España celebra el 12 de octubre con su propia bancarrota política

Nostálgica y orgullosa es la élite española, cuyo "Día de la Fiesta Nacional" tiene mucho de mito y ruinas neoliberales, poco de grandeza imperial y colonial. Hoy España vive un desmantelamiento consentido de su Estado-nación, y con ella a toda una población que es más pobre con cada respiro.

Es paradójico que lo hoy conocido como España moderna, que para el año 1492 había expulsado a los judíos y subyugado a los musulmanes en la península ibérica en demostración católica de fuerza, además de comenzar una entonces insospechada empresa de conquista y colonización de un mundo totalmente ajeno, transatlántico, es decir, que España era pionera en Europa por su "originaria 'experiencia' de constituir al Otro -citando a Enrique Dussel- como dominado bajo el control del conquistador, del dominio del centro sobre una periferia", sea hoy un Estado en proceso de descomposición, convertido en un suburbio marginado de la Unión Europea, desindustrializado y precarizado en su estructura, cuyo signo actual más expresivo de su desintegración es la separación cataluña.

Esa España o "hispanidad" que cerró cual círculo su identificación nacional, y hasta así lo admitió Miguel de Unamuno en 1927, como centro imperial con la conquista de los territorios americanos a fuego y sangre, basada en el culturicidio y la esclavitud africana, facturó el precio del progreso y el desarrollo capitalista en forma de oro y otros minerales preciosos, tierras arrasadas transformadas en bulas papales y encomiendas, y orgullo colonial que se vio en detrimento con las guerras de Independencia y la inserción de los capitales británicos, holandeses y posteriormente estadounidenses. Sobre ello han escrito suficientemente desde Eduardo Galeano hasta Howard Zinn.

Ciertamente fue la gesta bolivariana la que hirió esa presunción española, monárquica y católica, pero el principal responsable de rematarla fue Estados Unidos en 1898 con su Doctrina Monroe, bajo cuya égida arrebataron a España los territorios insulares de Cuba, Puerto Rico, Filipinas y Guam.

Sin duda el llamado Siglo de Oro español, que tuvo sus expresiones culturales más prolíficas en poetas como Quevedo, Góngora y San Juan de la Cruz, novelistas de la talla de Cervantes y los dramaturgos Lope de Vega, Tirso de Molina y Calderón de la Barca, fue uno lleno de esplendor, y tuvo que ser así debido al colchón estructural que le proveyó la fuerza de trabajo esclavo indígena, africana y criolla de estos lares continentales. Forma parte de la historia de España el haberse concebido centro de una Europa que comenzaba a erigirse como protagonista de la Historia (en mayúsculas) para luego sumergirse en las sombras de ella, por mediocridad propia e impronta foránea.

Porque luego de ese Siglo de Oro (que duró más de un siglo), España se convirtió en una incógnita incluso para los mismos españoles. Desapareció de los anales relevantes de la historia occidental salvo como anécdota de las épicas alemanas, británicas, francesas. España sólo reaparece como "mal ejemplo" de República pretendidamente independiente de las élites transnacionales estadounidenses y europeas que tuvieron en contraposición a Francisco Franco, un representante admitido, tolerado, apoyado y soportado en principio, como lo fue en su momento Adolf Hitler.

A pesar de ese crítico bajón de la "hispanidad" como cultura colonial en los recientes siglos, España mantuvo su verbo en el calendario de efemérides de la América continental, con permiso de las lenguas castellana e inglesa que son mayoría por centenares de millones. El 12 de octubre de cada año aún se denomina "Día de la Raza" en países como México. Otros nombres recibe como culto simbólico al eurocentrismo, por ejemplo, en Chile, que pasa a ser "Día del Descubrimiento de Dos Mundos"; en Costa Rica, "Día de las Culturas"; en Estados Unidos, "Columbus Day" (en español, "Día de Colón"); en Uruguay, "Día de las Américas". En Argentina se le llama "Día de la Diversidad Cultural Americana". En contraste con las otras repúblicas, en Venezuela y Nicaragua resignificaron a "Día de la Resistencia Indígena", y Bolivia a "Día de la Descolonización".

