Sus principales falsedades se develan durante la campaña electoral entre Trump y Clinton

Cinco mitos destruidos de la democracia estadounidense

Usualmente Estados Unidos se dedica a calificar las democracias e instituciones de otros países según lo que les convenga. Así algunos países son régimenes autoritarios y otros brillantes democracias de libre mercado.

 

El problema actual reside en que la elección estadounidense entre Hillary Clinton y Donald Trump borra todos estos supuestos dentro de sus propias fronteras.

Con descaro y a simple vista, se derrumba el mito de que las instituciones como la justicia son independientes y de ningún partido político, las elecciones no son amañadas y la corrupción combatida para ser sustituidas por el simple chisme político y el escándalo. La máscara de los portadores sanos de la democracia representativa se les cae en sus propias razones y en este texto se resume por qué.

1-Las instituciones del Estado se usan para favorecer a un candidato sobre otro

No sólo el presidente Barack Obama actúa como el jefe de campaña de Hillary Clinton, sino que oportunamente instituciones como la Fiscalía de Estado y el Departamento de Justicia, controlados por el Ejecutivo, promueven causas judiciales contra Donald Trump por el papel de su fundación en un supuesto fraude tributario. Acusación que parte de la presentación judicial del fiscal general Eric Schneiderman, confeso demócrata y seguidor de Clinton, para que el magnate tenga que hacer públicos documentos privados que puedan afectarlo justo antes del último debate presidencial, de acuerdo a los pedidos realizados por el fiscal.

Mientras adecuadamente se omite los posibles casos de soborno a la ex secretaria de Estado a través de su fundación, y el FBI investiga para delante y para atrás el caso de sus correos privados que violan flagrantemente las leyes estadounidenses relacionadas a la seguridad nacional.

Y cuando sucede que salen revelaciones que puedan afectar a Clinton, rápidamente el Departamento de Seguridad de Estados Unidos sale a acusar a Rusia de haberlas filtrado, a través de un hackeo, para "intervenir en el proceso electoral estadounidense", como si cualquier tipo de denuncia sobre la candidata demócrata fuese en contra de Estados Unidos. En una clara demostración de qué lado están los recursos e instituciones del Estado en esta contienda presidencial.

¿Con qué moral ahora se pueden quejar del TSJ y la Sala Constitucional si la justicia para ellos es un mamotetro?

2-Las elecciones son amañadas frecuentemente y los oponentes saboteados

Luego del largo y conocido fraude técnico que se hiciese en el estado de Florida para que George W. Bush derrotase a Al Gore en las elecciones del 2000, las presidenciales de este año registraron otro episodio turbio cuando fue revelada una serie de correos electrónicos y audios de miembros del Comité Nacional Demócrata (CND), máximo comité de este partido, en la que se ponían de acuerdo para "trabajar en contra del candidato Bernie Sanders y su campaña", de acuerdo a Wikileaks.

Desde comprar periodistas e inventar noticias en su contra hasta usar dinero del partido para perjudicarlo y criticarlo por su religión, la directiva de los demócratas utilizó todos los medios posibles para no ser ni lo independiente ni lo neutral que se vende la política estadounidense de tal forma que su presidenta, Debbie Wasserman Schultz, debió renunciar ante el escándalo y varios medios de supuesto prestigio como Político.com quedaron manchados por operar a favor de estos intereses.

Cualquier coincidencia con el modus operandi de los adecos no es mera coincidencia

La esencia misma de esta operación destinada a neutralizar a un candidato fuera de lo permitido por el establisment del partido fue resumida por el director ejecutivo del CNC, Mark Siegel, cuando se refirió a la posibilidad de mantener a la gente de Sanders "marginalmente a bordo" de la campaña de Clinton de la siguiente forma: "Si podemos le damos algo Bernie y su gente va a pensar que han 'ganado' algo desde el 'establishment' del partido. Ellos ganan. Nosotros no perdemos. Todo el mundo queda feliz".

Cualquier coincidencia con el modus operandi de los adecos no es mera coincidencia.

3-Los problemas políticos son parte de una conspiración extranjera

Justamente la mayoría de los problemas de la campaña de Clinton, como los correos filtrados del Partido Demócrata, son tratados por la candidata y el mismo Obama como acciones de Rusia contra el país con base a investigaciones dirigidos por ellos, como el Departamento de Seguridad. Esa teoría de la conspiración, que tanto critican a Venezuela cuando expone su injerencia, alcanza tal nivel que continuamente los formadores de opinión a favor de Clinton acusan a Trump de ser el candidato del Kremlin.

Entre los más prominentes se encuentra Ian Bremmer, director del tanque de pensamiento Eurasia Group, orgánico a Wall Street, quien califica a Trump como una "amenaza a la democracia" y desliza la línea política demente de Washington con la sentencia de que "Rusia está más interesado en deslegitimar la elección de los Estados Unidos que asegurar un resultado. Putin quiere acabar con el excepcionalismo norteamericano".

