Dom. 24 Octubre 2021 Actualizado 8:13 am

Los frentes donde Brasil está siendo derrotado a manos de Bolsonaro

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La pandemia global del Covid-19 puso en evidencia todos los efectos que puede causar un gobierno impuesto por el “estado profundo” contra la población trabajadora brasileña.

Jair Bolsonaro ganó en 2018 unas elecciones que cerraron el ciclo de cambio de régimen, vía lawfare, en Brasil y en el que los sectores conservadores desdibujaron a Dilma Rouseff y Lula Da Silva del espectro político para asaltar el Estado y desconfigurarlo.

Su gobierno lanzó en marzo pasado la campaña publicitaria “Brasil no puede parar” para pedirles a los brasileños abandonar la cuarentena y otras restricciones por la pandemia abriendo empresas y comercios, en un claro enfrentamiento contra los especialistas en salud, gobernadores y alcaldes. Todo en nombre de la economía.

Tal campaña fue lanzada inicialmente en las redes sociales del senador Flavio Bolsonaro, hijo del presidente e investigado por lavado de dinero y desvío de fondos públicos de la Asamblea Legislativa de Río de Janeiro. El presidente viene realizando convocatorias a la población para no entrar en “pánico” calificando de “gripecita” al coronavirus.

Sin embargo, no todo ha sido fácil para el operador que la oligarquía brasileña ha designado en defensa de sus intereses. A continuación algunos de los tantos frentes donde el pueblo brasileño está siendo abatido por la mala gestión de crisis por parte del magnate y capitán retirado del Ejército.

Lo sanitario: negación y exponencialidad de la pandemia

Durante la semana en que las autoridades brasileñas declararon que el Covid-19 había llegado a su territorio desde Lombardía, más de 90 mil personas desembarcaron en sus aeropuertos provenientes de países donde el virus ya había sido detectado, entre ellos Estados Unidos, España, Francia e Italia. Esto a causa de que la administración Bolsonaro se había negado tanto a cerrar los aeropuertos como a detener la actividad económica a un mínimo esencial.

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La elocuencia de Bolsonaro desbloquea niveles de asombro casi a diario. El mundo fue testigo privilegiado de cómo, hasta el cierre de esta nota, ha insistido en llevar la contraria a las vocerías técnicas y hasta financieras que recomiendan el distanciamiento social como mecanismo primario para el combate del nuevo coronavirus.

A finales de marzo, Bolsonaro decía que el impacto del Covid-19 no superaría las 800 muertes por gripe H1N1 registradas en todo 2019, sin embargo, Brasil fue el primer país latinoamericano en tener más de 100 muertes en 24 horas (114) el pasado 7 de abril, y la pasada semana el número de muertos por la pandemia creció más del doble.

El más extenso de los países de Suramérica ha superado las mil muertes a casi 40 días del primer caso y su curva de muertes es peor que la de Estados Unidos, sin que aún haya colapsado el sistema de salud. En la última semana ocupó el puesto 14 en la lista de casos confirmados (21 mil 40 al 12 de abril) y el 11 en casos fatales, con 1 mil 144 muertes.

El panorama indica que el país puede llegar rápidamente a lugares aún más altos en el ránking mundial de la enfermedad. Solo en la ciudad de São Paulo hay 670 muertes por síndrome respiratorio agudo severo (SARS) que están esperando por la prueba del coronavirus.

El Secretario de Vigilancia Sanitaria del Ministerio de Salud, Wanderson de Oliveira, emitió declaraciones que denotan la subestimación de casos de infección y muerte afirmando que, entre febrero y abril, hubo 2 mil 176 muertes por SARS que se produjeron en un período de siete semanas y que todavía se están investigando. Esta cifra es casi el doble de las muertes atribuidas, en cifras oficiales, al Covid-19.

Entretanto, Ivan França Junior, epidemiólogo de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de São Paulo, dijo a The Guardian que, si Bolsonaro continúa alentando a la sociedad a sabotear el distanciamiento social, Brasil experimentará “días dolorosos”, similares a los de Italia, en unas pocas semanas.

Lo político: confrontación por doquier y desplazamiento “informal” del poder

El pasado 6 de abril Bolsonaro intentó, sin éxito, usar su condición de presidente para apartar del gobierno al ministro de Salud, Luiz Henrique Mandetta, debido a que el funcionario se ha negado repetidas veces a flexibilizar la política de distanciamiento social contra el Covid-19, como ha alentado.