A España le queda la nostalgia colonial y el legado franquista

En España asimismo renombraron a "Día de la Hispanidad" con Franco de principal propulsor bajo el concepto desarrollado por el intelectual reaccionario Ramiro de Maeztu para "brindar por la raza española". Para deslastrarse de ese enunciado franquista, de forma mas no de fondo, la democracia española llamó al 12 de octubre el "Día de la Fiesta Nacional de España" en 1987. España cada 12 de octubre se celebra a sí misma, o mejor dicho, a un recuerdo de sí misma, en un inútil ejercicio de moralística nacional.

La tragedia neoliberal que viven los pobres en España se suma a las ya precarizadas realidades europeas de Rumanía y Grecia, que ya es mucho decir. La "dieta económica mediterránea", basada en un "boom" urbanístico que enriqueció aún más a las grandes constructoras, el turismo estacional y el consumo interno de productos importados de las poderosas transnacionales angloeuropeas, explotó en 2008 en el seno de España y se ha traducido en un escalofriante dato social: en 2016, más de cinco suicidios diarios registrados tuvieron por causa la política de desahucios en los grandes centros urbanos (sobre todo Madrid). Los bancos quitan y ponen a placer techos sobre las cabezas del precariado español.

Otros datos sobre la situación laboral española dan cuenta de la descomposición: la tasa de desempleo es de 17,8%, la segunda más alta de la Unión Europea después de Grecia (22,5%). El número de jóvenes menores de 25 años sin trabajo es de 38,6% (44,4% en Grecia). Unas 46 mil personas se unieron a las filas de desempleados en agosto de 2017. El número de trabajadores que aportan impuestos sobre la nómina a la seguridad social se encuentra en 179 mil. Una cuarta parte de los "parados" no ha tenido un empleo durante al menos cuatro años. Ese aumento de precariedad laboral es mayor incluso que en 2008, cuando explotó la burbuja inmobiliaria en Estados Unidos que profundizó la crisis del capitalismo neoliberal a nivel global.

Según informe de la Unicef, en España el 30,5% de los niños (tres de cada diez) viven en pobreza relativa (por ingresos familiares), la sexta tasa más elevada del ránking de países ricos, y el 31% en pobreza multidimensional, que identifica múltiples carencias a nivel de los hogares y las personas en los ámbitos de la salud, la educación y el nivel de vida.

En enero de 2017, durante el Foro Económico de Davos, en el que se reúne la crema y nata de la élite global, se develó mediante un informe de Oxfam Intermón que los tres más ricos de España tienen lo mismo que el 30% de los más pobres de ese país.

Podría seguir arrojando datos sobre el desastre producto de ese desmontaje estatal-nacional que experimenta España en cámara lenta, gracias debidas a la entrega de las élites españolas a los amos de la Unión Europea, pero ciertamente las estadísticas no reflejan la verdadera tragedia cotidiana de la "hispanidad", lejos de ese Siglo de Oro que es mito e historia por mampuesto.

El empuje por la independencia catalana está íntimamente ligado a un intento de las élites más prósperas y opulentas de España de explotar su posición económica y financiera ya privilegiada, cuyos impuestos recaudados por el Estado español subvencionan todavía a las regiones y capas más pobres. Habría que recordar que Cataluña proveyó nada más en 2016 el 19,03% del PIB español, una cifra nada desestimable. La derecha neoliberal catalana no quiere pagar los platos rotos del Estado español hecho migajas.

Por supuesto que es paradójica una celebración de España como símbolo de ese hito moderno que fue aquel imperio otrora esplendoroso, pues sólo le queda la nostalgia colonial y el legado franquista que hoy se reflejan en una disminuida y despótica figura llamada Mariano Rajoy. Aunque también podría llamarse Felipe VI o incluso Donald Trump.

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