El antichavismo cae en estado de coma: cronología de un quiebre irreparable

La crisis inédita que hoy arropa a la oposición venezolana venía cocinándose desde principios de 2016, a tan sólo una semana de haber conquistado el parlamento nacional. La habilidad política del alto mando chavista en medio del conflicto se encargó de dar los toques necesarios para quitarle definitivamente el velo de "unidad". Poner las cosas finalmente en su sitio es un mérito que debe reconocerse, con nombre y apellido: Nicolás Maduro.

Todo el mundo elogia la victoria en la batalla,

pero lo verdaderamente deseable es poder ver el mundo de lo sutil y darte cuenta del mundo de lo oculto,

hasta el punto de ser capaz de alcanzar la victoria donde no existe forma.

La fuerza es la energía acumulada o la que se percibe.

Esto es muy cambiante.

Los expertos son capaces de vencer al enemigo

creando una percepción favorable en ellos,

así obtener la victoria sin necesidad de ejercer su fuerza.

El Arte de la Guerra de Sun Tzu

 

Round 1. Al matadero Henry Ramos Allup y una fallida propuesta de revocatorio

Las elecciones parlamentarias de 2015 configuraron un mapa de poder a lo interno de la oposición que dirigiría el curso de sus acciones y posturas durante el año 2016.

Primero Justicia (PJ) se posicionó como la principal fuerza política con 33 diputados electos, mientras que Acción Democrática (AD) se ubicaba como la segunda con 25 curules. Detrás estaba Voluntad Popular (VP) con 18 y Un Nuevo Tiempo (UNT) con 17 diputados. 

Así quedaba estructurada la cadena de mando, las jerarquías y en consecuencia lo que cada partido podía imponer o aceptar acorde al capital político y electoral logrado.

Henry Ramos Allup asume la presidencia del Parlamento. En nombre de "la unidad" y con su respaldo como segunda fuerza opositora se instala el clima de choque total contra el Estado venezolano, patente de VP y PJ.

En su primer discurso se le pone tiempo y fecha a "la salida de Maduro": seis meses, ni más ni menos. La famosa "Ley de Amnistía" (pensada a modo de indulto para Leopoldo López) es el segundo acto que consagraba a Ramos Allup como intermediario entre la agenda de Voluntad Popular y la vitrina política del parlamento.

Luego de varios meses intentando demarcar en una sola ruta aquello de los "seis meses" para sacar a Maduro, VP y PJ imponen el revocatorio para cobrar políticamente los resultados de las parlamentarias. 

Sin embargo, el centro de la maniobra no estaba en el mero procedimiento. A sabiendas de que los tiempos no daban para su realización, el revocatorio fue utilizado como medio para iniciar un ciclo de ruptura y desconocimiento del Estado venezolano desde el parlamento, para luego buscar su propagación en instancias internacionales.

Ramos Allup tratando de deslindarse de su condición de conserje de VP, da dos pasos hacia atrás y reconoce que el revocatorio es complicado y que la ruta más efectiva era la aplicación de varias enmiendas constitucionales que recortaran los períodos de Nicolás Maduro y del resto de los poderes del Estado.

Pero el problema no era el revocatorio en sí ni su realización, mucho menos la "ruta alternativa" de Ramos Allup, sino los efectos políticos que produciría. Pensado como un mecanismo para trancar el juego, creó las condiciones para que Luis Almagro (en nombre de la OEA), el ala radical del Sur de La Florida (piense en Marco Rubio), el Departamento de Estado y sus lobbys subsidiarios (piense en el Grupo IDEA) se erigieran como jefes de la oposición con voz y voto, todos a la vez y en simultáneo, por encima de todos los demás liderazgos.

VP y PJ en su condición de intermediario de estos lobbys extranjeros, y principalmente de los que a lo interno de EEUU tienen la voz cantante con respecto a Venezuela, aplacaron al resto de la dirigencia en función de los intereses corporativos, energéticos y financieros que presionaban por su sacrificio. VP hizo que Ramos Allup fuera el gran derrotado de 2016.

La negación de todo signo de soberanía y determinación propia que le han querido imponer a Venezuela -guerra económica y financiera mediante-, también se cuenta por ese lado: delegar la última palabra y la autoridad política en agentes extranjeros, si bien es un síntoma de entreguismo, recalca a su vez la debilidad y dependencia de quien la promueve; la poca confianza en sus propias capacidades.

