Vie. 19 Abril 2024 Actualizado ayer a las 6:45 pm

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Las relaciones de atracción y de compromiso de una “idea” que crea la cultura para obtener beneficios políticos externos no pueden tomarse a la ligera y mucho menos si vienen del Reino Unido (Foto: Reuters)

El poder blando europeo lo vuelve a intentar en Venezuela

Ante el incremento de fondos que la administración de Joe Biden envía a las organizaciones no gubernamentales (ONG) que están involucradas para el "reforzamiento de la democracia" en Venezuela, resulta importante repasar no sólo la agenda directa de Washington sino también la de sus satélites europeos.

Asimismo, es relevante considerar que las estrategias políticas abarcan un rango que excede los aspectos democráticos per se y llegan a la esfera cultural en sus dimensiones aparentemente más inocuas. Esto no es nuevo, pues tales prácticas se pueden enmarcar en el concepto de poder blando que acuñó en los años 90 el académico estadounidense Joseph Nye:

"El poder blando es la capacidad de influir a otros para obtener los resultados que uno quiere a través de la atracción en lugar de la coerción o el pago (…) el poder blando de un país descansa principalmente en su cultura, sus valores políticos y sus políticas exteriores".

En una investigación sobre la evolución de ese concepto Nye indica que el poder blando, cuando se basa en la fascinación voluntaria, aprovecha el atractivo de la cultura para potenciar los intereses de un determinado país. Así que bajo este paraguas surge la diplomacia cultural como método de relacionamiento fundamental para influir en las sociedades mediante la aplicación de distintas herramientas, sea por medio de iniciativas académicas, eventos artísticos u otras manifestaciones.

Un informe del Comité Asesor de Diplomacia Cultural del Departamento de Estado titulado "Diplomacia cultural: El eje de la diplomacia pública", año 2005, describe que el papel de la diplomacia cultural es "plantar semillas: Ideas e ideales, argumentos políticos, percepciones espirituales, que puedan florecer en suelos extranjeros". Para ese Comité, ese dispositivo era fundamental de cara a que perdurara una estructura que impulsara visiones políticas contributivas a los intereses y objetivos políticos de Estados Unidos más allá de sus fronteras.

Para ese entonces recomendaban crear "una infraestructura y una política de diplomacia cultural para el siglo XXI", y tomaban como referencia al British Council en cuanto a la promoción del interés nacional con espacios físicos separados de las embajadas para que "los eventos culturales puedan atraer audiencias más amplias". Incluso, Portland Communications, consultora británica cercana a los círculos de poder de Londres, en 2018 reafirmó que en cuanto al índice anual de poder blando el Reino Unido es la nación líder en su aplicación.

Basado en esto, el conglomerado de países europeos prioriza la diplomacia cultural por medio de sus embajadas en el mundo, cuya punta de lanza la lleva Reino Unido.

Hacia 1943 Winston Churchill dijo en la Universidad de Harvard que "los imperios del futuro serán los imperios de la mente". Unos 10 años antes de expresar este alegato, el gobierno británico creó el British Council como órgano colegiado para expandir en el extranjero la axiología anglosajona mediante el fomento de los intercambios culturales y educativos, y así se erige como la organización de relaciones culturales más antigua surgida en Europa desde el periodo de entreguerras.

Churchill, muy consciente de lo que eso significaba debido a la hoja de ruta expansiva que estaba construyendo, impulsaba la emisión de una Carta Real fundacional al British Council para legitimar su formación por medio del entonces monarca Jorge VI, lo que generó mayor peso político a tal estructura en la política exterior británica y estableció su misión, patrocinada por la Oficina de Relaciones Exteriores, Commonwealth y Desarrollo (FCDO, por sus siglas en inglés):

"Promover un conocimiento más amplio del Reino Unido y el idioma inglés en el extranjero y desarrollar relaciones culturales más estrechas entre el Reino Unido y otros países".

En el artículo "Churchill, cultura y poder blando" se afirma que el British Council desde entonces ha sido importante para la política exterior del Reino Unido, y se argumenta que las artes son ideales para influir a gran escala en las personas a un nivel emocional profundo y que "lo hacen más allá del alcance de las élites políticas".

Este artículo, publicado en su web en 2015, indica ciertas consideraciones sobre su rol en la política exterior y por qué es importante invertir en ellas:

  • El poder de moldear con interacciones que ocurren de persona a persona, y la capacidad de los individuos para influir en la cultura y de la cultura para influir sobre los individuos nunca ha sido mayor.
  • Toda cultura, de una forma u otra, aborda lo que significa el ser humano. Por eso tiene tanto poder para incidir y cambiar las percepciones que las personas tienen de sí mismas y de los demás.
  • Los formuladores de políticas deben invertir en las artes como activos vitales de poder blando en una caja de herramientas para la influencia británica.

