Jue. 25 Febrero 2021 Actualizado 12:05 pm

La disputa por el poder en el Imperio: un análisis sobre las elecciones en EEUU

La carrera presidencial estadounidense tiene un conjunto de nuevos hitos, sin precedentes en la historia reciente de dicho país.

El primero de ellos es Donald Trump y las particularidades de su propia existencia en la política estadounidense en el primer cargo ejecutivo del país, en busca de una reelección.

Luego de un periplo presidencial marcado por las contradicciones entre el mandatario y el Estado profundo estadounidense, e incluso luego de haber superado un impeachment en ciernes que cesó abruptamente por obra de los legisladores republicanos en el Senado, su figura política se mantiene rutilante.

Su reciente presentación en el Air Force One y luego con el vehículo presidencial en la pista durante la inauguración de las 500 millas de Daytona, es decir, frente a una gran audiencia presencial y televisiva, hizo alarde de un Trump claramente conectado con una base electoral (sureña principalmente) en una estampa abiertamente triunfal y arrogante.

Su propia presencia es un hito que supone la convergencia de todas las contradicciones propias de la política estadounidense y el propio Trump lo sabe.

Sin embargo, del lado Demócrata de la contienda presidencial parece definirse el hito de que, al menos hasta ahora, el mayor antagonista de Trump, Bernie Sanders, luce como la principal opción para confrontar electoralmente al mandatario.

Un hecho que reviste en sí mismo un significado particular: no se conocía en la política estadounidense que dos candidatos tan disimiles entre sí y tan particulares en el conjunto de la política estadounidense, pudieran eventualmente enfrentarse electoralmente en medio del nudo crítico que es hoy la política norteamericana.

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La carrera por la candidatura demócrata

Sin lugar a dudas, como parte del mismo fenómeno político que colocó a Trump en la presidencia, es decir, el desencanto de los electores por las figuras de la política tradicional, Bernie Sanders se alza con la preferencia de los seguidores del Partido Demócrata en una especie de continuidad de sí mismo como una “particularidad” política, que en 2016 disputó seriamente y hasta el final la candidatura Demócrata a Hillary Clinton, sin olvidar que ella y su esposo son caudillos en su partido.

Este 2020, Bernie Sanders, quien no es técnicamente un dirigente del Partido Demócrata y que por el contrario es un outsider, ha logrado mover el debate hacia la izquierda.

El candidato se presenta consistente y amalgamado a su propio discurso de “socialismo democrático”, con el que se ha sostenido como Senador por Vermont en las últimas décadas.

Su parecido con Trump yace en que su metodología de ascenso político está claramente desprendida de alianzas con factores tradicionales del partido y más bien es empujado hacia arriba por sus fervorosos seguidores. Rechazando aportes de millonarios y lobbys empresariales, Sanders hace una carrera electoral de la mano de los pequeños contribuyentes y su discurso es polémico, irreverente y claramente polarizante, el más antagónico frente a Trump.

La carrera por la candidatura Demócrata tiene hasta ahora la realización de los “caucus” o elecciones primarias en Iowa, New Hampshire y Nevada.

El próximo sábado tendrán lugar las primarias de Carolina del Sur. En los “caucus” ya celebrados Sanders ha cosechado los mejores resultados. Ha obtenido 28,45% de los votos y 45 delegados. Fue seguido por Pete Buttigieg con 23,39% de los votos y 25 delegados, ya retirado de la contienda electoral.

Joe Biden, quien lucía como la figura Demócrata más sobresaliente, tiene 11,82% de votos y 15 delegados. En cuarto lugar la senadora Elizabeth Warren, “de izquierda”, pero más ubicada al centro y cercana a los lobbys empresariales y políticos del partido, tiene 12,99% de votos y 8 delegados.

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Es imprescindible señalar que, en el tipo de sistema de primarias que aplica a los dos únicos partidos permitidos en la política estadounidense, el sistema de elección no es proporcionalmente directo entre el voto de los electores y el resultado. Es decir, para ganar una candidatura no basta que un candidato sea el más votado. Para ganar una candidatura un aspirante debe alcanzar mayoría de delegados del partido, que en el caso Demócrata es de 3 mil 979.

El significado de la candidatura de Sanders no yace por los resultados que ya tiene a favor, sino por las perspectivas a mediano plazo y por perfilarse hasta ahora, por estadística electoral, como el más probable y creíble rival de Trump. Para empezar, ya ha superado a Joe Biden en el índice de preferencia nacional en cuatro de las más respetadas y acertadas encuestas estadounidenses.

A continuación, así refieren las encuestas de preferencia nacional a los cinco principales candidatos Demócratas:

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De acuerdo con estas mismas encuestadoras, además de liderar la preferencia nacional con amplia ventaja a su más cercano contrincante, Sanders es el favorito para el llamado “Súper Martes” del próximo 3 de marzo, fecha en la que habrá primarias simultáneas en 16 estados, varios de ellos con gran número de delegados a disputarse.

De acuerdo con las cifras, Sanders es favorito en 11 de los 16 estados, los cuales asignan el 80% de los delegados del “Súper Martes”, entre ellos, estados claves como California, Texas y Carolina del Norte. Los resultados recientes en Nevada, así como las previsiones del “caucus” del próximo sábado en Carolina del Sur, prevén que Sanders se ha hecho del apoyo mayoritario de los afroamericanos y latinos en Estados Unidos.

Por otro lado, el Senador de Vermont se ha visto favorecido por la dispersión del voto entre los otros aspirantes. Sanders disputa el liderazgo con Biden en Carolina del Norte y así también con Michael Bloomberg en Nueva York (donde Bloomberg fue alcalde), y así ocurría hasta hace poco contra Buttigieg en Virginia, lo cual implica que no hay un segundo aspirante sólido luego de Sanders, aunque Biden esté de segundo lugar en la preferencia nacional.

