Cuatro mecanismos y modalidades del postgolpe

Lo cierto es que sabemos que el presidente brasileño Michel Temer, su canciller José Serra, y su ex ministro de Planificación Romero Jucá, fueron "informantes y aliados" de Estados Unidos, que Hillary Clinton estuvo a cargo de organizar y legitimar el postgolpe a Manuel Zelaya en Honduras y que en Paraguay, Washington utilizó a la contratista militar Dyncorp y Usaid para organizar el golpe en las fuerzas de seguridad, la Corte Suprema y el Congreso.

Es hora de que también, en este momento histórico, hagamos un estudio de los mecanismos formales que se toman en el postgolpe para sostener los cambios de régimen y sostenerlos en el tiempo, incluso, tomando en cuenta cuando estos son realizados a través de elecciones y desde el poder, como en Argentina.

1-La transición económica y política

Innegablemente estos golpes analizados sustituyeron presidentes constitucionales por figuras como el vicepresidente paraguayo Federico Franco, su par brasilero Temer y la figura parlamentaria de Roberto Micheletti. Aunque los tres carecen de legitimidad de origen y son considerados prácticamente como parias y presidentes débiles, lo cierto es que en el terreno concreto de la realidad gobiernan(ron) bajo Estados de excepción y demoliendo derechos sociales y fuentes de ingresos estatales, sostenes de poder y legitimación de los gobiernos destituidos.

Por caso y concretamente, Temer planea la apertura de la Cumbre Pre-sal, prometida a Chevron, y la venta de activos de empresas estatales organizada por ministros cercanos a la banca que posibilitó el cambio de régimen, Micheletti terminó con la disputa con Chevron sobre la franja marítima con recursos energéticos y Franco otorgó facilidades a Monsanto y el capital financiero descontentos con Fernando Lugo. Así, los tres, de un solo tirón, al igual que Macri, reingresaron directamente al esquema de apertura y desregulación de capitales dentro del círculo de saqueo, deuda y privatización. Esquema económico presentado por sus deudores (JP Morgan, Goldman Sanchs y Deutsche Banck, entre otros) como el "modelo" de lo que se debe hacer en una economía abierta y de mercado.

Los tres así asumieron de facto el carácter de gobiernos de transición, tal como se lo establece en la literatura intervencionista no convencional estadounidense, y tuvieron (tienen en el caso brasilero) también un objetivo estratégico: institucionalizar y establecer por la vía de los hechos la proscripción y transformación de las fuerzas políticas destituidas a través de formas convencionales y no convencionales.

2-La proscripción y el desarmado de los resortes de poder

Si observamos los tres países golpistas, más el caso argentino, observamos que, aparte de reengarchar el país al orden económico y político global, se da un linchamiento político y judicial, junto a una demonización mediática, para que por la vía de los hechos, por ejemplo, Manuel Zelaya no pudiese volver al poder ni presentar una candidatura aliada (hasta que no pudiese ganar), Fernando Lugo y las fuerzas políticas aliadas no tuvieron chance de recomponerse y se diera más o menos lo mismo en Brasil y Argentina.

No sólo que de facto, por un turno electoral se realiza este interesado objetivo, sino que, además, en estos casos podemos observar una purga del aparato estatal de los factores aliados, esa grasa "militante" que sobra en el Estado, según el ministro de economía argentino, una judicialización y persecución de cuadros sociales con capacidad de movilizar y articular una respuesta, como Milagro Sala, los 24 activistas brasileros asesinados en sólo cuatro meses y los muchos muertos del Frente Nacional de Resistencia Popular (FNRP) de Honduras , por citar los casos más evidentes.

Asimismo, el consecuente armado de expedientes a liderazgos como el de Lula y Cristina Fernández Kirchner y el poder económico que los apoyaba y servía de caja paraestatal para fortalecerse en la actividad política desde fuera del poder, sintetizado en la persecusión del Departamento de Justicia de Estados Unidos a las empresas brasileras cercanas al PT y los constantes ataques a compañías relacionadas al kirchnerismo.

