El diálogo de ellos y el diálogo de nosotros

En cada posibilidad de diálogo intervienen dos actores principales, pero por sobre todas las cosas intervienen intereses, de a quién favorecen las intenciones, las acciones y los resultados post-diálogo, es lo que diferencia y le da el verdadero peso a la insistencia por concretar ese hecho mismo.

Nadie apostó tanto al dialogo político en este país como Hugo Chávez, incluso cuando sus enemigos naturales le dieron el mayor zarpazo en aquel abril de lucha infinita, regresó buscando el entendimiento entre dos visiones de país que hasta hoy permanecen en franca divergencia.

En esta era post-Chávez nadie ha insistido tanto como Nicolás Maduro en la ejecución del diálogo como norma para acordar soluciones concretas a diversos problemas. Incluso hoy. Después de haber abierto las puertas de Miraflores, de haber recibido a los principales voceros de oposición que un mes después avalaron las acciones violentas de la "La Salida", después de haber recibido a los empresarios que terminaron invirtiendo gran parte de sus recursos en la guerra económica, el Presidente sigue de manera seria y consecuente tendiendo la mano para el encuentro político. Pero una cosa son las intenciones y otra la realidad.

Factores de la oposición venezolana tienen la capacidad de diluir el asunto en una diversidad de incoherencias que dejan al descubierto el mandato de sus jefes del norte a simplemente no dialogar, imponen excusas aparentando imponer condiciones. Ir de nuevo a la mesa de diálogo es ceder, es terminar reconociendo que pasaron seis meses y el presidente Maduro sigue firme e irrenunciablemente gobernando el país, es sumar otra derrota a la larga lista que está volviendo pírrica su única victoria electoral.

En ese contexto, una aparentemente dispersa María Corina Machado aprovecha para plasmar sus razonamientos sobre el tema en un artículo publicado por El Mundo de España, esa vitrina donde sólo la voz opositora tiene proyección. Reconoce Machado los 18 años de diálogo permanente entre Gobierno y oposición, pero además puntualiza: "Llevamos 18 años dialogando. Ha sido un diálogo público, como a veces ocurre entre acérrimos adversarios". "El primer enigma del diálogo es que aún se hable de diálogo", agrega para dejar claro cómo piensan en el ala más radical de la oposición, nombrar el diálogo para ellos es lo menos preocupante.

En esta negación a la convocatoria al diálogo hay de todo: exigencia de libertad para Leopoldo López, solicitud de fecha para aplicar un referéndum revocatorio sin siquiera haber terminado de cumplir los términos constitucionales y arrastrando un sinfín de irregularidades en el proceso, objeciones contra los mediadores: primero se empeñaron en un intento de desprestigio hacia los expresidentes propuestos por Unasur como facilitadores, y de unos días para acá ha pasado exactamente lo mismo con la figura del ex presidente español José Luis Rodríguez Zapatero, acciones que además respalda y propagandiza toda la mediocracia local, y que permite que desde afuera la visión del proceso parezca algo totalmente irrealizable.

A pesar de todas estas excusas condicionadas, existen cada vez más figuras de peso jugando a favor del encuentro. La oposición, pulcramente espiritual de la boca pa' afuera, no tuvo más remedio que aceptar la aparición de mediadores del Vaticano en torno al proceso (con todo y pataleo de la Conferencia Episcopal Venezolana), y no es que ellos, como figuras religiosas garanticen absolutamente nada, pero deja a esa fracción al descubierto, de cierta forma los obliga a sentarse, a mediar, a negociar, a posponer su propia agenda violenta, no importa si días después, sin medirse como es costumbre, aparezcan videos dejando oír la verborrea envalentonada de Ramos Allup despotricando de cada mediador para poder sostener la mentira ante su fanaticada.

