Mié. 06 Mayo 2026 Actualizado 2:51 pm

Mein IA

Alex Karp, de Palantir, quiere que sepamos que tiene grandes planes (Foto: Tarik Cyril Amar)

Mein IA

Una vez los nazis fueron acabados, más de unas cuantas personas comenzaron a rascarse la cabeza. Obviamente una cosa deja estupefacto a cualquier observador cuerdo por la mera enormidad de sus crímenes, logrados, además, con un impulso frenéticamente emprendedor en sus ambiciones, en apenas doce años: ¿Guerra mundial? Anotado. ¿Genocidios? Anotado. ¿Mal peinado? Anotado.

Pero luego, hubo otro rompecabezas: ¿Cómo pudo su auto-infatuado visionario-en-jefe, filósofo por hobby (con una inclinación a cosas alemanas siniestras), y obviamente genio aspiracional menos que estable mentalmente que tenían por líder logró que toda una nación de, al parecer, personas razonablemente educadas le sigan la corriente? Y no es que lo siguieron, sino que lo hicieron hasta el muy, pero muy amargo final.

La pregunta se hace aún más perturbadora a la vista del hecho de que Adolf Hitler no tuvo problema en exhibir su demencia y sus extremadamente malas intenciones con bastante anterioridad frente a las elites conservadoras que lo instalaron en el poder en 1933. El manifiesto que alcanzó dimensiones de libro -de hecho, dos volúmenes- del fascismo alemán (aka nazismo), el Mein Kampf, fue publicado en 1925 y 1926, vendiendo más de 12 millones de copias y traducido a más de una docena de idiomas.

Y aquellos dispuestos a desafiar su patológico narcisismo yo-yo-yo-y-la-HISTORIA, sus inconexa mescolanza de tonterías sobre las mejores y peores partes de la humanidad, y los bros grandilocuentes camisas pardas por leerlo completo no podrían decir que su futuro Líder había estado escondiendo el hacia dónde pretendía conducir a Alemania y, en realidad, al mundo.

Ciertamente, el manifiesto de Hitler pudiera haber servido como una advertencia todas-las-alarmas-sonando, luces-rojas-titilando-en-todas-partes, busquen-las-camisas-de-fuerza-ahora. Los principales puntos del mal de la Alemania nazi por venir estaban todos ahí, expuestos en general pero con una honestidad sorprendente: construcción de imperio con brutalidad de fuerza industrial. Exterminio o al menos esclavitud para todos aquellos considerados inferiores y superfluos, y por último pero no menos importante, primacía eterna de un país amo -primacía, como diríamos ahora en ingles gringo- a alcanzar y ser mantenida por todos los medios, porque ese país -en el caso de Hitler, Alemania- estaba definido como superior a todos los demás por definición y convocado a liderar al mundo, para siempre.

Es una de esas ironías amargas de la historia que Alex Karp, CEO de la muy peculiar compañía de software Palantir, que con regularidad hace referencia a su trasfondo en una familia judía y lo que hubiese significado para él bajo los nazis, recientemente publicó un manifiesto que también pudiera servir como una advertencia para el resto de nosotros. Un resumen de su tratado prolongado La república tecnológica (co-escrito con Nicholas Zamiska) -el segundo volumen en la era de la distracción masiva y déficit de atención, por decirlo de alguna manera- un post de 22 puntos en X ha provocado un gran revuelo.

Cas Mudde, reconocido experto de la extrema derecha, lo denominó "¡tecnofascismo puro!" (con signos de exclamación en el original). Yanis Varoufakis siente que "si el mal pudiera tuitear, ¡esto es lo que haría!" (con otros signos de exclamación). Mudde también hizo un llamado a detener por completo toda cooperación de las compañías y agencias del gobierno europeas con Palantir. Incluso Eliot Higgins, fundador de la herramienta para la recreación de la guerra fría y frente de guerra informativa Bellingcat se conmovió también; ligera ironía. ¡Qué atrevido! (Signos de exclamación míos).

Y estas no son sobrerreacciones. El manifiesto Palantir de Karp verdaderamente es una autoexploración sorprendentemente abierta de la visión de futuro de la humanidad de una mente muy enferma, alegando, en efecto, por una carrera armamentista de IA (un gran ¡kaching! para Palantir, por cierto), trayendo de vuelta los militarismos alemán y japonés, racismo enmascarado como realismo sobre atrasos culturales (casualmente, también una maniobra "Kulturträger", en la que Karp pudiera haber escuchado en sus años alemanes) y, por último pero igual de importante, permitirle a nuestros billonarios brillantes, y a las nuevas élites en general, librarlos de cualquier cargo cuando la cagan , tales como andarse divirtiendo en una isla privada con un violador de niños serial; ese tipo de cosas. Qué desinteresado.

