"Yo voy a hacer lo que María Corina me diga. Si mañana ella considera que hay que hacer otra cosa, yo lo voy a hacer", expresó recientemente la congresista republicana por Florida, María Elvira Salazar, ante un grupo de militantes opositores venezolanos en Miami.
Salazar, promotora activa de sanciones ilegales y restricciones migratorias, intenta ahora proyectar cercanía con los venezolanos en Estados Unidos, al tiempo que se alinea abiertamente con María Corina Machado, quien no ha ocultado su respaldo al envío de migrantes venezolanos a la prisión de máxima seguridad en El Salvador.
Mientras desde el Congreso impulsa medidas de coerción financiera contra Venezuela —celebró, por ejemplo, la cancelación de la Licencia General 41 a Chevron—, Salazar pretende mostrarse empática con los mismos venezolanos que enfrentan la criminalización en suelo extranjero.
Esta dualidad delata la inconsistencia estructural de su discurso y, a la vez, demuestran cómo la secta política del sur de la Florida saca provecho de la agenda antimigratoria.
De los medios al Congreso
María Elvira Salazar construyó una carrera mediática sin mayores tropiezos, comenzando en el Canal 23 y luego ascendiendo rápidamente en la Spanish International Network (S.I.N.), la cual se transformaría en Univisión. En 1988, se convirtió en la primera corresponsal de CNN en español.
Su incursión en el periodismo televisivo la llevó a convertirse en la primera corresponsal de CNN en español en 1988. Con el tiempo, su carrera se fue moldeando en torno a entrevistas con figuras políticas relevantes, como Fidel Castro, una estrategia que le garantizó notoriedad.
Sin embargo, su estilo confrontativo y sus diferencias con diversas cadenas de televisión la llevaron a cambiar de emisora en varias ocasiones, hasta consolidar su propio espacio en programas de corte sensacionalista, en la que las entrevistas políticas muchas veces parecían más un espectáculo que una búsqueda genuina de información.
Su salto a la política en 2018 no fue una sorpresa dado su historial de alineamiento con posturas conservadoras y su insistencia en presentarse como una voz de los cubanoestadounidenses en Miami.
Postulándose como republicana en el Distrito 27 de Florida, su candidatura fue respaldada por sectores de la vieja guardia anticastrista, aunque en su primer intento fue derrotada por la demócrata Donna Shalala, una mujer con décadas de trayectoria en la gestión pública y la academia, reconocida nacionalmente por haber sido secretaria de Salud y Servicios Humanos durante el gobierno de Bill Clinton y presidenta de la Universidad de Miami.
Pero, más adelante, en 2020, en un contexto de polarización y con un discurso que capitalizaba el miedo al "socialismo", logró revertir su derrota y alcanzar un escaño en la Cámara de Representantes.
Con su negativa a activar la Vigesimoquinta Enmienda luego del asalto al Capitolio y su defensa indirecta de Trump, terminó de sellar su alineamiento con el equipo MAGA, distanciándose de los sectores moderados del Partido Republicano.
En un momento cuando muchos republicanos intentaban mantener cierta distancia del entonces presidente Donald Trump, ella optó por defenderlo: "Entiendo que Trump es un tipo poco convencional, entiendo que a veces sus palabras no son las adecuadas, pero veo lo que ha hecho por el país y lo que ha hecho por China y Corea del Norte, que ningún otro presidente ha hecho", dijo con naturalidad.
"Los cubanos locos"
Los vaivenes de la Licencia General 41, que permite a Chevron operar en Venezuela, no fueron un movimiento estratégico de la administración Trump sino, en parte, el resultado de la presión ejercida por los congresistas republicanos de Miami: Mario Díaz-Balart, Carlos Giménez y María Elvira Salazar.
