmovilizar, a control remoto, al "competidor no hemisférico": China

La ESN 2025 abandona la fachada del multilateralismo liberal y declara abiertamente que el objetivo es la "competencia estratégica" por la preeminencia, no la preservación de un orden compartido. De esta manera desplaza el foco de una contención integral global hacia una rivalidad más acotada, pero más agresiva, centrada en impedir que China, el "competidor no hemisférico" por excelencia, gane terreno en áreas tecnológicas, económicas y militares críticas.

Se establece que la legitimidad de un Estado en el Hemisferio Occidental no deriva del derecho internacional, sino de su alineación funcional con los intereses estratégicos y las cadenas de valor estadounidenses. Un país que, como Venezuela, controle sus recursos energéticos fuera del circuito dolarizado, y mantenga alianzas con potencias rivales, es considerado "funcionalmente ilegítimo".

Se reconoce el concepto de "competencia estratégica" en lugar de "contención" y se admite que China está demasiado integrada en el sistema global como para ser aislada. Por tanto, la estrategia prioriza el desacoplamiento en sectores de punta —como semiconductores e inteligencia artificial—y la retirada –por lo menos temporal— a una esfera de influencia controlable: las Américas.

En el ámbito del poder militar convencional, Estados Unidos enfrenta un desplazamiento progresivo por parte de China, que ha emprendido una modernización masiva y rápida de sus capacidades bélicas. A partir de un enfoque particular en capacidades asimétricas, Beijing ha diseñado medios y armas para negar el acceso estadounidense a sus proximidades, como misiles antibuque de largo alcance, defensas aéreas integradas y una marina que ya es la más numerosa del mundo.

El epicentro de la tensión es Taiwán y la ESN 2025 es explícita al definir la disuasión de un conflicto en el estrecho como "una prioridad", vinculándolo directamente a la protección de las cadenas de suministro de semiconductores y las rutas marítimas. Sin embargo, la estrategia estadounidense parece contradictoria: mientras insta a sus aliados asiáticos a aumentar su gasto en defensa y a concederle mayor acceso a sus puertos, mantiene una retórica que se interpreta como un respaldo creciente al independentismo de la isla.

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Ejercicios militares recientes del Ejército Popular de Liberación (EPL) en torno a la isla demuestran el poderío militar desplegado por China en su territorio (Foto: Universidad George Mason)

A modo de compensación por la incapacidad de defender a la isla en caso de que se precipiten acciones desde Beijing, Washington ha incrementado la venta de armas avanzadas a Taiwan, como la anunciada en diciembre de 2025, lo que acerca el riesgo de una escalada.

Además, Washington intenta implementar un bloqueo energético global "a control remoto" contra China. Un artículo, publicado en 2018 por la Revista de la Escuela de Guerra Naval de Estados Unidos, titulado "Un bloqueo petrolero marítimo contra China", analiza el proceso de cierre de cuellos de botella marítimos como parte de un "bloqueo distante", justo más allá del alcance de la mayoría de las capacidades militares de China.

También señala el documento que China había trabajado para diversificar su economía y reducir su dependencia excesiva de estos cuellos de botella marítimos, incluso mediante la construcción de la BRI. Por lo que propuso que se identificaran y eliminaran sus rutas.

La de Washington pudiera considerarse una estrategia de contención selectiva y repliegue, por lo que algunos analistas hablan de una doctrina de “Fortaleza América” dado que, si no puede expulsar a China de Asia oriental, al menos intentará expulsarla de América Latina. Esto se combina con el ataque a nodos y rutas estratégicas.

Ucrania y los estertores de la derrota que ya fue

Por otra parte, Washington ha perdido instrumentos de control y capacidad de disuasión con relación a Rusia y el horizonte más inmediato es el fin inminente del tratado New START, el último acuerdo de control de armas nucleares entre ambas potencias. Su expiración, sin perspectivas de renovación, augura una nueva y peligrosa carrera armamentística nuclear sin reglas ni mecanismos de verificación, en un contexto de máxima tensión.

Este colapso de la arquitectura global de seguridad coincide con el estancamiento de la participación de Occidente en Ucrania, un conflicto que, más allá de su narrativa inicial, ha evolucionado hacia una guerra de desgaste por recursos. La decisión de Ucrania, anunciada el 12 de enero pasado, de seleccionar a un consorcio de inversores vinculados a Estados Unidos para desarrollar el gran depósito de litio de Dobrá, revela la dimensión material del conflicto. Ucrania se consolida como un campo de batalla no por preservar su presunta integridad territorial, sino por el acceso a minerales críticos esenciales para la distintas tecnologías, sobre todo la militar.

Rusia, lejos de haber sido aislada, ha profundizado su integración estratégica con China e Irán, formando un triángulo geoestratégico euroasiático que desafía directamente la influencia occidental. Este eje, previsto por estrategas como Brzezinski como la peor pesadilla para la hegemonía estadounidense, se ha materializado como una alianza política, económica y militar que abarca desde el noreste hasta el centro de Asia. La incapacidad de Washington para fracturar esta alianza, o lograr una victoria decisiva en Ucrania, demuestra los límites de su poder en la región euroasiática, acelerando su decisión de concentrarse en su "patio trasero".

Sin embargo, informes recientes de The New York Times revelan que Estados Unidos también ha estado llevando a cabo ataques contra la producción energética en lo más profundo del territorio ruso (a través de la CIA), así como realizando ataques con drones marítimos contra petroleros que parten de sus puertos.

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Según The New York Times, la CIA y el ejército estadounidense, con permiso de Trump, potencian los ataques ucranianos contra instalaciones petroleras y tanqueros rusos con aviones no tripulados (Foto: Archivo)

El sabotaje estadounidense a los gasoductos Nord Stream en 2022, lejos de aislar a Rusia, aceleró la desdolarización y la integración energética euroasiática. Moscú exporta crudo y gas a China e India en monedas locales, mientras fortalece corredores logísticos con Irán y Pakistán.

