Dom. 14 Julio 2024 Actualizado Viernes, 12. Julio 2024 - 16:36

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Orlando Figuera tenía 22 años y se dedicaba a cuidar y aparcar vehículos en un supermercado en Las Mercedes, cuando fue linchado y quemado vivo el 20 de mayo de 2017 en la plaza Altamira por guarimberos. Falleció pocas semanas luego por las heridas (Foto: Archivo)

Los elementos históricos y actuales del fascismo en Venezuela

El fascismo en Venezuela tiene varias fuentes de origen.

Una de ellas fue la actividad nazi registrada por grupos de este perfil mediante el auspicio de la embajada alemana en nuestro país en la primera mitad de los años 1940. Estas acciones consistieron en promover la ideología nazi, incluso en manifestaciones públicas, que intentaron acercar el poder político nacional al pensamiento alemán. Por razones de seguridad en el marco de la Segunda Guerra Mundial, mediante colaboración estadounidense, Venezuela expulsó a funcionarios nazis en 1941.

Otra deriva del fascismo a la venezolana provino del perezjimenismo. Si bien Marcos Pérez Jiménez no se calificaba a sí mismo como fascista, su gobierno tuvo prácticas conservadoras, totalitarias y corporativistas. Su ideario pseudonacionalista se basó en una narrativa que sirvió para justificar el totalitarismo de su gobierno.

La confluencia de ideas nacionalistas y las características propias de su "dictadura modernizante" —esta es la manera en que se catalogó el estilo de dictaduras desarrollistas en la región— sentaron las bases conceptuales de un neofascismo venezolano.

Durante la Cuarta República logró fundarse un partido político abiertamente fascista. Nuevo Orden (NOR) fue una organización declaradamente fascista y anticomunista que provenía del movimiento estudiantil de corte perezjimenista Poder Nacionalista (PN), que hacía vida en la Universidad Central de Venezuela. Fue creado como partido de carácter nacional en Caracas el 12 de enero de 1974, pero no adquirió relevancia en la vida política nacional.

NOR incluso participó en tres elecciones presidenciales, en 1983, 1988 y 1993, afortunadamente con nulo apoyo de la población. Finalmente fue proscrito por el Consejo Nacional Electoral (CNE) en el año 2002.

En 1984 el gobierno de entonces, encabezado por Luis Herrera Campíns, proscribió la organización llamada Tradición, Familia y Propiedad (TFP), secta o agrupación de laicos católicos vinculada con grupos de ultraderecha conservadores de la Iglesia Católica. Dentro de sus pretensiones estaba instaurar una nación dentro de Venezuela, ubicada en el Amazonas en la frontera con Brasil, que llevaría por nombre Roraima, e incluso asesinar al Papa Juan Pablo II.

En 1984 la sede de TFP en el Country Club de Caracas fue allanada. Se descubrió que la mayoría de los jóvenes que formaban parte de la organización tenían apellidos de alto abolengo, provenían de familias blancas, eran objeto de formación antisocialista y anticomunista, y además recibían entrenamiento paramilitar.

TFP se mantuvo luego en actividades en el ámbito de la clandestinidad, y entre los jóvenes que militaron en ella se encuentran los dirigentes de la actual oposición venezolana Henrique Capriles Radonski y Leopoldo López.

Las raíces de la orgánica del fascismo en Venezuela tienen su punto referencial en las propias instancias políticas tradicionales del país, especialmente desde el ala más conservadora del partido Copei de finales de los años 1990, de donde derivaron grupos políticos y de dirigentes que han fundado nuevas organizaciones, como Primero Justicia (PJ), Voluntad Popular (VP) y Vente Venezuela (VV). Todas ellas tienen un factor común: han estado lideradas por personas de alto abolengo, de clase social alta, formados en ideales ultraconservadores y en los mismos nichos político-sociales de TFP.

En otras palabras, guardan el mismo punto de origen: la sociedad secreta del Country Club venezolano.

EXPRESIONES CONCRETAS E HITOS DEL NEOFASCISMO EN VENEZUELA

Violencia política y armada (guarimbas)

Debe considerarse que las denominadas guarimbas, especialmente las del año 2014 y 2017, fueron conmociones sociales inducidas por grupos de extrema derecha venezolana en las que, al estilo del falangismo franquista, se intentó consolidar un estado de sitio y conato de conflicto civil mediante métodos de coerción social y el empleo de la violencia política extensiva a toda la sociedad.

Si bien las guarimbas fueron operaciones de cambio de régimen que resultaron fallidas, también es evidente que estaban caracterizadas por ser mecanismos de conmoción dirigidas contra la propia sociedad a fin de doblegar la población y el Estado a través de la vía de la fuerza y la intimidación, con componentes discriminatorios y con la promoción de un imaginario de extrema derecha.

