La madrugada del sábado 28 de febrero, Estados Unidos e Israel iniciaron una operación militar conjunta contra múltiples objetivos en territorio iraní. El presidente estadounidense, Donald Trump, anunció públicamente el comienzo de la ofensiva y la describió como una acción dirigida contra estructuras que, según afirmó, representan una "amenaza" para la seguridad estadounidense y sus aliados.
Fuentes militares estadounidenses indicaron que la operación incluyó el lanzamiento de misiles de largo alcance desde plataformas navales desplegadas en el Golfo de Omán, así como acciones coordinadas con la Fuerza Aérea israelí. El Comando Central de Estados Unidos (CENTCOM) confirmó el inicio de la operación y señaló que los ataques estuvieron dirigidos contra instalaciones vinculadas a capacidades militares estratégicas de Irán.
Medios internacionales y reportes oficiales israelíes señalaron que fueron alcanzados cerca de treinta objetivos, entre ellos dependencias del Ministerio de Defensa iraní, instalaciones asociadas a la Agencia de Energía Atómica, complejos militares en las afueras de Teherán y otras infraestructuras consideradas estratégicas. También se registraron explosiones en las inmediaciones del aeropuerto de Mehrabad, en la capital iraní.
Autoridades israelíes describieron la operación como un "ataque preventivo" y declararon estado de emergencia en todo el país. El espacio aéreo israelí fue cerrado temporalmente y se instruyó a la población a permanecer cerca de refugios ante la posibilidad de represalias. De forma paralela, Irán suspendió operaciones aéreas en su territorio.
En el plano digital, organizaciones de monitoreo de conectividad reportaron una caída drástica del acceso a internet dentro de Irán, con niveles de conectividad reducidos a mínimos históricos. Hubo denuncias de ataques cibernéticos en las horas posteriores al inicio de los bombardeos.
La operación habría sido planificada con antelación y podría extenderse durante varios días, dependiendo de la evolución de la respuesta iraní.
Impacto en territorio iraní: víctimas civiles y daños reportados
Las autoridades iraníes informaron que los bombardeos dejaron víctimas civiles en distintas zonas del país. Uno de los episodios más graves fue reportado en la ciudad de Minab, en la provincia de Hormozgán, donde un ataque impactó una escuela primaria de niñas.
El saldo preliminar fue de decenas de fallecidas y heridas. Posteriormente, medios internacionales que retomaron información oficial iraní elevaron la cifra de víctimas mortales a más de 180, con decenas de lesionadas adicionales. La mayoría de las víctimas eran niñas entre 7 y 10 años.
El Ministerio de Salud iraní indicó que equipos médicos fueron desplegados en la zona y que hospitales regionales activaron protocolos de emergencia para atender a los heridos. Las imágenes difundidas por medios estatales mostraron daños estructurales severos en el edificio escolar y en viviendas cercanas.
El secretario de Estado, Marco Rubio, declinó hacer comentarios directos sobre la autoría del ataque el pasado lunes 2 de marzo. Ante las preguntas de la prensa, señaló que "El Departamento de Guerra estaría investigando si ese hubiera sido nuestro ataque, y yo les remitiría su pregunta".
Además del caso de Minab, se reportaron daños en infraestructuras administrativas y militares en Teherán y otras ciudades. Se confirmaron impactos en complejos vinculados a la defensa nacional y en instalaciones relacionadas con el programa nuclear iraní. En varios puntos de la capital se registraron cortes de electricidad y afectaciones en redes de comunicación tras los ataques.
Declaraciones y objetivos políticos de Washington
La Casa Blanca enmarcó la operación como una acción dirigida a neutralizar lo que calificó como amenazas estratégicas provenientes de Irán. En un mensaje difundido en su plataforma Truth Social, el presidente Donald Trump confirmó el inicio de la ofensiva y afirmó que se trataba de una "operación mayor" destinada a proteger los intereses de Estados Unidos.
En sus declaraciones, también instó a la Fuerza Quds del Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica a deponer las armas y llamó al pueblo iraní a "recuperar su país".
El mandatario reconoció que la operación podría implicar bajas estadounidenses y señaló que el despliegue fue coordinado estrechamente con Israel. Funcionarios citados por medios internacionales indicaron que la planificación se extendió durante meses y que la orden final fue emitida semanas antes del inicio de los ataques.
