La I Bienal del Sur: expresión de la resistencia global

Nos pasa a todos: la guerra produce constantemente sus códigos que se inscrutan en la cotidianidad, y a veces nos sobrepasa, nos quiebra, nos cansa. La fuerza de la costumbre, para tomar la expresión de Lenin, empuja al consumismo de la barbarie en todas sus expresiones, y es ésta una característica de nuestros tiempos.

En los países donde la guerra es fáctica, en el que las bombas y los tanques tomaron el lugar del pan de cada día, la destrucción forma parte del evento diario. El ejemplo de Siria es diáfano. Allí casi el 25% del territorio está ocupado por el Estado Islámico, el Frente Al Nusra y el Ejército Libre Sirio, y que en estos momentos está siendo expurgado (la recuperación de la base aérea de Kuweires es un botón) debido al actual esfuerzo del Ejército Árabe Sirio y la facción guerrillera de Hezbolá en conjunto con la fuerza aérea rusa. En medio de ese paisaje catastrófico, Ahmad Abou Zena pinta la desgracia común. O por lo menos le resiste en la medida en que se expresa a través del óleo y el pincel.

Visos de su obra pueden verse en la I Bienal del Sur. Pueblos en resistencia, un hito en materia de artes visuales debido a que es la primera históricamente en su especie que se inviste de un carácter antiimperialista. Esto es: la revolución es un hecho global, del cual el pintor sirio es expresión. Más de 80 artistas de 35 países montaron sus obras en las salas del Museo de Bellas Artes y en las inmediaciones de la sede del Instituto de las Artes de la Imagen y el Espacio (Iartes), ente que se encargó de organizar la exposición.

"El criterio más importante para elegir los invitados a la Bienal del Sur fue el político. Casi todos los artistas que participan aquí son militantes y solidarios con las causas que resisten al imperialismo. Muchos son incluso perseguidos políticos", cuenta Morella Jurado, directora del Iartes y principal gestora de esta exposición, disponible al público en general desde el primero de noviembre pasado hasta el 28 de febrero de 2016.

Crear el público

Los museos han sido históricamente espacios donde las bellas artes de las élites se han acorazado. Un puñito de artistas fueron acogidos durante mucho tiempo detrás del relato de la preservación de aquello que nunca fue disfrutado por las mayorías. La misma lógica de la acumulación de capital se puede trasladar a las artes en su concepción burguesa, es decir, en condición de compra-venta bajo el ombliguismo que aspira al viento parisino en medio de cerros poblados y rostros hambrientos.

Como dice Ramón Mendoza, en apenas dos kilómetros del país se concentró aquella cultura de las bellas artes y en el transcurrir de la Revolución Bolivariana ésta ha sido cuestionada y, en muchos casos, puesta en segundo (o tercer) plano, no sin las represalias de aquellos que se refugiaban en ese pedacito de (ostentoso) territorio. Sin duda la mayoría expoliada en Venezuela asiste y concurre a los espacios de los museos y teatros públicos dispuestos por la infraestructura concebida por la élite, pero esto no es suficiente según Morella: "En Cuba la gente hace cola para entrar a los museos o para comprar libros en las ferias. Eso es porque se ha construido una política, la misma a la que aspira la Bienal del Sur en Venezuela: la de crear el público acorde a las necesidades del pueblo en revolución".

El Sur político también es una apuesta artística

Ese público que aún no existe, pero que forma parte de la discusión que incorpora la bienal es un dato que se corresponde con el objetivo estratégico de hacer política desde el chavismo. Eso da a entender Jurado, quien no vacila en afirmar que "aquello del asunto estético y pomposo no es preocupación de los artistas que invitamos, y por supuesto de nosotros como funcionarios de la institucionalidad que representa la Revolución Bolivariana. Los antiguos paraísos fiscales de las artes ya no forman parte de nuestra política pública".

Algunos botones de la resistencia

Entendemos que la guerra tiene sus maneras de activarse, a veces sin que medie una sola bala en su desarrollo. Aquello que llaman Guerra de Cuarta Generación con sus espectros simbólicos y perceptivos, e incluso los frentes económicos y la arista de recursos asimétricos, han sido materia de discusión teórica pero sobre todo se ha usado de manera fáctica a nivel global por aquellos que planifican guerras y por quienes intentan desarmarlas. Un país como Grecia, asediado por el austericidio, vive los embates de la miseria planificada tal como se vivió en Venezuela durante la Cuarta República.

