Dom. 03 Marzo 2024 Actualizado 8:25 am

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Las lecciones del "método Maduro" son una herencia de Hugo Chávez (Foto: BBC Mundo)
Las lecciones de Estado de Nicolás Maduro

Cartografía para tiempos de tormenta: gobernar en Venezuela

El escenario político de América Latina está marcado por distintos giros que han llevado al poder a partidos y coaliciones nacionalistas o de izquierda. Sin embargo, estos movimientos han producido efectos por los que las formaciones políticas han visto amenazada y desarticulada su permanencia en el gobierno, sea por acciones injerencistas o errores propios.

Desde el fallecimiento del Comandante Hugo Chávez Frías en 2013, el que fuera su canciller y luego vicepresidente, Nicolás Maduro Moros, ganó las elecciones y ha sorteado distintas amenazas al proyecto que hoy lidera: la Revolución Bolivariana.

El Gran Polo Patriótico Simón Bolívar, una alianza heterogénea de partidos y movimientos, también ha vencido en elecciones y ha accedido a espacios de poder regional y municipal, lo que ha permitido que el chavismo sea la primera fuerza política nacional y que las acciones de gobierno del Presidente sean acompañadas a escalas más concretas.

No obstante, son muchos los aprendizajes que ha dejado el método, basado en los cuales el sindicalista y dirigente político no solo ha resistido sino avanzado en la estabilidad de su gestión y en el rol geopolítico de Venezuela en pleno reacomodo global. Esto redunda en la garantía de los derechos establecidos en la Constitución de 1999, columna vertebral del proceso bolivariano.

Decisiones relevantes para detener la guerra

Uno de los puntos claves en la forma de gobernar del líder venezolano tiene que ver con el ejercicio de la hegemonía, sobre todo cuando la sombra de la guerra inducida acechó la realidad nacional durante la escalada violenta (guarimbas) de 2014 y 2017. En medio de la amenaza de golpe, que es el modo más común de "hacer política" en la oposición, el presidente Maduro decidió convocar la elección de una Asamblea Nacional Constituyente (ANC) que recondujera la institucionalidad democrática del país.

Tal propuesta reseteó el complicado juego de poderes que se instauró cuando la oposición asumió el Poder Legislativo en 2015 y su agenda única fue destituir por cualquier vía al jefe de Estado. Mientras sus adversarios pedían intervención extranjera, Maduro llevó la crisis política al crisol del debate nacional y a la búsqueda de la integridad del Estado.

El resto de los poderes públicos se articuló en función de la no injerencia, lo que permitió que cada agenda extranjera fuera detenida por decisiones soberanas que obstaculizaron el cambio de régimen determinado desde Washington. De allí que ha sido superada la viciosa costumbre de ver la política como una práctica individual, para construir un marco de acción colectiva en el que el llamado al diálogo y la defensa de la nación han sido medulares.

Un dato importante es que ni el Presidente ni el directorio político que encabeza el chavismo han caído en la trampa de la "alternabilidad democrática" para "dejar espacio a otros", a tono con el catecismo liberal, sino que se han mantenido al frente del proyecto bolivariano respetando su vigencia en medio de un continente en el que el dogmatismo neoliberal impulsado por élites corporatocráticas no deja de expoliar recursos y fuerza de trabajo.

La base social como sujeto político

Ante la insistencia de dichas élites de convertir Venezuela en un Estado fallido mediante la estimulación de la confrontación social vía guarimbas y bandas criminales, la pulverización de la economía y la conversión de un poder del Estado en arma para desconfigurarlo (la Asamblea Nacional elegida en 2015), el gobierno encabezado por Maduro abordó distintos frentes con soluciones concretas en las que la organización comunitaria mantuvo protagonismo.

De allí que el fortalecimiento de la base social ha sido fundamental en su método. Para ello se conformaron los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP), que no solo han contribuido a resolver la crisis alimentaria estimulada por el boicot, el contrabando y la especulación, sino que han instrumentado el poder local junto a los consejos comunales y las comunas.

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Mediante los CLAP, las comunidades han instrumentado el poder local junto a los consejos comunales y las comunas (Foto: Archivo)

Pese a las condiciones adversas, la base y el liderazgo chavista han luchado por unificarse en torno al liderazgo de Maduro, aun con su complejidad en cuanto a partidos, movimientos, tendencias y hasta espiritualidades.

El desgaste natural, más el inducido por los efectos de las sanciones y los errores propios, han sido enfrentados con cambios "naturales" y renovaciones en el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), que ha convocado a movilización callejera pacífica, pero también a Elecciones Primarias Abiertas como las de 2021. En esos comicios motorizados por las Unidades de Batalla Bolívar-Chávez (UBCH), las células fundamentales y territoriales del partido, se eligieron candidaturas a gobernaciones y alcaldías.

Los jefes de calle, de comunidad y de las UBCH también fueron renovados en 2022 mediante un proceso interno que partió de asambleas populares en las que la cohesión orgánica le ha posibilitado al mandatario la ejecución de una dirección estratégica exitosa.

Estas bases, junto a otras figuras del poder popular, se han sumado a iniciativas como el 1x10 del Buen Gobierno, que busca solucionar los impactos sociales de la agresión multifactorial y ha garantizado el acceso de la ciudadanía a servicios públicos como salud, educación, telecomunicaciones, entre otros.

