La alcaldesa, la basura y la campaña basura

Algunas de las cosas incómodas que temíamos que pasaran después del triunfo de Érika Farías en la alcaldía de Libertador (Caracas) ya comenzaron a ocurrir. Ya comenzó a gestarse una matriz que culpa a la alcaldesa porque hay basura en Caracas. Agarro fotos de unos dantescos montones de basura (que proliferan en un sector al que sólo he ido un par de veces, de visita, así que es mentira que esa basura en ese lugar me duele o me preocupa o me importa), las publico y les zampo la leyenda: "Dos semanas en el poder y no ha resuelto el problema". Más abajito: "No son dos semanas, porque el PSUV tiene años gobernando Caracas". Y más abajo la reacción escabrosa: "Ay sí, seguramente si hubiera ganado tu candidato ya no habría basura en Caracas". Y por ahí nos vamos, por ese barranco de la confrontación inútil, artificial y estéril que construimos a pulso en una campaña discursiva ridícula, inmadura hasta los cojones, irresponsable.

Pudiera valer la pena detenerse a hablar del problema real de los desechos sólidos (llamémosle "basura", que así nos ordenó el capitalismo industrial que le llamáramos) a partir de los titulares correctos: el problema no se resuelve recogiendo la basura sino dejando de producirla. Es decir, no es un asunto que resolvamos los ciudadanos (¿a cuenta de qué yo voy a encargarme de recogerle la basura al capitalismo? ¿El ciudadano produce basura? ¿Usted sabe de alguna persona que cague plástico?) sino el Estado y las corporaciones: si esos dos bichos no acuerdan dejar de producir basura ni con un millón de camiones que la recojan se va a resolver el problema.

Cerca de 95% de la basura son envases, cajas y bolsas: papel, metal, plástico y vidrio que no tienen otra misión sino contener o envolver mercancías. Materiales que duran unos segundos, minutos o días en manos de los consumidores y luego van a parar a un contenedor callejero, a la naturaleza o a la calle. Vienen los camiones y los recogen, y soñemos con un mundo de fantasía en el que hay camiones suficientes para recoger las más de 5 mil toneladas de basura que produce Caracas diariamente; sucede que esos camiones van a tener que botarla en algún lado, y allí donde la bote va a seguir siendo basura. La basura no desaparece: se acumula o se convierte en otra cosa por lo general más contaminante y purulenta.

El fondo del problema: ¿la basura es un problema del PSUV o del capitalismo?

Pero a estas alturas es inútil ponerse a hablar de eso. Hemos suspendido la discusión del tema del enemigo estructural porque las urgencias cotidianas nos ocupan la mente y la energía física en otros asuntos más inmediatos. Se lo dice alguien que seguirá propagando verdades sobre y desde aquel cuento del Arco Minero, que es un asunto capitalista (como la explotación petrolera) pero que nos financiará (como lo ha hecho la explotación petrolera) la continuación de los experimentos anticapitalistas.

El discurso anticapitalista de un montón de gente se ha reducido a estas alturas a echarle mierda al Gobierno. Pocos quieren en realidad resolver el problema de la basura; lo que quieren algunos intoxicados por la pasada campaña es que el problema crezca y sea visible para tener con qué acusar a la alcaldesa y al PSUV. Es la venganza: se la aplicaste a mi candidato, ahora yo se la aplico a tu alcaldesa. Y lo harán en nombre de Chávez, como en nombre de Chávez otros defenderán a la alcaldesa y al PSUV.

A lo que estamos asistiendo es a la infancia de un monstrico fastidioso que los chavistas incubamos y engendramos en los últimos meses. Ese monstrico ladilla ha de convertirse en la contracampaña electoral más eficiente con que contará el próximo candidato de la ultraderecha fascista a la alcaldía de Caracas. Porque la ultraderecha va a volver a participar algún día en elecciones municipales y nosotros ya arrancamos a hacerle campaña, echándonos mierda entre nosotros y acusándonos de ser los culpables de fenómenos que se están incubando desde hace siglos.

El fascismo ganará las elecciones porque nosotros nos encargaremos de decirle a todo el mundo que somos incapaces de gobernar y tan siquiera de discutir con altura. Pero no crean que entonces desaparecerán los motivos y el combustible de nuestras confrontaciones: cuando perdamos no nos hermanaremos en la resistencia sino que le dedicaremos años, décadas y tal vez siglos a la tarea monumental de echarnos la culpa por haber rejodido la posibilidad de hacer una Revolución desde el Gobierno.

Feliz navidad pues. Recuerden botar la basura en los containers y papeleras: cuando el camión la recoja ya esta basura no existirá (al menos para sus ojos y su olfato no existirá). Así que vaya a otro lugar cerca o lejos de su casa; donde quiera habrá un montón de basura que le servirá para echarle mierda al alcalde chavista que usted haya decidido destruir. Los sirvientes de Estados Unidos, y el propio gobierno de Estados Unidos, se lo agradecerán.

 

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