Mar. 19 Enero 2021 Actualizado ayer a las 11:44 pm

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El canciller Jorge Arreaza en la Escuela Técnica Comercial Manuel Palacio Fajardo de Caracas (Foto: Elijah J. Magnier)

Venezuela, una población difícil de derrotar: lecciones para Medio Oriente

Desde Caracas, Venezuela

En la Escuela Técnica Comercial Manuel Palacio Fajardo de Caracas, Venezuela, en el área 23 de Enero, el ministro de exteriores venezolano Jorge Arreaza acudió a las urnas. La gente del barrio se mantuvo en la cola, esperando su turno después de ser desinfectados por el personal sanitario. Están presentes unos pocos guardias, sin interferir con la organización de la población. A la compañía del ministro se sumó la hija del Comandante Hugo Chávez, María Gabriela, quien también acudió a votar en la misma escuela en que votaba el Comandante.

Esta es una escena bastante normal y cotidiana aquí, ver gente de todo tipo acudir al mismo sitio a votar, incluyendo a los ancianos que casi no pueden caminar, asistidos por sus relativos más cercanos. El número de votantes que acude a las urnas no es muy elevado (solo un 31%), lo cual se entiende tomando en consideración las restricciones impuestas para contener el coronavirus. Además, en el contexto latinoamericano es normal ver elecciones legislativas con una participación baja (Costa Rica con un 24%, por ejemplo), y mucha más concurrencia en las presidenciales. Cuatro de los partidos de la oposición han decidido boicotear las elecciones, sin embargo, han ganado un 18% de los escaños.

La calidad de la conexión entre la gente y algunos oficiales del gobierno es ciertamente única e inigualable. La interacción entre ambas partes indica un vínculo fuerte y ello explica que la mayoría de la población, a pesar de las duras sanciones económicas estadounidenses, no se rinda.

Después de haber votado, Jorge Arreaza ha paseado hasta un café cercano, donde ha sido recibido por gente de todas las edades. Se han sentado cuando ha llegado con su camiseta negra, vestido informalmente. Sin presencia de la televisión pública ni medios cercanos, se puede advertir que este gesto no se debía meramente a propaganda. Un par de miembros de las fuerzas de seguridad han mantenido la distancia para no arruinar la interacción. Arreaza ha agradecido a cada persona en el café el hecho de acudir a votar, chocando el puño y hablando con ellos como un vecino más, a quién todo el mundo está acostumbrado a ver de manera regular.

Este episodio difícilmente constituye un esfuerzo propagandístico, simplemente por el hecho de que ya se ha votado. "Nosotros vemos a Jorge y a otros miembros del gobierno en este barrio regularmente", comenta Diego, un joven que acaba de pedir un selfie al ministro.

"Si la gente se entera de cualquier corrupción o mala gestión en cualquier distrito, se nos informa cuando los visitamos e intervenimos con ellos directamente porque necesitamos cuidar de nuestro país y se nos ha dado el poder solo del pueblo, para actuar en su nombre. Esta es la enseñanza del Comandante Hugo Chávez", dijo el ministro Arreaza.

El poder de la población ha sido un factor determinante en Venezuela

El modesto comportamiento de estos funcionarios que forman parte de la población (y de los que nunca se distanciaron) es ciertamente sorprendente. El secreto de Venezuela es que, por un lado, hay políticos como Juan Guaidó que pidieron a la superpotencia estadounidense una intervención militar contra su propio pueblo mientras que, por otro lado, hay políticos como el presidente Nicolás Maduro y la mayoría de su equipo que se sienten parte del pueblo y que creen concienzudamente que el poder del que disfrutan emana de las personas, quienes los protegen de cualquier daño.

Independientemente de lo que digan, vivan o critiquen los venezolanos que están en la oposición, el hecho de que su representante haya llamado a un ejército militar extranjero para que intervenga e imponga a los líderes de la oposición en el poder se considera alta traición, por decir lo menos, y va totalmente en contra de la voluntad de la mayoría de los votantes, incluso en contra de la voluntad de muchos otros grupos de oposición. Parece que la nostalgia del pasado colonial aún se cierne sobre Venezuela.

Hugo Rafael Chávez Frías nació de padres maestros empobrecidos en el suroeste de Venezuela, se unió al ejército venezolano y fue encarcelado en 1992 por su intento fallido de golpe de Estado. Seis años más tarde, cuando Chávez fue liberado, se presentó a las elecciones y obtuvo el 56% de los votos y se convirtió en Presidente. En 2002, un millón de personas salieron a las calles y los militares arrestaron a Chávez para nombrar a un presidente interino, Pedro Carmona. A los pocos días, fue liberado por el pueblo y por sus compañeros militares y volvió al palacio presidencial. El poder de la población fue un factor determinante.

En 2004, de nuevo, la gente apoyó a Chávez cuando la oposición convocó un referéndum. En 2006, Chávez obtuvo el 63% de los votos y en 2012 volvió a ganar la Presidencia con el 54% de los votos. En Venezuela, el pueblo tiene la decisión final porque es una sociedad colectiva donde es la población quien otorga la legitimidad al Presidente.

Es por eso por lo que Estados Unidos no tiene ninguna posibilidad de derrotar a esta población en ningún caso justo. El único intento factible de frenar a Venezuela, en la mente de los Estados Unidos, es matarla de hambre y ponerla en contra de los funcionarios y el gobierno. Esto es exactamente lo que Estados Unidos está haciendo hoy en el Líbano, en Irán y Siria, pero sin éxito.

Aquí en Venezuela, en este país pobre y rico, la población tiene la última palabra. Aquí no hay señores de la guerra y reyes –como en Oriente Medio– sentados en su trono desde hace décadas con algunos de ellos pasando el poder a sus hijos (todo ello con el beneplácito de los Estados Unidos, claro está).

A los venezolanos les encanta decir "Hasta la Victoria Siempre", una frase mítica dicha por el Che Guevara, adoptada por Chávez y repetida por la población en todo momento. De hecho, la victoria se registró hoy otra vez cuando el partido Maduro-Chávez ganó las elecciones con el 67% de los escaños parlamentarios. Se espera que tanto los Estados Unidos como la Unión Europea y sus aliados (unos 50 países que declararon ilegalmente a Juan Guaidó como Presidente) rechacen sus resultados para mantener a Guaidó como una marioneta. Sin embargo, debemos atender a un detalle adicional: ya no es el Presidente de la Cámara y no goza de ninguna legitimidad oficial en el país. Será muy interesante ver lo que la nueva administración de Estados Unidos dirigida por el presidente electo Joe Biden hará. El Ministro de Relaciones Exteriores venezolano dejó la puerta entreabierta: "No es posible tener una conversación civilizada con los Estados Unidos mientras Trump esté en el poder". Existe una débil esperanza para un cambio de comportamiento de Estados Unidos en Venezuela, ya que "una administración de Estados Unidos podría ser muy parecida a otra".

"Tengo esperanza en el pueblo de los Estados Unidos de América", dijo el ministro de Relaciones Exteriores Jorge Arreaza. Con un enfoque positivo y probablemente ilusión genuina.


Este artículo fue publicado originalmente en el sitio web de Elijah J. Magnier el 8 de diciembre de 2020, la traducción fue hecha por Eli C. Casas.

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