El lunes 1 de junio, en Power Shift, una nueva plataforma geopolítica independiente, Zulfiqar Alí, Larry Johnson y mi persona revelamos lo que parece, para todo efecto práctico, lo que sería una pieza de información súper explosiva: si se siguen reuniendo grandes nubes oscuras, Teherán está lista para dar ungiro de la ambigüedad nuclear a efectivamente detonar un dispositivo nuclear sobre suelo iraní.
Poco menos de una semana después de eso, la página de Power Shift fue censurada en YouTube, sin ninguna explicación ni posibilidad de apelar. Aun así lo que revelamos ya había sido detallado en varios podcasts y entrevistas a lo largo de la semana pasada, como se puede ver aquí y aquí (donde estamos Larry y yo); aquí; y en el Foro Económico de San Petersburgo, aquí.
Publiqué un historial detallado antecediendo la publicación de la información, escrito justo antes de que el equipo negociador de Irán suspendió el intercambio de todos (cursivas mías) los textos y mensajes con los Estados Unidos a través del mediador, Pakistán.
Cuando se trata de la redacción de lo que quizás sea el borrador final de un Memorando de Entendimiento (MOE) debatido hasta el infinito entre Irán y Estados Unidos, de repente quedó absolutamente claro que todo se trata del Líbano.
Irán repetidamente reiteró que estaba lista para abandonar el "cese al fuego" de por sí comatoso si el culto de la muerte en Asia Occidental procedía con su amenaza de bombardear Dahiyeh, el suburbio de mayoría chií al sur de Beirut.
Enfrentado por Trump, el líder del culto de la muerte se vio forzado a retroceder. Solamente por unos días. Trump necesita desesperadamente un MOE y un cese extendido que pueda ser mercadeado como "victoria". Su (cursivas mías) victoria.
Todo eso estaba ocurriendo, rápida y furiosamente, en el trayecto de una llamada de 105 minutos fatídica y extremadamente sensible el 28 de mayo entre el presidente Masud Pezeshkian y el primer ministro pakistaní, Shehbaz Sharif.
Islamabad es el único canal funcional y confiable entre Teherán y Washington. Nuestras fuentes revelaron que durante aquella llamada, Pezeskian dio un ultimatum de tres pasos, formalmente estructurado, para que sea comunicado a la Casa Blanca con claridad absoluta:
1. No más conversaciones nucleares. Queriendo decir que la prioridad es terminar todas las guerras, contra Irán y el Eje de la Resistencia.
2. No más un marco para un tratado nuclear prospectivo. Entendiéndose ninguna discusión que conduzca a un posible, y diluido, Plan de Acción Integral Conjunto (JCPOA) 2.0; solamente luego de establecer el final de las guerras y el estatus del Estrecho de Ormuz.
3. Si las amenazas estadounidenses persisten, dijo Pezeshkian, esto llevará a la "detonación de un dispositivo nuclear sobre suelo iraní", ejecutado no solo como un acto de guerra, sino como una demostración soberana e irreversible de la capacidad de control sobre el dominio del escalamiento.
Lo que es particularmente sorprendente es que nada de lo arriba mencionado va de posturin diplomático. Lo que tenemos es al presidente de Irán enviando lo que es en esencia una decisión del Líder Mojtaba Jamenei, enviándole una señal a Washington de cruzar el próximo umbral, Teherán pivoteará de forma instantánea de la ambigüedad nuclear a una demostración innegable.
Y esto implicaría una ruptura permanente del sistema global de no-proliferación, con consecuencias imprevistas.
El alineamiento estratégico China-Irán-Pakistán
Sehbaz Sharif, el premier pakistaní, obviamente revisó los números sobre la escala de semejante pieza de inteligencia. Inmediatamente le dijo a su canciller Ishaq Dar -que estaba en Nueva York para las sesiones del Consejo de Seguridad- que le entregara la información a Washington.
Dar baipaseó a la totalidad del aparato burocrático, directamente llamando al secretario de Estado Marco Rubio en Nueva York. El mensaje, de Teherán a la administración Trump, fue cruda: la escalera de la escalada ahora tiene un peldaño terminal.
Rubio "pudiera" (y esa es la palabra operativa) haber reconocido la gravedad suprema de lo que, de hecho, es un ultimatum nuclear en toda su formalidad. Le reportó a Trump. Al día siguiente, 29 de mayo, Trump abruptamente frenó cualquier acción cinética. Y su retórica incendiaria bajó decibeles al instante.
Esto no tiene nada que ver con un ataque repentino de contención estatégica en el eje War-a-Lago/Despacho oval. Fue el resultado, directo, aguas abajo, del canal Sharif-Dar-Rubio.
En la mañana del 29 de mayo, Dar llegó a Washington en una visita oficial de un día.