Esa nueva camada de políticos globalizados, sin identidad propia, sin nada que defender más que sus cuentas en Instagram y Twitter, encuentra en VP y PJ su máxima expresión. Y en esos esclavos políticos del siglo XXI que no critican ni cuestionan, EEUU no pierde su oportunidad para apostar.

La pelea intraopositora se planteó entre los ninguneados y los ungidos por EEUU

Round 2. La breve venganza de los ninguneados y el diálogo de 2016

Con las presiones de Luis Almagro para activar la Carta Democrática Interamericana de la OEA "si el Gobierno no permitía el revocatorio", el alto mando chavista decidió apegarse a los tiempos estrictos de la Constitución, unificar sus fuerzas a lo interno a favor del diálogo como alternativa a la injerencia y apoyarse en el bloque caribeño para impedir que se desconociera internacionalmente al Estado venezolano.

La estrategia emprendida da resultados. No se activa la Carta Democrática, el asedio diplomático no alcanza mayores daños, el chavismo se fortalece políticamente a lo interno y las fases que quedaban para activar el revocatorio son suspendidas por 600 mil firmas irregulares presentadas por la oposición.

Utilizando a su favor la poca influencia demostrada por Almagro en la OEA, Maduro logra imponer el diálogo como único escenario político para finales de 2016. Los ninguneados y aplastados por VP, quienes distribuyen a toda la dirigencia el costo político del revocatorio, asisten a par de reuniones con dirigentes del chavismo, los acompañantes internacionales de aquel entonces (los ex presidentes Zapatero, Torrijos y Fernández con el apoyo de El Vaticano y Unasur) y en última instancia con el presidente Maduro.

Ramos Allup manda a su emisario Luis Aquiles Moreno, asiste Carlos Ocariz (regañado después por Borges y Capriles), Henri Falcón (Avanzada Progresista) y Timoteo Zambrano (UNT). La oposición inmediatamente se estremece, pierde capital político y credibilidad y como resultado salen a relucir dos bloques nítidos: quienes ven en el liderazgo de VP y PJ una apuesta al suicidio político, y VP y PJ quienes utilizan su cualidad de ungidos por EEUU para subordinar a toda la dirigencia. 

El electorado opositor sufre de esta forma su primera grieta existencial de gran profundidad que lo divide entre sentimientos de rechazo, confusión y ánimos de abstención, al no saber si un escenario de negociación o electoral con el Gobierno es una traición o una acción efectiva.

Round 3. El tiempo de las sanciones y la venganza de los niños-bomba

Aunque en apariencia Luis Almagro tuvo que tragar amargo y países de peso e instancias multilaterales (Unión Europea, OEA, Celac, entre otros) apoyaron la Mesa de Diálogo, las presiones que ejerció EEUU a través de VP y PJ logran su cometido: el diálogo se suspende y los incipientes avances de negociación son revertidos.

Pero las derrotas del revocatorio y del diálogo, que hacen mella en "la unidad", no son suficientes para quebrarla definitivamente. Todavía quedaba tiempo -año 2017- para un último intento bajo la égida del partido de la guerra contra Venezuela. Una última oportunidad para un "todo o nada".

Asume una nueva Administración en EEUU de la mano de Donald Trump, que da mayor peso a la vocería en política exterior hacia Venezuela a personajes como Marco Rubio y el resto de congresistas del Sur de La Florida, patrocinadores de VP y PJ.

La influencia ganada por estos sectores radicales es visible al ritmo en que avanzó la agenda de intervención en cuestión de semanas. De repente comenzamos a ver a Donald Trump, sin apoyarse en el Departamento de Estado, hablando sobre Venezuela con Mauricio Macri, Pedro Pablo Kuczynski y otros subordinados de la región. 

Julio Borges, Luis Florido, Freddy Guevara y Lilian Tintori se despliegan internacionalmente semanas antes del inicio de un nuevo intento de revolución de color, con especial énfasis en Washington. Las fotos de Tintori con Trump, de Julio Borges con los golpistas en Brasil, entre otras donde posaron Freddy Guevara y Luis Florido con Luis Almagro y Marco Rubio, eran un preludio de lo que se venía: la operación de "cambio de régimen" en su variante de violencia extrema con respaldo y financiamiento de EEUU.