También está dolorosa y criminalmente mal escrito -plus ça change…- en un estilo que combina kitsch Götterdämmerung tipo Oswald Spengler de segunda ("la decadencia de una cultura o civilización, y en efecto su clase dominante, serán perdonados solamente si esa cultura es capaz de entregar desarrollo económico y seguridad para el público") con vulgares estupideces incongruentes (¿por qué, de nuevo, no podemos tener desarrollo económico y seguridad sin nada de eso de "decadencia de la clase dominante"?).

Hay pasajes que se leen como si los hubiera escrito un joven Jordan Peterson -a los 15 años y con demasiada coca cola dietética encima- tratando de ser profundo, muy pero muy profundo por primera vez: “Aquellos que ven hacia la arena política para nutrir su alma y su sentido de ser, que se apoyan demasiado en su vida interna buscando expresión en gente que quizás nunca lleguen a conocer, quedarán decepcionados” y "nuestra sociedad ha crecido demasiado ansiosa por acelerar, y con frecuencia es demasiado alegre frente a, la muerte de sus enemigos. La eliminación de un oponente es un momento de pausa, no de regocijo".

Luego de la inimitable práctica del idiota en jefe de la guerra Don Tzu de Ormuz, Alex y sus amiguitos de Palantir nos dan su I Ching de los lerdos del mundo tecnológico. Afortunados que somos: ¡tanta primacía estadounidense y luego tenemos, también, al meta Silicon Valley!

Pero por más absurdo que sea el manifiesto de Karp, es, por supuesto, un asunto dramáticamente serio. Después de todo, vivimos en un mundo en el que Palantir ya se ha alzado con demasiado poder. Fundado como un derivado de la CIA luego de los -ay tan imposibles de anticipar- ataques del 11 de septiembre de 2001, respaldado por un amiguito de Epstein totalmente normal, el "transhumanista" y obsesionado con el anticristo Peter Thiel, Palantir ha crecido hasta convertirse en un monstruo sangriento, combinando, al estilo verdaderamente fascista, las lógicas de la eficiencia y el exterminio con sus herramientas de software, tales como Gotham, Foundry o Maven, mientras espía masivamente a todo y a todos los que puede, y sistemáticamente incrustándose en los negocios y los gobiernos para convertirse -o aparentar convertirse- en indispensable.

Palantir -nombrado así por las piedras mágicas que todo lo ven usadas por los villanos en El señor de los anillos de Tolkien (de nuevo: no pueden decir que no fueron advertidos)- ya ha producido demasiado mal que una pequeña muestra de lo peor de lo peor es suficiente: la compañía oficialmente ha negado estar involucrado en el uso de la Israel genocida para exterminar palestinos más rápido. Curiosamente, Alex Karp ha, sin embargo, sonrientemente admitido precisamente esto en público. Respecto al despliegue del software para creación de objetivos de Palantir en la guerra de agresión estadounidense-israelí contra Irán, la empresa ni siquiera ha hecho el intento de negarlo.

Pero Palantir nunca descansa. Mientras profunda y orgullosamente involucrado en carnicerías genocidas y guerras imperialistas, también subvierte sociedades de forma generalizada en tiempos de paz. En el Reino Unido, por ejemplo, se ha fraguado un revuelo contra la insensata entrega de poderes policiales y data extremadamente sensible (por ejemplo, en las esferas de la salud y las finanzas) al retoño de la CIA que se ha vuelto canall. En Alemania, sistemas Palantir son empleados para usarlos en actividades policiales en al menos tres de sus estados federales: Hesse, Renania del Norte-Westfalia y Bavaria. En los Estados Unidos, Palantir, por su puesto, ya ha invadido tan profundamente al Estado que no solo ayuda en combatir en sus guerras criminales en el extranjero, sino que también, por ejemplo, aterroriza a sus migrantes y algunos no migrantes también, en casa.

De hecho, Palantir es tan maligno que incluso sus propios empleados están comenzando a preguntarse si ellos quizás, en realidad, sean los malos. Una pista: sí, lo son. Y todos nosotros lo sabemos.

Para el resto de nosotros, esto es, casi todos nosotros en este planeta afligido por el Silicon Valley: llegó el momento de creerles cuando nos dicen a la cara que vienen por nosotros. Palantir es un peligro claro e inminente para la humanidad. Su CEO es un demente extremadamente peligroso, su misión es la subversión, vigilancia y violencia, y su único Talón de Aquiles pudiera ser aquel viejo némesis de los malvados: la hibris. El tipo de hibris que te hace exhibir tu mente perversa y anunciar tus horribles intenciones en un manifiesto que deberíamos llamar el Mein IA de Alex Karp.


Publicada originalmente en inglés en en The Ninth Wave el 25 de abril de 2026, la traducción para Misión Verdad la realizó Diego Sequera

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