La economía venezolana atraviesa un momento clave marcado por la convergencia de dos fuerzas contrapuestas: por un lado, el impulso sostenido de la actividad petrolera y la reactivación de proyectos de infraestructura estratégica; por el otro, el desafío de la reconstrucción tras los eventos sísmicos de junio.
Tres noticias de esta semana dan cuenta de cómo se está moviendo la economía nacional, los cuales reflejan la dinámica en lo macro y que tienen consecuencias en lo micro.
Producción petrolera consolida su tendencia al alza
Durante el mes de julio, la producción de crudo nacional alcanzó un promedio de 1 millón 200 mil barriles por día (bpd), lo que representa un alza del 1,09% en comparación con el millón 187 mil bpd registrado en junio, de acuerdo con los datos de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP).
Esta trayectoria ascendente se ha mantenido constante a lo largo de 2026: en mayo la producción creció un 3,79% ubicándose en 1 millón 179 mil bpd; en abril subió un 3,74% hasta 1 millón 136 mil bpd, y en marzo había cerrado en 1 millón 095 mil bpd.
En el acumulado del año, el incremento alcanza un 29,8% desde los 924 mil bpd contabilizados en enero, período en el cual existían restricciones sobre los buques petroleros que operaban en el país. Las estimaciones de los analistas indican que esta dinámica favorable se mantendrá durante el resto del año debido a los acuerdos firmados con empresas transnacionales.
En este sentido, la presidenta Delcy Rodríguez destacó durante el Consejo Nacional de Economía del pasado 13 de julio que la producción ya alcanzaba 1 millón 203 mil bpd, ratificando la meta de sostener el plan de crecimiento productivo y continuar la senda de recuperación, aun frente a los daños provocados por el doble terremoto que afectó a siete estados del país.
Inversión en infraestructura eléctrica como eje para la reconstrucción
En el área de la generación energética interna, la Corporación Eléctrica Nacional (Corpoelec) firmó un anexo complementario a su contrato original (conocido en el ámbito legal como adenda) con la empresa argentina IMPSA (Industrias Metalúrgicas Pescarmona S.A.). Este documento firmado entre el presidente de Corpoelec, Juan Fernández, y el presidente de IMPSA, Jorge Salcedo, modifica y amplía el acuerdo suscrito en junio para iniciar los trabajos en la Central Hidroeléctrica de Tocoma y optimizar la planta de Macagua.
Según detalló Salcedo, el proyecto iniciará de forma acelerada: en 90 días se prevé la incorporación de los primeros 160 MW al Sistema Eléctrico Nacional (SEN) mediante la activación de las Unidades 5 y 6 de Macagua. En una primera fase proyectada a 24 meses, el plan prevé sumar un total de 672 MW (432 MW en Tocoma y 240 MW en Macagua), con la meta final de alcanzar una capacidad instalada de hasta 2.640 MW entre ambas centrales a largo plazo, consolidándolo como uno de los desarrollos hidroeléctricos más importantes de América Latina.
Esta reactivación busca aportar nuevos megavatios en un momento crítico: el país registró la demanda eléctrica más alta de los últimos ocho años, alcanzando los 15 mil 726 megavatios (MW) como consecuencia del dinamismo económico y las altas temperaturas generadas por la emergencia climática global.
En relación con los daños ocasionados por el doble sismo del 24 de junio, las autoridades informaron que ya se ha restituido el 50% de los 600 MW afectados en la planta Termocarabobo y que continúan las labores para reparar los tramos de transmisión caídos. Ante este panorama, se mantiene una jornada laboral de contingencia en la administración pública de 8:00 a.m. a 2:30 p.m. en días alternos.
Por su parte, el ministro de Energía Eléctrica, Rolando Alcalá, señaló que las obras en el complejo del Bajo Caroní (integrado por Guri, Caruachi, Macagua y Tocoma) impulsarán el desarrollo industrial de la región Guayana y generarán empleos inmediatos.
Estimación del PIB 2026
El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) proyecta en su Reporte Macroeconómico del primer semestre un crecimiento del 6,5% en el Producto Interno Bruto (PIB) de Venezuela para el cierre de 2026. A pesar de los dos terremotos del pasado 24 de junio (que ocasionaron pérdidas humanas, desplazamiento de familias, destrucción de viviendas y daños materiales valorados en unos 6 mil 700 millones de dólares), la estimación de crecimiento económico inicial solo se redujo en un 0,5%.
De acuerdo con el organismo internacional, la actividad productiva se mantuvo en terreno positivo impulsada por la recuperación del sector petrolero, un mayor movimiento comercial y una mayor liquidez de divisas procedentes de las exportaciones, lo que también mejoró los ingresos fiscales por impuestos y actividad petrolera.
Aunque la inflación mostró una desaceleración durante casi todo el semestre, volvió a acelerarse en junio tras los sismos. Frente a este escenario, el PNUD señala que la reconstrucción debe aprovecharse para mejorar la calidad y seguridad de los servicios públicos, reduciendo vulnerabilidades y dinamizando el sector productivo nacional.
Perspectivas y claves analíticas
Resulta relevante observar la mínima variación registrada en las proyecciones del PIB para este año, ajustadas apenas un 0,5% a la baja tras un evento de la magnitud del doble terremoto de junio. Este comportamiento evidencia cómo los fundamentos de la actividad económica han mostrado una notable capacidad para amortiguar impactos adversos de gran escala.
El factor determinante de esta estabilidad radica en el dinamismo de la industria petrolera. El aumento sostenido en la producción de crudo representa una mayor entrada de divisas para el país, lo que inyecta liquidez a las arcas públicas, aporta estabilidad al mercado de divisas y frena presiones en los precios.
No obstante, para que este crecimiento del sector energético y comercial pueda sostenerse a mediano plazo, resulta indispensable garantizar una infraestructura base sólida. Es allí donde la inversión en el Sistema Eléctrico Nacional cobra un rol protagónico, retomando obras de envergadura como la hidroeléctrica Tocoma que responde a una exigencia directa del aparato productivo, pues ninguna industria puede expandirse ni ningún plan de reconstrucción puede consolidarse sin un suministro eléctrico confiable.
En su conjunto, estos indicadores proyectan una senda de crecimiento estable para lo que resta de 2026. Esta dinámica responde a la estrategia política del Ejecutivo nacional orientada a articular espacios de maniobra que permitan flexibilizar y sortear las sanciones económicas externas, facilitando la inserción de la producción petrolera en los mercados internacionales.
Asimismo, la decisión del Estado de priorizar y canalizar estos recursos extraordinarios hacia el fortalecimiento del sistema eléctrico refleja una visión gubernamental focalizada no sólo en solventar las emergencias coyunturales derivadas del sismo, sino en sentar las bases de la infraestructura requerida para consolidar la estabilidad económica del país en el tiempo.