Sentencia que desnuda la preocupación que tienen intectuales orgánicos del establisment estadounidenses, como Bremmer, al observar como el soporte ideológico de la democracia norteamericana se desvanece al punto de quedar sus elecciones totalmente desprestigiadas, tal como afirma. En esa línea es que Rusia, y particularmente Putin, entran como el trapo rojo a usar para tapar las enormes dificultades que tienen el grueso de bancos de Wall Street para imponer a su candidata.

Tan sólo se trata de hacer ver a Putin y Rusia como una "formidable amenaza externa" para que unos cuantos disociados estadounidenses terminen de votar por Hillary Clinton y no lo hagan a favor de Donald Trump.

4-El robo es descarado y parte de la comidilla diaria

A tal punto es así que Clinton recibió dinero directo de países y compañías a cambio de favores políticos y discursos a través de su fundación, supuestamente destinada a la caridad, en la que de 91 millones recibidos desde 2014, 50 se fueron en gastos poco claros y sólo 5 en la labor social que dice ejercer.

Entre los muchos casos que evidencia esta trama de corrupción, están los discursos de Clinton dados ante ejecutivos de Goldman Sanchs y los pagos dados por una empresa rusa para que se le permitiese la compra de una compañía estadounidense en poder de una quinta parte del mercado de uranio del país, un área que pese a ser prohibida para intereses extranjeras fue abierta por expresa orden de la candidata demócrata durante su gestión en la Secretaría de Estado de ese país.

Mientras que Trump es investigado por la justicia exactamente por haber usado una fundación con su nombre para no declarar sus gastos e ingresos con el fin de evadir impuestos.

La política estadounidense es un reality show

Justamente en el último debate presidencial, al ser increpado por Clinton, el republicano se justificó con la frase "yo hago trampa con los impuestos porque tú legislaste esas leyes para tus amigos de Wall Street". No sólo ambos son confesos corruptos sino que lo afirman a viva voz como ningún otro candidato lo haya dicho en la historia estadounidense, revelando la esencia misma de la política representativa: el robo.

5- El escándalo político reemplaza a los asuntos de Estado

Cuando Estados Unidos pierde aceleradamente su hegemonía política, económica y militar frente a China y Rusia, cuando su propio pueblo recibe cada vez menos salarios e incluso es reprimido por protestar frente al abuso policial y la "violación de sus derechos", el debate político del país gira alrededor de si Trump trató de prostitutas a más o menos mujeres o si el marido de Hillary Clinton abusó a más o menos mujeres bajo su complicidad.

Lo que no solamente expresa la falta total de ética de ambos candidatos, sino la ausencia misma de cualquier tipo de sustancia política para discutir los asuntos de Estado del país que hasta hace un poco más de diez años regía el quehacer global, y aún hoy continúa teniendo importantes resortes de poder a partir de ser la nave de proa de diez de los principales fondos financieros que controlan cerca del 50% de los activos del mundo.

Y esa ausencia de sustancia, en la que como vemos se evidencia el total y descarado actuar del poder real, se observa el poderoso significado de vaciar de sentido a la política representativa en sus propias entrañas para reducir su vendida potencia transformadora y gestora del progreso a una contienda entre dos payasos incapaces de tener una discusión seria de política sin hacerse zancadillas, ni hacerse disparos por lo bajo, dejando los debates entre John Kennedy y Richard Nixon de 1960 como clases magistrales de Aristóteles y Platón.

Aunque haya diferencias sustanciales entre Trump y Clinton sobre cómo detener la decadencia del Imperio, entre un agresiva política proteccionista y la Tercera Guerra Mundial, el mensaje es hondo y profundo cuando se lo ve en su contexto y su trayectoria: el de una cultura en descomposición y una clase política sustituida directamente por sus dueños.

Y es así cómo en el supuesto país más desarrollado del planeta, que dice ser un ejemplo político de exportación, reduce su campaña electoral presidencial a un vulgar y chabacano reality show, a una pelea de perros por ver quién humilla más al otro. Agarrándose las greñas no a partir de la contradicción entre programas o propuestas de país, sino a partir de chismes, escándalos sexuales y/o tributarios y de la extensas filtraciones de Wikileaks que ponen en el tapete a Hillary Clinton como una criminal de guerra aliada a los más oscuros y terroríficos intereses del Estado profundo, utilizando al Estado y a las instituciones públicas con fines electorales.

El plan de la élite financiera se escurre detrás de esta novela o serie de entretenimiento.

El país con la democracia más estable y perfecta, modelo para la política mundial, lumpeniza y vuelve un espectáculo degradante un momento decisorio para la vida ese país y para el papel de Estados Unidos como actor de peso en el mundo.

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