Jue. 23 Mayo 2024 Actualizado ayer a las 5:04 pm

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Venezuela concretó un nivel de asociación con China que ningún país tiene en América Latina y el Caribe (Foto: Federico Parra / AFP)

Asociación estratégica a toda prueba y todo tiempo con China: qué significa

La elevación de las relaciones entre la República Popular China y la República Bolivariana de Venezuela a una asociación estratégica a toda prueba y todo tiempo (en inglés: All-Weather Strategic Partnership), durante la reciente gira del presidente Nicolás Maduro, está marcada por pocos precedentes.

Solo dos países tienen este trato, el segundo nivel más alto de la diplomacia china: Bielorrusia y Pakistán.

¿Qué significa aquello? ¿Qué implica y hacia dónde va?

China promueve sus intereses nacionales a través de asociaciones, de acuerdo con su agenda de cooperación internacional, la cual prioriza "el diálogo sobre la confrontación, la asociación sobre la alianza y la cooperación de beneficio mutuo sobre la rivalidad de suma cero". Ello hace que su enfoque sea único ya que pone a las redes de articulación en el centro de su estrategia de política exterior. Muy pocos países han otorgado más importancia al establecimiento de asociaciones que China.

Ha emprendido asociaciones con más de 100 países y organizaciones regionales (Unión Africana, Unión Árabe, Asociación de Naciones de Asia Sudoriental -Asean-, Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños -Celac- y Unión Europea -UE-), lo que representa alrededor de 50% de los Estados que tienen vínculos diplomáticos formales con la nación asiática.

Dicha red consta de diferentes estratificaciones: desde la asociación regular hasta la asociación estratégica integral. Cada nivel refleja los distintos grados de necesidad que acusa la diplomacia china en torno al antagonismo coercitivo de Estados Unidos, la paz y estabilidad a lo largo de sus fronteras y los objetivos a largo plazo de modernización.

Actualmente la cancillería china tiene 24 tipo de asociaciones, cada una con un nombre distinto que provee información sobre la clase de acuerdo que Beijing mantiene con otro país. En ese sentido, las etiquetas de la diplomacia china son bastante elocuentes.

La primera asociación que firmó China fue con Brasil en 1993. Desde el inicio del siglo XXI, el número de países y tipos de agrupación han crecido exponencialmente. Por regla general, Beijing eleva el nivel de relación bilateral a los pocos años de haber firmado el primer acuerdo.

Antes, China veía las asociaciones como una forma de estabilizar sus relaciones con potencias mundiales —grandes y emergentes—, luego comenzaron a ser instrumentos para llevar a cabo amplios acuerdos económico-comerciales, de seguridad y para atraer financiamiento extranjero directo a sus zonas económicas especiales.

Los chinos ven el mundo no solo en términos de relaciones sino también como un conjunto de círculos concéntricos en el que, en el área de relaciones internacionales, los países extranjeros son juzgados según su "cercanía" a ellos en la estructura jerárquica internacional, geopolítica, heredada en parte de la antigua China imperial.

Así, los socios estratégicos se consideran "amigos más cercanos" que otros países, y entre ese conjunto también hay niveles implícitos. La asociación estratégica integral de coordinación para la nueva era sino-rusa y la asociación estratégica a toda prueba y todo tiempo sino-pakistaní y sino-venezolana son únicas, sin parangón con las demás y se destacan del resto.

A su vez, las "asociaciones estratégicas integrales" tienen más importancia que las "asociaciones estratégicas", pues Bejing no espera que todas estas tengan el mismo peso, aceptando que algunas son menos sustanciales que otras.

En 2005 China y Pakistán establecieron la asociación cooperativa estratégica a toda prueba y todo tiempo, lo cual se ha mantenido desde entonces. El término "a toda prueba y todo tiempo" (all-weather) sugiere que la cooperación bilateral continuaría independientemente de si cambia o no el entorno externo, es decir, independientemente del contexto y las circunstancias internacionales.

