J.J. Rendón a los corrillos cortesanos: siembra dudas y cosecha felonías

Hace unos días, SMS mediante, un viejo compañero de lucha urbana adolescente, armada de teatro, guitarras, poesía, balas de amor y balas de plomo, me pidió que “husmeara” a un amigo muy querido para confirmar la certeza de algunos bien informados -él entre otros- del guacal de pactos que fluían para capitular la paz con la burguesía fascista y sus delegados guarimberos.

Según el sociopolíticamente bien estructurado antimadurismo bona fide, implícito en la “información” filtrada desde las cúpulas por “fuentes de toda confianza”, el lulismo habría desplazado al chavismo en la propia médula gubernamental: Lula, y no Maduro, disponía a placer de nuestra política económica para beneficio de Brasil y sus planes de expansión fondomonetarista; la boliburguesía se distribuía el botín petrolero incluyendo el aumento de la gasolina. En consecuencia: Diosdado, plenipotenciario jefe militar en funciones, con el paquetazo en ciernes y su irrevocable traición a Chávez; aprestaría a las FANB sumisas, contra cualquier respuesta popular apoyada por las FANB insumisas.

Esta anécdota personalísima y por ello intrascendente, no habría tenido cabida en este espacio sin el marco coyuntural que la propicia; otro triunfo, anticipado por Víctor Valera Mora, del pueblo chavista, OJO, el pueblo chavista, sobre la sangrienta escalada fascista: “Pero siempre tengo un pequeño jardín, /un rojo jardinero riéndole a la lluvia /de pie sobre la tierra en arco iris / (rosa la madre rosa, rojo clavel el hijo) /Si intentas destrozarlo, si muerdes la mano sembradora /rojas banderas quemarán tu lomo de judas, / puños inexorables romperán tu hocico para siempre”.

El ensayo  –perspicazmente frustrado por Chávez mismo del chavismo sin Chávez tiene ahora su expresión en el antimadurismo con Chávez

Luego de resistir la ferocidad desatada por el poder burgués planetario contra nuestro pequeño jardín; luego de padecer sin sucumbir, la despiadada guerra psicológica inoculada mundialmente por todos los medios de alienación masiva; luego de interminables noches de insomnio, angustia y presentimientos de muerte; luego de atestiguar el odio desquiciado del vecino contra su propia condición proletaria; luego de desmantelarle a USA su compleja estrategia de guerra civil inducida y ejercer nuestra paz revolucionaria con el pueblo bolivariano constitucionalmente armado en fuerza nacional; pregunto: ¿a quién beneficia razonar dudas infundadas? ¿Quién echa en los caldos guarimberos las plumas del gallo pelón? ¿Quién mantiene en riplei el video de la guerra civil en Venezuela? ¿Quién le pinta colores a los zombis de las primaveras pitiyankis? ¿Quién sacaría provecho de una respuesta violenta de los chavistas? ¿Quién carajo pretende desde los anillos del poder, tomar por asalto la Revolución Chavista descalificando a Maduro y con ello denigrando a Chávez?

La única respuesta deducible del “inocuo” mensajito de texto –me gustaría saber cuántos millones similares a ése circulan en este instante- es: el Mosad, el Pentágono, y los tontos útiles. En la categoría tontos útiles incluyo a los mañosos de izquierda y a los antimaduristas de “buena fe”: a ambos tenemos que atinarle unos cuantos misiles anti-idiotas, a ver si corren, se encaraman, o muestran sus cartas de una vez, para romperle sus hocicos para siempre.

Ese cuento de mandar a Maduro para el carajo porque traicionó la Revolución no es inédito; cumplió un año saltimbanqueando guayas asesinas de guarimba en guarimba, se viene deslizando por lo bajo, hecho el pendejo, sin querer queriendo, justo desde el primer muerto cobrado por la arrechera de Capriles y su estribillo funerario: Maduro no es Chávez; Maduro es un fallido y Chávez también, salmodia Dieterich, el loro mecánico made in Likud; Dieterich es nuestro docto amigo, afirman los enemigos de Maduro, de Chávez, del pueblo; Maduro traiciona a Chávez, sostienen los amigos de Dieterich, de Uribe, de Maricori, de Patricia Poleo, de Ramón Guillermo; Maduro nos está traicionando sostienen los tontos, y los no tan tontos, útiles memes de la CIA.

