Odebrecht o el sesgo moral de la corrupción

Las investigaciones que dirige el Departamento de Justicia de los Estados Unidos sobre pagos de sobornos a políticos latinoamericanos por parte de la transnacional brasileña Odebrecht, han tenido un tratamiento espectacularizado y sensacionalista. Casi como si la corrupción fuera un invento reciente o nacido en 2016.

Lo que los medios de comunicación intentan hacer ver como un caso único en su especie, causa y motivo de indignación global, resulta que tiene amplios antecedentes en las corporaciones que controlan el planeta y sobre todo en aquellas que tienen dominio sobre su recurso más estratégico: el petróleo. Los verdaderos maestros de la corrupción.

Aunque la historia del capitalismo esté impregnada de corruptelas (desde acumulación originaria de capital descrita por Carlos Marx, el primer gran acto de corrupción de la burguesía), existen casos recientes que suelen eclipsar a otros, tanto por su magnitud como por su silencio programado, como por las empresas que los protagonizan.

En este caso no hablaremos de cualquier empresa, sino de un monstruo del capital global: la petrolera estadounidense Exxon Mobil. Aunque el tema de la corrupción de las corporaciones transnacionales da para cientos de libros, por los momentos nos ocuparemos de uno de los esquemas de sobornos y tráfico de influencias mejores elaborados (y más efectivos) de los últimos tiempos, fuera del territorio estadounidense.

Los casos

Según documentos obtenidos por el británico The Guardian en junio del año pasado, la petrolera Exxon Mobil está siendo investigada por la unidad de crímenes económicos y financieros de Nigeria, por el pago de sobornos para renovar su licencia de arrendamiento de valiosos pozos del país africano, aprobadas por primera vez en el año 2009.

La oferta de Exxon Mobil a las autoridades petroleras nigerianas ascendía a los 1 mil 500 millones de dólares para el uso y explotación por 20 años de los ricos campos petroleros de Oso, Ekpe, Edop y Ubit, todos con una capacidad de producción de 580 mil barriles diarios, un tercio de la producción petrolera total del país.

El grupo internacional de transparencia y anticorrupción Global Whitness se refirió a estos pozos como "las joyas de la corona" de Nigeria. Un negocio redondo.

Según Global Whitness esto fue lo que produjo la investigación y las sospechas de un esquema de soborno de Exxon Mobil: la petrolera china Cnooc había ofrecido por los mismos pozos 3 mil 750 millones de dólares, más del doble de lo ofrecido por Exxon Mobil. Luego de varias reuniones, el precio solicitado por el gobierno de Nigeria bajó de 4 mil millones de dólares a 2 mil 500 millones de dólares, y luego nuevamente a lo finalmente pagado por la petrolera estadounidense. Según la organización citada un contrato tan desventajoso tuvo que haber estado mediado por el pago de sobornos al funcionariado encargado de la licitación.

Dando prueba de ello la antigua ministra de petróleo de Nigeria, Diezani Alison-Madueke, fue arrestada y luego liberada por autoridades británicas en 2015 por su vinculación al esquema de sobornos de Exxon Mobil para la renovación de licencias sobre los pozos mencionados, ante las denuncias de otros funcionarios del gobierno nigeriano. El caso fue silenciado y Exxon Mobil no fue tocada por la ley, algunos funcionarios de Nigeria pagaron los platos rotos.

El esquema de sobornos de Exxon Mobil en África se repite en otras regiones del globo

Quizás el detalle acá no radica en los sobornos entregados, sino cómo a través de ellos Exxon Mobil consiguió explotar los pozos petroleros en Nigeria por un precio ínfimo en comparación a su valor real. Un ahorro de más 2 mil millones de dólares con respecto al precio inicial de la licitación. Ahí estuvo el hueso de la estafa y el robo del principal recurso de esa nación.

Pero esto no es nuevo en Exxon Mobil. Ya en 2003 la petrolera había utilizado testaferros para sobornar por más de 120 millones de dólares a los funcionarios de Kazajistán, para que le dieran acceso a grandes reservas petroleras en carácter de exclusividad, al igual que hicieran en otros países asiáticos y de Medio Oriente, con el objetivo de impedir el ingreso de la competencia a las licitaciones para proyectos de explotación petrolera. Que la mayoría de estos casos se ubiquen en países pobres y periféricos (incluidos los latinoamericanos) también emite un dato: la miseria generada por estas petroleras condimenta el caldo de cultivo para que la clase dirigente (reflejo de esa situación) acepten con mayor facilidad pagos y prebendas de todo tipo por parte de esta y otras corporaciones, que agilizan la entrega de los recursos nacionales o de negocios exclusivos a cambio de una migaja de las ganancias.

Eso que llaman "debilidad institucional" o "Estado fallido" es la consecuencia de cómo el modo de producción capitalista configuró la distribución de plusvalía a nivel global, dejando a los países productores de recursos energéticos y de ingente mano de obra secuestrados por el chantaje y la extorsión de las corporaciones, su marco de sobrevivencia más allá de la clase dirigente. En Estados Unidos y Europa el signo de la corrupción es distinto en tanto y en cuanto lo que ingresa ya es producto de lo robado a estas naciones pobres. Los conflictos de las potencias en torno al tema más bien radican en cómo mover y especular con las mostruosas cantidades de plusvalía extraída. Mientras allí son crímenes del exceso, en los países pobres son mordiscos y rasguños de lo que se llevan.

