¡Honor y Gloria, Ricardo!

En primer lugar expreso mi más sentido rechazo, dolor y consternación por el vil asesinato del camarada Ricardo Durán. No podemos acostumbrarnos a este tipo de hechos y, más que exigir que no quede impune, hacer un llamado a todo el pueblo venezolano, para que se pare firme, se llene de fuerza y asuma su rol de defensa de la Revolución Bolivariana, pues este cruel asesinato nos revela, nos confirma, que el enemigo no descansa y está decidido a hacernos claudicar.

Las declaraciones emitidas por Daniel Aponte, Autoridad del Distrito Capital, informándole al país algunos elementos recabados en el sitio donde fue abatido cobardemente el camarada Ricardo Durán, nos recuerdan los terribles asesinatos que acabaron con la vida de Eliezer Otaiza y Robert Serra; sistemáticos, fríamente planificados y ejecutados sin contemplación ninguna; todos estos eventos con un objetivo: aterrorizar al pueblo.

No sabes cuánto desearíamos no repetir nuevamente este grito de rebeldía

Ricardo poseía las mismas características de Eliezer Otaiza y Robert Serra. Era un hombre temerario, audaz, profundamente crítico, revolucionario hasta las vísceras. Lo demostró en varias oportunidades. Se mantuvo en el Palacio de Miraflores durante el golpe de Estado de 2002, dispuesto a cumplir en la vanguardia en su condición de periodista y de combatiente, si así lo hubieran exigido las circunstancias. Igualmente, demostró su valentía al cubrir los actos terroristas en Plaza Altamira en 2003, cuando le dispararon desde la Torre Britania francotiradores a la orden de los militares golpistas. Ese era Ricardo, temerario, valiente, comprometido.

Quienes planificaron este horrendo crimen sabían que estaban tocando a un combatiente invaluable. Sabían de la repercusión e impacto que provocaría este sicariato y el golpe tan fuerte, tan duro, que le estaban dando a la Revolución Bolivariana. Seguimos poniendo los muertos en esta guerra soterrada que viene recrudeciendo desde las filas del fascismo.

Ayer asesinaron a un hombre bueno, revolucionario, comprometido con el pueblo. Que no quede impune y, sobre todo, que no sigan cayendo nuestros combatientes, que no sigan emboscando a los voceros de un pueblo que sigue siendo atacado por aquellos que nos han declarado la guerra a muerte sólo por el empeño de defender la liberación absoluta de nuestra Patria y de cristalizar el Legado que nos dejó el Libertador Simón Bolívar y el Comandante Hugo Chávez Frías.

A toda su familia y al pueblo que lo vio hacer del periodismo un arma inestimable de lucha y redención, nuestro abrazo de dolor por su siembra.

¡Honor y Gloria, camarada Ricardo!

No sabes cuánto desearíamos no repetir nuevamente este grito de rebeldía.

¡Honor y Gloria, Ricardo!

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