Mientras, los infiltrados de izquierda y de derecha –los primeros tan creativos como los segundos preparan desde adentro, desde el cerebro cortesano de los cien anillos de seguridad, los SMS, los tuits, o lo que sea que sirva, ahora sí, para morder la mano sembradora del rojo jardinero riéndole a la lluvia. Para asaltar Miraflores en nombre de la Estatua de la Libertad.

El 27 de febrero de este año, en la Plaza Bolívar de Barquisimeto, inevitablemente me involucré en uno de esos improvisados círculos de opinantes que se forman en cualquier convite pe-eseuvista. El tema en diatriba era las guarimbas y la blandenguería del Gobierno para exterminarlas de una vez; tal opinión, distorsionada por consejas jurídico-constitucionales sembradas en el fértil terreno de la ignorancia, nacía en la convicción de los contertulios rojos-rojitos de la incapacidad del presidente Maduro para gobernar, ergo, había que  salir de él para sofocar a la oposición. Antes de huir despavorida agarré a Sócrates por los faldones y aventuré el logos dialéctico para hacerme oír en medio de tal aquelarre y pregunté: "¿Y si derrotamos primero a la burguesía fascista para despuesito ir 'a' por Nicolás?". No esperé respuesta por aquello de corazón que no quiere sentir. Pero por ahí van los tiros que pueden dar, por fin, en el blanco.

El antimadurismo interno es otro evento, en tiempo real, de la mecha larga de J.J. Rendón, del acoso bélico ideológico imperialista. El ensayo perspicazmente frustrado por Chávez mismo del chavismo sin Chávez tiene ahora su expresión en el antimadurismo con Chávez; prueba de ello es que sus voceros públicos, notorios y mediáticos, copian el lema del Mosad: “Por la vía del engaño harás la guerra”.

La doble moral retórica del antimadurismo con Chávez manipula, en principio, la sensibilidad chavista: por un lado, sus voceros le atribuyen poderes mágico-ideológicos al “sueño revolucionario” con falacias sicoanalistoides como esta: “Las batallas revolucionarias se establecen en el inconsciente social y rompen con fuerzas desconocidas porque conmocionan profundamente la siquis de las sociedades”. Más que argumento, insulto a la inteligencia proferido por un opinante inescrupuloso, ¿tonto útil, meme? No sé. ¿Agente de algo distinto a su hiperinflado ego? No creo, pero su estupidez manifiesta incita al enfrentamiento entre chavistas con provocaciones del tipo: “Maduro es un gallo capao”.

El antimadurismo con Chávez pretende generar de hecho el madurismo como tendencia, y toda tendencia es perniciosa. El antimadurismo aspira a escindir, dividir, caotizar, anarquizar al chavismo que hasta ahora ha estado firmemente cohesionado, políticamente consciente, voluntariamente organizado para resistir heróicamente la estrategia bélico-fascista imperial, confiando en quien Chávez nos confió para sucederlo.

El argumento del Nicolás traidor ideológico al “sueño revolucionario” contribuye de modo cómplice con las artimañas de la ultraderecha para desprestigiar mundialmente a Chávez, negar su aporte intelectual bolivariano, desterrarlo de la memoria nuestramericana, y destruir su legado patrio.

El eslogan del Nicolás traidor aporta insumos teoréticos a los tesistas del socialismo como utopía de incapaces, de estadistas improvisados, de gobiernos fallidos, de caudillos tercermundistas. Maduro, enviado al carajo por los propios bolivarianos, justifica la intervención militar norteamericana que nos rescate del caos social, económico, político, al cual, según el antimadurismo pragmático de algunos enfants -no tan enfants-, nos condena el Presidente de la República en apenas doce meses de ejercicio gubernamental y bajo un sabotaje económico similar al paro petrolero; más dos furiosas arremetidas del terrorismo fascista.

Arremetidas bélicas diseñadas al estilo primaveral que desestabilizó de un solo soplo a Libia, Túnez y Egipto; convulsiona a Siria desde el 2011, y asola a Ucrania. Las cínicamente apodadas primaveras árabes resultaron de un presunto malestar "espontáneo" de jóvenes en rebeldía contra la opresión de los nacionalismos.

Los asaltos terroristas continuados contra la Revolución Chavista son estelarizados por jóvenes armados hasta los dientes, en rebeldía contra los médicos cubanos, la educación universitaria pública gratuita y todo lo que huela a harapo, mesa sin mantel, callejuela, palabrota, taller. Niños muy bien, dispuestos a lo que sea para sacar al dictador Maduro del gobierno incapaz que usurpa junto al pueblo.

