La Estrategia de Defensa Nacional (EDN de ahora en adelante), publicada hace un par de semanas, se aleja poco de los preceptos operativos y doctrinarios de la Estrategia de Seguridad Nacional (ESN).
Si acaso, busca hacer los postulados del documento anterior un asunto operativo y de presunta ejecución de lo que se planteó en este último, tras su publicación a principios de diciembre de 2025.
De nuevo y para dar por cerrado el punto. Efectivamente, si se contrasta con la EDN de 2018 –oficialmente su documento homólogo– existe un viraje significativo, pero ese impulso se cristalizó con la ESN.
El aparente "repliegue" hemisférico frente al "alcance global", la supuesta "delegación" en "socios y aliados" en el mundo en áreas que se sugieren "dejaron de ser" críticas y las distintas –y superficiales– definiciones de soberanía y aceptabilidad son los atributos más notorios.
En esa medida, en tanto fondo, es poco lo que agrega. Es en materia de formas donde se puede encontrar lo sustantivo.
En esa misma dirección, forma también puede ser fondo en tanto que la EDN concebida como hablante es mucho –por reiterativo respecto a la ESN– lo que pudiera manifestar.
Mientras que la ESN ostenta un espíritu rector, dotado de lo que se puede aceptar como algo más aproximado a la sobriedad estilística y expositiva, la EDN es un documento frenético en la reafirmación de lo postulado, ideológico en el acto de reforzamiento conceptual del papel anterior y retórico en tanto que es poco lo que dice definir como el nuevo curso de acción.
Por otro lado, en teoría, ambos documentos formarían parte de una triada, a la espera de la revisión de la postura global del Pentágono donde se recomienda la redistribución de apresto y recursos militares a escala planetaria.
Y aquí, tal vez y como mucho de lo que ha caracterizado al primer año de la administración, el peso de las circunstancias respecto al moldeado público de dónde se sitúa Estados Unidos tenga también algo que decir.
Para septiembre de 2025, Politico reseñaba que ya había caído en el escritorio de Pete Hegseth el primer borrador de la EDN con la primicia del supuesto “vuelco estratégico” de la doctrina: el cambio oficial de prioridades, de la gran competición entre poderes hacia el acento por la seguridad nacional y hemisférica.
Y si, como se verá más adelante, la actual EDN asume conscientemente las acciones contra Irán a finales de junio del año pasado y el asalto a Venezuela del 3 de enero, se puede al menos especular que el "review" de la postura global asuma, en cierta medida, la caducidad del tratado New START sobre armamento nuclear como elemento pivote.
Pero esto último, como todo lo demás, está sujeto a los vaivenes, impulsos y ejecuciones tacticistas de la administración estadounidense más explícita y psíquicamente inestable de la historia.
Y, en esa medida, el EDN es un documento ejemplar.
La estructura, para salirle al paso
El documento comprende una introducción, un repaso del entorno de seguridad y una aproximación estratégica y una conclusión a lo largo de 23 páginas.
A este se le agrega un memorando que pudiera reducirse a una homilía orweliana donde obligatoriamente se destaca la sabiduría, preclaridad y visión estratégica de Donald Trump para llevar a puerto insuperable la apuesta, según ellos, "realista" a través de la trinidad orweliana "America First. Paz a través de la fuerza. Sentido común".
El entorno de seguridad se desagrega en seis apartados: el hemisferio y la nación o patria (Homeland, que en inglés supone un registro menos mayestático al que estamos acostumbrados y que por eso mismo lo definiremos en inglés); la República Popular China; Rusia; Irán; la República Democrática de Corea; y, por último, lo que se define como "el problema de la simultaneidad y las implicaciones de compartir la carga con los aliados": el qué hacer ante la posibilidad de un ataque coordinado de los adversarios y el rol del campo estadounidense con sus países remolcados.
El apartado sobre la aproximación estratégica, a su vez, se distribuye en cuatro "líneas de esfuerzo" (LOE, por sus siglas en inglés):
-
Línea 1, defender el Homeland estadounidense (del que el resto del hemisferio, el resto de la América continental pudiera asumirse como el “espacio interior o ampliado” del primero).
