¿Es el chikungunya un arma de bioterrorismo?

Según cifras del Ministerio de Salud, Venezuela registra 57 casos de pacientes contagiados con el virus de chikungunya.

El virus de chikungunya se aisló por primera vez en África subsahariana, específicamente en Tanzania en el año 1952, y posteriormente se conocieron casos en Asia. Algunos antecedentes hacen referencia a la aparición de esta enfermedad a partir del siglo XVIII. En 2005 y 2006 el virus causó importantes epidemias en algunas islas del Oceano Índico, y entre 2006 y 2008 se reportó un brote de la enfermedad en la India. 
 
En 2004, un grupo de científicos franceces descubre una mutación que al parecer provoca una mejor adaptación del virus para ser transmitido por el mosquito tigre (Aedes albophictus), vector que junto al Aedes aegypti transmite el dengue y la malaria. Ese mismo año fueron diagnosticados casos de chikungunya en Europa. Es entonces cuando la Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoce que existen 2 millones de personas infectadas en África.
 
En 2013, la Organización Panamericana de la Salud junto a la OMS y los Centros de Control y Prevención de Enfermedades de los EEUU, publican los nuevos lineamientos sobre chikungunya que ayudarían a los países de América a mejorar sus esfuerzos para detectar el virus y organizar programas de prevención, en caso de que aparecieran, claro. Y, tarán... aparece un año después.

Aedes aegypti como arma de guerra contra Cuba

La investigación de la doctora María G. Guzmán Tirado del Instituto de Medicina Tropical "Pedro Kourí" en La Habana, Cuba, reveló que "Cuba reportó la primera epidemia de dengue hemorrágico en las Américas en 1981, en la cual se reportaron más de 344.203 enfermos, con 10.312 casos graves y muy graves, y 158 fallecidos.
 
Documentos desclasificados de la CIA revelaron que fue a través de ataques bacteriológicos premeditados que el virus azotó a la isla: "Entre el primero de junio y el 10 de octubre de 1981 se notificaron 344 mil 203 casos de dengue; de ellos más de 30 mil eran casos hemorrágicos", enfermedad que nunca se había registrado en la isla.
 
Pero no se trataba de cualquier agente, el Aedes aegypti había sido modificado genéticamente para adaptarse y transmitir una forma específica de dengue hemórrágico, la forma NR, que no circulaba en ninguna parte del mundo para ese entonces.

Aedes aegypti como arma de guerra contra Venezuela 

El 7 de enero de 2008, el presidente Hugo Chávez solicitó investigar la presunta aparición de un serotipo para dengue. Hizo la advertencia tras la denuncia de la inmunóloga Nancy González, jefa de cátedra en la Facultad de Medicina de la Universidad de Zulia, quien durante ese mes había alertado sobre la presencia de esta variante del virus que atacaba principalmente al hígado. La investigación evidenció la formación de una presunta cepa de dengue en el estado Zulia cuya forma se le atribuía a una posible mutación en laboratorio.
 
Puntualmente, cualquier agente patógeno puede ser alterado con el fin de convertirlo en arma biológica. La muy preocupada OTAN se ha encargado de enumerar los agentes que son "potencialmente útiles" para ser usados como arma biológica: son de 31 a 39 agentes, tales como la peste, el botulismo, la tularemia, la fiebre amarilla, el ébola (fiebre hemorrágica), la influenza, la viruela y el ántrax.
 
El virus de chikungunya aparece por primera vez en América en la isla de San Martín, a 240 kilómetros de Puerto Rico; las dos islas viven ahora bajo alarma sanitaria. Para llegar hasta nuestras tierras el virus del chikungunya tuvo que cruzar dos océanos (como lo muestra la gráfica).
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La característica principal del virus es que tiene una capacidad altamente incapacitante, no es mortal, pero se aloja en los huesos hasta causar una forma de artrosis o artritis tan severa que quien lo padezca nunca podrá ejercer nuevamente actividades físicas, la persona queda literalmente engarrotada. 

La fiesta viral del mass media

ABC de España titula: "Sube de 12 a 45 el número de casos de chikungunya en Venezuela en un mes", para "informar" al mundo de forma alarmante sobre la situación del virus en nuestro país. Para nada pasa desapercibido el ataque solapado de este diario a los esfuerzos que se hacen en Venezuela en el campo epidemiológico para divulgar información sobre la prevención y el manejo de pacientes que presenten los síntomas. 
 
Más de cerca, la versión impresa de El Universal, el día jueves 17 de julio titula: "Temen que en vacaciones se acelere la propagación de chikungunya". Hace alusión a la supuesta crisis del sistema hospitalario para tratar la enfermedad y a la falta de medicamentos. Además habla de un tratamiento inexistente, pues el virus no se trata con ninguna medicina y el paciente no requiere ser hospitalizado durante el período febril de la enfermedad. 
 
Cuando no puedes mermar la fortaleza física y mental de un pueblo que se encuentra claro en su lucha política y en su momento histórico dentro de la misma, empleas formas conocidas de ataque. El bioterrorismo no es un secreto ni el gran descubrimiento de este tiempo. 

¿Es el chikungunya un arma de guerra contra Venezuela y demás países de América Latina para mermar la fuerza productiva del país? La pregunta no queda en el aire.

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