Radiografía de los crímenes de odio en Venezuela

La crónica policial afirma que cuando la Guardia Nacional Bolivariana (GNB), motorizados y una ambulancia intentaron llegar al cuerpo de Héctor Anuel fueron repelidos con cohetones y botellazos, momentos antes de que lo que quedaba de su existencia fuera quemada y después apedreada en un video que dio la vuelta al mundo.

Desde ese día el municipio de Urbaneja, donde ocurrió este hecho, ha sido el escenario de detenciones y allanamientos en las casas de quienes se presume integran y financian al grupo de personas señalado de realizar este acto de terror psicológico contra una persona por estar identificada con el chavismo.

Uno de ellos incluso es presidente de un condominio de un edificio de clase media alta, lo que traza un perfil de este grupo llamado Los Morteristas del Peñón del Faro, que mezclan adolescentes fanatizados con adultos de entre 25 y 49 años, dispuestos a llamar a bloquear sus propias urbanizaciones para defenderse de lo que llaman los "colectivos del régimen".

Crónicas, videos y testimonios orales son muestras evidentes de la aparición de grupos de "La Resistencia", que reivindican la aplicación de toques de queda donde personas identificadas con el chavismo, bajo la forma que sean, son proclives a ser víctimas de linchamientos y quemadas vivas.

Entre las cifras y la aparición de una corriente de odio

Según la Defensoría del Pueblo, en los más de 100 días de protestas de la oposición venezolana se han registrado más de 30 crímenes de odio, entre los que se encuentran los hechos antes referidos, como la desaparición, tortura y posterior aparición sin vida de Pedro Josué Carrillo En Barquisimeto, Lara, por ser "chavista".

Consultado por Misión Verdad, el Defensor del Pueblo, Tarek William Saab, señala que en este brote de odio se destacan dos tendencias: la de aparición de grupos de exterminio y la persecución o escraches a figuras identificadas con el chavismo en lugares públicos, como centros comerciales y sitios de esparcimiento.

El Defensor del Pueblo, además, afirma que la inacción de la justicia ha permitido que grupos como el de Los Morteristas del Peñón del Faro de Lechería, Anzoátegui, el de los encapuchados de la Plaza Altamira, Caracas, responsable de la quema de dos personas, y de "La Resistencia" en Barquisimeto continúen actuando, sin que sean desarmados por los escasos responsables detenidos por estos crímenes.

"La detención de las personas involucradas en la quema de Héctor Anuel en Lechería es, sin lugar a dudas, uno de los pocos casos donde no se repite este comportamiento judicial. Lo que comprueba que donde llega la mano de la justicia, la violencia desaparece", remarca Tarek William Saab en una alusión, entre líneas, al Ministerio Público, conducido por Luisa Ortega Díaz, quien considera a estos grupos como manifestantes que utilizan la violencia ante un "Estado que viola la ley".

El peligro real es que este enfoque del Ministerio Público, organismo a cargo del monopolio de la acción penal del Estado en Venezuela, permita el surgimiento de grupos de exterminio en Venezuela, en un momento donde hay claras evidencias sobre la existencia de un patrón sistemático de odio en la vanguardia violenta de la oposición venezolana, que hacen de esta amenaza una realidad emergente e innegable.

La promoción del odio y la difusión de un mensaje extremista

Muchas veces se compara la corriente de odio en Venezuela con las de Ruanda y Yugoslavia por las similitudes con la aparición de una ideología extremista, destinada a promover la creencia de que una comunidad de personas carece de "valor humano por sus creencias religiosas, políticas o su nacionalidad", de acuerdo a la Oficina del Asesor Especial sobre la Prevención del Genocidio de la ONU.

Sin embargo, uno de los rasgos distintivos en Venezuela es el uso de las nuevas tecnologías de la información, como Internet y redes sociales, que permiten ampliar el alcance de operaciones informativas, como la incitación al linchamiento de figuras y familiares de chavistas. De una forma tal que este comportamiento se va trasladando y legitimando en un imaginario preciso y especifico de odio y negación del otro tanto en el mundo virtual como en el físico.

En ese sentido, bien cabe destacar cómo las redes sociales son un vehículo especialmente efectivo como plataforma de los contenidos dirigidos a construir esta realidad, con una notable efectividad, por ejemplo, en el mundo árabe-musulman para difundir ideologías como la del Estado Islámico, organización que ha hecho escuela en crear redes organizativas efectivas de pequeños grupos de personas del común, que influenciados por estos mensajes muchas veces terminan siendo inducidos para cometer actos terroristas y sumarse a esta agrupación.

La puesta en escena en redes sociales, por otro lado, de datos como direcciones y celulares de figuras del chavismo revela la peligrosidad de que esta corriente de odio se direccione hacia la integridad física de estas personas. Un grave riesgo en un país como Venezuela donde existen antecedentes recientes de asesinatos selectivos realizados por grupos integrados por miembros de la fuerza de seguridad y delincuencia común relacionados con policías municipales de oposición, como es el caso de Robert Serra y el mayor general Félix Velázquez.

La difusión del odio como una manera de fragmentar el Estado

Según el investigador ruso-estadounidense Andrew Korybko, es de vital importancia de la promoción de divisiones por identidad (étnica, política, religiosa) en los países a desestabilizar para generar cismas adentro de su sociedad que rompen con sus consensos, de una manera tal que una parte de la población tome parte activa de la agenda política establecida desde fuera para subvertir el orden interno del Estado a atacar.

La conversión práctica de espacios de clase media alta en territorios sin ley, en los que una identidad específica como la del chavismo es negada, es lo que le da sustancia concreta a esta tesis en la que la propuesta del gobierno paralelo de la MUD aparece en su total dimensión con un alto grado de peligrosidad.

Sobre todo si se tiene en cuenta que en otros países, víctimas de esta política como Ucrania, Yugoslavia y Siria, se generaron reacciones en cadena de las comunidades atacadas, que posibilitaron la homologación de poblaciones específicas en territorios de estas naciones según su etnia, nacionalidad y religión, que derivaron en particiones de facto de estos Estados y episodios cruentos de matanzas y masacres por parte de organizaciones extremistas.

De ahí deriva la importancia de desarmar a los emergentes grupos de exterminio en Venezuela, a través de la oportuna acción de los organismos judiciales del Estado y la necesidad de posicionar un mensaje mayoritario que evite que las posiciones extremistas de la oposición tomen mayor influencia en el cuerpo social venezolano.

Los crímenes de odio no son sólo reacciones aisladas de la sociedad venezolana, sino parte de un plan por promover que una minoría de venezolanos forme un Estado paralelo en el que el chavismo como identidad política no sea incluida. Como si millones de personas no fuesen sujetos de derecho, ni viviesen en Venezuela. En ese sentido, diluir el odio, sin consignas ni panfletos, es también parte de desarmar la guerra actual contra Venezuela.

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