Este tampoco es otro artículo maximalista

Las líneas profundas de la guerra (civil) contra la región

Vivimos el tránsito de rebautizar la "crisis venezolana" (local) hacia su paso de hemisférico a global. En sus agolpadas y prolongadas contradicciones, el "aislamiento" del país certifica lo que a fuerza de velo narrativo, corrobora el genuino grado de importancia del papel venezolano como el punto que define la política en la herida nación continental. Vieja herida que revive.

Todo río, como sabemos, está necesariamente limitado a ambos lados. Visto así, ¿cuáles serían las orillas del tiempo?¿Cómo serían las cualidades específicas, parecidas por ejemplo a las del agua, que es fluida, bastante pesada y transparente?¿De qué forma se diferenciaban las cosas sumergidas en el tiempo de las que el tiempo no rozaba? ¿Por qué se indicaban en un mismo círculo las horas de luz y de oscuridad? ¿Por qué estaba el tiempo eternamente inmóvil en un lugar y se disipaba y precipitaba en otro? ¿No se podría decir (...) que el tiempo, a través de los siglos y milenios, no ha estado sincronizado consigo mismo? Al fin y al cabo, no hace tanto tiempo que comenzó a extenderse por todas partes. ¿Y no se rige hasta hoy la vida humana en muchos lugares de la Tierra no tanto por el tiempo como por las condiciones atmosféricas, y de esa forma, por una magnitud no cuantificable, que no conoce la regularidad lineal, no progresa constantemente sino que se mueve en remolino, está determinada por estancamiento e irrupciones, vuelve continuamente en distintas formas y se desarrolla en no se sabe qué dirección?

W.G. Sebald. Austerlitz

El río político que hoy nos lleva 

La región está en llamas. En todos los casos, sin excepción, se trasluce el mismo fenómeno, bajo su propio vestuario local: la madeja de tecnicismos se traducen en lo práctico en la brutalidad del signo de la política general (dentro y fuera de la plataforma continental); el simulacro y la apariencia, el reflejo práctico de la violencia seca y desnuda como agenda única.

Esto, no importa la coordenada en la América Latina, ha sido un proceso acumulativo que hoy se encauzará en la metáfora venezolana. Las palabras aladas que pintan la mierda de azul con brillantina expresando "profundas preocupaciones" por el "bienestar" y el "sano ejercicio democrático", encubren el ejercicio necropolítico en donde a fuerza bruta y brutal, la soberanía la reducen a quién vive y quién muere. Cuando se acaban los artilugios politiqueros, se copan las formas con violencia (física, económica, política). Cuando no te manejan tienes que ser destruido.

Hace casi exactamente un año escribíamos: "El común denominador del 'caos creativo' y la ingobernabilidad deliberada que force a que no se diriman políticamente las posiciones encontradas, sino que se desborden dentro de los elementos ulteriores de su propia conflictividad y sus propios incentivos foráneos, parecieran destacar una agenda en la que esa línea que cruza del Cabo San Román, atraviesa el Amazonas y culmina en Tierra del Fuego, se rompa bajo la misma modalidad violenta".

Son combinaciones del mismo modelo para armar, empotrados sobre el mismo repertorio de recursos tácticos. Con Paraguay, Colombia o Perú, el silencio o la omisión bastan para encubrir la ultraviolencia, la recomposición de las fuerzas del exterminio o el desinterés ante el desastre, después, por supuesto, de la foto con las víctimas, sea un espantoso deslave o medio país ahogado en inundaciones.

Era necesario pacificarse con las FARC, amparados bajo el indiscutible hecho objetivo que tiene a un país agotado por más de 60 años de guerra ininterrumpida (siendo el de las guerrillas marxistas/bolivarianas su última variable, su más reciente avatar) para poder precipitarse sobre los (restantes) recursos todavía casi sin explotar ahí donde las armas frenaban la depredación legalizada. Los últimos territorios no-capitalistas.