Durante estos procesos de desestabilización política y armada se conformaron barricadas en las comunidades de clase media y clase alta en el país, lo que las formuló en bastiones identitarios de una lucha clasista y discriminatoria. El patrón selectivo de estos dispositivos de violencia, sustentado en la persecución de chavistas, personas de clase baja y "colectivos" —un mecanismo para señalar al ciudadano pobre en la vía pública— implicó el desarrollo de acciones de hostigamiento político focalizado contra personas, que se unió a formas de violencia indiscriminada y que produjeron cientos de muertes durante estos años.

Estos eventos fueron similares a las conmociones creadas en España en el preludio del golpe de Francisco Franco y la guerra civil posterior, dado que se intentó dividir la sociedad venezolana y enfrentarla bajo expresiones concretas de discriminación por cuestiones de raza, clase social y, especialmente, por ideología política. Querían que la ciudadanía se enfrentara entre sí mediante este tipo de patrones de segregación y la exaltación de la intolerancia política.

El componente racista, clasista, aporofóbico y abiertamente antisocialista, anticomunista y antisocialdemócrata de las guarimbas resulta un lamentable hito de la política de la extrema derecha en Venezuela, por su significado y por sus repercusiones.

Promover los crímenes del bloqueo

Otro hito del neofascismo venezolano es el de la promoción y solicitud del bloqueo económico y las sanciones ilegales contra la economía venezolana. La petición de estas medidas coercitivas tiene implícito el propósito de destruir las fuentes de ingresos del Estado, degradar la base material del gobierno y afectar el desarrollo de las políticas públicas, incluidas Misiones y Grandes Misiones.

Por lo tanto, esta praxis pseudopolítica de auspiciar y solicitar tal tipo de medidas coercitivas es profundamente aporofóbica, está signada por idearios y propósitos favorables a la derecha, apunta al pueblo pobre pretendiendo afectar sus condiciones materiales y existenciales de vida. Nótese el componente profundamente clasista de promover mediante métodos políticos la destrucción de las condiciones de vida de la parte más vulnerable de la población.

De acuerdo con la posición de Venezuela ante el Sistema de Naciones Unidas, los actos de bloqueo que Estados Unidos y otros países aliados cometen en Venezuela son considerados crímenes de lesa humanidad. Por lo tanto, se inscriben en las categorías de daño para erradicar o suprimir al "otro", mediante una amplia escala de afectaciones económicas.

La élite de la ultraderecha venezolana, esta casta, quien no está afectada por el bloqueo ilegal sino que más bien se lucra de él, practica el fascismo al promover acciones criminales contra la población del país a fin de someterla.

Traición a la patria y desconocimiento de las instituciones

Los factores de ultraderecha venezolana se han alineado con potencias extranjeras para orquestar operaciones de cambio de régimen contra su gobierno, sus instituciones y contra su país. Como muchos regímenes del fascismo en el pasado, quisieran llegar al poder por la vía de la fuerza y atentando contra la integridad de su país y su población en general.

Estas expresiones son inherentes al militarismo y al imperialismo propio de los neofascistas, incluso al solicitar intervenciones extranjeras e injerencismo en Venezuela, aun bajo pretextos humanitarios. Esto describe un comportamiento neofascista.

La nueva derecha "libertaria"

Venezuela es un espacio político donde actores foráneos y nacionales quieren fabricar este fenómeno a fin de viabilizar la captura del poder político nacional.

Debe considerarse que las ideologías neofascistas basadas en las denominaciones políticas de "nueva derecha" deben ser vetadas en Venezuela, tal como en la Alemania de la posguerra se vetó toda ideología de corte o identidad nazi.

La razón es evidente. En Venezuela no puede haber cabida a ideologías de especie totalitaria que signifiquen la persecución o intentos de supresión, por razones ideológicas, de grandes sectores de la sociedad y de grandes grupos de la nación, como los socialistas, socialdemócratas, comunistas y derechas moderadas tradicionales.

Para esto es necesario explicar "la paradoja de la tolerancia" según Karl Popper, descrita por el filósofo austríaco en su libro de 1945 La sociedad abierta y sus enemigos. Es una paradoja enmarcada dentro de la teoría de la decisión, declara que si una sociedad es ilimitadamente tolerante, su capacidad de ser tolerante finalmente será reducida o destruida por los intolerantes. Popper concluyó que, aunque parezca paradójico, para mantener una sociedad tolerante, la sociedad tiene que ser intolerante con la intolerancia y sus expresiones ideológicas concretas.

De acuerdo con el dilema de Popper, una sociedad políticamente sana, como debe ser la venezolana, es aquella que prescinda de marcos políticos que den cabida a formas ideológicas basadas en la intolerancia.

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