Buscan descentralizar el poder estatal y local para la administración directa por parte de la élite occidental

3-El nuevo centro político y la debilidad de la clase política

Al ser calificados como de "transición", implícitamente estos presidentes reeditan lo que en el siglo XX se conociese como el Pacto de Punto Fijo en Venezuela, Frente Nacional en Colombia, o de la Moncloa en España (cuyo modelo intentó muchas veces ser exportado a América Latina), para crear nuevos centros políticos que renueven una y otra vez las fuerzas políticas en el país bajo el interesado consenso creado a partir del postgolpe.

Por caso podemos citar la aparición de terceros actores que estabilizan el nuevo sistema político, creado de facto, y de paso debilitan aún más a las fuerzas destituidas al restarle margen de maniobra para reconstruir una mayoría social para volver a una gravitación soberana. En Paraguay de facto se lo instituyó a través del Partido Liberal y el Colorado; en Honduras entre liberales y conservadores con Porfirio Lobo y Juan Orlando Hernández como presidentes junto a la aparición de nuevas fuerzas; en Brasil con el desgaste de Temer y la clase política que permite, por ejemplo, el lento posicionamiento de Marina Silva como recambio; y en Argentina, Mauricio Macri y Sergio Massa llevaron esto al extremo de presentarse como fuerza única en el Foro de Davos.

Lo cierto también es que este nuevo centro político funge también como transición a un control mayor externo de estos países, y en sincronía se da con un debilitamiento de la clase política y su capacidad de mediación en la resolución de conflictos. Bajo este fin, es que el Poder Judicial y el mediático, ya sea por interés propio o externo, actúan como entes autonómos que les arman expedientes y así contribuyen también al debilitamiento de la institucionalidad estatal fortalecida en los años anteriores.

4-La penetración en el aparato de poder y el control institucional desde fuera

Si bien podemos decir que los postgolpes tienen el rasgo de ahondar la penetración extranjera en el aparato de poder del Estado, ya sea a través de convenios entre países y también la mentada Guerra contra las Drogas, lo concreto es que el expediente de corrupción abierto apunta también a debilitar la institución presidencial, en consonancia con el Estado como todo, y potenciar las nuevas mediaciones políticas que vengan desde fuera para imponer un nuevo devenir político a la resolución de conflictos.

Así como la tecnocracia, proveniente de grandes bancos, toma las decisiones reales del presidente, también éstos se debilitan a la hora de articular estrategias de inserción internacional autónomas y lentamente van dando lugar a que se armen instancias supranacionales que controlen el poder político, desde detrás hasta su definitiva asimilación con la firma de los planificados megatratados comerciales.

Un ejemplo que refleja esta realidad es lo ocurrido en Honduras cuando el año pasado un escándalo de corrupción en la presidencia de Hernández dio lugar a la instalación de una misión internacional de la OEA, la Misión de Apoyo contra la Corrupción y la Impunidad. Instancia que de facto salta por arriba a la clase política para dirimir los conflictos a través de un organismo multilateral controlado por Washington e intervenir en el orden interno para evitar cualquier tipo de juego propio de la clase política local, tal cual se vio en Guatemala con una institución similar digitada por la ONU que fue clave en la salida del presidente Otto Pérez Molina.

Así se termina por cerrar el círculo de control total e incluso se le da un aparente dinamismo a la resolución de conflictos, basada en simplemente sacar un político para poner a otro, bajo operaciones sofisticadas y la promoción de revoluciones de color, como la de los indignados guatemaltecos. Después de todo, estos mecanismos de postgolpe lo que buscan es descentralizar el poder estatal y local para la administración directa del territorio por parte de la élite occidental, y por consecuencia, anular, ya sea vía suave o dura, cualquier intento de que un pueblo determinado ejerza su derecho a hacer su propia historia.

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