Multipolaridad: Más que teorías

Aun cuando muchos de los líderes de la región establecieron distancias con Venezuela para autopreservarse ante la égida imperial, hoy en día escarmientan su tibieza política presenciando el ascenso —o regreso— de liderazgos de derecha con matices fascistoides. Entretanto, hasta sus más enconados adversarios reconocen a Maduro como un contrincante de respeto que ha sabido establecer vínculos en función de lo que esencialmente debe ser preservado: la soberanía y la estabilidad social.

El bloqueo permitió que el gobierno nacional se moviera con mucho olfato y poca ortodoxia en lo económico mediante la diplomacia bolivariana, que antepone la unión y la integración por encima de filiaciones ideológicas. De esa manera, algunos nexos con potencias emergentes como Türkiye, Irán, China, Rusia o India, por ejemplo, ayudaron a sortear las sanciones euroatlánticas y garantizar el sostenimiento de una economía al borde del colapso.

La lección que muestra el "método Maduro", heredado de Chávez, es que se puede buscar la multipolaridad estando en aprietos; la realidad siempre ofrece más que la teoría.

Hoy Venezuela se inserta en el proceso de reacomodo global como punta de lanza de una región que aún piensa la fórmula de cómo ser un polo de poder sobre el que la influencia de Estados Unidos sea un asunto más. Aquellos que buscaban dar clases o consejos a Venezuela, hoy no se atreven a hablar: su condescendencia ha sido anulada por sus propios errores.

El estrechamiento de relaciones con otros actores de la región como Lula, López Obrador o Petro develan que Venezuela —liderada por el presidente Maduro— es una voz que amplía cada vez más su área de influencia y con la que Estados Unidos debe sentarse a dialogar sin atropellos.

Más que registros de una burocracia diplomática, la presencia venezolana en la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América-Tratado de Comercio de los Pueblos (ALBA-TCP), la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur) y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) es clave para que América Latina pueda tener un rol importante en el mundo multipolar que se avecina.

Sin revanchas, Maduro ha insistido en la integración regional y ha establecido relaciones dignas con los nuevos polos emergentes como el bloque de los Brics, así como ha profundizado la cooperación Sur-Sur con países de Asia y África.

Al haberse constituido como un ente de poder real, Venezuela ha hablado cara a cara con otros factores globales, sosteniendo la dignidad nacional como bandera sin victimismo, fragilidad, ni infantilización.

Y lo económico

En cuanto a lo económico, la palabra clave es la adaptabilidad. En 2018 el gobierno nacional se planteó un plan de recuperación económica que buscó defender la economía del asedio exterior, y de algunas deformaciones históricas que constituyeron flancos de ataque por algunas élites corporativas nacionales y extranjeras.

Ante el control de precios al consumidor, la burguesía comercial desató una guerra feroz que utilizó la especulación como arma fundamental. Asimismo el dólar paralelo fue manipulado por los poderes fácticos de la economía rentista nacional y transnacionalizada para demoler el control de cambio.

La fuente principal de divisas de la economía venezolana fue afectada profundamente por el 11% de las sanciones aplicadas contra Venezuela, además por sectores políticos que infiltraron la industria para trabajar en favor de intereses conspirativos. Estos han sido protegidos por Estados Unidos, lo que devela su participación en diversas tramas. El declive inducido de la actividad petrolera ha hecho que los ingresos públicos y, por ende, la nómina pública se hayan visto mermados en los últimos años.

Las agresiones han sido sorteadas mediante la aplicación de la justicia, la participación activa de la clase trabajadora petrolera y el apoyo tecnológico de otros países aliados como Irán y China.

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El sabotaje a la industria petrolera ha sido enfrentado por el presidente Maduro con alianzas estratégicas dentro y fuera del país (Foto: Archivo)

Maduro no solo ha debatido sobre el rentismo o la dependencia económica venezolana, sino que ha orientado acciones al respecto. De haber dejado correr la deriva económica y asumido una pose de víctima —como ha ocurrido con otros gobernantes asfixiados—, hoy no seguiría en el poder.

Muchos han sido los análisis realizados en torno a esta dimensión del desempeño del gobierno venezolano, sin embargo, los resultados van mostrando que el marco decisorio ha producido una estabilidad relativa de la moneda venezolana y señales de crecimiento económico sostenido.

El diálogo con sectores productivos nacionales y la activación de otros "motores" han reorientado el desenvolvimiento de la economía venezolana. Desde el último trimestre de 2021 y durante todo 2022 hubo crecimiento pese a la incidencia de la "máxima presión" instrumentada por la administración de Donald Trump, y no modificada sustancialmente por Joe Biden. Ambos gobiernos han perpetrado medidas coercitivas sobre las actividades productivas del Estado.

Hoy en día una parte importante del empresariado venezolano se ha manifestado en contra de las sanciones y se espera que decisiones estratégicas, como la activación de las Zonas Económicas Especiales (ZEE), estimulen importantes inversiones públicas y privadas a corto y mediano plazo, tanto nacionales como extranjeras, en estos espacios con ventajas comparativas.

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El chavismo liderado por el presidente Nicolás Maduro se ha constituido como un ente de poder real al reivindicar los derechos sociales (Foto: Ok Diario)

Es posible que la tormenta económica siga, pero también existe la seguridad de que con el presidente Maduro al frente del Ejecutivo hay un amplio marco de gobernabilidad, autoestima nacional, vida política propia, dignidad geopolítica y productividad para el bienestar social, y no para la mera acumulación de unos pocos.

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