-
Línea 2, disuadir a China dentro del Indo-Pacífico (una categoría arbitraria, ahistórica) a través de la "fuerza" pero no la confrontación, denegando espacio de influencia a China y operando a través de lo que dicen llamar diplomacia tanto en evitar la "expansión", mientras se les delega a los aliados tareas esenciales con "apoyo crítico".
-
Línea 3, incrementar la distribución de "cargas" en aliados y socios, en un vulgar simulacro de división del trabajo, como se destila de los "problemas" frente a la simultaneidad y con una serie de naciones-compañeras de viaje que se han quedado atrás y que, como otro logro megaestratégico de Trump, se comprometieron a destinar el 5% del producto interno bruto (PIB) en "defensa". Dato de color relevante: el documento le reprocha a socios y aliados el haber decidido invertir en "bienestar público" en lugar de defensa a lo largo de estos años, "muchas veces conformes en permitirle a los Estados Unidos que los defiendan". Una secuencia que incluye una verdad (el reposerismo defensivo) con una mendacidad categórica, como se puede ver, por ejemplo, en la Europa del austericidio de los últimos veinte años.
-
Línea 4, "supercargar la base industrial de defensa de los Estados Unidos". Así como el ESN es una admisión indirecta de las limitaciones e, incluso, el declive en el sector, en el caso del EDN se emplea una lógica desde el plano de lo transitivo: "reavivar el espíritu innovador", "renovar y supercargar la industria de defensa", "hacer que la base industrial de defensa sea great again", "reconstruir la mayor fundación de nuestra fuerza militar".
Como elemento no menor, cabe destacar que la versión pública que se maneja de la EDN es la "no-clasificada", por lo que se destaca un tramo innombrado del documento, con posibles implicaciones, sobre todo, en el punto de gravitación formal: el Homeland.
Dado el carácter pugnaz, con un secretario de Guerra que no ha dejado de señalar su carácter beligerante dentro de la batalla cultural en el Pentágono superando la etapa woke y deconstructiva a la restauración del "ethos guerrero"z| presuntamente inherente en la ontología militar gringa, ¿en esas páginas se desarrollarían los elementos que caracterizan o prefiguran al enemigo interno dentro del Homeland y no en el extramuro hemisférico del resto de la plataforma continental?
Tono, estilo y aproximación ahistórica
Un documento, el texto, es el resultado de la confluencia más o menos equilibrada de contexto histórico y material, y en un caso como este de proyección estratégica y sus necesidades, junto a los factores humanos que producen un documento equis.
Y en este caso particular se hace casi imposible esquivar el peso en el que las individualidades y sus interacciones con el poder operan.
Si bien en la ESN la impronta de Elbridge Colby es decisiva, en la EDN no es menor el lugar de Pete Hegseth y cómo se retrata a lo largo de sus páginas.
Aquí operan factores individuales y psicológicos más allá de cualquier reflejo estructural.
La tarea de cribar entre lo impersonal y el papel específico con el que actores condicionan el producto se hace casi imposible, constatando la urgencia de visibilidad complaciente que ha caracterizado al secretario de Guerra; lo que ofrece, también, una clave de interpretación esencial de un documento que en teoría se supone homogéneo y sin entrelíneas.
Y es en este punto en particular donde se debe entender lo poco que de “estrategia” en realidad tiene la EDN y lo mucho que tiene de documento frenético, narcótico y redomadamente adulador. Más dispositivo retórico que líneas maestras para mandos militares.
Es quizás la única forma de admitir que un papel que regirá la doctrina y la estrategia militar no tenga ninguna dificultad en describir el supuesto cambio de paradigma imperial con una frase de esta naturaleza: "Out con el idealismo utópico; in con el realismo duro".
Pero frente a esa frase que pudiera encontrarse en la introducción de un manual para iniciar una dieta keto, la realidad apunta a que no se ha renunciado a ninguno de los elementos que se plantean a lo largo del texto respecto a las "amenazas", tanto hemisféricas como globales, ni mucho menos en el modo de aproximación a cómo se justifican situaciones, cómo se recuentan otras y, finalmente, los verdaderos motores detrás de algunos de los supuestos retos securitarios.