Sentado con Rubio al frente, entregó el briefing detallado de lo que había sido solamente adelantado en la llamada neoyorquina.
Colocó dos datos explosivos sobre la mesa de negociación:
1. Irán no entregará (surrender) nada de su Uranio Altamente Enriquecido (HEU, por sus siglas en inglés). Nada. Cero. Y esto es definitivo.
Todo esto se trata de independencia soberana (dos conceptos en el centro de la reciente declaración conjunta Rusia-China firmada en Beijing durante la visita oficial de Putin a Xi Jinping).
Así que Teherán no entregará sus reservas, sea cuales sean los términos, temporalmente o no, solamente para cumplir con un mecanismo que salve las apariencias diseñado para la audiencia doméstica de los Estados Unidos. Desde el punto de vista del liderazgo iraní -con Mojtaba al frente- el uranio va más allá de un activo técnico; es la fusión definitiva de soberanía, disuasión, ventaja y sobrevivencia política.
2. China entregó sistemas de defensa estratégicas a Irán de última generación -incluyendo lanzadores portátiles- enviado de forma encubierta a través de terceros países (y por eso es que no conseguí ninguna confirmación oficial dos semanas atrás en Shanghái).
El desglose: está en marcha una alineación estratégica China-Irán-Pakistán total y operativamente activa
¿Todavía es posible un Acuerdo de Islamabad?
Tal como se ve ahora, nadie de nosotros -incluyendo nuestras fuentes- saben si un arma nuclear detonada en suelo iraní hubiese sido desarrollada exclusivamente por Irán (no tienen la capacidad científica), o con posible ayuda rusa, pakistaní o norcoreana. Todas las opciones son plausibles.
De acuerdo al profesor Ted Postol de MIT, Irán fácilmente pudiera convertir 450 kilos de hexafluoruro de uranio al 65% en aproximadamente 85% apto para uso militar: todo lo que se necesita es un arma de bajo rendimiento, que sea montado en al menos diez sistemas de lanzamiento de misiles capaces de llegar a Israel. Esto significa, como mínimo, diez bombas nucleares.
Técnicamente, este tipo de armamento de bajo rendimiento puede ser diseñado, explica Postol, con el uso de un reflector de neutrones hecho de uranio empobrecido -o berilio/carburo de tungsteno- y colocado inmediatamente alrededor del nucleo fisionable. Este alumbra los neutrones que se devuelven hacia el material nuclear para incrementar su eficiencia de fisión, y reduce la masa crítica requerida. En pocas palabras: menos material y más bombas.
Muy importante: entregué un borrador de esta columna a principios de la semana pasada a un funcionario iraní de alto nivel, parte del circulo extremadamente cerrado alrededor del líder Mojtaba Jamenei. Su reacción: "No comentaré sobre este asunto".
Más allá de esta respuesta no-respuesta, lo que quedó instantáneamente claro es la transimisión verificada de la comunicación del canal más relevante de la crisis no guerra/no paz.
Funciona así: Pezeshkian habla con Sharif; Sharif lo hace con Dar; Dar habla con Rubio; Rubio con Trump; Dar habla en persona con Rubio (durante su sesión informativa en Washington).
Todo esto arroja nueva luz sobre el -subsecuentemente roto- cese al fuego de 60 días, la salida frágil necesitada por Trump desesperadamente. Este marco ha sido organizado por Pakistán y estructuralmente apoyado por China, como lo pude confirmar en Shanghái.
Teherán ha insistido en el orden de los procedimientos, una y otra vez. Primero, deben parar todas las guerras, en especial la ofensiva del culto de la muerte sobre el Líbano. Luego entran las modalidades para restituir el tráfico comercial a través del estrecho de Ormuz. La tercera y última etapa es la de retomar algún tipo de diálogo nuclear significativo.
En el cuadro general, una seria reescritura estructural ya está en marcha, no obstante cualquier sorpresa desagradable que quiebre el cese se encuentre en el camino.
Tal como se ve: los Acuerdos de Abrahám para todo efecto práctico están muertos; Arabia Saudita congeló todas las discusiones, canal mediante, sobre "normalización" con Israel; Qatar y Omán están silenciosamente esbozando líneas temporales de transición militar para retirar a los Estados Unidos de Asia occidental. Y aun más crucial, una nueva arquitectura de seguridad de Asia occidental rápidamente está cobrando forma fuera del paraguas "protector" estadounidense, impulsado por los cuatro suníes: Pakistán, Arabia Saudita, Turquía y Egipto.
El jueves pasado, una vez más en Power Shift (nuesta página de YouTube todavía estaba activa), Zulfiqar Alí, Larry Johnson y yo identificamos un posible Acuerdo de Islamabad como el marco emergente para ponerle fin a la guerra Estados Unidos-Irán, mucho antes de que los medios occidentales lo hubiesen reconocido como la arquitectura organizadora.
