A ti también te sancionaron

Los infomercenarios (nombre con el que prefiero definir a los especímenes que hoy trataremos) se han camuflado sabiamente como maquilladores de la guerra, han gastado toneladas de polvos traslucidos en la labor encomendada por sus dueños, se han esmerado, eso no puede negarse. Pero como todo maquillaje, toda máscara tarde o temprano se pudre y lo real no tarda en exponerse.

Si queremos hacer un ejercicio de simplicidad, habría que echar mano de los hechos más recientes en el país, 160 muertos antes y durante ese intento de golpe de Estado que se lanzaron en el este de Caracas, los maquilladores de la guerra no pararon de decir que quienes prendieron en candela a Orlando Figuera o quienes asesinaron silenciosamente a Almelina Carrillo y públicamente a Danny Subero eran "libertadores", "guerreros de la paz", "la resistencia" ante la dictadura. 160 muertos después, los maquilladores de la guerra dicen que las reuniones de Julio Borges y Freddy Guevara con lo más granado de la oligarquía (y el fascismo) occidental para pedir que se apriete un poco más la soga atada al cuello de Venezuela, no es más que una "gira por la libertad" del país.

Pero hay más. ¿Ha leído usted durante las últimas horas a alguno de estos personajes analizando extensa y minuciosamente la asquerosa revuelta que hay entre los principales partidos de oposición al chavismo por las candidaturas a gobernaciones? Seguramente no, pues como otras tantas veces, la conveniencia juega hoy a favor del silencio. 

Estos agentes, propagandistas y/u operadores financiados a dólar paralelo, arguyen grandes textos para tratar de convencer al país todo, que las sanciones tan solicitadas al gobierno gringo y sus aliados europeos, en nada afectará la cotidianidad. Lo mismo dijeron del Decreto Obama: es solamente contra el "narcorrrégimen de Maduro, no contra usted", y aquí estamos, transitando una fase declaratoria (sin máscaras, por cierto) pre-bélica (jelou, Mr. Trump), la continuación de esa misma agresión.

¿Pero qué otras cosas pueden extraerse de esa evidente intención de ocultar o desinformar acerca de la dimensión del peligro que representa el tema de las sanciones? Pues como otras tantas veces hemos asegurado, existe un interés en minar la confianza del chavismo en sus líderes, otros intereses tienen que ver con el mandato expreso de silenciar el manejo real de la política en tiempos de Guerra No Convencional por parte del chavismo en el poder: maniobras económicas y financieras con petróleo a $30.

Es línea mediática distorsionar el esfuerzo gigantesco que hace Maduro por sostener los planes y misiones sociales: si aumenta el sueldo hablemos de inflación, si obliga a los comerciantes y empresarios a debatir un ajuste de precios hablemos de desabastecimiento futuro, si habla de seguir defendiendo la soberanía del país hablemos del narcorrégimen. Absolutamente todas esas posturas ejecutadas desde cada redacción de medios privados del país -donde varían estilos y formas pero la finalidad es la misma- son para que usted jamás se entere del peso que las sanciones van a sumar a su día a día, y que cuando el Enalapril que tardabas un mes en conseguir (a veces gratis en los Farmapatria) ahora lo consigas cada dos meses o no lo consigas más nunca, pues termine como siempre maldiciendo a Nicolás y ni sospechando que Julio Borges viajó repetidamente al extranjero a bregar por eso.

¿Te vas a seguir dejando embadurnar el cerebro por los maquilladores de la guerra?

Sí, definitivamente cada sanción impuesta al país tiene que ver con usted y conmigo.

Ejemplifiquemos: en todos los medios digitales que tributan a los intereses de derrocamiento del presidente Maduro, es repetitivo el uso -y abuso- de historias sobre lo desesperanzador que puede tornarse la búsqueda de algún medicamento, o el desamparo que se vive en cualquier hospital público del país (a cualquier venezolano no le hará falta leerlo en ninguna parte, seguramente cualquiera de nosotros lo ha vivido en carne propia). Pero detrás de ese uso, detrás de ese silencio deliberado sobre otros actores que también juegan pesado en el tema de la salud, se esconden verdades tan simples como que en 2014, solamente a la sucursal de Pfizer en Venezuela -por poner un ejemplo- se le otorgaron aproximadamente 9 millones y dele de dólares para la importación de medicinas que tratan el cáncer y el VIH, en 2015 fueron más de 2 millones 600 mil, y ya en ese año comenzaba a notarse la desaparición de muchos medicamentos en las farmacias. Ojo, para el resto de medicamentos que esta farmacéutica en particular comercializa en Venezuela, hubo más dólares (los datos han sido publicados en el portal La Tabla).

69 farmacias de medicamentos de alto costo existen en Venezuela para garantizar el suministro de medicamentos oncológicos. Otro dato inocultable y con el que deberían tapizar las más gigantes vallas en el país es el que reporta que: Venezuela es el único país del mundo que garantiza gratuitamente el tratamiento oncológico a pacientes con este tipo de enfermedades. A diferencia de la Colombia de Santos, donde por ejemplo tratarse un cáncer de mama, hasta 2016, costaba 65.603.537 pesos colombianos, según investigación hecha por el Instituto Nacional de Cancerología en Bogotá. O en los Estados Unidos del sueño americano, donde los hipertensos deben gastar 200 dólares por día y más de 1 mil 300 dólares semanales para poder comprar el fármaco que requieren.

Usted no lo va a leer en medios dónde sólo se sobreexpone el deterioro del sistema de salud como una individualidad, como si el que roba un medicamento y lo vende fuera del hospital está influenciado por Maduro y no por la cultura bachaquera inmersa en el cuerpo de la humanidad entera. ¿O es menos bachaquero Pfizer que desvió medicinas con los dólares que le dieron o nunca los importó?

¿Que hay deficiencias? Sí, y van a seguir existiendo, y cada vez se hará más cuesta arriba subsidiar medicinas de alto costo. A eso van a contribuir las sanciones, porque cada víctima de la escasez de medicinas es un objetivo acertado en el bombardeo no literal que ellas representan.

¿Te vas a seguir dejando embadurnar el cerebro por los maquilladores de la guerra?

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