En el caso del último de los tres enumerados está Groenlandia. La EDN, como con casi todo, repite lo que sin moldura Trump, y otros en seguidilla, han dicho sobre la supuesta necesidad de "seguridad" respecto a la isla ártica y el supuesto riesgo de que Rusia o China la "tomen", y cómo es, presuntamente, esencial para levantar la declarada "cúpula de oro" que será la disposición de misiles defensivos.
Lo cierto es que ya esa base, con un sistema de misiles, ya existe en la Base Espacial de Pituffik. Ni China ni Rusia tienen interés, capacidad o cercanía geográfica para “tomarla”. Y, aún más importante, el velo narrativo es demasiado fino sobre la subordinación oligárquica de dichos intereses. Sean los "tech bros" nucleados en el proyecto de Estado postnacional Praxis o el magnate franco-israelí –y amigo de Trump– Ronald Lauder, la urgencia es otra, y es meramente de recursos, y de, precisamente, control territorial duro bajo un modelo, precisamente, utópico.
En esto último conviene ver el lugar del proyecto Praxis, quiénes lo financian y auspician, y su naturaleza como un paraíso libertario, primariamente extractivo y post-nacional.
En cuanto al modo de "recontar" ese nuevo "realismo duro", basta con ver la redefinición narrativa del papel de Israel, que repetidamente se enfatiza en el texto su papel como modelo de alianza con Estados Unidos.
En primer lugar, página 2 de la introducción, destacando la "capacidad de defenderse” de Israel a partir del 7 de octubre de 2023, pretendiendo re-enmarcar lo que a partir de ahora se ha convertido en el holocausto y genocidio de nuestro tiempo como una acción defensiva.
Al mismo tiempo, página 11, el mitigar el peso de la ayuda y dependencia de Tel Aviv contra Irán en la guerra de los 12 días, como una cadena sucesiva de éxitos como si hubiese contado con poco para alcanzarlo.
¿Por qué, entonces, están al borde de una enorme operación militar contra la República Islámica?
Como extra se agrega lo que según la EDN fue una resonante victoria contra Yemen en mayo y junio del año pasado, una campaña que no alcanzó ni un solo objetivo estratégico, sí muchas chapuzas y finalmente una retirada poco sonada de Estados Unidos de ese foco del mar Rojo.
Graciosamente, a eso se le llama la capacidad y habilidad de Israel para defenderse, como si se tratase de un ente autónomo e independiente.
En cuanto a justificación, quizás no haya mayor manifestación de pensamiento utópico, y no de realismo duro, en el supuesto relanzamiento de la base industrial militar de los Estados Unidos que protegerá las compuertas que se abrirían en la nueva "era dorada", independientemente de que existen pocas señales de ese renacimiento. Algo más sobre esto, más adelante.
El anhelo de resurgimiento industrial estadounidense tropieza con un déficit estructural que el analista y exoficial de Marina ruso Andréi Martyanov documenta en Disintegration (2021): mientras Rusia —con menos de la mitad de la población estadounidense— forma proporcionalmente más del doble de graduados STEM per cápita y retiene a la mayoría de sus ingenieros dentro del país, Estados Unidos depende cada vez más de talento importado (más de un tercio de sus graduados STEM no son ciudadanos estadounidenses) y ve cómo sus propios jóvenes eligen carreras en derecho, finanzas o negocios donde los ingresos superan a los de la ingeniería.
Esta "fuga interna de cerebros", que Todd corrobora en La derrota de Occidente (2024), revela una transformación cultural profunda: apenas el 7,2% de los estudiantes estadounidenses estudia ingeniería, mientras las élites se forman como "meritócratas improductivos y depredadores" especializados en optimizar la especulación financiera en lugar de diseñar turbinas, submarinos o sistemas de producción a escala.
Las consecuencias son contundentes, analizadas de antemano por Ernesto Cazal en esta misma tribuna. La manufactura representa hoy apenas el 10% del PIB —su participación más baja desde 1947—, mientras el déficit comercial alcanza niveles históricos y la base industrial de defensa depende críticamente de trabajadores extranjeros mejor cualificados que los nativos (86,5% de los STEM inmigrantes tienen licenciatura frente a 67,3% de los nacidos en EE.UU.).
