Mar. 14 Abril 2026 Actualizado 5:15 pm

JR

Jorge Rodríguez fue entrevistado recientemente por el diario español 'El País' (Foto: El País)
Habla el presidente de la Asamblea Nacional

Institucionalidad, diálogo y economía definen el presente nacional

La entrevista concedida por el presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela, Jorge Rodríguez, al diario español El País ofrece una exposición detallada de la posición del liderazgo político venezolano en un momento de recomposición del escenario nacional. El dirigente enfatiza la cohesión del chavismo, la defensa de la institucionalidad y la necesidad de avanzar hacia un nuevo ciclo político centrado en la estabilidad y el desarrollo económico.

En ese marco, sus declaraciones delinean una narrativa consistente sobre el presente y el futuro inmediato de Venezuela.

Cohesión política y defensa de la soberanía

Uno de los núcleos de la entrevista es la desarticulación de las versiones que, de forma recurrente, han intentado instalar la idea de fracturas dentro del chavismo. Frente a ese tipo de planteamientos, Jorge Rodríguez responde: "Eso es completamente falso. El chavismo está más unido que nunca". La afirmación es puesta dentro de un patrón discursivo que se ha repetido en distintos momentos con distintos nombres, pero con el mismo objetivo de sugerir divisiones inexistentes.

El diputado describe esa recurrencia como parte de una narrativa externa que busca reinterpretar las dinámicas internas del poder político venezolano: "Se la pasan hablando (…) antes decían que Maduro y Diosdado, ahorita que los Rodríguez". Sugiere que el señalamiento de supuestas tensiones responde a una necesidad interpretativa de ciertos análisis, no a hechos verificables dentro del funcionamiento real del liderazgo chavista.

El presidente de la Asamblea Nacional enfatiza la existencia de mecanismos de coordinación política efectivos y permanentes. Al referirse a momentos específicos de alta sensibilidad, señala que el contacto entre los principales liderazgos es continuo: relata, por ejemplo, que hasta el 2 de enero en la noche, él y la ahora presidenta encargada Delcy Rodríguez sostuvieron comunicación directa con el presidente Nicolás Maduro, y que otros dirigentes también se mantuvieron en interacción constante.

Rodríguez sitúa la cohesión dentro de un marco político más amplio, vinculado a la defensa de la estabilidad nacional. En ese sentido, afirma que existe un acuerdo estratégico entre los actores fundamentales del proceso bolivariano: "Estamos todos de acuerdo (…) en la necesidad de cuidar y defender la paz junto con la soberanía y la independencia de Venezuela". Esta formulación establece una jerarquía en la acción política: la preservación del orden interno frente a cualquier factor de desestabilización.

A partir de allí, introduce una dimensión reflexiva sobre los aprendizajes derivados de los momentos de mayor conflictividad política, planteando la necesidad de transformar la forma en que se concibe al adversario: "Lo primero que creo que aprendimos es la necesidad de no ver al otro como un enemigo". Esta idea marca un desplazamiento relevante dentro del discurso político, al proponer que la estabilidad también depende de la capacidad de gestionar las diferencias dentro de marcos de reconocimiento mutuo.

Esa reflexión se complementa con una crítica a la dinámica política que, en distintos momentos, ha impedido la consolidación de acuerdos duraderos. Rodríguez lo sintetiza en una frase que condensa su experiencia en procesos de negociación: "Los chavistas somos malos perdedores, pero los opositores son pésimos ganadores". La expresión apunta a señalar un problema estructural en la política venezolana, donde existe una dificultad para construir garantías y reconocer resultados que lleven a la convivencia democrática.

Economía, diálogo y proyección de estabilidad política

El diputado Rodríguez sitúa el eje económico como el principal desafío y, al mismo tiempo, como la base de la actual etapa política de Venezuela. "Lo más importante ahorita es la economía", dice, articulándolo con la necesidad de que el proceso político tenga un impacto tangible en la vida de la población. Subraya que el objetivo es avanzar hacia un dinamismo económico que permita que "la población sienta (…) que todo este proceso valió la pena".

