El cambio de época global en cuatro postales

Con este artículo de investigación inauguramos una nueva línea de investigación en Misión Verdad, en la cual abordaremos los focos críticos de la agenda global en sus distintas esferas y/o dimensiones: las rupturas a lo interno de la estructura del poder mundial y sus nuevos deslizamientos (posterior al ascenso de Donald Trump como presidente de los Estados Unidos, el centro de ese quiebre), la crisis integral del capitalismo como opción civilizatoria, los nuevos episodios de la guerra económica global y los nuevos escenarios geopolíticos (regionales, continentales y globales) que anuncia a toda velocidad 2017, preludios de un planeta en permanente estado sísmico. Bajo el bloque temático "Quiebre del sistema global: aproximaciones del desastre", canalizaremos análisis e investigaciones sobre los tópicos más urgentes del momento planteario, su desarrollo en el corto y mediano plazo, intentando ofrecer una comprensión responsable y detallada sobre estos quiebres de alcance mundial sin las amarras de la ideología y el pensamiento convencional. A continuación el puntapié inicial.

Los últimos acontecimientos marcan el inicio formal de un nueva era en materia política mundial: una en la que, por ejemplo, los alineamientos ni las acciones políticas formalmente puedan ser explicadas ni procesadas con el simple binomio izquierda y derecha.

No es un mundo ni lineal ni ideológico, sino que naufraga entre muchas de las complejidades de un ciclo recurrente en el capitalismo, que en la actual fase toma rumbos inciertos bordeando la peligrosidad: nos referimos al de la crisis sistémica del modelo único de gobierno y acumulación, que hace que las formas de hacer política derivada del corporativismo global se agoten en sus lugares de nacimiento, Estados Unidos y Europa.

Sin que esto no sea por demás traumático, ni deje de generar las condiciones objetivas para que otros actores, como China, Rusia y los ultranacionalismos en Europa, intenten proyectar sus propias agendas para hacer girar la fuerza de la sociedad mundial en favor de su beneficio. Estas son algunas de las postales de esta nueva época global:

Trump firma la salida del Tratado TransPacífico (TPP) porque su país está en ruinas

Los datos alrededor del TPP son bastantes descriptivos: 12 países abarcaba uno de los tres grandes megatratados, y 40% del comercio era lo que iba a concentrar en una única regulación. Se lo ha calificado, además, como un portaaviones: la OTAN económica contra China, el intento de Washington de dictar las reglas del comercio mundial y el brazo económico de la Administración de Obama para dominar la región Asia-Pacífico.

Ni Trump se ha inmutado en calificar su defunción como "un gran paso para los trabajadores norteamericanos" cuando este megatratado comercial, junto a sus otros dos hermanos (el Tratado de Servicio y Comercio y el Tratatado Transatlántico con Europa), era el globo al que ataban su suerte corporaciones farmaceúticas como Pfizer y Bayer, agrícolas como Monsanto y Cargill, tecnológicas como Microsoft y Apple, textiles como Puma y Nike, y financieras como Citibank y JP Morgan.

Ni tardado tiempo en formar un equipo de gobierno conservador y empresarial que se reúna con corporaciones como la militar Lockheed Martin y la gigante Dow Chemical, entre otras como General Motors y Ford, bajo la promesa de que regresen sus industrias a cambio de desregularizaciones y la amenaza de impuestos a productos extranjeros.

Lo que difícilmente se entienda sin tener en cuenta que todas estas decisiones se toman por una simple razón: Estados Unidos está en ruinas por el libre comercio tal como se puede ver en esta gráfica:

Así no hay mayor postal del mundo actual que la de un presidente norteamericano enterrando el soporte real del gobierno corporativo.

China defiende la globalización y un empresario comunista es el modelo a seguir

En el reverso de la moneda, el presidente de la China comunista, Xi Jinping, defendió el libre comercio en el foro de ricos en Davos. Tanto así fue que incluso se animó a señalar que "algunos culpan a la globalización por el caos en nuestro mundo, pero nuestros problemas no son causados por la globalización", en una clara referencia al hombre anaranjado que acaba de asumir en los Estados Unidos.

