Lun. 08 Junio 2026 Actualizado 1:51 pm

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(Foto: Morgan Stanley)

El efecto Irán marca el reinicio de la geopolítica mundial

Aparentemente, cada día trae nuevas afirmaciones sin aliento de que un "acuerdo" Irán-Estados Unidos aguarda tan solo una firma. Como suele suceder, los mediadores (pakistaníes y qataríes) tienen la esperanza de manejar ambos lados al decirle a uno que su contraparte está al borde de un acuerdo cuando no es así, en especial bajo una atmósfera de desconfianza total. Con estos recursos los mediadores tienen la esperanza de que los asuntos avancen hacia un acuerdo final. Es una táctica familiar, pero una que con mucha frecuencia resulta en confusión y desconfianza, en lugar de un acuerdo esperado.

El "plan", en esta etapa, tiene tan solo dos pilares centrales: que Irán "reabra" el Estrecho de Ormuz (en términos iraníes) a cambio del levantamiento del bloqueo naval estadounidense, y –posteriormente– un entendimiento de que la disolución de 60% del uranio enriquecido iraní fuera abordado a cambio de ponerle fin a las sanciones.

Decir que el diablo está en los detalles sería la subestimación del año. Irán entiende que los titulares de Trump sobre "un acuerdo inminente" son, en primer lugar, con la intención de mantener a la bolsa de valores estadounidense al alza y los futuros petroleros comerciando lo suficientemente por debajo del precio de entrega del petróleo físico. Y, en segundo, para ofuscar que Trump pudiera estar buscando una vía plausible para terminar la guerra alcanzando un acuerdo rápido e incompleto que pudiera, con toda probabilidad, establecerse en gran medida en los términos de Irán.

Todos los otros temas –incluyendo el detalle crucial de cualquier acuerdo nuclear– serían diferidos. Trump quiere de Irán una concesión inicial que él pueda aclamar como una victoria visible, y una que, también, complazca a los mercados. Pero Irán no intercambiará su ventaja militar, y sin dudas tampoco el dominio estratégico que ha alcanzado en la guerra, ni Ormuz, por garantías vagas de los mediadores. Irán no confía ni una partícula en Estados Unidos.

Alí Akbar Velayati, asesor de alto nivel del Líder Supremo de Irán, observa que,

"La historia es testigo de que todo aquel que vino buscando la dominación, de Alejandro a Genghis Khan y Trump, terminan disolviéndose en el corazón de la antigua civilización iraní. En esta oportunidad, el límite incuestionable de Irán está claro: papeles y firmas solamente no son una garantía. El garante tangible de la supervivencia del acuerdo es el estrecho de Ormuz".

"Porque la geografía no miente, y es el juez definitivo sobre cada pacto acordado sobre el papel".

Los mediadores naturalmente están desesperados por evitar otra ronda de guerra. Irán, sin embargo, exige, exige detalles concretos. Este es el dilema de Trump. Él quiere una victoria rápida, pero la mera sugerencia de un acuerdo amañado e incompleto –principalmente en los términos de Irán–- provocaron la cólera de la clase multimillonaria pro-israelí sobre ellos (el esfuerzo por hacerlo retroceder fue intenso), e Israel (probablemente con el aliento de esta misma clase) luego hizo que volará por los aires el cese al fuego de Trump lanzando su asalto militar de tierra arrasada sobre Líbano y sobre Gaza y sus ciudadanos, violando la precondición para un cese de cualquier acuerdo.

Trump está en un zugzwuang. (cualquier movimiento que haga sobre el tablero de ajedrez, potencialmente solamente empeora su posición, bien sea estratégica o domésticamente).

Vimos cómo este mismo zigzagueo, de "a ojo" y sin estrategia alguna, quedaba perfectamente reflejado en las icónicas imágenes de la visita de Trump a Beijing: Trump "improvisó"; nada de preparación previa; una cumbre "intuitiva".

Esa imagen tal vez pudiera llegar a definir a esta era: el momento emblemático de hoy fue la de un presidente de los Estados Unidos con aire de derrota mientras que el comportamiento confiado de un presidente Xi demostró quién tiene el control.