Asia occidental: Caos vs. orden y la trampa ante Irán

En Asia occidental, la estrategia estadounidense se caracteriza por la imposición de caos controlado y una influencia en declive. El apoyo inquebrantable a Israel, incluso en sus acciones más atroces, ha servido para desestabilizar la región pero ha erosionado la legitimidad y las alianzas tradicionales de Washington. Como respuesta, se avizoran alianzas regionales autónomas que buscan gestionar su propia seguridad frente a la inestabilidad. Se habla de una posible alianza entre Arabia Saudita, Pakistán, Türkiye y Egipto para "enfrentar las tormentas venideras", una señal clara de que los actores clave ya no confían en el paraguas de seguridad estadounidense y buscan equilibrar por su cuenta.

El mayor fracaso estratégico se centra en Irán. Al mismo tiempo que Estados Unidos proclama su supuesto control sobre Venezuela, está fomentando una violencia letal en las calles de Irán, después de haber llevado a cabo, junto a Israel, ataques militares directos contra ese país a mediados del año pasado e infiltrar grupos paramilitares en la reciente jornada de protestas. Pero las campañas de presión máxima, las sanciones y los intentos de fomentar violencia armada para un cambio de régimen han fracasado en aislar a Teherán.

Trump ha aplicado aranceles de 25% a los países que comercien con el país persa. China rechaza la medida debido a que, en 2021, firmó un acuerdo de asociación de 25 años con Irán, que también ha profundizado su cooperación militar con Rusia mediante un acuerdo por 20 años.

Al rechazar los canales diplomáticos, las opciones de Washington se limitan a una guerra directa que sería catastrófica dado que carece de un plan realista para la "victoria". Esta encrucijada frente a Irán ejemplifica la pérdida de influencia estadounidense en una región que fue central en su política exterior durante décadas.

La mediación de China entre Teherán y Riad en 2023 marcó un antes y un después en dicha influencia. Hoy, Arabia Saudita negocia su ingreso a los BRICS mientras Washington, incapaz de imponer un régimen afín en Irán, opta ahora por la escalada militar directa.

Analistas señalan que las "opciones militares contra Irán están limitadas" y cualquier ataque desencadenaría una respuesta asimétrica que paralizaría el Estrecho de Ormuz. El intento de mantener el petrodólar mediante la fuerza choca con una realidad multipolar donde el petroyuan y los acuerdos bilaterales en monedas locales ganan terreno.

El hemisferio occidental en la era de los espejismos

El mensaje a América Latina y Europa ha sido que cualquier desviación de la órbita funcional estadounidense será tratada como una anomalía a corregir, por la fuerza si es necesario. La administración Trump, ebria de "victoria" al someter a un país pequeño, y en un despliegue de amenazas, ha acusado a China y Rusia de "ocupar" Groenlandia prometiendo que su gobierno actuará para impedirlo, "ya sea por las buenas o por las malas".

Datos oficiales indican que la presencia y los intereses de China en Groenlandia son limitados, más de lo que sostiene Washington. Estos se concentran principalmente en el ámbito comercial, con varios proyectos mineros e industriales que han fracasado en los últimos años.

Sin embargo, el Ártico mantiene un alto valor estratégico para Beijing y Moscú como corredor logístico. China ha incorporado la llamada Ruta de la Seda Polar a su estrategia de transporte con el objetivo de diversificar los flujos comerciales entre Asia y Europa. No obstante, las rutas árticas impulsadas por empresas chinas no tienen a Groenlandia como puerto ni como destino operativo.

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Trump viendo al mundo desde Mar-A-Lago, su mansión privada (Foto: Sovereignista)

El secuestro del presidente Maduro busca ser un escarmiento para cualquier otro país de la región que contemple aliarse con potencias extra-hemisféricas o desafiar el monopolio del dólar. Sin embargo, detrás de la brutalidad aparente, la operación adolece de un vacío estratégico, particularmente en lo petrolero. Washington opera bajo la ilusión de que, una vez controlado el país, podrá apoderarse de la industria petrolera venezolana (PDVSA) y utilizarla para inyectar grandes volúmenes de crudo barato en el mercado, bajando los precios globales.

Esta visión choca frontalmente con la realidad técnica y geopolítica debido a la influencia que tiene China en la infraestructura petrolera venezolana luego de que esta fuera afectada por las sanciones y bloqueos impulsados por el mismo Trump. En esencia, lo que Washington ejecutó en Venezuela no es una estrategia petrolera viable, sino un asalto y robo (smash and grab), como lo define el analista Kurt Cobb.

Es un acto de apropiación violenta y a corto plazo, carente de una visión para la gobernanza o la reconstrucción, que refleja la lógica depredadora de un imperio que, ante la escasez y la pérdida de influencia, recurre a la toma directa en lugar de la persuasión o la cooperación. La operación en Venezuela es, por tanto, un acto de fuerza dirigido a una área doméstica de influencia —el hemisferio— precisamente porque el escenario global se le ha escapa de las manos.

El "Corolario Trump" puede imponer costos brutales a países como Venezuela, pero no resuelve los problemas estructurales de Estados Unidos: no recupera la ventaja tecnológica frente a China, no logra desarticular a Rusia, no estabiliza Asia occidental y, lo que es más grave, no ofrece un plan realista para convertir el "botín" venezolano en una victoria estratégica duradera.

El orden mundial ya es multipolar y Estados Unidos, con su acción en Venezuela, no lo está combatiendo; simplemente está demarcando los muros de la fortaleza a la que se retira, aunque sea de manera temporal.

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