Como advierte Todd, una guerra no se gana congelando activos bancarios o emitiendo órdenes de pago, sino con ingenieros capaces de producir munición en masa. Por eso, las promesas de reshoring y "movilización industrial" chocan con un cuello de botella humano: sin reconstruir el ecosistema de formación, prestigio social y oportunidades que haga atractiva la vocación de hacer cosas tangibles, cualquier llamado a revitalizar la industria de defensa permanecerá como nostalgia estratégica. El verdadero desafío no es traer fábricas de vuelta al territorio, sino recuperar la capacidad colectiva de valorar —y formar— a quienes transforman ideas en objetos que la gente puede usar.
Ello en un país donde la economía ya no funciona como un sistema unificado, sino que se ha escindido en dos realidades económicas paralelas con dinámicas contradictorias. Por un lado, un núcleo digital-financiero —encabezado por las siete grandes tecnológicas (Apple, Microsoft, Nvidia, Amazon, Alphabet, Meta, Tesla), sus proveedores y el sector financiero que las capitaliza— experimenta un crecimiento explosivo: las inversiones en infraestructura de IA superarán los 600 mil millones de dólares en 2026, con acceso ilimitado a capital barato pese al endurecimiento monetario, y genera prácticamente todo el crecimiento del PIB (5,3% anualizado en el cuarto trimestre de 2025).
Por otro lado, una periferia física —manufactura, construcción, bienes raíces comerciales, bancos regionales y pymes— enfrenta una recesión silenciosa: el PMI manufacturero lleva diez meses en contracción, mientras 936 mil millones de dólares en deuda inmobiliaria vencen en 2026 sin capacidad real de refinanciamiento a las tasas actuales, lo que ha paralizado el crédito de los bancos regionales con alta exposición al sector.
Esta dualidad revela una economía desgarrada entre la especulación financiero-tecnológica y la base material de producción y circulación. Mientras el núcleo se alimenta de valorización bursátil y expectativas futuras, la periferia —responsable de empleos, bienes tangibles y tejido productivo local— se desangra sin que las señales de alarma generen respuesta política, muy a pesar de la cacareada retórica trumpiana sobre los números bursátiles.
La paradoja es clara: un PIB que crece impulsado por unos pocos actores digitales oculta una contracción sistémica en los sectores que sostienen la vida económica cotidiana de millones. Sin reconexión entre ambos mundos —esto es, sin que el capital del núcleo se vuelque hacia la revitalización material de la periferia— la brecha no solo persistirá, sino que erosionará las bases mismas de la estabilidad económica a mediano plazo.
En pocas palabras, en su base, la EDN hace más visible que la ESN la contradicción fundamental sobre la cual opera.
Catalizadores y confesiones
A falta de factores directamente reveladores, sobre todo si se contrasta con la ESN, los significantes de toda la composición, incluyendo, si se nos permite decirlo, su "estética" permiten desentrañar algunas claves secundarias.
Comenzando por la propia presentación: la total ausencia de sobriedad visual o escrita lo convierte en un brochure de una empresa de comunicaciones de segunda o un folleto sobre la historia de una mueblería en su 30 aniversario que la nueva doctrina del Pentágono.
Se precia de ser un papel "aterrizado" que signa el supuesto nuevo rumbo en materia de defensa y seguridad, pero si se juzga con la presentación, la selección fotográfica e incluso la pictórica y hasta cartográfica, más que un punto de inflexión estratégico, con su estruendoso retorno al "realismo duro", lo que se destila es imperialismo kitsch y una notoria abulia visual. Una celebración a la adulación y la mediocridad patriotera.
Trump y Hegseth estrechándose la mano en el famoso –por desternillado– encuentro con todos los mandos militares en la base de Quantico; Hegseth saludando a los veteranos del Día D en el 81 aniversario del inicio del desembarco de Normandía; Trump haciendo el saludo militar en el deslavado desfile militar del 11 de septiembre del año pasado; el briefing luego del bombardeo a las tres plantas nucleares iraníes, con un Hegseth y el jefe del estado mayor conjunto, Dan Caine; Trump discurseando en la cumbre de la OTAN en La Haya flanqueado por el secretario de Guerra; marinos izando la bandera estadounidense; Trump, de tres cuartos, recibiendo los aplausos en la cumbre de negocios Arabia Saudita-Estados Unidos; el muy trillado cuadro de Emmanuel Leutze que retrata el paso de George Washington sobre el río Delaware en el marco de la batalla de Trenton; y, finalmente, Trump, Hegseth y el vicepresidente J.D. Vance saludando militarmente en el cementerio de Arlington en conmemoración del soldado anónimo.
