Mar. 29 Noviembre 2022 Actualizado 11:17 am

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Gabriel Boric pone a la migración venezolana como primer tema en su política exterior para la región (Foto: AFP / Getty Images)

El mal comienzo de Boric en torno a la migración venezolana

Recientemente el presidente electo y ahora en funciones de Chile, Gabriel Boric, abordó la situación de migrantes venezolanos a su país, por lo cual propuso un plan de acción internacional.

Boric dijo este lunes 14 de marzo que pidió asesoramiento a gobiernos europeos sobre "el sistema de cuotas" que aplicaron ante el éxodo sirio.

"Hemos pedido la opinión de mandatarios extranjeros respecto a eso. Lo tenemos que hablar multilateralmente, pero creo que es algo en lo que todos podríamos ganar, tanto los países como también los inmigrantes, que lo hacen en una situación de mucha desesperación. Muchas veces, al sobrecargarse todo en un solo país se ven en una situación muy difícil de inserción", explicó.

Boric recibe en su gobierno el "problema" de una alta afluencia de migrantes venezolanos, muchos de los cuales acudieron a Chile invitados por Sebastián Piñera desde Cúcuta en 2019, en el marco de aquella operación de cambio de régimen contra Caracas en la que líderes regionales participaron mediante la construcción del proto-gobierno paralelo fallido de Juan Guaidó.

Sin embargo, otros factores, como el endurecimiento de las condiciones de vida en Perú, Ecuador y Colombia con el auge de la pandemia de la covid-19, aceleró el flujo de venezolanos a Chile, en medio de cruenta pobreza y discriminación.

Boric indicó que las condiciones de colaboración multitaleral en la región se encontraban debilitadas por la existencia de instancias que no unen a los gobiernos, dijo, refiriendo a Unasur, Prosur y el Grupo de Lima, comentó sin aludir a la OEA (importante detalle). Tampoco refirió que la destrucción del multilateralismo regional obedece a una acción programada desde el Departamento de Estado, en la cual los gobiernos de derecha tuvieron un rol clave por seguir tales directrices.

Para empezar, Boric debería declarar que al mandamás continental no le interesa la "unión en la diversidad" que ha propuesto Venezuela desde siempre, pero que él ha tomado como elemento de discurso, al poner a la migración como primer tema en lista de su agenda exterior regional.

Eso es clave, por ser el factor central de la gobernanza regional. Lo cual es crucial para crear un sistema de "cuotas" de migrantes teóricamente distribuidos de manera equitativa en la región.

¿Replicar la experiencia "exitosa" de Europa?

Europa no es el mejor ejemplo de una política exitosa en materia migratoria, y ello es un elemento a simple vista. Que Boric pretenda asesorarse con los europeos ya es un referente de fracaso por desconocer la tragedia que hoy pervive en las puertas de Europa.

En 2020, la Comisión Europea discutió el agotamiento de su modelo de acogida de migrantes refugiados y desplazados que habían desarrollado desde 2015. Para el momento, se consideró la renuncia a las cuotas obligatorias en el "reparto" de refugiados y la expulsión de muchos de estos.

Bruselas ha desmantelado su política de cuotas a cambio de una suerte de solidaridad a la carta en la que se podrá optar por acoger migrantes o ayudar a expulsarlos. Ahora la Comisión Europea ha propuesto un nuevo sistema enfocado, sobre todo en agilizar las devoluciones de migrantes hacia sus países de origen cuando no tengan derecho al asilo. Pero la medida no convence a algunos gobiernos y se mantiene bloqueada desde hace un año.

Este sistema de acogida por cuotas al cual refiere Boric, no funciona, ha sido inaplicado de facto y, además, está siendo desfigurado de manera coyuntural en favor de la acogida selectiva de ucranianos desplazados por la guerra. De ahí que sin una política migratoria definida y homologada por el bloque europeo, todo será ahora más difícil dada la discrecionalidad de los gobiernos en aplicar la acogida de desplazados mediante razones políticamente guiadas por la guerra en detrimento de los hombres y mujeres morenos que ya tienen meses viviendo en campamentos.

La estrategia de cuotas tuvo un fracaso evidente, al punto de que solo una cuarta parte de los refugiados en Europa fueron asimilados por este sistema. Esto generó un hacinamiento enorme en campos de refugiados en Grecia, Turquía, Hungría y Polonia. Incluso Bielorrusia, país no integrante de la UE, sirvió como Estado "tapón" o de contención migratoria rumbo a Polonia.

El resultado de la fallida política migratoria europea, supuestamente humanitaria, se consolidó mediante territorios amurallados y enrejados, campos de "acogida" de inmigrantes, que básicamente han sido campos de detención a cielo abierto. Es el mundo distópico de la película Children of men, hecha real en un lodazal en Europa del Este.

