Ramón J.

Viví su gobierno ochomesino, transición de tiempos que corrían entre lo malo y bastardo y lo peor y sombrío. Después de serrucharle la silla a Carlos Andrés, le entregó a Caldera los restos de un país sumido en la mierda. Lo recuerdo bien, el país había pasado de la incertidumbre a la amargura. Cómo se tramaron conspiraciones y desangres financieros en solo estos ocho meses de este nefasto, gris y aguebo-meao hombre en Miraflores. Pregúntenles a los ahorristas del "quebrado" Banco Latino.

Desde las altas y suntuosas oficinas de los grandes hijos de puta de los bancos se decidía quién vivía y quién moría en este país. Los bancos, todos, eran gigantescas lavadoras automáticas para la blanqueadera y lavadera del dinero de la droga y casi todos los altos funcionarios públicos estaban en la movida.

Notable e ilustre pelele sin carácter de los hilos adecos y copeyanos y títere de los banqueros que desangraron el país.

Ocho meses en que los pobres, esos que ahora mandan y andan arrechos, dejaron de existir. Tiempos de "papá, tengo hambre; hijo, yo también", tiempo de perrarina en la cocina y pasta sancochada en la mesa. Tiempos de "Cédula y pégate contra la pared" y un hierro frío apuntándote a la cabeza. 

Verga, nuestros chamos tienen que conocer la historia como es y no a traves de una salta de twitter llamando a este cabrón de la cuarta república como “notable e ilustre”. Notable e ilustre pelele sin carácter de los hilos adecos y copeyanos y títere de los banqueros que desangraron el país.

Su gran cagada por la que se le recuerda: haber indultado por "error" al narco Larry Tovar Acuña por orden de Uribe cuando éste, sin ni siquiera ser aún presidente de Colombia, ya manejaba el poder del narcoparamilitarismo.

Pero yo lo recuerdo por un hecho personal en especial: el azote de los pacos sin ninguna consideración a los barrios de Los Frailes y Macayapa y par de peinillazos que me cruzaron en la espalda, dos de ellos en una redada mañanera con una jaula estacionada en la entrada del barrio. Los "cascos blancos" les llamábamos a esos malparíos con uniforme azul de infierno.

Imagínense, desempleado, cuatro muchachos con hambre, rebotao y un maldito paco me viene a pedir dizque la constancia de trabajo no joda. Me le reboté y ¡zas, zas! Seguro que en otros barrios era igual. Ni una foto merece el viejito este.

Paz a sus víctimas, porái lo esperan en la subidita en la misma paila donde se cuecen Betancourt, Leoni, Caldera, Lusinchi, Carlos Andrés Pérez, Luis Herrera...

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