Dom. 19 Septiembre 2021 Actualizado ayer a las 6:29 pm

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"Siento que esa larga jornada con arepas de pescado, cafecito, nietos somnolientos, sopa de frijoles y lumbago, ha sido un enorme paso hacia la profundización de la revolución", escribe Carola Chávez (Foto: As)

Nosotros postulamos

Nuestro centro electoral estaba cerrado así que nos fuimos a la cancha. No importa, si no hay centro hay cancha, el caso es que nosotros hoy postulamos.

Eran las ocho y media de la mañana. Allá estaban los compañeros, tempranito, puntuales, la sillas dispuestas para el distanciamiento social, mascarillas, alcohol, la caja electoral con las siglas del partido en una mesa dentro de una arquería de cuyo paral superior colgaron una cortina para que el voto fuera súper secreto. A pesar de que ese domingo soplaba una generosa brisa margariteña, nuestra cancha al aire libre se iba impregnando con un olorcito a sofrito que prometía sabrosuras. Es que en nuestra UBCH la logística da gusto. Literalmente.

Mientras el aroma a ají margariteño paseaba entre nosotros, uno de los compañeros empezó a explicar el proceso. ¿Entendieron todos? Todos entendimos. ¿Hay quórum? El quórum no fue problema, había y de sobra. ¡A postular!

Si alguien pensó que faltaría gente que quisiera votar, pues, pensó mal. ¿Qué chavista no iba a querer postular a sus candidatos?

Un acto tan importante se convirtió, como todo lo que hacemos, en una gozadera cuando salió propuesto el nombre de uno de los integrantes de nuestra UBCH -¡¡¡Esooooooo, mijito!!!-. Ver nuestros nombres salidos del deseo de algún compañero, ahí en la pizarra, era una cosa muy grande, pero ver luego, que a la hora de los apoyos, nuestro compa sumaba rayitas en la pizarra, una, dos, tres, cuatro rayitas que hacen un cuadrado, otra rayita que lo cruza en diagonal, cinco, diez, quince… ¡38 Fulano! ¡Eeeesooooo!

Arepas de pescado para todos porque estaba pegando el hambre. Seguimos postulando con la barriga llena y el corazón contento.

Pasaban las horas y casi no nos dábamos cuenta, los niños de nuestra UBCH ya no corrían entre las sillas como al comienzo de la mañana. Ya el sol anunciaba la tarde y los más pequeños empezaban a poner trompitas de puchero. Abuelas y abuelos se turnaban meciendo muchachos con sus mamás y papás, pero de ahí nadie se iba.

Había compañeros que no querían ser postulados, pero los postulaban para todo porque todo el mundo los quería. Tanto los postularon que terminaron la tarde pensando que bueno, a lo mejor, quién quita, uno termina siendo concejal.

Guayoyo para todo el mundo, mientras las votaciones fluían tranquilitas. En mi UBCH no hubo ni un sí ni un no. Cuando hubo dudas, se aclararon; cuando salió un voto nulo, hubo acuerdo en anularlo. Cuando varios compañeros salieron postulados para el mismo cargo ninguno le torció el ojo al otro. En la UBCH estamos claritos: nosotros, todos, somos los mismos.

Lo que hubo fue un profundo y alegre -siempre alegre- ejercicio de chavismo

Ahí en la UBCH la tranquilidad era interrumpida brevemente, insignificantemente, por algún mensajito de algún aspirante angustiado porque no veía coronar su aspiración. "¡Ayúdame!", decía alguien que pudo haberse ayudado durante los últimos cuatros años mientras fue concejal. Ayúdame a última hora, a la carrera, sin la tarea hecha; mientras no dejaban de salir los nombres de esos compañeros que todo el mundo conoce porque siempre están ahí, ayudando como pueden, ayudando aunque no puedan, ayudando aunque sea estando ahí, escuchando, compartiendo el peso de las dificultades. La gente supo a quién "ayudar".

Seis votaciones distintas, más de seis horas que parecían pasar volando hasta que el lumbago me recordó que estaba ahí desde la mañana… y finalmente terminamos, pero ya va, que hay una sopa de frijolitos de esas que solo saben hacer en La Asunción.

Me llamó la atención, y quiero decirlo porque me preocupa, la ausencia de los jóvenes en estas estructuras. No me había fijado en eso hasta que fue propuesto el nombre de una muchacha que conozco, que sé que es valiosa y solo sacó solo dos votos: el mío y el de quien la postuló, porque más nadie sabía quién era.

Entonces empecé a hacer memoria de cuántos chamos he visto trabajando en los CLAP. De cuántos chamos he visto en nuestras reuniones de UBCH. Y la memoria me dice que prácticamente ninguno.

Los más jóvenes en estas estructuras de base suelen tener cerca de cuarenta años.

Por no quedarme en mi ombligo, he empezado a preguntar en otros lugares de la isla y la tierra firme y la cosa se parece en todos lados. Si es así, creo que no es culpa de los chamos, sino de nosotros y ahí nos va a tocar revisarnos. Hasta para estas cosas sirvió la jornada de postulación.

En la mía, como en la mayoría de las UBCH nadie se comió la luz. En la mayoría lo que hubo fue un profundo y alegre -siempre alegre- ejercicio de chavismo. Si hubo por ahí alguna mancha, alguna zancadilla, algún papelón, que sirva para saber quién sabe respetar y quién no.

Siento que en este acto de postulación hemos hecho un mapa detallado de liderazgos, calle por calle, como las maquetas que hicieron por todo el país las compañeras y compañeros de Somos Venezuela y los CLAP. Hemos creado una herramienta política valiosísima que debemos ir actualizando y perfeccionando, sin angustias, sin pujos, con mucho trabajo, eso sí, y con esa claridad que se replicó en cada UBCH del país el domingo pasado.

Siento que esa larga jornada con arepas de pescado, cafecito, nietos somnolientos, sopa de frijoles y lumbago, ha sido un enorme paso hacia la profundización de la revolución.

En la noche del domingo, ya tarde, por ahí entre las estrellas, se escuchó un satisfecho "¡Ji,ji,ji, compadre!".

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