Claro está que el país que más ha aprovechado la deslocalización productiva de los Estados Unidos justamente muestra todas sus cartas para proyectar su modelo de globalización. Una que llama "inclusiva" y se base en integrar Europa y Asia a través de un megaplan de infraestructura (caminos, rutas, ferrocarriles) llamado las Nuevas Rutas de la Seda. Para así hacer girar alrededor de su economía la mayor porción de personas y recursos naturales del mundo alojados en esta región, aplicando aquel principio de la geopolítica de quien controla Eurasia, domina el mundo.

Eso explica, por ejemplo, que China haya presentado en Davos a Jack Ma, dueño del Amazon chino Alí Baba, como su modelo de empresario. Y que este haya centrado parte de su exposición en remarcar que el problema para los Estados Unidos "no es la globalización sino que en vez de gastar 33 trillones de dólares en su gente lo hicieron en 13 guerras y los rescates bancarios de 2008".

Todo específicamente armado para presentarlo en Davos como la máscara de proa china de su plan de negocios dirigido a las pequeñas y medianas empresas, que en su mayoría mueven la economía real del mundo, con el fin de que también giren alrededor de su modelo de globalización.

Una postal en la que, paradójicamente, un empresario comunista le enseña de negocios y política a quienes se suponen son los hombres más ricos del mundo. Un desafío para los marcos ideológicos y cognitivos utilizados recurrentemente para analizar la política mundial.

George Soros le declara la guerra a Donald Trump y hace marchar a las mujeres

En el reverso de la moneda se encuentra el especulador financiero George Soros, quien a diferencia de Jack Ma no se dedicó a hablar de negocios en Davos sino a criticar a Donald Trump. De tal manera que prácticamente le declaró la guerra al multimillonario al augurar que "su dictadura seguramente fracasará", como si todo lo anterior a Trump hubiese sido muy diferente a lo que hoy vemos.

Esto revela el momento de alta peligrosidad que ha entrado los Estados Unidos, además de Europa y sus zonas de influencia, por la insurrección manifiesta que plantea el grupo de poder perjudicado con medidas como las de la anulación del TTP.

Peligro que justamente se observa cuando Soros activamente participa en reuniones con donantes demócratas previo a la asunción de Trump, donde justamente se conversó sobre los "100 días de resistencia" contra su presidencia. Difícilmente extraña que la ONG Planeed Parenthood, financiada por Soros, haya sido la principal sponsor de la marcha, ni que otras ONGs afiliadas a su red, como Move On, también participaran de su organización junto a figuras políticas de la Administración Obama.

Así la postal es la de un movimiento progresista que moviliza el descontento contra Trump para su "fracaso", a partir del dinero de unos cuantiosos fondos de quienes pierden con el fin del libre comercio.

Peña Nieto se ve obligado a disfrazarse de nacionalista

La decisión del presidente mexicano Enrique Peña Nieto de cancelar su visita a Donald Trump en la Casa Blanca difícilmente se hubiese imaginado dos años antes. Menos que menos que se viera obligado a tomarla para impostar algo de nacionalismo, después de que Trump lo amenazara con construir el muro a partir de un impuesto del 20% a los productos mexicanos con destino estadounidense.

No sólo es un dato que Trump tenga en crisis a la élite política mexicana por exigir la renegociación del Nafta, el tratado de libre comercio que usaron para gobernar y malvender su país convirtiéndolo en el país más integrado a los Estados Unidos, al punto de que de allí importa la mayoría de los productos que consume.

Sino que con sus cuestionamientos abiertos a la mayoría de acuerdos e instituciones mundiales, pone en crisis al sistema de relaciones internacionales que la derecha latinoamericana ha utilizado para gobernar y movilizar su política de libre comercio.

Tal es así que hasta Mauricio Macri de Argentina, Juan Manuel Santos de Colombia y Pedro Kuczynski tienen que salir a criticar a los Estados Unidos por su idea del muro, como si no les quedara otra opción que impostar un antiimperialismo bastante lejano a los discursos con los que llegaron al gobierno.

En ese sentido, la foto del primer presidente mexicano que se niega a visitar la Casa Blanca es una más de estas postales que entronizan una nueva era política. Un cambio en sus roles, posicionamiento e ideas hegemónicas.

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