Sería ingenuo apostar todas las energías en un posible diálogo entre ellos teniendo pendiente el de nosotros

Pero es en lo no evidente donde debemos aguzar la percepción, ir más allá en la evaluación. En el contexto que engloba la reciente jugada de Citibank y Kimberly-Clark contra nuestro país, es que también se entiende la sostenida negativa al diálogo: la derecha, en vista de su torpe operatividad, termina cifrando sus propias esperanzas en uno de los movimientos más descarados y contundentes que le propina el poder global a Venezuela desde EEUU: "No dialoguen, incapaces, esperen que ya mandamos refuerzos".

Y justo frente a este escenario explayado en hechos fríamente ejecutados, algunos bastante contradictorios, se encuentra hoy el chavismo, única fuerza política capaz de movilizar hacia la creación, hacia el resurgimiento, hacia la re-invención.

Para nosotros siempre hubo carencias; la abundancia, tal y como la imaginamos, también ha sido una construcción impuesta por los dueños del planeta; nosotros, en medio de esas carencias fuimos capaces de transgredir todo lo establecido, de irnos detrás de un zambo a materializar el único plan político que intentaba darnos lo que nos arrebataron, mal podemos ahora abandonar ese impulso para exigir que la estabilidad política y económica se logre solamente para alcanzar una deconstrucción, una ilusión, una imposición. Si hoy no fueran las colas probablemente habrían otras condiciones, pero la agresión permanecería, porque algo a lo que no han renunciado los poderosos es a su interés planificado de volver a callarnos, de doblegarnos, de cercenar nuestras raíces, de no permitir la posibilidad de fundarnos como pueblo. Frente a ese plan y a esos intereses, ¿cuál es nuestro plan y nuestros intereses? Definirse pasa por preguntarse si vamos a pasar toda la vida implorando por más harina pan, por más papel tualé y/o por menos aumentos en las tarifas del ABA de Cantv.

Frente a estas jugadas del poder ya visibilizadas, frente a esos procesos estrictamente diplomáticos o no, nosotros, como pueblo, no tenemos control, no decidimos, y de cierta forma tampoco participamos, nuestra fuerza no se mide en esas instancias. Siria sigue siendo el espejo que continuamente permanece ofreciendo para el reflejo: luego de años en conflicto bélico, en enfrentamientos civiles, la oposición al presidente al-Assad se sienta a dialogar cada vez que quiere, pero también cada vez que quiere patea la mesa y siguen los bombardeos. En la guerra cada quien ejerce su cuota de poder. Nuestra realidad local con respecto al diálogo nos deja abierto un sinfín de interrogantes, pero también nos brinda la oportunidad de seguir cuestionando la representatividad, demoliéndola y, mejor aún, nos deja proyectar y ejecutar la participación, el protagonismo en el área donde sí podemos ser verdaderamente efectivos.

Si Ramos Allup o Capriles se sientan en la mesa, será Maduro quien hábilmente los lleve o no, pero el diálogo más importante es el que nos convoca ahora mismo la historia a nosotros como protagonistas, como participativos, estos instantes que seguimos teniendo para pensar la política, para hacerla aún en medio del desbarajuste, es lo que de manera impostergable tenemos que valorar. Es el diálogo entre iguales lo que nos tiene que convocar, la conversa sobre cómo trascender una cultura criminal hacia otra cultura distinta donde la seguridad del pan en el plato dependa de lo que logremos diseñar como política propia.

Soportando el ataque más brutal contra cualquier signo de estabilidad, el chavismo original permanece respaldando la acción de la dirigencia, con fuertes reclamos hacia los líderes, sí, pero manteniendo la claridad política pese al desespero y a la impotencia que impone la desdibujada cotidianidad. Es clave no sucumbir ante ese caos impuesto, mientras Occidente explota literalmente, junto a sus planes de reacomodo por las convulsiones del capitalismo negado a morirse. Nosotros seguimos teniendo una oportunidad, una rendija para colarnos con entusiasmo hacia lo verdaderamente apremiante.

Sería ingenuo apostar todas las energías en un posible diálogo entre ellos teniendo pendiente el de nosotros.

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