Para casos más complicados donde la sumisión no es suficiente, se tienen los elementos que ofrece el metódico abanico concentrado del patrón de agresión que ha resultado exitoso, desde Yugoslavia a finales del siglo XX hasta nuestros días.

Se motoriza el "complejo industrial de los derechos humanos" y el performance blando de la mediocridad de la farándula (el soft power) para narcotizar la opinión y los sentimientos, con los recursos no convencionales de la violencia irregular, combinado además con sanciones, resoluciones y otros mecanismos de presión (el smart power, tan de la querencia de todos los Clintons y los Obamas de turno). Pepe Mujica, Reinaldo Dos Santos y María Corina Machado no desentonan en el mismo retrato de familia. Máscaras de un molde común.

La "enérgica" condena contra la represión de las manifestaciones de la oposición no-violenta (oh yeah), la transición pacífica del régimen hacia "la democracia" (love is all you need), y la apertura de un corredor humanitario no son geniales ideas de las carmelitas descalzas de Voluntad Popular y los ciberpunketos de Provea, sino la cínica esquela burocrática de la intervención. Ninguno de estos ingredientes falta en la Resolución del 13 de febrero de 2012 de la Unión Europea contra Siria.

La "solución regional" se repite en los informes del International Crisis Group tanto para Venezuela (2016) como para Siria (2013), por el "temor" que podría tener el "desbordamiento del conflicto" en las naciones vecinas. No en balde para esa luminaria posmoderna que es el diputado en desacato Julio Borges, la Carta Democrática Interamericana está "por encima" de la Constitución venezolana, y no habrá paz en Colombia "sin democracia en Venezuela".

La política, tal como la llevan los operadores de la balcanización y el nacionalicidio, no son más que un burdo teatro de sombras, que en nada concentra alguna preocupación por lo bello. Todo es reducido a lo instrumental. El vaciado político, el recurso menos operativo de todos.

Dice mil veces más sobre la realidad Diosdado Cabello que Atilio Borón

"Porque no hay alternativa, todo lo demás es cuento"

La doctora Boutheina Shaaban, asesora política y comunicacional del presidente Bashar Al-Assad, escribió que tras la liberación de Alepo quedó más que claro que el campo de batalla definió la reconfiguración del paisaje político, "pero el pensamiento, la planificación y la inducción son los que deberían ser en primer lugar los que dirigen el campo de batalla e iluminar sus plazas y hacer que las pérdidas de la guerra sean mucho menos y la victoria mucho más brillante y resplandeciente".

Primera certeza: el mundo padece una severa crisis de imaginación política, y eso no es un problema sino una ventaja para la restauración neoliberal. Segunda: nuestra región la padece con tal agudeza que sólo a través de las zonas seguras preestablecidas, los "pensadores" encuentran explicaciones, ahí donde no hacen falta repetirse. No es la guerra anterior lo que define a la de hoy en día.

La reciente victoria electoral en el Ecuador, con sus charangos neurasténicos, su nuestroamericanismo de maletín, la indeseada presencia en la campaña de las idiotas canciones del idiota de Joan Manuel Serrat, paradójicamente registran la cumbre de esa pobreza imaginativa, patentando que toda reflexión sobre el "fin de ciclo progresista" sigue obedeciendo a la noción de la izquierda extranjerizante de pensar linealmente los movimientos de la nación continental, porque más vale no ensuciarse con los riesgos de verle el rostro al monstruo que tenemos enfrente.

No es fortuito que la primera acción de gobierno de Mauricio Macri haya sido meter presa a Milagro Sala, ese terror de todo bienpensante "radical" del fragmentalismo político argentino. Ni tampoco lo es la inopia brasileña de la dirigencia del PT de no haber abordado la violencia institucional en su contra como algo de vida o muerte, sino como una discusión moral, que según Dilma, le quedó intacta. Dice mil veces más sobre la realidad Diosdado Cabello que Atilio Borón.