El antimadurismo con Chávez pretende generar de hecho el madurismo como tendencia, y toda tendencia es perniciosa

El siguiente texto no lo escribió un árabe primaveral disociado, ni un mozalbete incendiario caraqueño, lo escribió un militante del antimadurismo con Chávez: “Aquí quien pone, quita, imputa y critica es el propio mando autocrático; el excelentísimo poder constituido y sus personajes mayores. Pésima cultura política que el mismo Chávez cultivó aunque se cansó de confrontarla en la palabra, fue una de sus grandes contradicciones. Después de 15 años de delegación prácticamente incondicional e incuestionable sobre los entornos que se han ubicado dentro de las cercanías de un poder personalizado en la figura de Chávez para luego convertirse en una maquinaria autocrática imposible de negar. La crítica silenciosa abunda por doquier rozando la desesperanza y el desespero”. ¿Será crítica silenciosa un SMS?

Este sui géneris antimadurismo advierte socarrón que “Maduro es un personaje menor, sólo la punta del iceberg que hay que desmontar”, y se niega a advertir que las guarimbas son sólo la punta del iceberg que nos ataca para desmontarnos hasta el alma. Afirman hablar fuerte y claro respecto al  “pluriclasismo partidista” pero no dicen nada del monoclasismo fascista; aseguran que la violencia homicida instalada en las calles venezolanas con apoyo de gobiernos locales es una simple coyuntura que ni a fascismo llega porque Muchacho no habla alemán, Capriles más bien es judío, a Maricori no le lucen los bigotitos de Adolf, y Ramón Guillermo no se parece a una esvástica: “Hoy surgieron algunas barricadas, algunos hechos de violencia fascista propiciados por paramilitares y con la complicidad necesaria de la derecha tanto económica como política”.

Estos señores se niegan a encarar el fascismo en Venezuela porque los ciega el voluntarismo oportunista y juran que bajo esta “coyuntura” basta con que eleven el tono de su parloteo y saquen su lomo de Judas para que Maduro capitule. Creen que pueden desplazar a Chávez de la Historia, y tuvieron que esperar más de un año para atreverse a cacarear su cobarde mezquindad:  “Chávez, con todos sus errores y vacíos teóricos iniciales, supo al final de su vida comprender que se había equivocado y trataba de reorientar el rumbo profundizando el proceso y transformarlo en una verdadera revolución socialista. No es sólo a Nicolás Maduro al que hay que mandar para el carajo. Él ya eligió de qué lado de la historia quería estar y la forma en que quería entrar en ella”.

El sociologismo postmo, el vedetismo de izquierda urticante, la pedantería politológica, la frivolidad academicista diagnostican como síndrome coyuntural endémico al fascismo criollo. En este contexto discursivo, mandar a Maduro para el carajo connota una alianza, táctica y tácita, entre los dos polos del desiderátum imperial: la burguesía neoliberal de ultraderecha y la clase media oportunista de izquierda.

Al mejor estilo entreguista Bandera Roja, la consigna Maduro para el carajo procura darle tiempo a la mecha corta del Mosad. En última instancia para la conspiración transnacional lo importante es sembrar el caos, anarquizarnos, dividirnos entre maduristas y antimaduristas: lo demás llega por inercia.

Asumir sin complejos el legado de Chávez, no darle la espalda a la historia mientras ocurre, y atenerse estrictamente a lo alegado y probado en autos golpistas, guarimberos, proimperialistas permite notar de inmediato y sin necesidad de artilugios intelectuales el devenir: “Así como la Ley Habilitante ejercida con coraje revolucionario por Hugo Chávez en el 2000, que desplomó las ilusiones de continuidad de la oligarquía cuarto republicana y del gran capital internacional, llevándolos a precipitar el golpe de Estado de 2002, esta nueva solicitud de poderes especiales contiene visos subversivos hacia el interior de la institucionalidad actual, la cual está entrampada en las costumbres y modus operandi de la vieja política con trazas de diversos colores”.

En esas pocas líneas de Federico Ruiz Tirado, en octubre de 2013 se avizoraban, sin estridencias, las circunstancias que hoy nos dinamizan como pueblo y como gobierno para afrontar y detener cualquier avance de la contrarrevolución. Esas pocas líneas explican por sí solas la respuesta sabia y políticamente coherente del pueblo chavista ante la estrategia de exterminio con la que pretendieron tomarnos por sorpresa. Pero no lo lograron y estamos ganando esta batalla mientras ellos se hunden en su propio foso. Aunque sigan ladrando los perros de la guerra y sus sicarios, nosotros seguimos avanzando con Chávez y Maduro, a paso soberano.

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