De acuerdo con el portal Axios, estos legisladores —conocidos en círculos republicanos como "los cubanos locos"— condicionaron su apoyo al acuerdo presupuestario a la revocación de la licencia petrolera. Aunque no emitieron amenazas directas, su postura fue determinante para que, horas después de la votación en la Cámara de Representantes, se anunciara la aprobación de un presupuesto requerido por el ejecutivo.
La expresión "los cubanos locos", utilizada en tono jocoso por el presidente de la Cámara, Mike Johnson, durante un evento privado con donantes, refleja el papel avasallante que juega este grupo en la política exterior estadounidense hacia América Latina.
Contradicciones en cámara
Hace seis años, aun en su rol de periodista, María Elvira Salazar entrevistó al presidente Nicolás Maduro en Caracas. Lo que inició como una confrontación esperada terminó en un diálogo que desarmó varios de sus prejuicios.
El presidente venezolano respondió con cifras y argumentos a cada una de sus preguntas, dejando claro que Venezuela mantenía abiertas las puertas a las inversiones extranjeras bajo términos justos y soberanos.
"El mundo petrolero de Venezuela tiene las reglas claras, lo he dicho mil veces; lo que pasa es que el mensaje no llega a todos los inversionistas de Estados Unidos", subrayó Maduro.
Salazar, entonces, reconoció ante las cámaras que el "mensaje no llega". Incluso se refirió a los planteamientos de Maduro como "buenas noticias".
El mandatario reafirmó que el país ha sostenido una política coherente de puertas abiertas al capital extranjero, siempre que se respeten condiciones justas y soberanas.
"El mundo petrolero de Venezuela tiene las reglas claras, y yo lo he dicho mil veces; lo que pasa es que el mensaje no llega a todos los inversionistas petroleros de los Estados Unidos", enfatizó.
En ese contexto, la periodista Salazar señaló que, dentro del sector petrolero norteamericano, no se tiene conocimiento del interés venezolano en que las empresas estadounidenses regresen al país. "¿Qué le diría usted al presidente Trump?", preguntó.
A lo que el presidente Maduro respondió con un mensaje de disposición al diálogo:
"Yo sé que somos personas muy diferentes, somos países diferentes, pero más temprano que tarde estamos obligados a hablar, a entendernos. Yo tengo una visión de que usted heredó errores de las administraciones anteriores en la política exterior hacia América Latina, y que hay una ideologización de la política exterior estadounidense contra Venezuela. Ojalá se diera la oportunidad de un diálogo franco, directo".
Conociendo esto, lo paradójico es que hoy, desde su curul en el Congreso de Estados Unidos, María Elvira se ha convertido en una de las principales voceras de la agenda de intervención destructiva, enmarcada en la "máxima presión" contra Venezuela
Se recuerda que el pasado 20 de septiembre de 2024, durante la audiencia, la congresista ofreció un discurso cargado de exageración:
"Chevron, Repsol, Eni y Maurel están alimentando directamente la maquinaria tiránica de opresión", denunció, mientras mostraba carteles con cifras sobre las ganancias de estas compañías desde la flexibilización de las sanciones.
La congresista exigió la suspensión inmediata de todas las licencias petroleras otorgadas por el Departamento del Tesoro y propuso importar crudo desde países "aliados" o aumentar la producción nacional.
Además, pidió reconocer a Edmundo González como "presidente" de Venezuela, confiscar activos en el extranjero de funcionarios del gobierno y reforzar sanciones bajo el argumento de que la comunidad internacional está financiando una dictadura".
Salazar actúa en función de su base electoral: el electorado cubano y venezolano más radicalizado del sur de la Florida. En ese escenario, el matiz es debilidad, la negociación es traición y la hostilidad se convierte en sinónimo de coherencia.
La misma persona que, en cámara, supo reconocer las complejidades del relacionamiento bilateral entre Venezuela y Estados Unidos y que escuchó propuestas de diálogo, en la actualidad opera como vocera de una agenda intransigente, en la que la narrativa ideológica se impone sobre la realidad, y la política se reduce a consignas.