El año aniversario de los "cambios" en Brasil y Argentina certifican la fatalidad de ese inmovilismo, y de que los respectivos conflictos apuntaban a todo, menos a lo político, que fue, para Temer, Cunha, Macri, Durán Barba o cualquiera, nada más que el acicate para desmantelar todo aquello que protegía a su propia población, más allá de lo antiestético de las contradicciones.

El salvajismo del poder no ha tenido reserva alguna en destruir todo lo que sea necesario. Y esto nada más que como un acto de subordinación absoluta e incuestionable.

Mientras Venezuela vive un descomunal proceso golpista, y los microbios "políticos" como Roberto Enríquez certifican su "envalentonada" dimensión, el ex Disip Eduardo Vetencourt deja claro su razón de ser (como grupo de poder en acción) y su modus operandi: apenas necesita de los políticos de la MUD para travestir el magnicidio y la urgente necesidad de que todos nos matemos como única vía. "Así piensa el venezolano", regurgita. Necropolítica. Los cuerpos sacrificables de María Corina Machado.

Esto también se complementa, sobre el plano de la intoxicación informativa, en la presunta "ética del desencanto" con la que el aldeanismo de la izquierda local actúa en este momento. La misma que no le importó, en 1955, comunistamente, por supuesto, aliarse con La Embajada dirigida por Spruille Braden para derrocar a Perón; o que celebró, en la voz de Pablo Neruda, el linchamiento físico y moral del mayor Gualberto Villarroel en Bolivia en 1943. En carta a José Antonio Arze, dirigente del PIR boliviano, lo elogió como algo que ha sido "gloriosamente español".

"Cada científico puede convertirse en una nación", recuerda la doctora Shaaban. Y José Martí ofrece una justa medida a cuanto Nícmer anda por ahí encumbrado: "Cree el aldeano vanidoso que el mundo entero es su aldea, y con tal que él quede de alcalde, o le mortifique al rival que le quitó la novia, o le crezcan en la alcancía los ahorros, ya da por bueno el orden universal, sin saber de los gigantes que llevan siete leguas en las botas y le pueden poner la bota encima...".

Algo más puede redondear el verso del poeta iraquí Alí Al-Shalah: "Yo soy un suelo natal". Único punto cardinal para este servidor cuando cada vez más se decantan las acciones instrumentales del foquismo elevado a la altura y eligiendo por mampuesto al bloque histórico a su medida.

La encrucijada del momento no se resuelve con un abstracto "internacionalismo proletario" sino sobre la cuestión nacional, y más allá, en la "nación de repúblicas" del Libertador. Si existiera el tiempo posible para eso. Donde se mueve la batalla esencial: como bien lo saben los propietarios de Marco Rubio.

Tanto marxismo mal leído para ahogarse en la orilla de la hora crítica. Tanto libertario que denuncia a Misión Verdad por gobiernista, y nadie sabe para quiénes trabajan. O sí.

Repetición, miedo y rima histórica

La historia en tanto devenir en el tiempo no es una línea continua (aunque de eso tenga), ni una circunferencia perfecta (aunque también de eso se le pudiera atribuir). La historia no se repite, pero rima. ¿Cuántas veces es válido afirmar aquello del 18 Brumario de Luis Bonaparte donde los acontecimientos ocurren "primero como tragedia, después como farsa"?

Démosle sustancia a la tan cacareada y repetida sentencia sobre "lo que quiere la derecha" en nuestro país. Y nuestro continente. Veamos exactamente por dónde pudieran estar pasando esas líneas discontinuas del tiempo histórico, dónde se agolpan momentáneamente, dónde se relajan, dónde se prensan y dónde se crispan.

La aséptica titulación de ese tuit redactado desde la placidez de un grupo de nerds españoles dice más de lo que encierra. Somos un abanico concéntrico hecho de rutas de salida de recursos y materia prima. Mano de obra maquelera, esclavizada y commodities, son nuestros principales recursos de exportación en la trama histórica del antidesarrollo.