Venezuela entraría, entonces, en el mismo cauce de relaciones con China. En 2001 firmaron una asociación estratégica para el desarrollo común que, en 2014, con la visita del presidente Xi Jinping a Caracas se elevó a asociación estratégica integral.

Con la asociación estratégica a toda prueba y todo tiempo, Venezuela ingresa en un selecto grupo de países que han tenido una histórica relación con China. Pakistán es un vecino fronterizo asiático, socio clave de la Iniciativa de la Franja y la Ruta y miembro de la importante Organización de Cooperación de Shanghái (OCS); Bielorrusia también forma parte de la mencionada Iniciativa y además es observador de la OCS, proyectos e instancias de alcance regional e internacional de suma importancia en la política exterior china.

La firma del presidente Nicolás Maduro concretó un nivel de vinculación con China que ningún país tiene en América Latina y el Caribe. Ello es indicativo de que Beijing considera a Caracas un socio estable para las relaciones económicas y comerciales, pero asimismo políticas y diplomáticas, en la puerta de entrada geopolítica de Sudamérica, lo que implicaría el comienzo de una mayor profundización en las interacciones sino-latinocaribeñas.

Así, China confiaría en la nación bolivariana para contrarrestar la presión de Estados Unidos, que estima al país asiático como un competidor por la hegemonía mundial, aun cuando no lo sea y busque la cooperación por sobre la competencia. En lugar de desafiar la primacía de Washington, China utiliza los distintos formatos de asociación como un mecanismo defensivo para atenuar las medidas coercitivas y las acciones estadounidenses.

En la misma estela, una mayor sinergia entre las economías china y venezolana —sobre todo en el sector energético—, así como el respaldo político y diplomático sin importar el contexto o circunstancias, robustecería el perfil de China en América Latina y el Caribe, teniendo en cuenta la importancia de Venezuela en la región. La distancia geográfica entre el hemisferio occidental y Asia oriental, atravesada por el océano Pacífico, aminora —si existe— una relación estable entre ambos países, y asegura un entorno de constante cooperación.

Por último, Venezuela puede contribuir a los esfuerzos de modernización de China al fungir como exportador de materias primas estratégicas hacia el poderoso complejo industrial chino, entre ellas hidrocarburos y minerales. Que un solo país pueda proveer dichos bienes es una ventaja para China, aun más si el mercado norteamericano y europeo está cerrado para Venezuela debido a que la mayoría de las exportaciones serían enviadas al continente asiático.

En la Declaración Conjunta emanada desde Beijing, la parte venezolana afirma que "aprecia altamente y apoya la Iniciativa para el Desarrollo Global (IDG), la Iniciativa para la Seguridad Global (ISG) y la Iniciativa para la Civilización Global (ICG), propuestas por el Presidente Xi Jinping. La parte china aprecia la parte venezolana por haber llevado la delantera en incorporarse al Grupo de Amigos de la IDG. Ambas partes acordaron fortalecer aun más la cooperación en el marco de la IDG, la ISG y la ICG, a fin de lograr un desarrollo global más fuerte, sostenible y balanceado".

Las mencionadas iniciativas son las propuestas del gobierno de Xi Jinping para una mayor cooperación entre países en los asuntos internacionales, en términos de respeto a la diversidad civilizatoria, seguridad global y desarrollo económico colaborativo internacional, asuntos que el presidente Maduro valora altamente en la medida en que Venezuela conoce de primera mano los efectos de las estrategias coercitivas de Estados Unidos: criminalización política a escala internacional, aislamiento diplomático y comercial, precarización económica y, por lo tanto, social.

Por ello, y a pesar de las dificultades —internas y externas—, Venezuela tendría más probabilidades de convertirse en el socio más importante de China en la región latinocaribeña. Esto es consistente con el objetivo a largo plazo de China de transformarse en lo que el Partido Comunista de ese país considera una nación moderna a mediados del siglo XXI.

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