La herramienta más audaz para hacer frente a la guerra (de cualquier tipo) es la concreción política con sentido estratégico. Los 16 años de chavismo así lo confirman. En lugares como la citada Grecia, donde no ocurren revoluciones, las instancias y voluntades para crear política son básicamente nulas, por lo que individuos que frentean los poderes hegemónicos tienen el arte y el anonimato como aliadas. Conocido es el caso del griego Stefanos, uno de los invitados a la Bienal del Sur. Morella Jurado relata brevemente: "En la Unión Europea está prohibido marcar los billetes (euros), se paga con cárcel. Pues la obra de Stefanos se basa en trazar con tinta china lo que acontece al pueblo griego en estos billetes, para luego hacerlos circular". El austericidio se ve representado, entonces, en las manos de la gente cuando paga (si es que tiene con qué).

Otro caso particular es el de Naji al-Ali, quien tomó las armas junto a las milicias fedayín de Palestina durante la guerra en el Líbano que comenzó en 1974, sin dejar de dibujar la tragedia cotidiana del pueblo palestino bajo el asedio terrorista del sionismo y los embates del imperialismo. Este dibujante hizo del niño Handala, a quien nunca le vemos el rostro descubierto sino la espalda, un personaje que es testigo de un mundo derruído por el saqueo y la humillación a las mayorías. Al-Ali murió abaleado en Londres en 1987; en la Bienal del Sur tiene un justo homenaje en forma de esténcil callejero.

Es común que se recuerde a los palestinos cuando se les bombardea, bajo el clamor de la indignación y la solidaridad 2.0. Pero no es el fuego la principal causa de colonialidad. Thomas Sankara, en uno de sus usuales arranques de reflexión y verdad revolucionaria, había expresado: "Mucha gente pregunta dónde está el imperialismo: mirad en los platos donde coméis. Los granos de arroz importado, el maíz, el imperialismo está ahí. No hace falta mirar más allá". Pues bien, las imágenes capturadas por Najdal Nijim, fotógrafo invitado, muestran las faenas cotidianas del campesinado original, y hace recordar que la paz también es una forma de organizarse políticamente. Es una paz que se produce en cada grano cosechado por las manos, ahí donde se resisten los embates del culturicidio.

Es el arte de las bestias por doquier, en cualquier esquina o callejón

Creadores de molestias

-Los artistas inventan cada vaina...

Es una frase que se escucha en los salones de la bienal. Viene de la boca de una espectadora que se le ocurrió pasar por allí, "de casualidad". Hace referencia a que el arte visual, cuando no hace énfasis en la realidad convocante, es como recoger agua con las manos. Por suerte obras como las del dibujante mexicano José Miguel González Casanova, tan extensa, que construye un relato de mundo, conjugan un diálogo con quien se detiene a observarlas.

"El trabajo de curaduría se centró en los diálogos. Notamos que, a medida que recibíamos las obras, encontrábamos un hilo conductor entre algunos artistas. De ahí las cuatros salas", cuenta Morella. Diálogos de la identidad, de la tierra, del cuerpo. De la macro-política a la micro-política, "el Sur político que teorizaba Chávez".

Resulta que estos diálogos hacen recordar que este pueblo en revolución ha intervenido en todas las paredes del país, e incluso en muros donde se lamentan otros pueblos debido al tránsito del neoliberalismo por sus territorios. Pablo Pérez (mejor conocido como Kalaka) pintó hace poco sendos murales en Chile, y volvió a rematar en la Bienal del Sur con uno llamado La comparsa de los quijotes, ubicado en la calle Tito Salas, es decir, en la sede del Iartes.

Morella Jurado asegura que "Kalaka es uno, pero vale la pena decir con insistencia que he visto calidad a montones en todo el país. Cada región ofrece cantidad de talentos en todas las expresiones del arte visual. Tengo un mapa de eso, nos hemos preocupado por encontrar al pueblo venezolano manifestándose. Es un orgullo lo que se hace en cada caserío, barrio, comunidad". Y es que la bienal que se presenta en estos momentos es sólo un espacio entre los demasiados que podrían crearse.

Es el arte de las bestias por doquier, en cualquier esquina o callejón, que convertiría el reproche de aquella señora en una complicidad. Porque los artistas de la revolución y la resistencia sí inventan cada vaina, crean molestias al orden burgués, no callan, y menos mal que es así.

El número uno de Hezbolá, Hassan Nasralá, llamó a los pueblos árabes a apoyar la Tercera Intifada, que está dando sus primeros pasos. La I Bienal del Sur, organizada por Venezuela, acompaña a Palestina en su proceso de liberación desde sus más bellas y horripilantes expresiones, como son las de los pueblos en su cotidianidad, sin el tinte ideológico de las bellas artes que sólo sirven a ese puñito imperial de cobardes.

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