¿Por qué, podría uno preguntarse, la clase pro israelí arriesgaría que occidente sea destrozado por las consecuencias económicas de un cierre prolongado de Ormuz que pudiera estar implicado en su veto rabioso del "acuerdo" sometido a discusión por Trump? Posiblemente por el "big money" judío –desde la crisis de 2008 y la subsecuente transferencia estructural de riqueza de la economía real a la "élite trader" financierizada– pudieran llevarlos a creerse inmunes a un decrecimiento económico. Pudieran incluso verlo como una "oportunidad" (que condujese a los activos a abaratarse).

El efecto Irán, si no es la causa directa, no obstante marca un punto de reordenamiento significativo de la geopolítica global. Para Israel, estas son malas noticias. La narrativa israelí actual es que ningún acuerdo es mejor que no malo, porque Israel siempre puede volver a la guerra con Irán en un período de uno o dos años. Nadie cree eso, por supuesto. Israel no puede organizar una guerra contra Irán sin asistencia completa de los Estados Unidos. Y el Estados Unidos del mañana –en sus relaciones con Israel– probablemente serán diferentes de las de hoy en día. Nahum Barnea ha escrito en Yediot Ahoronot que,

"Nos estamos deslizando hacia una guerra sin final en tres o quizás cuatro frentes, controlando territorios que no son nuestros, con soldados que no tenemos, en una guerra sangrienta contra enemigos que no sabemos cómo disuadir, y todo sin darle seguridad real a nuestros ciudadanos. Israel debe salirse de la trampa iraní. Pero Netanyahu es la última persona con la habilidad para sacarnos de esto".

Rusia también está cambiando (en parte bajo los efectos de Irán). La paciencia estratégica se acabó, y los recientes ataques letales de los ucranianos contra el dormitorio de una universidad en el pueblo ruso de Starobelsk, que mató a al menos 21 personas, principalmente muchachas adolescentes, fue descrito por Moscú como "la gota que colmó el vaso". El público ruso está furioso, y con justicia.

Moscú hace responsable a las capitales europeas y a Kiev de la reciente andanada de drones y misiles lanzados territorio adentro en Rusia, aventajándose del espacio aéreo de la OTAN en su intento por esquivar las defensas aéreas rusas. Adicionalmente, Moscú emitió una notificación formal a Washington (a través de una videoconferencia con Marco Rubio en India) de que también hace responsable a las capitales europeas, y a Kiev, del colapso del marco de Anchorage.

Rusia ha dicho que pretende ponerle fin a la habilidad de Ucrania para llevar a cabo ataques de este tipo, y a liquidar los centros de decisión que planean y dirigen los ataques contra ciudadanos rusos, incluso si esto quiere decir matar a personal europeo o estadounidense. El 15 de abril, el ministerio de defensa ruso publicó listas que contenían los nombres y direcciones de más de 20 compañías europeas y empresas conjuntas que presuntamente suministran drones y componentes a Ucrania. Funcionarios de alto nivel, incluyendo al secretario adjunto del Consejo de Seguridad, Dmitry Medvedev, explícitamente designaron a estas instalaciones internacionales como "objetivos potenciales" para las fuerzas armadas rusas.

Europa fue advertida.

De nuevo, parece que las cumbres Trump-Xi y Putin-Xi en Beijing sirvieron para marcar la transición hacia una era geopolítica más dura.

Las dos cumbres, una después de la otra, parecen haber incentivado a China a aflojar su precaución de costumbre para ponerle un freno a los intentos estadounidenses de ampliar el uso del dólar, a expensas del yuan. La "gran estrategia" del Departamento del Tesoro es "contener" la actual ventaja competitiva de China elevando sus costos de capital y energía. Tesoro ya intentó primero imponerle aranceles, pero luego de fracasar con esta estratagema, se volcó a apretar la ventaja competitiva china bloqueando sus importaciones petroleras (bloqueos navales de Irán y Venezuela) para elevarle los costos.