Las declaraciones se produjeron en un contexto de tensiones acumuladas y en medio de acercamientos diplomáticos que, hasta días antes de la ofensiva, habían sido objeto de conversaciones indirectas con mediación regional.
Respuesta militar de Irán y expansión regional
Horas después del inicio de los bombardeos, Irán activó su respuesta militar. Autoridades iraníes confirmaron el lanzamiento de misiles balísticos y drones contra objetivos vinculados a Estados Unidos e Israel en la región.
Hubo impactos o intentos de impacto en instalaciones estadounidenses ubicadas en Bahréin, Qatar, Emiratos Árabes Unidos y Kuwait, países que albergan bases militares de Estados Unidos. En Bahréin, donde se encuentra la sede de la Quinta Flota estadounidense, se activaron sistemas de defensa aérea y sirenas de alerta. En Qatar y Emiratos se reportaron explosiones y activación de interceptores. Israel también informó de lanzamientos dirigidos hacia su territorio
El Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán emitió un comunicado en el que calificó los bombardeos iniciales como actos hostiles y afirmó que la respuesta sería “decisiva y proporcional”. El texto señaló que las Fuerzas Armadas iraníes continuarían las operaciones mientras persistieran las acciones militares en su contra.
El conflicto también mostró señales de expansión hacia otros escenarios. En Irak se reportaron ataques contra posiciones vinculadas a las Fuerzas de Movilización Popular (al-Hashd al-Shaabi), integradas formalmente en la estructura de seguridad iraquí.
Arabia Saudita emitió un comunicado oficial en el que condenó ataques dirigidos hacia su territorio y afirmó que sus sistemas de defensa repelieron los proyectiles. El Ministerio de Exteriores saudí advirtió que el reino adoptará las medidas necesarias para proteger su seguridad.
La sucesión de ataques y contraataques amplió el alcance del conflicto más allá del territorio iraní e israelí, involucrando directamente a países del Golfo y elevando el nivel de alerta militar en toda la región.
Escenario regional
Al cierre de la jornada del 2 de marzo, la situación en Medio Oriente continúa marcada por un alto nivel de alerta militar y diplomática. Estados Unidos mantiene un despliegue naval reforzado en el Golfo y el Mar Arábigo, con presencia de portaaviones, destructores y buques de apoyo en las inmediaciones del Estrecho de Ormuz, una de las rutas energéticas más sensibles del mundo.
El Comando Central de Estados Unidos informó que sus fuerzas permanecen en estado de máxima vigilancia ante posibles nuevos lanzamientos de misiles o drones. Israel mantiene el estado de emergencia declarado tras el inicio de la operación y conserva restricciones sobre reuniones públicas y actividades civiles en varias zonas del país.
En Irán, autoridades confirmaron la continuidad de operaciones militares y la vigencia de medidas de seguridad internas, incluidos controles en la capital y otras ciudades estratégicas. Las telecomunicaciones comenzaron a restablecerse de forma parcial tras las interrupciones registradas durante los ataques iniciales.
Los gobiernos del Golfo elevaron sus niveles de defensa aérea y revisaron protocolos de seguridad en torno a instalaciones energéticas y bases militares. Arabia Saudita reiteró que se reserva el derecho de responder ante cualquier ataque contra su territorio. Otros países de la región hicieron llamados públicos a la contención.
La tensión también impacta directamente en el Estrecho de Ormuz, por donde transita aproximadamente el 20% del petróleo comercializado a nivel mundial. Tras la escalada militar, se reportaron restricciones y advertencias a la navegación en la zona, así como una reducción significativa del tráfico marítimo debido al riesgo de ataques o represalias. Varias navieras han optado por mantener embarcaciones en espera o redirigir rutas, mientras los precios internacionales del crudo reaccionan ante la posibilidad de una interrupción prolongada del suministro energético global. La situación en este corredor estratégico es considerada uno de los principales factores de preocupación para los mercados y la seguridad internacional.
En el plano internacional, se dieron contactos diplomáticos de urgencia entre potencias europeas, países del Golfo y miembros permanentes del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Hasta el momento, no se ha anunciado un alto el fuego ni una pausa en las operaciones militares.
Las cifras de víctimas en Irán y en otras zonas afectadas continúan en actualización, mientras la confrontación mantiene abiertos múltiples frentes y eleva la incertidumbre sobre su duración y alcance.