Dom. 24 Octubre 2021 Actualizado 8:13 am

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George Soros, especulador financiero y fundador de la Fundación Open Society (Foto: Simon Dawson / Bloomberg)

El sueño de George Soros: convertir a China en una oportunidad neoliberal

En un artículo de opinión del Financial Times, "Inversores en la China de Xi enfrentan un duro despertar" (30 de agosto 2021), George Soros escribe que "las severas medidas [de Xi] sobre las compañías privadas muestran que no entiende de economía de mercado. (...) Xi Jinping, el líder de China, ha colisionado con la realidad económica. Su mano dura sobre la empresa privada ha sido un lastre para la economía".

Traducido al Doblepensar orwelliano, la "mano dura sobre la empresa privada" significa restringir lo que los economistas clásicos llaman búsqueda de renta (rent-seeking) y renta pasiva (unearned income). En cuanto al supuesto "lastre para la economía", el señor Soros se refiere a la polarización de la economía que concentra la riqueza y los ingresos en manos del Uno-Por-Ciento más rico.

Soros expone su plan sobre cómo la retaliación estadounidense puede castigar a China reteniendo el financiamiento de Estados Unidos a sus compañías (como si China no pudiera crear su propio crédito) hasta que el país capitule e imponga la clase de desregulación y cero impuestos que Rusia hizo luego de 1991. Él advierte que China sufrirá una depresión al salvar su economía bajo líneas socialistas y resistiendo el estilo estadounidense de privatización y su asociada deuda deflacionaria.

El señor Soros sí reconoce que "el sector más vulnerable [de China] es el mercado inmobiliario, particularmente la vivienda. China ha experimentado un extendido boom inmobiliario durante las últimas dos décadas, que ahora está llegando a su fin. Evergrande, la mayor compañía de bienes raíces, está sobre-endeudada y en riesgo de impago (default). Esto podría causar una caída". Con eso, se refiere a una reducción de los precios de la vivienda. Eso es lo que se necesita a fin de impedir que la tierra se convierta en un vehículo especulativo. Otros y yo hemos exhortado a una política de impuestos sobre la tierra con el fin de recaudar el valor creciente del terreno, de modo que no se pueda comprometer con los bancos por un crédito hipotecario para luego inflar los precios de la vivienda en China.

Advirtiendo sobre las consecuencias económicas de la caída de la tasa de natalidad en China, Soros escribe: "Una de las razones del porqué las familias clase media no están dispuestas a tener más de un hijo es que quieren asegurarse de que sus niños tendrán un futuro brillante". Esto es, por supuesto, cierto para cada nación avanzada de hoy. Es más extremo en los países neoliberalizados, por ejemplo, los Balcanes y Ucrania: los países modélicos de Soros.

Soros presenta su juego afirmando que "Xi no entiende cómo operan los mercados". Lo que quiere decir es que el presidente Xi rechaza la rapacidad de la búsqueda de rentas, la explotadora ley de la selva y moldea los mercados para servir a la prosperidad general para el 99-Por-Ciento de China. "Como consecuencia, se permitió que la liquidación fuera demasiado lejos", continúa Soros. Quiere decir que fue demasiado lejos para mantener el dominio del Uno-Por-Ciento. China busca revertir la polarización económica, no intensificarla.

Soros alega que las políticas socialistas de China están perjudicando sus objetivos en el mundo. Pero de lo que realmente se está quejando es que está perjudicando los objetivos neoliberales de Estados Unidos por cómo esperaba ganar dinero con China. Esto lleva a Soros a recordarle a los gestores de fondos de pensiones occidentales "asignar sus activos de manera que estén estrechamente alineados con los parámetros con que se mide su desempeño". Pero la tragedia de financiarizar los fondos de pensiones es que los administradores están calificados para ganar dinero financieramente, de forma que daña a la economía industrial promoviendo la ingeniería financiera por sobre la ingeniería industrial.

"Casi todos alegan que toman en cuenta los estándares ambientales, sociales y de gobernanza corporativa (ESG, sus siglas en inglés) en sus decisiones de inversión", escribe Soros. Al menos, eso es lo que sus asesores de relaciones públicas venden. Exxon afirma estar limpiando el ambiente expandiendo su extracción petrolera deslocalizada en Guyana, etc. En cuanto a los "estándares sociales", el mantra neoliberal es el efecto derrame: haciendo que el precio de nuestras acciones se eleven, mediante la recompra de acciones y mayores pagos de dividendos, estamos ayudando a los asalariados a ganar una pensión, aun cuando estamos deslocalizando y desindustrializando la economía, desindicalizándola y "liberando" la economía de las leyes de protección al consumidor y laboral.

Soros tiene una solución radical, que sugiere "debería obviamente aplicarse al rendimiento a los parámetros seleccionados por los fondos de pensiones y otros tipos de cartera de jubilación: (...) el Congreso de Estados Unidos debe aprobar una ley bipartidista exigiendo explícitamente que los gestores de activos inviertan solamente en compañías cuyas estructuras de gobernanza sean transparentes y alineadas con los accionistas".

Caramba. Dicha ley impediría a los estadounidenses invertir en muchas compañías norteamericanas cuyo comportamiento no está alineado con los accionistas. ¿En qué proporción? ¿50%? ¿75? ¿Más?

"Si el Congreso promulga estas medidas", concluye Soros, "daría a la Comisión de Bolsa y Valores las herramientas que necesita para proteger a los inversores estadounidenses, incluyendo a aquellos que no están conscientes de poseer acciones chinas y empresas fantasmas chinas. También serviría a los intereses de los Estados Unidos y a la amplia comunidad internacional de democracias". Así que el señor Soros quiere impedir que los Estados Unidos inviertan en China. Parece que no comprende que este también es el objetivo del presidente Xi: China no necesita los dólares estadounidenses, y de hechos se está desdolarización.

George Soros está obviamente afectado de que el presidente Xi no es Boris Yeltsin, y que China no busca la dependencia cleptocrática que deformó la economía de Rusia. Soros pensaba que el final de la Guerra Fría simplemente le permitiría comprar las acciones rentísticas más lucrativas, como lo ha enfocado en los Balcanes y Ucrania. China dice "no", por lo que no se considera una "economía de mercado", al estilo Soros. No ha hecho mercadeable su organización social y ha evitado la dependencia financiera que hace de los "mercados" un vehículo para el control estadounidense a través de "sanciones" y compras de acciones en el extranjero.


Michael Hudson es un economista, académico y autor estadounidense de varios libros sobre economía e historia económica, enfocado en investigaciones sobre la deuda en sus múltiples formas y en la crítica al imperialismo financiero de Estados Unidos y Occidente.

Este artículo fue publicado originalmente en inglés en The Vineyard of The Saker el 1° de septiembre de 2021, la traducción para Misión Verdad fue realizada por Ernesto Cazal.

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