Al concluir esa reunión de gabinete, Mandetta mantuvo un lenguaje vehemente y afirmó que el país no tiene una estructura para la escalada de casos en las grandes metrópolis.

Por su parte el vicepresidente, general retirado Hamilton Mourao, informó a la prensa que “Mandetta sigue en el combate. ¡Él se queda!”. Mourao ha sido acusado por uno de los hijos de Bolsonaro de buscar la caída de su padre.

Mandetta ha mostrado protagonismo enfrentando la pandemia y las encuestas comenzaron a revelar su popularidad, lo que ha agudizado la confrontación con Bolsonaro. El pasado sábado 11 de abril criticó que el presidente diera varios paseos y formara multitudes a su alrededor, dijo: “La gente que tiene una actitud así hoy en día va a ser la misma gente que se va a arrepentir”.

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Sigue en caída libre el presidente porque su enfrentamiento contra todo y todos alcanzó a los gobernadores de los estados, a quienes llegó a confiscarles respiradores e impedir la medición de fiebre en sus aeropuertos. Varios de ellos fueron sus aliados y gobiernan los estados que concentran la mayor cantidad de enfermos, Río de Janeiro y Sao Pablo, desobedecieron su exhorto “para que la vida regrese a la normalidad”, también su instrucción de que levantaran esas restricciones y dispusieran el aislamiento solo para los adultos mayores y quienes tuvieran problemas de salud subyacentes.

Aunque la Corte Suprema determinó que los gobernadores y alcaldes tienen decisión autónoma sobre la realización del aislamiento social, Bolsonaro ha insistido en convencer a algunas ciudades como Río de Janeiro, o estados frágiles económicamente como los amazónicos Rondonia y Roraima, de reanudar actividades, en contra de las recomendaciones de las secretarías estadales de Salud.

En medio de todo esto, el periodista Horacio Verbitsky y el medio digital DefesaNet revelaron que Bolsonaro había sido desplazado “informalmente” del gobierno de Brasil por su ministro jefe de la Casa Civil, el general Walter Braga Neto, quien comandó la intervención militar de Río de Janeiro durante 2018 y entró al gobierno a mediados de febrero, cuando aún se desempeñaba como jefe del Estado Mayor del Ejército.

El mandatario continúa en funciones, pero no cumplirá ninguna misión, así lo deja entender un comunicado del 31 de marzo, firmado por el ministro de Defensa, Fernando Azevedo e Silva, y los comandantes del Ejército, la Marina y la Aeronáutica, cuando dice: “En cuanto dure la situación de crisis (por el impacto del coronavirus) el Presidente Operacional de Brasil será el general (Walter) Braga Neto”.

En aquella reunión del 6 de abril en el Palacio del Planalto, convocada por el propio Bolsonaro, el “presidente operacional” Braga Neto y el resto del equipo ministerial se pronunció en contra de echar a Mandetta, considerado “esencial” para enfrentar el crecimiento exponencial del número de casos previsto para las semanas que corren.

Lo internacional: supremacismo y racismo contra un aliado clave

Actores políticos como el diputado Eduardo Bolsonaro, hijo del jefe de Estado, y el ministro de Educación, Abraham Weintraub, han puesto en dificultades a la gestión del Covid-19 por parte de la administración Bolsonaro en el frente internacional, en particular con la República Popular China.

A mediados de marzo el diputado manifestó, vía Twitter, que “la dictadura china” escondió “algo grave”, haciendo un paralelismo entre el coronavirus y el desastre de Chernobyl en la década de los 80's. Mientras que el pasado 5 de abril el ministro insinuó irónicamente, vía Twitter, que el principal socio comercial de Brasil podría haber impulsado la pandemia del coronavirus como parte de una estrategia de dominación global.

En el primer caso, luego de la indignación por parte de la embajada china ningún miembro del Gobierno pidió públicamente disculpas y el ministro de Exteriores brasileño, Ernesto Araújo, calificó como “inaceptable” y ofensiva la respuesta del embajador chino. Posteriormente Bolsonaro telefoneó al presidente Xi Jinping para intentar reconducir la situación.

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En medio de la crisis diplomática causada por Bolsonaro hijo, el Consorcio Nordeste, integrado por los gobernadores de los nueve estados de esa región pidió, vía teleconferencia, a Yang Wanming, embajador chino en Brasil, la cooperación para enfrentar la pandemia.