El poder blando europeo en Venezuela

Bajo estos objetivos, el British Council tiene una sucursal en Venezuela que, aparte de ofrecer cursos y herramientas de aprendizaje del idioma inglés en formatos variados, brinda apoyo y coordina actividades culturales en el país. Sin tanto rodeo, esto corresponde con el mecanismo de poder blando de una agenda política, que pudiera mostrar resultados a largo plazo.

No por nada la encargada de negocios del Reino Unido en Venezuela y exfuncionaria del Ministerio de Defensa británico, Becks Buckingham, recién aterrizando en Maiquetía en 2021 hizo su visita a la sede del British Council en Caracas, lo que dio señales de la importancia de este brazo cultural para su embajada.

El profesor Nye distinguía el poder blando del poder agudo explicando que el primero depende de una elección voluntaria por parte del objetivo (target) para finalmente persuadir en sus decisiones. "Es poder blando cuando se basa en la atracción voluntaria", enfatiza.

Al respecto, el British Council crea las condiciones de apertura y captación, cuenta con un Fondo de Protección Cultural para la financiación de proyectos y el programa de Cultura Circular que crea redes de intercambio entre un determinado país y el Reino Unido. Ambos dispositivos de articulación se basan en la aplicación voluntaria, es decir, un determinado grupo u organización civil solicita apoyo por parte del British Council y este selecciona.

Aunado a ello, resulta relevante destacar que el British Council hizo una conferencia en Brasil en 2022 acerca de la diplomacia cultural en la que explicaban que esa instancia realmente sí se enfoca en el área de la cultura del poder blando para atraer a otros y que, a grandes rasgos, lo llamarían relaciones culturales, con lo cual se hace evidente cómo adjudican ese método de influencia en otros países.

Otro ejemplo de aplicación voluntaria son las becas Chevening, que también fungen como arista de influencia, a la que Buckingham les presta importancia al establecer contacto permanente con exbecarios y realizar recorridos en espacios universitarios para promocionar tales beneficios.

Robin Hart, funcionario de una agencia del FCDO, explicaba que las becas son herramientas eficaces para impulsar el poder blando en un país porque se trata de una inversión a futuros líderes y el país anfitrión gana "amigos" a largo plazo. En resumen, estos serían las células durmientes en ciertas esferas de toma de decisiones que priorizarían los intereses británicos o, en términos más "potables", sirven como embajadores informales para este país.

Por otro lado, no sólo los británicos impulsan estas agendas culturales, también la delegación de la Unión Europea (UE) en Venezuela hace lo propio puesto que forma parte de la Estrategia Global de la UE, la Comisión Europea y el Servicio de Acción Exterior aprobado en 2017.

Según el portal web de la UE en Venezuela, una de sus competencias es realizar actividades culturales, de prensa y de diplomacia pública, en el entendido de que la diplomacia cultural es un pilar de la diplomacia pública.

Por ejemplo, el año pasado la UE hacía la convocatoria para recibir y financiar proyectos con vistas a la participación e inclusión de jóvenes en procesos electorales, cuyo presupuesto era de 4,8 millones de euros.

Asimismo Rafael Dochao, jefe de esa delegación, muestra su agenda pública en Twitter, en la que la mayoría de sus actividades y acercamientos está dirigida al sector cultural del país, participando o apoyando eventos como festivales de cine, festivales de jazz y danza.

Sumado a ello, uno de los embajadores europeos en Venezuela que más actividades culturales y educativas impulsa en el territorio es el francés Romain Nadal, quien tiene larga data como embajador en Caracas y es recordado por ser uno de quienes esperaron, con alfombra roja, a Juan Guaidó en el aeropuerto aquel 2019. Nadal en sus redes sociales informa abiertamente sobre sus nexos con ONG, financiamiento a proyectos y sus visitas a la parroquia Petare, con la agenda cultural de discurso político parcial.

De cara a las Olimpiadas en París 2024, con terreno abonado y elecciones en puerta, Nadal continuará reforzando la agenda de poder blando en el país.

Las relaciones de atracción y de compromiso de una "idea" que crea la cultura para obtener beneficios políticos externos no pueden tomarse a la ligera y mucho menos si vienen desde el Reino Unido, que es el pivote del poder blando en Europa.

Aquellas organizaciones con actividades en las comunidades venezolanas, como fundaciones, medios y ONG financiadas con capital británico, que de una forma ingenua, o no, abren sus puertas para que los brazos del poder blando europeo incidan en las localidades, deben recordar que es el Reino Unido el que mantiene el secuestro del oro venezolano en las bóvedas del Banco de Inglaterra en Londres y su gobierno ha acompañado las estrategias de cambio de régimen de Estados Unidos en Venezuela.

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