Una versión del suplicio de Tántalo editada por maduristas sin Maduro

El corralito

Quienes hemos tenido la oportunidad de atestiguar, políticamente conscientes, los sucesos continentales de los últimos años del siglo pasado y los primeros del siglo presente, guardamos en pasadizos recónditos de la memoria, billones de explosivos titulares y subtitulares detonados con estrépito por la mediática transnacional.

Esos encandilamientos instantáneos, fotogramas inconexos, dispersos, arrugados, desvaídos; esos acechantes retazos de historia a medio concluir, se disparan cuando la memoria líquida, incolora, inodora, salobre y punzante, mezclada con adrenalina, cortisona, glucosa, y todos esos amargos jugos hormonales, entran en ebullición a la menor señal de que el guión está por repetirse: como el caso de aquel thriller coproducido por el FMI, De la Rúa, Cavallo y la gran burguesía: El Corralito.

"La Gran Crisis" en Argentina, la crisis del hambre, los piqueteros, y toda la población, incluida la clase media, comiendo perros y ratas, más el frío, la falta de calefacción, los cortes de agua, la sarna, la desnutrición y la tuberculosis, el desempleo, los desalojos, la deserción escolar, la criminalidad juvenil, y todo ese horror en erupción ante nuestros ojos contemplativos del nuevo siglo que estrenábamos con candorosas expectativas milenarias. Como si el Niño Jesús existiera y Belén no estuviera en Palestina.

Este corralito nuestro, recién estrenado, puesto de moda sin querer queriendo, a la chita callando y delante de todas las autoridades competentes e incompetentes; con variantes inexplicables como los "avances" legitimadores del blanqueo y la usura, con anuncios contradictorios de no sabemos cuál instancia gubernamental; es criminal y peor aún: sospechoso. Franco Vielma nos ofrece aquí en MV su aguda lectura del inédito y sorprendente fenómeno, pero otras lecturas son necesarias para que el Papa Negro no nos agarre confesados sino en pleno pecado de lesa heterodoxia manifiesta.

Las elecciones están oficialmente anunciadas para el primer semestre de 2017, la campaña ya empezó en la MUD, el PSUV y el Gran Polo Patriótico. El corralito es una palanca ad hoc para quebrar la Revolución empujándola hacia abajo desde el mismo gobierno. Comenzando el desgaste en diciembre, la arrechera a mediados de abril será un alud revanchista de abstencionismo, voto castigo y repudio contra todo lo que huela a gobierno, a proceso, a bolivarianismo, a socialismo, a revolución, a Maduro… pero sobre todo: a Chávez.

Ya está bueno de pendejadas y sobaderas de espaldas a los altos funcionarios que no están dispuestos a apretarse los cojones y plantarlos al centro del combate, la guerra no convencional, o como la quieran llamar, es a muerte, pruebas ha habido suficientes; es verdad que la desidia, la traición, la corrupción, la burocracia; en una palabra: la contrarrevolución, ha venido estragando el proyecto socialista siempre a la defensiva.

El corralito es un eslabón más de la cadena terrorista, tal vez el más evidente y peligroso

Este corralito en medio del esfuerzo sostenido por Maduro y los millones de chavistas dispuestos a no sucumbir ante ningún enemigo por muy poderoso que sea, corrobora que los tecnócratas neopuntofijistas planifican milimétricamente la entropía, que los errores, pifias, metidas de pata, expresadas luego en mea culpa y en jaculatorias corporativas, solapan los nombres y apellidos de los responsables, les garantizan impunidad en sus cargos mientras recrean la perversión táctica de que a cada autocrítica sincera le sobrevenga un desacierto más grave que el anterior.

Acusar a los tecnócratas en general, porque en este caso es una acusación, obedece al hecho de que ha sido el Bicentenario, banco emblemático para Chávez, banco al servicio de la mujer, la ancianidad, la juventud, la cultura, la seguridad social; el banco que de inmediato, sin dilaciones ni contemplaciones, aplicó la extravagante medida de retención ilegal de dinero a partir de noviembre, fecha en la cual además dejaron de funcionar los cajeros automáticos y en las largas colas atestiguamos las penurias de los usuarios sometidos a cualquier oprobio causado por el hambre, la sed, el calor, la híper y la hipotensión, la avanzada edad, la discapacidad física, la discapacidad intelectual, amén del enjambre de francotiradores sicológicos, de charleros políticos, difusores incesantes de propaganda guarimbera durante interminables horas de suplicio ideológico. Mientras el resto calla resignado, y la resignación no es de sabios ni de buenos consejeros.

Charleros jubilados y pensionados sin más oficio que servir a los intereses de la MUD; la campaña electoral en marcha, asomando su crudeza con siete meses de anticipación y con la mesa servida en el Bicentenario, escenario de una incongruencia sin límites, pues el Bicentenario deposita, garantiza, resguarda y multiplica el dinero de los invisibles para la burguesía, aquellos a quien Chávez protegió, visibilizó y amó más que a sí mismo, víctimas de este corralito y sus gestores de mala fe, porque si el infierno está empedrado de buenas intenciones, al cielo lo tapizan las malas. En ambos moran los tecnócratas.

El corralito es un eslabón más de la cadena terrorista, tal vez el más evidente y peligroso porque revierte la ofensiva de Nicolás Maduro contra la Guerra Económica, induce en los chavistas la percepción colectiva de derrota, y en los demás de fracaso. En todos -en nosotros y en los otros- genera el vértigo de colapso, de metástasis política, de economía fallida, de implosión social. Este suplicio bloquea la lucidez común, anula el intelecto individual, ciega el entendimiento de las masas si por masas entendemos a millones de venezolanos sometidos a otro logro de la estrategia enemiga: la precariedad desesperada.

La miseria contante y sorda, la desesperanza sin horizonte. No tuvo suficiente la burguesía parasitaria con vaciarnos las tripas, no les bastó negarnos las medicinas, ahora sus testaferros embozados nos retienen el salario, su aumento y los aguinaldos para impedirnos pagar los alquileres, la luz, el gas, el agua, el teléfono; los servicios que con todo y dólar en ascenso a marcha forzada, Maduro mantiene casi congelados. Entonces gemimos todos, y del llanto de las masas hacen fiesta los fascistas, mientras (pongámonos eruditos, para algo tiene que servir la mierda y Wikipedia), las Moiras susurran al oído del pueblo "Maduro vete ya".

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