Luis Almagro reapareció para tratar de cumplir con la tarea no acabada en 2016. El año 2017 tampoco era el de la prometida y cabildeada Carta Democrática.

PJ y VP hicieron de las sanciones financieras su medio y fin

El plan ya estaba listo y sólo faltaba elevar el perfil de quienes en el terreno asumirían la conducción del conflicto. Ese dato por sí solo despeja el mito de que la violencia comenzó por dos sentencias del TSJ donde asumían algunas competencias de la AN. Si bien sirvió como excusa para el pitazo inicial, es falso que fuera una maniobra espontánea.

A esa violencia extrema y altamente destructiva le acompañó una ronda de sanciones cada vez más agresivas contra la estabilidad y la economía del país, ya bastante afectada por la guerra económica y la caída de los precios internacionales del petróleo. La foto de Borges con el general H.R. McMaster, asesor de seguridad nacional de EEUU, es suficiente prueba de que lo coordinado allí no tenía ningún fin benéfico para el país.

El alto mando chavista, hábil como en 2016, atacó sus flancos débiles a lo interno potenciando un sistema de seguridad alimentaria (los CLAP), desactivó una nueva amenaza desde la OEA, empleó el uso de la fuerza con autoridad donde debía hacerlo y acentuó el descontento por las guarimbas en bastiones de la oposición, enfrentando a los dirigentes con su propia base. Cohesionó al chavismo en torno a las sanciones y movilizó al país en función de la defensa nacional.

PJ y VP hicieron de las sanciones financieras su medio y fin, prometiendo que si seguían escalando junto con la violencia en las calles el fin del chavismo estaba a la vuelta de la esquina. Ante ese clima político los ninguneados de 2016 y 2017 tenían poco margen de maniobra, pero a medida que se acercaba el fin del trayecto -30 de julio, día de la elección a la ANC- las distancias comenzaron a hacerse presente. Ya la foto de Tintori con Trump o de Freddy Guevara con Luis Almagro perdían capacidad de chantaje.

Desde Henry Ramos Allup, pasando por Henri Falcón, hasta dirigentes de UNT como Manuel Rosales y Enrique Márquez, sabiendo que el chavismo no mostraba símbolos de debilidad, cuidaban las formas esperando el colapso, y sobre todo, buscando no ser arrastrados por el mismo.

Se instala la ANC y sólo quedan las sanciones como demostración de fuerza, ya no solo ante el chavismo, sino a quienes ya marcaban distancia y criticaban las gestiones de VP. La ANC convoca a elecciones regionales y en las primarias de la oposición entre tiros y botellazos, las diferencias salen a relucir.

Llega el temido día de las elecciones regionales. El alto mando chavista logra llevar a las urnas el centro del conflicto: caos vs. estabilidad, ingobernabilidad vs. orden. La agenda de "todo o nada" utilizada en su contra el traslado al seno de la dirigencia opositora, colocándola en desventaja ante sus votantes que también fueron afectados por las sanciones y la violencia.

VP y PJ coparon a toda la oposición bajo un único mensaje de ruptura y de deslegitimación del CNE, previendo que el golpe sería rápido y fulminante y no tendrían que medirse electoralmente contra el chavismo. La consecuencia fue la desestimulación del voto opositor, pasando factura a todos los sectores del antichavismo e incidiendo en la caída dramática del apoyo electoral. Producto de estos errores de cálculo, de una narrativa disociada de la realidad, las elecciones pasaron de ser la mejor apuesta de la oposición a un escenario favorable para el chavismo.

Ramos Allup y otros dirigentes que tienen capacidad de conquistar cuotas de poder, distinto a VP y PJ que cayeron en su propia trampa de deslegitimar al árbitro electoral para luego medirse bajo sus reglas, están cobrando con sus críticas y quiebre de "la unidad" los coletazos de la abstención propiciada por los radicales. Allí entra también el plebiscito del 16 de julio y el nombramiento del TSJ paralelo sin capacidad política real.

El chavismo manejó el conflicto hasta lograr el quiebre de la MUD

¿Round definitivo?

La juramentación de los gobernadores de AD ante la ANC fue la gota que derramó el vaso.

