Mié. 21 Octubre 2020 Actualizado 3:43 pm

Coronavirus y tormenta política en el Pentágono: las claves de una crisis inédita

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El fuerte impacto de la pandemia de Covid-19 en Estados Unidos se ha hecho sentir en el Pentágono de una manera notable, destapando consigo una crisis política que apenas comienza.

Un primer escándalo

Todo comenzó en el portaaviones nuclear USS Theodore Roosevelt atracado en la isla de Guam hace más de una semana. El capitán Brett Crozier, comandante a cargo del navío, escribió una carta donde alertaba de un brote de Covid-19 que alcanzaba a más de 100 marineros de la tripulación.

“No estamos en guerra. Los marineros no necesitan morir. Si no actuamos ahora, no estamos cuidando adecuadamente nuestro activo más confiable: nuestros marineros”, afirmó Crozier en una carta dirigida a pedir la asistencia de sus mandos superiores para realizar la evacuación del portaaviones lo antes posible.

La carta se filtró y fue publicada por el San Francisco Chronicle el 31 de marzo, lo que generó un escándalo mediático de grandes proporciones. El secretario interino de la Marina, Thomas Modly, reaccionó rápidamente mostrando cierto enfado por la carta de Crozier y aseverando que la isla de Guam no contaba con las instalaciones para soportar el desembarco de los 4 mil marineros a bordo.

La primera respuesta de Modly generó reacciones a favor del reclamo de Crozier y demostró la incapacidad del interino para dar respuesta al brote de Covid-19 en el navío. Días después en una conferencia en la sede del Pentágono, Modly removió de su cargo a Crozier, quien bajó del USS Theodore Roosevelt en medio de los aplausos de la tripulación.

Modly fue al portaaviones para tratar de controlar la situación personalmente, pero no lo logró. Calificó de estúpido e ingenuo al capitán Crozier, en un intento de apagar el fuego utilizando gasolina. El escándalo escaló y Modly presentó su renuncia, la cual fue aceptada por Mark Esper, jefe del Pentágono.

Crozier dio positivo por coronavirus, lo que aumentó la indignación por los comentarios de Modly.

Como relata Defense News, la crisis del portaaviones dejó de ser un asunto doméstico de la Marina para transformarse en una tormenta en Washington, el centro de poder de Estados Unidos que hoy es escrutado globalmente por su pésima gestión de la crisis sanitaria y económica de la pandemia.

Varios legisladores demócratas ya venían pidiendo la cabeza de Modly, quien abrió “el espectro de otra crisis de liderazgo para el servicio, que ha visto una sucesión de despidos y escándalos de alto nivel en los últimos años”, reportó Defense News.

Para Lawrence Korb en un artículo publicado en The National Interest, la acción contra Crozier rompió con la cultura organizacional de la Marina y reflotó una pugna presupuestaria que lleva tiempo desarrollándose. Korb cuenta que Modly se adelantó al despido porque consideraba que Trump lo haría directamente, una muestra más que evidente de lo mal que están las relaciones entre la Casa Blanca y el Pentágono actualmente.

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Militares infectados

En medio del escándalo, el Pentágono ordenó a las bases militares y comandos de combate no compartir información al público sobre las cifras de contagio de efectivos militares, en busca de centralizar los datos y evitar próximos episodios como el de Crozier.

“No informaremos el número total de casos individuales (afectados por coronavirus) de miembros del servicio en la unidad individual, la base o comandos combatientes”, declaró a principios de abril Alyssa Farah, portavoz del Departamento de Defensa estadounidense.

Actualmente el Pentágono maneja una cifra superior a los 3 mil efectivos militares contagiados, siendo la Marina el cuerpo más afectado, seguido por el Ejército y la Fuerza Aérea.

Una exclusiva publicada en días recientes por Newsweek refleja que “Más de 150 bases militares en 41 estados han sido atacadas con coronavirus”, lo que ha provocado que “tanto en los Estados Unidos como en las bases en el extranjero” se detenga “todo movimiento no esencial, interrumpiendo el reclutamiento y el entrenamiento básico, y ha llevado a un estancamiento virtual en la actividad a gran escala”.

Según Newsweek:

“Algunos de los más afectados son los complejos de bases navales de San Diego, Norfolk, Virginia; y Jacksonville, Florida; las bases del área de San Antonio, Texas; y las bases navales del estado de Washington”.

La expansión de los contagios ha obligado que el Pentágono aplique un conjunto de medidas como la prohibición de viajes, la ralentización de los entrenamientos y otras estrategias para proteger a los militares.

Aun así, la pandemia está generando las condiciones para una parálisis de la infraestructura militar en su conjunto, a medida que la crisis sanitaria requiere de su movilización porque la situación se continúa descontrolando.

Durante la falsamente denominada “gripe española” de 1918, el Ejército estadounidense dirigió buena parte de la acción sanitaria en ciudades estadounidenses a través de organización de hospitales improvisados y apoyo logístico.

Actualmente el desafío podría ser igual o mayor, pero la escasez de material sanitario básico y la incompetencia de Trump coloca a los líderes del Pentágono frente al dilema de gestionar la pandemia mediante el sacrificio y la exposición de los efectivos militares y de la infraestructura como tal.

