Desmoralizar para desmovilizar (I)

Laboratorios de guerra sucia

Un millón de personas alcanzadas con una información falsa y presta en su disociación para hacerla correr, difundir, es un ejército hasta más peligroso y devastador que los adiestrados para invadir países. Sus aliados más poderosos: televisión, radio, prensa escrita, redes sociales, rumores, medias verdades, difamación, laboratorios de guerra sucia y psicológica… y pare de contar.

En esta guerra de cuarta generación, la lucha cuerpo a cuerpo ha pasado a ocupar lugares secundarios a la hora de disparar. En esta confrontación moderna por tumbar gobiernos, por arrebatar, por garantizarse, por apropiarse de los recursos naturales y energéticos de otros países estas armas invisibles se utilizan generalmente para desmoralizar a una población y así desmovilizarla para luego avanzar sobre ella. Si ya no crees, 'tas vencido. Sólo falta que vengan por ti y te pateen ese culo.

Su efectividad se basa en la capacidad o fuerza que tenga para invadir nuestro cotidiano, día a día, los espacios comunes. Es como un virus que se expande o una plaga que se va haciendo más fuerte, si no se ataja con fuerza y a tiempo.

por apropiarse de los recursos naturales y energéticos de otros países estas armas invisibles se utilizan generalmente para desmoralizar a una población y así desmovilizarla

El ataque psicológico debe contar con un cuerpo dispuesto a ser invadido, generalmente es un cuerpo enfermo, débil. Por eso en el actual contexto de la guerra contra Venezuela es tan importante para los generadores de rumores y mentiras contra el proceso revolucionario generar las condiciones para esto.

Se desacondicionan pues las cosas cotidianas para darle entrada a la mentira.

Malestar general, largas colas frente a comercios o mercados, por ejemplo, se convierten en generadores diarios de conversas, de discusiones donde, junto con la desesperanza y la rabia calientan el caldo de cultivo para que este virus se expanda y desmoralice como candelita en verano.

Es en las cosas cotidianas donde tiene que atacar el rumor, la mentira. Para que se infecte a toda una población tiene que invadir todo espacio público donde el contacto humano sea diario e inevitable. Es como envenenar las aguas de donde todos nos surtimos. Estaciones de metro, paradas de transporte público, oficinas, mientras los obreros almuerzan… Hasta que entra en nuestra mismísima casa y todos sus rincones de conversa y vida.

Esta desesperanza la inducen a convertir en rabia para que luego evolucione en rebeldía y desobediencia en contra del objeto, persona, o gobierno que supuestamente es el culpable de nuestra provocada situación.

Porái van los tiros de esta guerra ilusionista. Va directo a nuestros sentidos, percepciones, sentimientos. Dividir a la sociedad venezolana en dos bandos en confrontación permanente más allá de una lucha de clases, esa, la que es natural y se refleja en la acumulación histórica. La idea es la coñaza general, inducida por guiones de laboratorios que no descansan.

Por eso la frase "candelita que se prenda candelita que se apaga" no puede sólo circunscribirse a la coñaza en la calle, el apagar guarimbas, cierres de calle, conatos de violencia. Debe ser en el cotidiano también.

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