¿Quién lava las culpas mediáticas?

Vale repetirlo: el negocio de la guerra sigue sosteniendo el tambaleante cadáver del capitalismo, por ello se reinventa constantemente y sobre todo se propagandiza sin límite alguno pero con muchos camuflajes de por medio.

La hipocresía globalizada tuvo un punto moderado de mediatización a principios de este mismo año, cientos de niños mexicanos y guatemaltecos salían solos de sus países para cruzar la frontera y llegar hasta Estados Unidos, Unicef los contó a 40 por día los que salían de Guatemala, y el Departamento de Bienestar Social de ese país contabilizó 4 mil 506 menores deportados desde México y EEUU solo en el primer semestre del año.

El "fenómeno" no obtuvo grandes titulares, apenas unas reseñas dispuestas por los grandes medios de información, tampoco se mediatizaba lo que ocurría a lo interno de la política guatemalteca, otra "revolución de color" se cocinaba en la región y ya vemos en qué terminó todo: un presidente destituido y juzgado por corrupción y la coronación temporal de un nuevo mayordomo de la Casa Blanca en este continente. Lo cierto es que de ese éxodo ninguna foto se viralizó en redes sociales, no hubo llanto 2.0 por el desplazamiento de estos niños. Malhaya un Aylan Kurdi guatemalteco eviscerado en una valla.

Un lava rostros gigante: La Mass Media

El aparato de comunicación global se ocupó de recrear y crear zombis alrededor de la realidad planetaria, no sólo como personajes principales en alguna trama jolibudesca, sino dentro de la psiquis de sus consumidores más ávidos: los estadounidenses y los europeos. Por ello, hoy el éxodo de refugiados les pasa por el frente en un reportaje televisivo y el bostezo resume en dos segundos la importancia que tiene. De este lado del mundo la "consternación" fluye a través de las redes sociales como única vía para distribuir la supuesta indignación; del capitalismo todo está desnudo, pero por sobre todo la gran hipocresía que lo sostiene. Sin embargo, la sobreexposición mediática tiene sus fines, como lo explica claramente Diego Sequera en su más reciente análisis.

¿Pero de qué forma se vende la tragedia? ¿Cuáles son las frases que utilizan las agencias de prensa y demás medios para mostrar lo que ocurre? Un rápido vistazo a estos tres titulares dan algunas señales:


Así se muestra al mundo, o al menos a este lado del mundo, la narrativa trágica de los más de 59,5 millones de seres obligados a salir de sus lugares de vida por la guerra (según el informe del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) "Tendencias Globales. Mundo en Guerra 2014"), guerra inexistente en esos mismos titulares y vagos análisis, guerra patrocinada, como ya hemos dicho hasta el cansancio, por los mismos que hoy ponen vallas en sus fronteras o las cubren de ejércitos militares para demarcar la propiedad territorial, étnica y cultural. "Yo preparé, armé y financié a los que te hicieron salir de tu país, pero por aquí no puedes pasar”.

La "culpa" es lavada a través de los grandes aparatos de comunicación mundial

Y es que contra toda crítica, los húngaros, por ejemplo, han dejado claro que no quieren más refugiados en sus territorios. Para evitarlos construyeron la gran valla de espino de 175 kilómetros de largo, primero en los límites de su frontera con Serbia y luego otra extensión hacia el lado de su frontera con Rumania. Una acción que también ha ocupado noticieros y reportajes, pero con la digna fachada de los que sólo quieren evitar una saturación territorial. El detalle accesorio sobre este hecho lo corona la realeza: la concertina o alambres con cuchillas para la fabricación de la valla fue suministrada por España. "El modelo de alambre dentado escogido para la frontera de Hungría es el mismo que se utilizó en la valla de Ceuta y Melilla para impedir el paso de los inmigrantes procedentes del Norte de África. La concertina 22". Se impone la lógica facha solidaria: "Tú sabes, no puedo patearlos a lo Petra László pero puedo darte los alambres para detenerlos".

Destacan por sí solos dos formas de abordaje en el lenguaje (des)informativo: la reducción explícita a cifras, una trampa consecuente de los hacedores de la guerra: 13,9 millones de nuevos desplazados, 19,5 millones de refugiados, 38,2 millones desplazados internos y 1,8 millones solicitantes de asilo. Más de la mitad de los refugiados son menores de edad. Datos suministrados en el mismo informe del Acnur que se leen de una pasada.

Lo otro es sobredimensionarlos en grandes fotos con buenos filtros donde se exprese el compromiso de los gobiernos que integran la Unión Europea en recibir miles de refugiados cada uno. En un salón citan a los medios y se comprometen con recibirlos y en otro sus acreedores firman más cheques para que los mercenarios no dejen de hacer el trabajo sucio en el terreno. La "culpa", la que se mediatiza, es lavada a través de los grandes aparatos de comunicación mundial. Ellos equilibran visualmente el desastre para que sea más digerible.

De pronto ya no salen videos sobre las espectaculares ejecuciones del Estado Islámico, silencio absoluto sobre el reciente ataque de Israel a las mezquitas de Al-Aqsa. Todo el centimetraje está ocupado en los desplazamientos, en las estaciones de trenes desbordados de inmigrantes de Oriente Próximo, en los rostros de los refugiados a quienes simplemente les ocurre como dijo el poeta: "no tienen otro corazón a dónde ir".

Mira, como en las películas: un final feliz: