Contra los intelectuales: noticias desde el gallinero de marfil

Hay momentos en la historia en los que la desnudez de los hechos hace que el pensamiento se quede atrás. Que cierto lote de ideas, en la forma en que se concebían un rato antes, acusan fecha de vencimiento, y no por eso pierden vigencia si no que exigen, fundamentalmente, ser revisitadas. Puesto que lo que les da contorno son los aspectos que componen los hechos duros, lo que acontece. Es ahí donde se ponen a prueba. Y crecen o mueren, según el caso.

No hay secreto: si el oficio del intelectual se basa esencialmente en aquello que llaman "realidad" como materia prima, el principio está a simple vista, y es partir de ahí que para poder renovar, reoxigenar y mantener una consistencia con lo que se tiene, la mirada sin filtraciones antecede a la reflexión. Y, comprensiblemente, esto conlleva un riesgo.

Si sobre la vida misma se presenta la decisión de elegir como prioridad entre defender donde se vive de los peligros indiscutibles e inminentes a partir de lo que demostradamente está ahí, o sostener contra todo el acumulado que te acredita como pensador, comunicador, o cualquier otro disfraz según la ocasión y el comunicado que se firme por temor a la contradicción, en el primer caso no esperes felicitaciones, en el segundo no esperes consistencia.

En cómo producen ideología, así se promuevan del otro lado de la baranda. Fue a punta de legitimación progre que la OTAN entró en Libia, y todo ese pensamiento libertario a lo Alba Rico degeneró en un país donde hoy en día hay mercados de esclavos a cielo abierto. La pureza de las formas matan.

La cuestión nacional por lo visto es algo reaccionario, porque ahora prela lo sin fronteras. O internacionalismo, como quieren llamarlos algunos, piadosamente.

Los mecanismos por los cuales esto se emplea han estado por largo rato a la vista: del consenso contra la invasión a Irak en 2003, se pasó al principalismo que dejó de identificar la misma lógica de invasión/expedición punitiva contra Liba y Siria. No quiso ver cómo "las movilizaciones masivas" pasaron a ser de un feticho de Porto Alegre a un recurso más en las primeras etapas del trance nacionalicida. Había que fabricar un consenso, un silencio, o en su defecto una división: "Condeno en Siria al yijadismo y al autoritarismo macho-falocrático-heteronormado de Al Assad".

Y mientras tanto, para no repetirnos tanto en el asunto de la guerra cada vez más descampada, total y descarnada en la que vivimos, en esa "vaga astronomía de pistolas inconcretas", como dice el poema de García Lorca, la muerte avanza. La muerte mata y se llama muerte. El caos amenaza al único orden que tenemos sobre el único territorio en el que vivimos. Pero eso pareciera secundario.

Los comunicaditos

Así, llegamos a la guerra de comunicados intraintelectual de la semana pasada. Y hablemos de endogamia frente al enemigo, pero como amigos. Como si ahora lo más importante fuera el debate. De los intelectuales "de la derecha" y su farandifascismo de ocasión no hay casi motivos por qué ocuparnos, la tienen fácil: no hay discusión, y todo el "trabajo" al que se dedican se circunscribe a repetir las tres fraseologías de turno, la insulsez cómplice del exterminio: ideología.

Y en contrapartida, es todo un encanto el comunicado "Mirar a Venezuela, más allá de la polarización", que tuvo su principal caja de resonancia nada menos que en Infobae (ese reconocido cañón/cloaca argentino a la altura del coaching de Macri), el olor a mierda ya comienza a nublar la validez de los argumentos, y le imprime una clara orientación política inconfesa, pero evidente. Basta ver de dónde provienen los aplausos.

No es útil disminuir el fenómeno con ataques ad hominem, personales, sobre quienes la firman (aunque mi preferido es un venezolano que se asume "ontólogo" que ríete de Nietzsche), pero en sus premisas se encuentra todo: 1) un gobierno "deslegitimado" frente a una oposición víctima (admitiendo por lo menos que "un sector" es violento y subordinado a los gringos), pero que 2) todo es producto de una secuencia cuyo gérmen de la violencia es total responsabilidad "del Estado" en plena "deriva totalitaria", pervirtiendo todas las formas de autonomismo libertario, de un presunto y sospechoso "otro mundo posible" que vaya usted a saber dónde queda, desde una asegún posición despolarizada. "Como intelectuales de izquierda".

Estos intelectuales empalman al dedo su discurso con el de MariCori

No obstante, ese festival de abstracciones empalma redondo con lo que diría María Corina Machado y toda la constelación ultracavernaria de hoy en día. El llamado a un diálogo de "autoconvocados", "despolarizados", con el agregado de "un Comité Internacional por la paz en Venezuela" (la puerta de la cocina de la "despolarización", por cierto, en tanto práctica de real politik, ya la empeló Henri Falcón en su momento, en su fallido intento de capitalizar la tercera posición).

Y esas abstracciones que pudieran parecer "espontáneas" y recubiertas por el aura sagrado que confiere el gallinero de marfil, hasta que de la cumbre olímpica de sus invaluables reflexiones bajamos aquí donde las cosas pueden aburrir, el punto de confluencia de la misma agenda de cambio de régimen, contra el gobierno actual, bajo estas fatales circunstancias sin cuartel, convalidan lo que ocurre con su posición. Pero por más ilusoria que consideren su grandeza, son un vulgar conjunto de fusibles dentro del cableado que compone al sistema de la guerra.

Tienen un claro objetivo político así lo encubran de floripondieces. Lo nombran con el mismo vocabulario de quienes presuntamente se desmarcan.

Llega a ser entretenido, incluso, cómo alguna de las firmantes, promotora del comunicadito de marras, aséptica militante de la pureza, defiende que por el otro promotor de esa misiva hablan sus incuestionables credenciales de militante de izquierda, como si eso valiera de algo y que por sólo invocarlas se puede escuchar el "¡vade retro, reaccionarios, que aquí llegamos nosotrxs!".

Luego están los que no se dejarán "extorsionar" moralmente porque la hora venezolana actual es fea y no está a la altura de sus impecables ideas, como si a muchos de ellos no los gobernaran Macri o Temer. Sobre estos insoportables parecidos hemos hablado. Sobre su función en el territorio instrumental y complejo también.

También del papel instrumental al que "por izquierda" se reducen. Al final del túnel no tienen problema en verse como los intelectuales orgánicos de la transición que al corte de caja de hoy en día capitanea doña Luisa.

Pero las respuestas a esa andanada tampoco ayudan. Alguien con poco vuelo por ahí se mortificaba porque el problema son algunos intelectuales y sus ideas, y no el estamento en su conjunto en un mundo donde absolutamente todo está en crisis (de donde este servidor por supuesto tampoco se escapa); como si esto se pudiera resolver en el sano debate con los iguales pero contrarios.

La contrarrespuesta de la otra agrupación, que alegra por la cantidad de firmas, por lo menos, alude al mismo espacio cerrado. A la misma declaración de principios. A la pastoral perpetua. Pero, compañerada, lo dijo Jaime Jaramillo Escobar: "Se acabó la poesía de rosas, venid a oler esta mierda".

Prisioneros de las formas, de los fetiches del deber ser, de la misma banalidad del bien pero con otro enfoque, la baranda aceptada o negada en momentos como estos no son la mejor excusa. La exibición de virtudes viene, cuando es algo público, tiene su costo. Mal pudiéramos quedarnos a mitad de camino.

Pensar tiene su lugar, pero así como no es menos que cualquier otro trabajo, tampoco es, vaya que no, más que cualquier otra actividad de la esfera humana. Sino su complemento indispensable. Lo demás son gaseosidades en medio de la guerra. Suficiente con ver cómo mi desdentada generación, paralizada de principios flojos, entrega las armas una a una. Y tampoco hace nada. 

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