Victoria del SÍ en Ecuador: lecciones de un nuevo ciclo político regional

En menos de cinco años gran parte de los liderazgos regionales más importantes del progresismo han sido aislados políticamente o están al borde de la proscripción. Este domingo, el turno fue de Rafael Correa, quien a través de la consulta propuesta por su ex alfil, Lenín Moreno, fue inhabilitado a presentarse a elecciones, quedando al borde de una serie de investigaciones por "corrupción" en su contra.

La consulta y sus efectos políticos

El SÍ triunfó en las preguntas referentes a la eliminación de la reelección indefinida a cargos públicos, la muerte política para quienes tengan condenas por corrupción y la remoción de todos los cargos del Consejo de Participación Ciudadana y Control Social, uno de los cinco poderes públicos de Ecuador que hasta esta consulta tenía entre sus filas a funcionarios elegidos durante la presidencia de Correa.

Así Lenín Moreno consiguió un importante triunfo a partir de la construcción de una coalición anticorreísta con parte de los restos de la Revolución Ciudadana, cooptados en sus primeros meses de gobierno, y todo el arco opositor de derecha que se opuso a su candidatura en las últimas elecciones presidenciales. En una clara maniobra de aislamiento político contra Correa, que queda con un techo del 36% de voto duro luego de nueve meses fuera del poder. Una base nada desdeñable que, sin embargo, lo deja lejos de representar una mayoría.

En cambio, el actual primer mandatario queda con las manos libres para nombrar importantes cargos públicos, dedicados a investigaciones judiciales, como la Controlaría Social y la Fiscalía General del Estado a través del control del Consejo de Participación Ciudadana y Control Social, órgano que le permite acelerar los tiempos de los procesos de corrupción ocurridos supuestamente durante la presidencia de Correa.

De esta forma, Moreno queda con una importante suma de poderes al correrse del lado de la Revolución Ciudadana, dividiendo su base de poder. Y gira hacia el lado de los bancos y el capital económico del país, propietario de la mayoría de los medios privados ecuatorianos. Esto lo deja con las manos libres para aplicar reformas de ajuste económico, y un progresivo acercamiento a la Alianza del Pacífico, auspiciada por Estados Unidos.

Una misma forma de aplicar una muerte política contra los liderazgos de la región

Esta derrota del correísmo comenzó a construirse cuando el hombre de su confianza en el gobierno, el vicepresidente Jorge Glas, fue desplazado del cargo por un proceso judicial contra su persona por un caso de corrupción relacionado al escándalo Odebrecht, basado en una delación premiada de un alto ejecutivo acusado de declarar a la carta por parte del ex abogado de la transnacional brasileña Taclo Duran.

Este proceso fue resuelto en tiempo récord a partir de la acusación de la Fiscalía de Ecuador. Acusación que se basa en los expedientes entregados por Odebrecht a Estados Unidos sobre su red de sobornos en la región, con los cuales ahora se pretende avanzar contra Correa y sus aliados para sepultarlos como fuerza política después de una agresiva campaña comunicacional de odio en su contra por supuestamente representar el "gobierno más corrupto de Ecuador".

Así la proscripción política de Correa y la casi segura persecución judicial en su contra se asemeja en mucho a lo sucedido contra los liderazgos de Lula y Cristina. A los cuales se les aplicó una campaña de demonización, basada en supuestos hechos de corrupción, a la que le siguió una serie de investigaciones interesadas que han puesto en riesgo su futuro como líderes, dejándolos al borde de una casi segura muerte política. 

Paradójicamente, los tres, además, son usados por el dispositivo que los ataca como figuras a partir de las cuales se reordenan las reglas del juego "democrático" de sus países. Una nueva forma de excepcionalismo político donde las instituciones públicas, como la justicia y el parlamento, se instrumentalizan contra quienes se oponen a las reformas de libre mercado, en pleno desarrollo en Argentina, Brasil y ahora en Ecuador.

Esto parece poner a las elecciones como una simple formalidad, sin capacidad de afectar el rumbo neoliberal de estos países. Lo que refleja la consulta convocada por Lenín Moreno, junto a la proscripción de Correa, es que, quien tiene el control de las instituciones, junto al apoyo de los medios y los grupos económicos, puede moldear un escenario totalmente favorable que legitime sus decisiones, por fuera de las reglas del juego antes establecidas.

Bastante lejos, e ingenuas, quedaron aquellas premisas que agitaban el mito de la alternabilidad democrática y la convivencia política, ahora que se intenta quitar del medio a los ex oficialismos de la región. Lo sucedido en Ecuador, junto a la condena a Lula y el fraude en Honduras, alumbra un nuevo ciclo político en la región donde el Estado de Derecho y la democracia son usados a conveniencia para sacarse del medio al bando contrario. Una realidad que cada vez sea hace más difícil de negar. 

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