La solicitud de los mandatarios regionales, opositores a Bolsonaro, consistió en explorar la “posibilidad” de que el mayor socio comercial de Brasil pudiera “enviar material médico, insumos y equipos que puedan ayudar al combate del flagelo que se está enfrentando”.

Ante las declaraciones, borradas por Weintraub de su cuenta Twitter, la embajada del país asiático lamentó, mediante un comunicado difundido el 6 de abril, las declaraciones “absurdas y despreciables” del ministro de Educación, que en su opinión “tienen un cuño fuertemente racista y objetivos indecibles, causando influencias negativas en el desarrollo saludable de las relaciones bilaterales China-Brasil”.

Según su Ministerio de Economía, Brasil vendió a China un 20,9% más en febrero de este año que en el mismo mes de 2019 y tiene un superávit comercial de 30 mil millones de dólares con ese país, esto supone el destino del 78% de las exportaciones de soja; un conflicto diplomático afectaría a la maltrecha economía brasileña.

Por su parte la Agencia de Cooperación y Desarrollo Internacional de China (CIDCA) informó que el país ha prestado ya asistencia a más de 90 países y cuatro organizaciones internacionales para la lucha contra el coronavirus.

No caben dudas de quién sería el perjudicado en una eventual ruptura o distanciamiento diplomático.

Y lo que falta…

Otros frentes como el socioambiental son parte del desmoronamiento de la estabilidad brasileña ante el viraje que dará el mundo luego de que pase la pandemia.

Según INPE, agencia de investigación espacial del país, la deforestación aumentó un 30% en marzo de 2020 con respecto al mismo mes del año pasado, a pesar del coronavirus. Esto a manos de la extracción ilegal de madera, la minería desbocada y la expansión de la frontera agrícola.

En los primeros tres meses del año, la deforestación del Amazonas subió un 51% con respecto a hace un año a 796 kilómetros cuadrados, un área aproximadamente del tamaño de la ciudad de Nueva York.

Asimismo, el conocimiento de algunos casos de contagio en comunidades indígenas enciende las alertas ante el nombramiento de líderes de la Misión Nuevas Tribus en puestos clave de la Funai, agencia indígena de Brasil, por parte de Bolsonaro.

En el frente económico un estudio de la Fundación Getulio Vargas (FGV) afirma que la crisis del coronavirus dejará hasta 12,6 millones de desempleados y causará una contracción récord del 15% en los ingresos de los trabajadores si el gobierno no amplía los instrumentos para transferir los ingresos a la población y para ayudar a las empresas a mantener los puestos de trabajo.

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Bolsonaro llegó a emitir una Medida Provisional que permitía suspender los salarios hasta cuatro meses, sin ninguna compensación a los trabajadores, pero dio marcha atrás a la medida después de fuertes críticas. Incluso con las medidas ya anunciadas para garantizar ingresos adicionales a los trabajadores formales e informales, que ascienden a 170 mil millones de reales, se espera que la masa salarial disminuya un 5,2%, lo que supone una contracción récord de la serie iniciada en 2003.

Sin estas y otras medidas, la caída sería del 10,3%. Tales medidas suman cerca del 4% del PIB del país, considerado “absolutamente insuficiente”.

Su gobierno pretendía dar 200 reales (41 dólares) de “ayuda” a los trabajadores informales que representan casi la mitad de la fuerza laboral en Brasil y la Cámara de Diputados dio media sanción a una ayuda de 600 reales (120 dólares) que se extendería a 1 mil 200 reales (240 dólares) para madres jefas de hogar. Mientras tanto se anunciaba una inyección de 30 mil millones para ayudar a mitigar los efectos de la crisis y dar apoyos a las empresas.

Su equipo económico ha anunciado que anticipará beneficios para desempleados y a quienes vean reducidos sus salarios y jornadas laborales para mitigar los efectos del Covid-19 en la actividad económica.

Pires argumenta que el aumento del endeudamiento público para pagar “un esfuerzo de guerra” en ese momento debe ser pagado más tarde con aumentos de impuestos, sin embargo Bolsonaro se empeña en defender al poder económico de los empresarios, el capital financiero y los sectores agroexportadores, quienes pueden pagar más.

La recuperación económica será más complicada si la pandemia hace colapsar la infraestructura sanitaria, el tejido social y la fuerza laboral de la población.

La visión de Bolsonaro es lineal y el problema es multidimensional; un indeseable castillo de naipes se asoma en el horizonte brasileño.

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