NO: el pequeño triunfo bachaquero

Durante todo el mes de septiembre en los estados fronterizos y cercanos a la frontera colombo-venezonana vivimos el auge de un ritual: el movimiento diario de centenares de personas hacia Cúcuta, en busca de alimentos y otros bienes.

Estos se expendían en Cúcuta más caros que los regulados por el Gobierno, pero un poco más baratos que en los puestos de bachaqueros y especuladores de nuestras ciudades y pueblos. Desde casi todos los centros poblados del estado Barinas partían rumbo a la frontera autobuses y particulares con pasajeros que, sacadas las cuentas, propagaron la conclusión de que sí, en efecto, valía la pena pagar un pasaje y lanzarse la travesía, porque se podía ahorrar unos cuantos bolívares dada la tasa de cambio. Más abajo detallaremos los últimos movimientos.

La repentina alternativa, producto de la reapertura de la frontera, le ocasionó un importante daño a la industria criminal del bachaqueo, que vio mermadas sus ventas. Los efectos de este bajón pudieron medirse con la aparición de otro fenómeno: el bachaqueo puerta a puerta, casa por casa. En vista de que ya la gente no acudía a los puntos donde la delincuencia organizada vendía "sus" productos, la maquinaria bachaquera se movilizó en una modalidad desesperada, ofreciendo directamente los bienes en las residencias.

Caso urgente para la GMAS

Esto, hasta el viernes 30 de septiembre. A partir del lunes 3 de octubre, un día después del plebiscito en Colombia, ocurrieron algunos cambios, que ya no hacen atractivo y ni siquiera viable esto de viajar para comprar barato.

Durante el mes de septiembre en Cúcuta podía realizarse el cambio a razón de 2,30 pesos por bolívar, y hubo días en que se pagaba hasta a 2,45. Desde ese lunes, por cada bolívar te entregan 2,10 pesos colombianos, y ya los precios no son los mismos. Antes el azúcar, que en Barinas se compraba bachaqueada en 2 mil 600 bolívares y en Colombia a 1 mil 200, ahora se expende allá en 6 mil pesos (cerca de 3 mil bolívares). El arroz, que el bachaquero vendía a 1 mil 800 bolívares y en Cúcuta se conseguía en 900, ya pasa de 2 mil 400. Los cauchos para vehículos pequeños (rin 13 y 14), que se conseguían entre 38 y 45 mil bolívares, ya rebasan los 60 mil por unidad.

Así que luego de una relativamente corta "luna de miel", el Gobierno venezolano retorna al molestoso dilema: cómo seguir vendiendo a precios regulados sin servirle la mercancía en bandeja de plata al criminal que la revende. Caso urgente para la GMAS.

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