Este énfasis implica una reorientación estratégica que combina continuidad política con ajustes en la gestión económica. Rodríguez reconoce que uno de los aprendizajes fundamentales ha sido la necesidad de crear condiciones más competitivas para la inversión, especialmente en sectores clave como el energético. "Nadie va a venir a poner su dinero si no tiene las suficientes garantías", afirma, al tiempo que explica que el país ha venido adecuando sus marcos legales y económicos para facilitar estos procesos.

Esto último constituye una decisión soberana orientada a fortalecer la capacidad productiva nacional. Por ello, señala que Venezuela había quedado rezagada en materia de atracción de inversión en comparación con otros países productores de petróleo y gas, lo que hacía necesario corregir ese desfase. Este reconocimiento no implica una ruptura con el modelo político, sino una adaptación a las condiciones del entorno global, manteniendo el control sobre los recursos estratégicos.

A la par del eje económico, Rodríguez destaca el papel del diálogo político para la estabilización del país. "Estamos en un proceso de diálogo profundo con todos los factores de la oposición (…) dentro de los cauces de la Constitución", explica, marcando un límite entre los actores que participan en ese proceso y aquellos que han optado por salidas de confrontación. La apertura al diálogo está condicionada por el respeto a la institucionalidad.

En este punto, introduce también la posibilidad de acuerdos amplios en torno a los procesos electorales, sin cerrar el debate sobre sus características específicas. "Quién sabe si nos ponemos de acuerdo para empezar haciendo elecciones de la Asamblea Nacional y después de Presidencia (…) o todas juntas", comenta, dejando ver que existe un margen de flexibilidad en la construcción de consensos políticos.

Sin embargo, insiste en que un elemento indispensable para avanzar es la confianza en el sistema electoral: "Hay otra cosa que hay que hacer también y es que todas y todos podamos confiar en el árbitro que organice esas elecciones".

Asimismo, el jefe parlamentario identifica obstáculos estructurales que han dificultado la consolidación de acuerdos en el pasado. Entre ellos, menciona la falta de reconocimiento entre los actores políticos y la ausencia de garantías posteriores a los compromisos alcanzados. Esta autocrítica se complementa con un llamado a establecer condiciones más sólidas para la convivencia política, incluyendo mecanismos claros que aseguren el cumplimiento de lo acordado.

Otro aspecto relevante es su referencia a la política de amnistía como parte de un proceso más amplio de normalización. Explica que se han evaluado múltiples situaciones de conflicto político ocurridas en el país, con la excepción de aquellas vinculadas a llamados a la violencia extrema, como invasiones o golpes de Estado. En ese marco, plantea la necesidad de avanzar hacia una cultura política basada en el respeto a las diferencias y en la superación de "maximalismos" que, según señala, generan dinámicas de exclusión y confrontación.

En el plano internacional, proyecta una visión de apertura pragmática, especialmente en lo que respecta a las relaciones económicas. Destaca la permanencia de empresas energéticas europeas en el país incluso en los momentos más complejos, así como el interés de actores privados en adaptarse a las nuevas condiciones. "Las empresas privadas están ajustándose más rápidamente a estos cambios que los gobiernos de Europa", afirma, dejando en evidencia el reconocimiento práctico de las oportunidades que ofrece el mercado venezolano.

El planteamiento del diputado Rodríguez establece la actual coyuntura en términos de una fase de reordenamiento estratégico del Estado venezolano y la política nacional, en la que la estabilidad política alcanzada tras años de conflictividad se consolida en plataforma para la reactivación económica y la ampliación de consensos.

La insistencia en reglas claras para la inversión, en mecanismos de diálogo dentro del marco constitucional y en la superación de dinámicas de confrontación extrema establece que el país ha resistido presiones internas y externas, y ahora se encuentra en condiciones de redefinir su proyección a partir de sus propias capacidades.

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