Esa cartografía de salida describe nuestro estatuto luego de los procesos independentistas, la fractura del pensamiento-acción de los mejores, el procericidio de siempre, y el dónde se ubican los agentes de la balcanización. No es de gratis que Capriles se haya especializado en políticas arancelarias y derecho comercial. Ni tampoco su degradada estupidez congénita.

Y así de tan cierto que es esta continuidad histórica, no lo es tampoco el dramático cambio de coordenadas que también adultera la mirada local y global. El presunto lobby antiextractivista, tan en apariencia bienintencionado, no cancela que la pugna no son los recursos, sino su control político.

Y ahí donde no hay política prevalece la violencia. A eso se refieren mis hermanos cuando hablan del país mina. A eso también se refiere que ahora todo se reduzca a demostraciones de fuerza malvestidas de política internacional.

El mapa que vemos más arriba (y tal vez el epígrafe de Sebald que inaugura este impotente artículo) deben acompañarse de otra impronta: la penetración en el tránsito de los recursos se ha adentrado aún más sobre el territorio de la plataforma continental. La mayor garantía de que no se tranque el aparato circulatorio no son los domesticados (por la fuerza o la ignorancia) movimientos sociales, sino la realpolitik.

La agenda del Imperio del Caos (como lo llama Pepe Escobar) apunta directamente en la conformación de bloques políticos capaces de defenderse y matizar la pulsión genocida propia y ajena en tautología del capital (es decir, en su modo de responderse a sí misma, cuando todavía es el único sistema vigente), cuando este es manejado por una minoría aún más pequeña, aún más demente, aún más suicida, y aún más ignorante que las anteriores.

El gobierno venezolano lo sabe y lo entiende casi de modo cardinal, y sigue yendo más allá, así en el camino se enrede la lengua en materia de representación ideológica y el peso de los (feos) acontecimientos. Esta, y no otra, es la única línea de defensa que tenemos.

Esta, y no otra, si se le permitiera dirimirse en su clave política implícita, es la que fortalecería la protección de aquellos quienes menos se han merecido las heridas de la guerra (palabras de Nicolás). La corrupción y todo su campo semántico, entonces, es un asunto de seguridad.

La seguridad es la verdadera moral republicana. La guerra no convencional ha producido vacíos fatales y la adulteración (el caldo morado) de la palabra "pueblo" tan mal llevada por tanta gente, en donde la minoría intransigente del oportunismo engangrena conceptualmente al resto, y logra que se inserte dentro del catecismo neocon del mantra de los derechos humanos y la libertad de expresión, según la mide El Nacional.

Mientras la pelea global continúa desde la configuración o fractura de los bloques emergentes, o la razón de ser de la Unión Europea y el Estado profundo gringo que ya se almorzó al dizque proteccionista Trump, Kurt Tidd, el jefe del Comando Sur, no tiene empacho alguno en decir lo que sobre la realidad impera y que la batalla 2.0 se empeña en ocultar.

"Si nos importa lo que está pasando en el Mar del Sur de China, Europa oriental y el Medio Oriente, vale la pena mantener la mirada sobre las actividades chinas, rusas e iraníes en esta parte del mundo. Para ellos, América Latina no es una idea adicional. Su visión de un orden internacional alternativo es un desafío para cada nación que valora la no-agresión, el imperio de la ley y el respeto por los derechos humanos".

Ni George Orwell describiría mejor "el lado correcto de la historia" que esputan Leopoldo López y Luis Almagro. "Sólo una presión externa concertada, no más diálogo vacío, puede rescatar a Venezuela", complementa el editorial del Washington Post del 4 de abril.

Nada de lo que hoy se mueve en el plano global se encuentra fuera de la orquestación general. El actual contencioso contra Siria coincide con la vuelta de tuerca de la intervención en Venezuela. Nada, absolutamente nada, es fortuito. 

"La inestabilidad en Venezuela afecta a toda la región". Lo dijo también Kurt Tidd, igual que Julio Borges, el redomado nacionalicida. Tal presión no busca "elecciones": quiere precipitar el golpe.

Preparemos nuestra alma para la tormenta.

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