También identificamos el mecanismo que lo impulsa: la diplomacia intensiva pakistaní sin parar; silenciosa pero decisivamente apoyada por China.
Expusimos la hoja de ruta de dos fases: primero, un cese al fuego inmediato y la reapertura del Estrecho de Ormuz (Irán está de acuerdo con ambas); en segundo lugar, una breve ventana de negociación para finalizar el arreglo político y financiero ampliado.
Reportamos que la liberación, extremadamente conntenciosa, de activos congelados iraníes no eran un punto de discusión especulativo, sino una palanca activa en el proceso. Esa liberación y el posible alivio de sanciones están siendo tratados como medidas concretas de construcción de confianza.
También reportamos que una delegación iraní de alto nivel -incluyendo al líder del parlamento Ghalibaf, el canciller Abbas Araghchi, y el gobernador del Banco Central Abdolnaser Hemmati- pudieran viajar a Doha en conexión con la pista de discusión de los activos congelados.
Esto fue posteriormente confirmado en todo el espectro, incluyendo el hecho de que el componente banco central está directamente atado a los activos congelados.
También adelantamos que Islamabad pudiera convertirse en el escenario para el acto político final, incluyendo una posible visita de Trump, junto a Pezeshkian: pero ahora esta posiblidad parece más remota que nunca.
China tan solo ve cómo el río fluye
Tal como están las cosas, estos son los hechos:
Irán dista de estar aislada y está posicionada para una guerra prolongada, con material significativo y respaldo estratégico de China, Pakistán y Corea del Norte, y apoyo cuidadosamente calculado de Rusia, como lo confirmé durante el foro en San Petersburgo.
Los Estados Unidos están paralizados. La administración Trump pudiese dar la impresión de que quiere una salida; pero está totalmente constreñida por la presión del culto de la muerte en Asia occidental, como lo vimos este fin de semana; vías de escalamiento agotadas; y la ausencia de una opción militar decisiva que pudiera alterar el tablero sin crear una crisis infinitamente más inmanejable.
Las petromonarquías del Golfo están aterrorizadas ante la idea de una posible reasunción de la guerra, con la excepción principal de los Emiratos Árabes Unidos.
Esto deja a Islamabad como la única ruta de salida disponible, con el mariscal de campo Asim Munir ubicado como el intermediario necesario; y Moscú y Beijing siguiendo de cerca, en algunos respectos dándole forma activamente al cuadro externo.
El bombardeo del sur de Beirut del 6 de junio fue perpetrado, de nuevo, en un momento crítico de las negociaciones, como lo señaló Mohammad Mokhber, un asesor de alto nivel del líder Mojtaba Khamenei y miembro de la Asamblea de Discernimiento de Conveniencia del Sistema de Irán:
"Bombardeando al Líbano durante la presencia del mediador en Irán (refiriéndose a Asir Munir), el enemigo por tercera vez incendió la mesa de negociación para gritar sobre las repetidas violaciones del cese al fuego en todas las áreas. A los violadores les hablamos con el lenguaje del ‘poder’; el eje de la resistencia es un cuerpo unificado, y defintivamente pagarán un precio pesado y doloroso por su agresión en el campo de batalla".
El bombardeo del culto de la muerte del sur de Beirut condujo a un espectáculo francamente surrealista: la administración Trump saliendo en desbandada detrás del mediador pakistaní en Teherán, rogándole que interceda con los iraníes para un desescalamiento. El emperador que quiso destruir la civilización iraní tuvo que pedirle a Pakistán que salvase lo que todavía pudiera ser salvado.
Esto quiere decir, como lo reportamos, que con Irán estableciendo los términos de la escalada y elevando su potencial disuasivo, y con Trump sin carta alguna, la única solución posible yace en la diplomacia vía Islamabad.
Esta semana en Power Shift, en tres episodios consecutivos de lunes a martes, cavaremos a profundidad en la inteligencia y la diplomacia debajo de estos giros tectónicos.
Y luego, por supuesto, está el intrigante ángulo chino.
Thinktanklandia quedará totalmente paralizada cuando finalmente se den cuenta de que al inyectarle material de guerra avanzado al teatro de guerra iraní, Beijing está activamente pruebas de carretera sobre los límites de la coerción hegemónica estadounidense.
Y si llegase a eso, e Irán es forzada a realizar una demostración nuclear que todo el mundo vea, China adquirirá una prueba de contexto inexorable de que la disuasión estadonidense es vacía.
Uno tiene que maravillarse con la ingeniería de semejantes, y enormes, clases magistrales estratégicas, sin disparar un solo tiro.
Publicada inicialmente en su canal de Telegram y luego en Strategic Culture el 8 de junio, la traducción para Misión Verdad la realizó Diego Sequera.