Sin embargo, si Trump quiere una competición comercial a todo dar, parece que ahora es "vamos a hacerlo" para China; no más (Xi) el hombre bueno.

China le está respondiendo a Trump no con sanciones, ni misiles. Lo hace con algo mucho más preciso: están ejecutando contramedidas de presión a la economía de los Estados Unidos, y lo están haciendo cortándole el flujo de dinero hacia la esfera del dólares en reacción al intento estadounidense de groseramente ampliar el uso global del dólar.

Tanto la ley Genius como la Clarity están diseñadas para sacar a los pequeños inversores de extranjeras de sus posiciones incitándolos a cambiar a tokens en cripto denominados en dólares y respaldado por bonos del Tesoro estadounidense. De ser exitoso, esto pudiera tanto ampliar el alcance del dólar como proveerle una nueva fuente de demanda de deuda estadounidense. De forma similar (bajo la ley Clarity), los inversionistas que buscan retener activos pudieran cambiar acciones y bonos regulares de los Estados unidos en tokens digitales, a través de un sistema de contabilidad distribuida y digitalizada.

En resumen, Estados Unidos apunta a levantar tantas divisas internacionales como pueda para insertarlas a los mercados estadounidenses vía cripto (efectivamente cambiando el petrodólar en declive por una hegemonía con el cripto dólar como sustituto que pudiera, entonces, generarle al dólar una demanda necesaria para evitar que caiga su mercado de bonos).

Por lo tanto, China está respondiendo tomando medidas contra un aspecto más delicado: el flujo de capital minorista chino que se destina a acciones y bonos estadounidenses. Las autoridades chinas han tomado medidas drásticas contra las agencias de valores de Hong Kong que facilitaban la entrada de capitales procedentes de China continental a los mercados de los Estados Unidos. Tal como están las cosas, Wall Street depende de compradores de acciones extranjeros en un nivel importante, pero los ahorros chinos superan por mucho a aquellos de todos los demás países. Estos ya no estarán disponibles.

En segundo lugar, China, el mayor poseedor de oro en el mundo, abrirá un nuevo centro de comercio de oro en julio en Hong Kong. Esto es una maniobra mayor para quebrar el control occidental sobre el comercio de este metal precioso: fortalece el papel del yuan y habilita las ventas petroleras arregladas en oro (Arabia Saudita, de forma indirecta, supuestamente ya le está vendiendo petróleo a China a través del oro).

Tercero, Euroclear, una de las compañías financieras más grandes del mundo y la columna vertebral de arreglos internacionales, está planeando aceptar bonos chinos comerciados en Hong Kong como "un buen aval".

Sean Foo lo explica:

"Cuando Euroclear acepte bonos chinos como colaterales, esto significa que aquellos bonos serán tratados como el equivalente a efectivo líquido. Esto quiere decir que son lo suficientemente aptos para respaldar todas las transacciones internacionales, significando que la plomería financiera global estará incorporando deuda china a su infraestructura central".

"Ahora hay una una razón por qué los bonos chinos se están volviendo atractivos para inversionistas globales, y esto va más allá de la geopolítica o los flujos comerciales. Esto se reduce a una razón fundamental. China tiene más de 50 billones de dólares en depósitos bancarios. Esa cifra supera el total de los activos bancarios combinados de la Unión Europea, Estados Unidos y Japón. Y esto crea algo que todo mercado de bonos, como el de China, necesita para funcionar correctamente: una base profunda y confiable de compradores nacionales, es decir, la propia población local".

En suma, al fluir más dinero hacia los bonos chinos, y profundizándose el mercado de bonos en yuanes, los costes de financiamiento chino se mantiene bajos. Así que Beijing puede financiarse a sí misma de forma barata y casi de forma indefinida, y de este modo puede resistir contra la gran estrategia estadounidense de contener a China reduciendo tanto sus costes de capital como los de energía.


Originalmente publicado en inglés Strategic Culture Foundation el 1 de junio de 2026, la traducción para Misión Verdad la realizó Diego Sequera.

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