VP, PJ y sus jefes en el extranjero han demostrado que con su agenda de sanciones financieras y violencia, más allá de los inmensos costos financieros y humanos que siguen dejando, afectan su capital político más que al chavismo.

Ante esa realidad objetiva y medible por los resultados en las regionales, los ninguneados por dos años seguidos hoy tienen como bloque casi 50 parlamentarios y cuatro gobernadores con los cuales reclaman la jefatura de la oposición. Esos son los activos que plantean usar para imponerse, mientras que VP y PJ (el primero sin gobernadores, el segundo ya veremos), arrasados en las primarias internas y en las regionales, echan mano de lo único que tienen: el respaldo de los lobbys y grupos de presión antes comentados. Y algo también les juega en contra: el quiebre entre una percepción internacional de triunfo estimulada por ellos y su poco respaldo electoral en las elecciones regionales.

Por esta razón, los autonombrados jefes en el extranjero avanzan por su cuenta tratando de ser la vocería que unifique a lo interno: Luis Almagro con su TSJ paralelo, el Grupo de Lima y lobbys asociados con sus comunicados, EEUU y UE amenazando con aumentar la presión vía sanciones.

Después de los resultados de las regionales, es altamente costoso volver a aguantar callados y sin cuestionar las líneas que vienen de afuera. Por eso, sin temor a nada, Ramos Allup arremete contra Luis Almagro y Henri Falcón describe la decisión de separarse de la MUD de Henrique Capriles con la siguiente frase: "No podemos dejar a una muchachera que dirija la oposición". El quiebre parece no tener reparo.

El odio que puede sentir un dirigente chavista hacia Nicolás Maduro o Diosdado Cabello, hoy quizás es idéntico al que siente Henrique Capriles por Henry Ramos Allup, Julio Borges por Laidy Gómez o Freddy Guevara por Henri Falcón. El "todo o nada" de las guarimbas se trasladó con exactitud a sus propias relaciones personales, agrandando las brechas y diferencias que parecen irreconciliables.

Y lo esencialmente humano adquiere una importancia vital: la lógica de Henry Ramos Allup frente a Freddy Guevara, o viceversa, es de supervivencia pues el poder de uno pasa irremediablemente por la destrucción del otro. Eso sí es exclusiva responsabilidad de ellos.

No en balde Julio Borges y Luis Florido se volvieron a desplegar por el extranjero para intentar mostrar el músculo suficiente que haga al bloque "moderado" de Henry Ramos Allup, Henri Falcón y otros, subordinarse por temor a represalias en el futuro.

Allí también se da un fenómeno generacional que configura cómo se hace política: mientras los viejos políticos experimentados reclaman ser jefes, los jóvenes acatan la línea desde afuera y se subordinan con una sonrisa.

Por más que las condiciones de este conflicto interno estaban dadas, sin que el chavismo manejara el conflicto como lo hizo, la oposición no hubiera alcanzado tal nivel de ruido.

El alto mando chavista supo leer a su adversario en su esencialidad política, de clase, su historia: la codicia de Henri Falcón, el apetito de venganza y de ser jefe absoluto de Henry Ramos Allup, la desesperación de Freddy Guevara que ve venir su carrera política hacia el abismo, los complejos políticos y el miedo de desaparecer de dirigentes como Henrique Capriles y Julio Borges, la baja autoestima de Luis Florido, el desprecio al que han sido sometidos dirigentes de UNT y otros partidos pequeños del antichavismo. Maduro le dio un marco político para que la colisión de sus adversarios fuera su propia arma de desgaste. 

Midió cuándo avanzar y cuándo no, cuándo jugaban con las apariencias y la presión psicológica (la intervención militar extranjera) para atemorizar y cuándo sí eran voceros de verdaderas amenazas (el bloqueo financiero).

Al final del día la lección política que nos va dejando este cierre de 2017, es que aún en un año complejo y difícil, altamente peligroso para la existencia del país en sí, el alto mando chavista no tuvo que meter preso a ningún alto dirigente opositor para voltearles el escenario. Utilizó las elecciones en las que tanto se daba por victorioso al antichavismo, como un mecanismo sutil para descolocar al adversario (interno y externo) en su propio terreno.

El chavismo sigue haciendo uso de su inteligencia y habilidad política para sostenerse, ese es un activo mucho más valioso que los más de 300 mil millones de barriles que reposan bajo nuestros pies.

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