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Campo de refugiados en Polonia. Europa es el mal ejemplo que Boric quisiera imitar (Foto: Save the childrens)

La fallida institucionalidad europea tiene expresión en el saldo cuantioso de muertes por inmersión en el Mar Mediterráneo, que según Naciones Unidas alcanzó las más de 20 mil entre 2014 y 2020. Pero, además, las temporadas invernales han cobrado vidas en los campos de refugiados en Grecia, Hungría y Polonia, por decenas, año tras año. El retrato es dantesco.

El fracaso de Europa fue claro en la disputa por recursos y la delegación de responsabilidades. Ingentes cantidades de presupuesto solicitado y una delegación de culpas de maneras aberrantes. Los países europeos no cumplieron las "cuotas" pactadas y para colmo han exteriorizado culpas por su política fallida, pues en 2021 la UE preparó "sanciones" contra Bielorrusia acusándolos de usar a los migrantes como "arma política y ataque híbrido contra la seguridad de la UE".

Estos elementos, en sumatoria, refieren una política de caos que se supone no debería tener asidero en la cohesionada comunidad europea. Consideremos aplicar esa fórmula en una región dividida, gracias a la agenda estadounidense de convertir a Venezuela, Nicaragua y Cuba en unos parias regionales.

¿Tiene futuro una política que demanda una articulación sumamente eficaz en una región donde a los países se les impuso la fórmula maniquea y delirante de elegir entre reconocer o no al presidente Nicolás Maduro o al títere de Juan Guaidó?

Aunque haya cambiado parcialmente el cuadro regional, ¿es viable el plan de Boric en una región donde acorde al plan del Departamento de Estado gringo las propias izquierdas se dividan entre las que forman parte del "Eje del Mal" y las "moderadas" y tibias?

Sí, el cuadro regional está cambiando. Ya el Grupo de Lima prácticamente no existe, pero ahora se abre paso, quizá a modo de reemplazo, el fenómeno que por la izquierda light pone a Venezuela en el epicentro de las narrativas estigmatizantes.

Corrupción y políticas fallidas entre gobiernos amigos

La aproximación de Boric a métodos fallidos en un contexto más adverso demanda revisar otros antecedentes lamentables. La migración venezolana se convirtió, para el "gobierno paralelo" de Guaidó y para varios gobiernos de la región, en una fuente de corrupción.

En 2021, la propia USAID publicó el documento titulado "Procesos mejorados y requerimientos del implementador necesarios para los desafíos y riesgos de fraude en la respuesta de USAID con respecto a Venezuela", el cual indica que solo alrededor del 2% de la "ayuda humanitaria" de USAID llegó a manos de quienes la requerían, mientras que el 98% restante tuvo usos distintos a sus objetivos originales.

De acuerdo al documento, unos 507 millones de dólares entregados por USAID fueron manejados por seis naciones, los cuales se distribuyeron entre varios operadores divididos en dos tipos de asistencia: asistencia humanitaria (260 millones) y asistencia para el desarrollo (247,4 millones).

En realidad, la unidad política e ideológica de la que sí gozaron los gobiernos de Duque, Moreno, Piñera, Macri, Bolsonaro y Vizcarra, en su momento, fue irrelevante en la condición de los migrantes, pero fue bastante útil para el lucro y el robo, pues la llegada de venezolanos a pie, con hambre y frío a Chile, da cuenta de que los programas de "ayuda" no existen. El dinero fue robado.

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Campamento de inmigrantes venezolanos es atacado en Iquique, Chile (Foto: AFP / Getty Images)

Si es que Boric quisiera una cohesión política o una acción multilateral de los gobiernos para hacer funcionar su idea, tiene el grave desafío de que las propias fuentes habituales de recursos para "la ayuda humanitaria" y "la migración venezolana", es decir, el gobierno estadounidense y la UE, han ayudado a corromper la política regional entregando dinero sin mayores controles de sus usos y fines.

Otros factores, en cambio, han usado la migración venezolana como una empresa, donde incluso muchas ONG hacen recaudaciones sin claridad del destino de los recursos.

El ejemplo más claro de este esquema corrupto es el que representa el "gobierno fake" de Juan Guaidó, al cual el gobierno estadounidense ha entregado cientos de millones de dólares que han congelado a la República. La empresa internacional de corrupción de Guaidó ha usado esos fondos en nombre de la situación de los venezolanos fuera del país, y por estar al margen de las leyes venezolanas no están sujetos a ninguna regulación, rendición de cuentas o contraloría. Ningún banco estadounidense o en la región entrega pruebas a Venezuela de esos movimientos a causa del bloqueo y el aislamiento.

Llamar a Maduro o fracasar

El gobierno de Boric tiene el ineludible dilema de seguir o no atrapado en el discurso de campaña que usó al referirse al gobierno venezolano. Tiene el dilema de asumir como propio el discurso del Grupo de Lima (en una remasterización estilo progre) sobre la migración venezolana, o entablar relaciones serias con Caracas. Esto va más allá de un reconocimiento al presidente Maduro; demandaría, en ese caso, una agenda conjunta.