Sobre esto el Pentágono ha dicho que “sus capacidades para ayudar al sistema de atención médica doméstica durante el coronavirus son limitadas y no están dirigidas a las enfermedades infecciosas”. Parece estar dando un paso hacia atrás. Coloca límites al uso que pudiera hacer Trump de las unidades militares para atacar la pandemia.

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Desde la Casa Blanca le piden al Pentágono ser “creativos” en sus respuestas contra el brote de Covid-19.

Nunca antes Estados Unidos había vivido una paralización de su aparato militar como lo está viviendo ahora mismo.

Crisis de poderío militar

La semana pasada también dieron positivo por coronavirus dos marineros a bordo del portaaviones USS Ronald Reagan. Todavía existen dudas si el USS Nimitz está en la misma situación antes de desplegarse por el Pacífico, mientras que el USS Carl Vinson, que está en mantenimiento en Puget Sound, ya ha reportado algunos casos.

La cadena de contagios en al menos 4 de los 11 portaaviones nucleares de Estados Unidos ha generado un impacto negativo en su capacidad de proyección de poder e intimidación geopolítica. Resalta el caso del USS Ronald Reagan, utilizado sistemáticamente en maniobras de presión geoestratégica en las costas de China y Corea del Norte.

La capacidad de despliegue militar estadounidense contra sus principales adversarios geopolíticos ha quedado trastocada y el liderazgo del Pentágono se sitúa en un escenario de debilidad tanto interna como externa.

“No es una buena idea pensar que el Teddy Roosevelt es un tema único (…) Tenemos demasiados barcos en el mar. Tenemos demasiadas capacidades desplegadas. Hay 5.000 marineros en un portaaviones de propulsión nuclear. Pensar que nunca volverá a suceder no es una buena forma de planificar”, ha afirmado recientemente el general John Hyten, vicepresidente del Estado Mayor Conjunto de Estados Unidos, en un tono crítico con respecto al tratamiento de la crisis de los portaaviones.

Hyten también siente que la parálisis del despliegue estadounidense es un peligro geopolítico y advierte: “Si nuestros adversarios piensan que este es nuestro momento de debilidad, están peligrosamente equivocados”.

Pero la crisis es mucho más profunda. La firma de datos y análisis Govini afirma en un estudio reciente que las áreas afectadas por el coronavirus incluyen:

“(…) muchas bases que albergan tropas y armas que serían esenciales en las guerras contra Rusia y China, preparaciones para las cuales la Estrategia de Defensa Nacional 2018 prioriza. También lo son las líneas de montaje de aviones de combate y misiles y los astilleros y puertos costeros que transportan armas a las fuerzas en el extranjero”.

Estas zonas, según Govini, abarcan “California, Nevada, Arizona, Nuevo México, Wyoming, Luisiana, Arkansas, Georgia, Kentucky, Virginia Occidental, Ohio, Idaho y grandes porciones de Kansas, Nebraska y Texas”. Además, la firma evalúa como una debilidad la dependencia del Ejército de “contratistas para gran parte de sus operaciones de base, incluido el entrenamiento”.

La pandemia ha generado un cortocircuito en la industria militar estadounidense, provocando una parálisis creciente de sus operaciones. También ha neutralizado las capacidades de despliegue en el extranjero, transformando las aventuras de intimidación por vía marítima en demasiado costosas y peligrosas.

Las acciones militares foráneas viven su peor momento reputacional en la opinión pública.

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La aventura militar contra Venezuela

El 1º de abril, el presidente Donald Trump, flanqueado de sus principales jefes militares en la Casa Blanca, anunció un despliegue militar masivo en el Pacífico y el Caribe para socavar a los carteles mexicanos y presionar al gobierno venezolano.

Fue anunciado como la “operación antidrogas” más grande de la historia reciente que incluye el despliegue de destructores adicionales de la Armada, barcos de combate, aviones y helicópteros, patrulleras de la Guardia Costera y aviones de vigilancia de la Fuerza Aérea, según detalló Trump al momento de la conferencia en la Casa Blanca.

“Estamos duplicando nuestras capacidades en la región”, dijo el jefe estadounidense refiriéndose a la infraestructura del Comando Sur, quien dirigirá esta operación que tiene como foco geopolítico a Venezuela.

Ya se ha confirmado que esta operación busca desviar la atención de la mortandad que va en ascenso en Estados Unidos a raíz de la pésima gestión de Trump frente al coronavirus. No obstante, este despliegue anunciado por todo lo alto coincide con la crisis política y logística que atraviesa el Pentágono, inhibiendo una de sus principales municiones geopolíticas: la intimidación mediante las armas.

La infección en el Pentágono llega en un momento delicado para Trump en el tablero geopolítico en frentes como el iraní, el chino o el venezolano, donde el enfoque de “máxima presión” de los halcones no ha logrado cristalizar el tan ansiado cambio de régimen en efecto cascada.

— Somos un grupo de investigadores independientes dedicados a analizar el proceso de guerra contra Venezuela y sus implicaciones globales. Desde el principio nuestro contenido ha sido de libre uso. Dependemos de donaciones y colaboraciones para sostener este proyecto, si deseas contribuir con Misión Verdad puedes hacerlo aquí<