Entre la rabia y la locura

Lograr transitar estos días de navidad y año nuevo en paz y armonía, sin duda alguna quedará para la historia, por las difíciles circunstancias que se han debido sortear durante el año 2016, y sobre todo por la carga emocional inoculada de desesperanza y desasosiego en una parte importante de nuestra población, resultado de una campaña bien diseñada y ejecutada por las grandes corporaciones mediáticas del país y de buena parte del mundo.

Uno de los actores usados para lograr tales objetivos ha sido, sin duda, el gran perdedor de este año, Ramos Allup y consecuentemente toda la MUD, a quienes poco les faltó para llevar un proyecto de ley a la AN, y con ello pretender borrar de nuestro calendario la navidad y la fiesta de fin de año. Una afirmación para nada exagerada, sobre todo cuando revisamos los exabruptos que se presentaron como proyectos de leyes durante el pasado periodo de sesiones.

Finalmente llegó la navidad, y como pueblo decidimos celebrarla como todos los años junto a nuestros seres más queridos, sin embargo, es imposible desconocer la difícil situación económica que estamos atravesando y mucho menos olvidar cómo se han golpeado salvajemente las finanzas del país y el poder adquisitivo de las familias con una especulación endemoniada, que fue desatada con mayor fiereza en la proximidad de los días decembrinos. Estos demonios hechos desmanes económicos golpearon a la sociedad venezolana de manera indiscriminada. Han golpeado a los que creemos y defendemos el proyecto bolivariano, como a aquellos que nos adversan y que sin saberlo o admitirlo son también víctimas de esos "laboratorios de guerra" que desde la derecha creen que el fin justifica todos los medios, aunque tengan que atentar contra la paz y la tranquilidad política y económica de los venezolanos.

De allí que hemos decidido escribir esta primera entrega del año, bajo un título que nos recuerda al Cantor del Pueblo, Alí Primera, en una de sus más emblemáticas producciones discográficas que denominó "Entre la rabia y la ternura", denotando dos sentimientos encontrados en ese momento de reflexión.

Pero en esta ocasión, la expresión entre "rabia y locura" nos convoca para intentar comprender la situación que vivimos y vimos durante los últimos días de 2016 y que muchos podemos constatar. Hubo quienes, con mucho o con poco, dilapidaron su tiempo y recursos en tiendas, abastos, centros comerciales, tarantines y mercados. Se desató un frenesí de consumo y hasta el más común de los comunes fue a dar a la mercadería decembrina para comprar cuantas cosas se le ocurriese (o pudiese) comprar.

En una conducta que extrañaba aún más, algunos compraban de todo por más banal y superfluo que esto fuera, aunque muchas veces se hacía con una rabia manifiesta por los precios que estaban pagando por esos bienes o mercancías, pero sin cuestionarse por la locura desmedida por adquirir, poseer, consumir y querer "satisfacer" deseos o necesidades artificiosamente creadas dentro de una sociedad de consumo que transita hacia el socialismo.

Tendremos un 2017 que nos plantea grandes desafíos, con el aprendizaje que nos deja 2016

Hemos sido testigos por parte de ciudadanos o compatriotas de señalamientos ligeros y sin mayor análisis en contra del gobierno y nuestro presidente Nicolás Maduro, casi siempre de una manera que busca legitimar o convalidar su opinión por más lapidaria, desproporcionada o descabellada que esta fuese, a través de la anuencia o falta de confrontación de ideas por parte de quienes le escuchan o se encuentran cerca. Esto como parte de una práctica dirigida a atacar la moral revolucionaria y horadar las bases éticas de nuestra revolución, aunque debemos destacar que éstas no siempre conseguían su funesto propósito.

Muy deplorable la actitud de muchos pequeños comerciantes y de algunos vendedores informales que en una actitud casi retadora se sumaron a la espiral de acaparamiento y especulación desatada y con gran desparpajo llegaban a responsabilizar exclusivamente al gobierno nacional por los altos precios de los productos por ellos vendidos.

Aupados en los pretextos generados desde la vorágine del dólar paralelo, o casi valiéndose de cualquier excusa, el comercio se aseguró de exprimir bolsillos de consumidores incautos, reproduciéndose aún más la paradoja de una masa consumidora frenética que compraba lo que podía sin desparpajo a casi cualquier precio, aunque con la queja a cuestas por la especulación. Presenciamos una mezcla de rabia y locura manifestada.

Pero no todo fue consumo y estafa. Una parte importante de nuestro pueblo supo sobreponerse a esta guerra no declarada centrando sus prioridades en la unión y paz de nuestras familias y en el amor y la solidaridad de una generación que se viene forjando al calor de la revolución. Un escenario que pocos lograron visualizar para estas navidades y que muchos se precipitaron a catalogar como trágicas, apostando incluso al boicot de la gaita marabina para alegrar y ambientar esta hermosa época del año.

Sería injusto dejar de reconocer el enorme esfuerzo realizado por el gobierno del presidente Maduro para que buena parte de la población tuviera acceso a los alimentos y de manera muy particular los juguetes para los niños y niñas.

Ha quedado demostrado una vez más que después de aquel intento fallido de Carlos Ortega y la meritocracia petrolera de 2002, queriendo imponer el aplazamiento de las navidades de 2002 para febrero de 2003, una vez fuera derrocado el Comandante Chávez, el pueblo humilde, el pueblo bueno y valiente de Venezuela, no se dejará quitar más nunca sus navidades. Por cierto, a ellos, quienes pretendían negarle a nuestro pueblo estos momentos de sosiego, siempre terminan disfrutándola para sí, ya que basta revisar las redes sociales para verlos en cientos de fotografías como celebraron con su familia o se fueron a visitar lugares exóticos fuera del país. Tal parece que la negación de la navidad la esperan para los humildes. Cuestión curiosa esa, que los seguidores de la oposición no quieren mirar ni mucho menos entender.

Desde esta tribuna del pensamiento y la reflexión, sin que medie ningún resquicio de rencor en nuestra alma de revolucionario, damos nuestro abrazo afectuoso de fin de año, porque aún en medio de nuestras diferencias compartimos este suelo sagrado, y que nos debe unir el compromiso patrio de defenderlo y conducirnos por los caminos de la paz y la vida.

Sean propicios estos primeros días del año para mirar como un hecho triste y lejano al sentimiento venezolano, la guerra y la muerte que en otras latitudes ocurre por intereses imperiales, los mismos que rondan nuestras fronteras y que algunos han querido implantar en nuestro territorio como una realidad cotidiana y pretender convertirlo en un factor determinante en la confrontación política-ideológica presente.

El dios de los buenos, de los pobres, de las causas justas, una vez más los dejará con los crespos hechos, y tendremos un año 2017 que nos plantea grandes desafíos, que luego del aprendizaje que nos deja 2016, estamos seguros podremos encarar con firmeza y convicción para dar continuidad al proyecto bolivariano y las batallas por venir serán convertidas en victorias.

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