En términos estrictamente prácticos, el único que podría ayudar a Boric a zanjar la situación de los venezolanos en Chile es el mismo presidente Nicolás Maduro. Esto, dados los antecedentes creados por Venezuela en los últimos años y que han sido desestimados y/o ocultados, pues el interés político y narrativo de políticos y medios ha sido colocar a Venezuela en el centro del problema, mas no en las soluciones.

Todas las grandes crisis migratorias regionales del pasado y del presente, como la mexicana, la colombiana y la centroamericana, han sido, por magnitud estadística, más grandes que la migración venezolana. Pero ha sido Venezuela el único país que verdaderamente ha desplegado un plan para ir a los países y traer de regreso a sus conciudadanos, mediante el Plan Vuelta a la Patria, con el cual 350 mil venezolanos han regresado a su país.

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Venezolanos en retorno, abordan una aeronave de la estatal venezolana Conviasa en Perú (Foto: Prensa Presidencial)

Sí, aunque desde 2019 a 2020, Venezuela perdió un 99% de la base de ingresos en divisas extranjeras a su economía a causa del bloqueo estadounidense, el país envió aviones, autobuses y embarcaciones propiedad del Estado venezolano a países vecinos para traer de vuelta a sus conciudadanos. Es el único país que ha tenido una política consistente en dicha materia y se ha hecho a un alto costo en el cual ningún gobierno vecino ha colaborado.

Este Plan debería ser recordado en Chile, pues cientos de venezolanos en situación precaria, sin medios para regresar, se apostaban entonces frente a la Embajada venezolana en Santiago para esperar turnos y la oportunidad de vuelos. Dicho Plan ha sido objeto de sabotaje en algunas oportunidades, impidiendo aterrizajes y carga de combustible para aviones de la estatal e injustamente "sancionada" aerolínea venezolana Conviasa.

Por otro lado, Colombia ha mantenido un cerco fronterizo, que niega el paso de autobuses del Estado venezolano para repatriar venezolanos, tanto en Colombia como en otros países. Si hubiera tan solo un mínimo de colaboración intergubernamental, Venezuela podría enviar flotas de autobuses para migrantes con intención de regresar.

En todo caso, son cientos de miles los venezolanos que podrían estar en una situación económicamente muy compleja en varios países y sin medios para retornar. Cooperar con Venezuela en esta materia demanda, además de superar los sesgos políticos, establecer unos compromisos en materia migratoria y en la cobertura de costos, los cuales serían mucho más manejables para algunos gobiernos, a lidiar con la "carga" de los migrantes, según lo dicho por algunos mandatarios.

Sin embargo, la solución de fondo al problema de la migración desde Venezuela yace en las propias causas. El crecimiento de los migrantes económicos desde el país petrolero tiene un claro vínculo con el bloqueo al país vigente de manera formal desde 2017. Algunos líderes de la región eluden el tema por mandato del patrón estadounidense, no lo tratan y, por el contrario, en muchos casos lo legitiman, aunque ello implique una asfixia a la vida económica venezolana.

¿Tendrá Boric la intención de promover en la escena internacional un tratamiento a ese factor de fondo? Debería tenerla, si es que realmente pretende "resolver" la situación de la migración venezolana en su país, dado que cualquier solución a los factores causales sería más viable al corto y largo plazo, a pretender una "repartición" de venezolanos por varios países como si se tratara de cajas de aguacates.

La migración desde Venezuela se ha desacelerado. Hay además cifras difusas construidas por entes y gobiernos del "multihostigamiento" internacional que no refieren el fenómeno real de migrantes en retorno. Para el presidente Maduro, la ACNUR cede a presiones estadounidenses abultando cifras y profundizando una retórica que no se corresponde con las dimensiones reales de Venezuela, que aunque son adversas, están lejos de que el país sea como Somalia en los 90, tal como se ha querido hacer ver.

Eso también concierne a Boric y su intencionada agenda internacional. No puede idearse una "solución" al problema sobre datos difusos, no fiables y políticamente amañados para legitimar intenciones corruptas en muchos casos.

También conviene que Boric llame a Maduro, pues en otro orden de ideas, Venezuela sabe de multilateralismo "desideologizado". Venezuela fue un articulador medular en la construcción de Unasur, fue parte clave en la construcción de la Celac y es la autora de Petrocaribe.

Todos estos instrumentos integracionistas tuvieron en su construcción una composición variopinta de gobiernos, tendencias e intereses. Maduro sabe de eso, es un operador político muy eficaz y fue Canciller del Comandante Hugo Chávez, el arquitecto de la política exterior venezolana en las últimas dos décadas. Quizá por eso y otras tantas razones, han querido derrocar al presidente venezolano bloqueando la economía de su país y propiciando la salida de los ahora incómodos migrantes venezolanos que Piñera invitó a su patio nacional.

Así que mejor piénsalo, Boric.

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