Pero esta estética floja y burocrática, donde perfectamente se ve el pulso adulador del secretario de Guerra, habla y describe. Esto queda prístinamente establecido con la imagen que acompaña a la portadilla donde se desarrolla el "entorno de seguridad": un mapa decimonónico de toda la plataforma continental, con el norte difuminado hacia negro y donde el eje se centra, precisamente, en el norte de América del Sur.
Se trata de una manifestación cartográfica del siglo XVIII, probablemente del escocés Henry Overton, donde California no aparece integrada al resto de estados de la Unión, y con dos representaciones a izquierda y derecha del continente, en la parte inferior, donde se representa en el lado izquierdo a tres hombres llevando el peso de su faena, en lo que claramente es una plantación, y por lo tanto esclavos con una aparente diosa de la fortuna cortada en más de la mitad, mientras que en el otro, con aire primitivo y pagano, lo que parece inferirse como una suerte de representación de la luctuosidad selvática, amazónica o cualquier otra, pero sobrecargado de sensualidad primitivoide.
No en balde, la EDN habla de "terrenos" de importancia estratégica y de alto valor como Groenlandia, el canal de Panamá o el golfo de México (que así sale escrito en el mapa), incapaz de ocultar la imaginación y los modos de representación primariamente colonial. Una de las rimas históricas más claras.
Y es que, trátese de Israel, Panamá, Groenlandia o Venezuela, contrastado con lo práctico y concreto, queda claramente establecido que las prioridades de seguridad de la administración no se compaginan con las prioridades de la nación. La fase abierta de lo lumpen-oligárquico del imperio.
"Síndrome de Vietnam" se le llamó a la negativa más o menos instintiva de administraciones sucesivas de emprender acciones militares directas y a gran escala tras la huida de Saigón por el efecto negativo interno y el rechazo generalizado de la población por esa clase de aventuras. Mal de poder que los sectores más fanáticos y alocados presionaron para expulsar, y que se logró luego de la invasión a Panamá el 20 de diciembre de 1989.
Tras esa acción muscular, se supone, George Bush padre destruyó el hechizo que inhibía a Estados Unidos pasar de la guerra sucia a la de alta intensidad y gran escala. Un año después de la agresión a Panamá, vino la primera invasión a Irak, en 1991.
A pesar de que fue Rajiv Gandhi, el primer ministro indio, el que habló de un "nuevo orden mundial" tras la caída del bloque soviético, fue Bush padre el que lo asumió como suyo tras la Operación Tormenta del Desierto.
La sombra de la segunda guerra de Irak ha planeado sobre las distintas administraciones inhibiendo los riesgos y efectos secundarios y terciarios que de ahí se pudieran desprender, en particular en las cabezas militares que les toca lidiar con lo real, y a contrapelo de los halcones gallina habituales que, sin experiencia de guerra alguna, no encuentran una que no les mueva el piso pélvico.
Y en esto radica uno de los factores más peligrosos de la EDN, que claramente toma como catalizadores la Operación Martillo Nocturno que atacó las plantas de Fordow, Natanz e Isfahán en Irán, pero aún más con la Operación Determinación Absoluta del 3 de enero contra Caracas, secuestrando al presidente Nicolás Maduro, a la primera dama Cilia Flores y dejando un rastro de más de una centena de muertos y al país con la pistola en la sien.
En el fondo, la ausencia de sofisticación geopolítica, el ejercicio de nostalgia a la espera de un supuesto resurgimiento industrial que conducirá a una "era dorada" y la total incapacidad de ver la dinámica de los factores de segunda o tercera línea, tales catalizadores, junto a la descripción reiterativa de lo que es el aliado ideal –perpetrando un exterminio al que sencillamente se le disminuyó la velocidad y ahora se coordinará con una junta privada ad hoc–, en el fondo nada hace imposible de que no restalle lo que restalla: los grandes puntos de orgullo para ellos, son, sencillamente, declaraciones abiertas e impunes de nuevos crímenes.