Una investigación del medio Huffington Post refleja que este mismo esquema de pagos de soborno de Exxon Mobil y otras corporaciones se ha repitido desde hace décadas en países como Túnez, Camerún, Irak, República del Congo, Emiratos Árabes Unidos y Sudáfrica, entre otros. Y sin lugar a dudas en Latinoamérica, donde Exxon Mobil logró conquistar el grueso de las reservas de los países del sur hasta la llegada de los gobiernos progresistas, quienes colocaron coto al saqueo.

El escritor Ken Silverstein, autor del libro El mundo secreto del petróleo, develó el esquema de sobornos de Exxon Mobil con altísima precisión: "No siempre es un soborno plano. (...) Usted era una empresa y quería una concesión en Nigeria. Bueno, irías al aguantador A y le darías, por ejemplo, un millón de dólares. El aguantador A iría con sus amigos del gobierno nigeriano y enviaría medio millón de dólares a unas cuantas cuentas bancarias suizas, o simplemente, ya sabes, una maleta llena de dinero en efectivo. Eso fue todo. El aguantador A mantuvo su medio millón, los funcionarios del gobierno tenían su medio millón, y la compañía (Exxon Mobil) obtuvo su concesión petrolera. Bastante simple, bastante directo".

Así funciona

Ahora bien. Podríamos quedarnos en la comodidad del análisis moral y afirmar que Exxon Mobil es una empresa malvada. Sí, es una petrolera explotadora de países pobres, delincuente y corrupta, pero esa es la esencia del capitalismo. ¿O creemos en serio que el capitalismo y las empresas funcionan sobre la base de la solidaridad y la rectitud legal?

Si Exxon Mobil no pagaba esos sobornos a los funcionarios nigerianos o kajazos, o de cualquier otro país, seguramente hubieran perdido la posibilidad de comprar esos pozos, dado que las empresas competidoras, sean chinas u otras estadounidenses, sí estaban dispuestas a pagarlos y quedarse con ese petróleo. Es una guerra donde el más delicuente vence, y esta se traslada a todas las esferas de la economía global, en todos sus tamaños, dimensiones y lugares, incluyendo al Estado como palanca legal. Ninguna empresa puede escapar de ella si quiere seguir con vida.

La mecánica de Exxon Mobil (como la de cualquier trasnacional) es natural al capitalismo

Es el principio de la competencia empresarial global, sin complejidades morales o dilemas éticos, es un problema de dinero y acumulación. El éxito de una empresa radica allí, no en su rectitud. Quien pague más sobornos y esté dispuesto a transgredir las leyes se impondrá sobre el otro en la jungla económica. Incluso esas leyes, más que una reglamentación, son instrumentos políticos para ser usados contra otras empresas.

La mecánica de Exxon Mobil (y como la de cualquier otra trasnacional) es natural al sistema capitalista. Lo que explica en el fondo es que si no recurren a estas prácticas para conseguir un determinado negocio, otro la hará. El principio que rige al sistema capitalista consiste en conseguir el máximo beneficio a costa de lo que sea. Si una empresa, sea cual sea, deja de perseguir ese objetivo o busca acatar las leyes, seguramente será aplastada por otra mucho más inteligente y hábil, sin quedarse pensando en discrimaciones ideológicas de quién tocarle la puerta con un maletín de dólares.

Entonces el problema de la corrupción privada o pública no es moral o ético, sino de cómo funciona el sistema y cómo se reproduce su lógica a escala planetaria. De cómo es indispensable para la continuidad del sistema capitalista y para dirimir las pugnas interempresariales.

Por eso el caso Odebrecht, más allá de la indignación global que le intentan fabricar los medios de comunicación, no es ni especial ni el único, ni el primero ni el último.

En tal caso estaban siguiéndole los pasos a una empresa exitosa como Exxon Mobil, que ha sabido labrarse su camino, posicionarse como la principal empresa petrolera del mundo y gobernar países a fuerza de sobornos, tráfico de influencias y extorsiones comerciales, la única forma que existe.

¿De qué otra forma podría Odebrecht lograr ser la Exxon Mobil de la construcción en Latinoamérica, si no era cumpliendo a cabalidad ese manual de instrucciones? ¿Qué empresa no quiere ser grande y poderosa? ¿Para qué se funda una empresa entonces? Todo lo que bordea el caso Odebrecht está hecho a imagen y semenjanza de las mecánicas aplicadas por las corporaciones a nivel mundial, la conducta y el comportamiento que enseña la élite, su ejemplo.

Que ese caso de corrupción se haya "destapado" no es casualidad ni producto de la preocupación sobre el tema de la corrupción por parte de Estados Unidos, que ha defendido a su gallina de los huevos de oro negro a capa y espada, Exxon Mobil y compañía. Lo que sí lo explica es el interés de estas mismas corporaciones de quitar a Odebrecht del camino. De dejar bien en claro que en Latinoamérica mandan ellos y los únicos con derecho a pagar sobornos y cometer prácticas fraudulentas para crecer como empresas son ellos. Los maestros de la corrupción no quieren ser superados por sus alumnos, hay mucha plata en juego.

También una declaración de guerra. Un castigo ejemplarizante para todos aquellos que quieran entrar a la jungla del mercado global, sepan a qué atenerse.

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