Sin embargo, aún teniendo el apoyo mayoritario del electorado, no hay garantías de que Sanders termine como candidato. La última palabra la tiene la asamblea de delegados del partido, la cual está claramente influenciada por los grupos y factores tradicionales, los cuales no ven a Sanders como su candidato idóneo por razones políticamente obvias.

Sanders, o cualquier candidato Demócrata, versus Trump

Para efectos de la carrera presidencial estadounidense, una cosa es que Bernie Sanders pueda consolidarse como fenómeno político si gana la carrera Demócrata y otra que pueda vencer a Trump.

La política estadounidense, en términos tradicionales, ha dejado la lección de que candidatos que puedan parecer “radicales” en sus posturas, sean los peores valorados por los indecisos electorales, lo cual ha servido para definir desfavorablemente sus postulaciones. No obstante, la presencia de Trump en la Oficina Oval probablemente haya dado al traste con tal valoración.

Esto implica un probable cambio en la subjetividad política estadounidense, la cual podría estarse reperfilando a posturas cada vez más polarizantes, ante el agotamiento de las formas de legitimidad político-electoral tradicionales. Esto abre una posibilidad para el Senador de Vermont y no así para otros probables candidatos, como Biden o Bloomberg.

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A Sanders le desfavorece su propio discurso de “socialismo democrático” que ya está siendo usado en su contra por sus contrincantes. Esto es, sin duda, un riesgo electoral si entendemos que la sociedad estadounidense sigue siendo de “centro derecha conservadora”, tal como quedó reflejado en un estudio reciente de Gallup.

Un 37% de estadounidenses que se consideran conservadores, un 35% moderados y un 24% liberales, acorde a la encuesta, y esto implica que el potencial piso electoral de Sanders yace en los liberales, que son minoría por autodefinición ideológica.

Sobre la posición actual de los partidos, solo el 27% de los estadounidenses se identifican como Demócratas, según la referida encuesta de Gallup. Otro 30% terminó describiéndose a sí mismos como Republicanos y un 42% declarándose como independientes.

Vale decir que Trump llegó a la presidencia gracias al apoyo de sectores que se catalogaron en 2016 como independientes, es decir, su liderazgo fue más allá de la identidad política conservadora y Republicana, y ello definió las elecciones.

Para vencer a Trump, con Sanders o Biden, los Demócratas tendrán que lograr lo mismo.

Sanders está aplicando la misma estrategia de Trump acudiendo a los desencantados políticos, especialmente en estados electoralmente oscilantes como Michigan, que tienen además una particularidad. Se tratan de estados del Rust Belt, donde yace la “clase trabajadora” dicho así por el Senador, y que son factores que podrían definir la elección presidencial movilizando el voto de apáticos históricos e indecisos.

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El reto de Sanders yace en hacer cuajar y rentabilizar electoralmente un discurso de “socialismo democrático” en un país de derecha. Es por ello que desde hace dos años en su discurso ante la nación, Trump se ha referido concretamente al socialismo como una “amenaza” para la política estadounidense.

Tal parece que el equipo de Trump ha avizorado, acertadamente, la recomposición de la subjetividad estadounidense y han previsto que su hoy más cercano contrincante representa, más allá de una batalla electoral, una batalla ideológica, cosa que no es usual en la política estadounidense donde Demócratas y Republicanos terminan siendo, en apariencia, figuras ideológicamente idénticas.

Trump entendió con mucha anticipación el “fenómeno” de Sanders y prácticamente lo ha elegido como candidato rival, no sólo por ser su más claro antagonista, sino porque es en términos ideológicos y subjetividades el más probable de derrotar. De ahí que ello haría claramente comprensible que Trump intentara sacar a Biden de la carrera presidencial mediante actos que desembocaron en el escándalo ucraniano y su impeachment fallido.

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Dicho así, pese a estar en proceso de resquebrajamiento, las posiciones conservadoras siguen como subjetividad mayoritaria en Estados Unidos. En el marco de la era Trump, las posibilidades de Sanders yacen en que se valore su originalidad y su consistencia, más que su ideología, tal como ocurrió con Trump.

La profundidad de un fenómeno como el de Sanders en la política tiene un antecedente desde 2016, y esto contraviene toda posibilidad a otro candidato que no sea Sanders.

En 2016, los seguidores de Sanders no apoyaron a Hillary Clinton y ello fue otro factor que favoreció a Trump, quien a pesar de perder el voto popular, ganó más colegios electorales gracias al Sistema D’Hondt.

Clinton obtuvo voto mayoritario, pero por escaso margen, en reductos Demócratas como Nueva York y California, lo que permitió que Trump amplificara su ventaja en colegios alcanzados en reductos Republicanos como Texas y Florida.

Esto significa que para los Demócratas hay un serio problema. Sanders, quien tendrá muchos factores en contra gracias a su discurso, es el mejor candidato, dado que sus seguidores, entusiastas, liberales, de izquierda, desencantados y activistas de diversa índole, no apoyarán a Biden o Bloomberg.

Hay que recalcar: el Partido Demócrata no solo debe aspirar a un apoyo pleno de sus seguidores para vencer a Trump, también debe alcanzar apoyos más allá del partido. Sin el apoyo de los seguidores de Sanders, cualquier otro candidato difícilmente podrá vencer a Trump.

A favor de cualquier candidato Demócrata, juegan hoy factores de la industria cultural estadounidense alineados en un discurso anti-Trump, así como otros factores de la élite económica tradicional y medios de comunicación que también apuestan en contra del mandatario.

Sin embargo, la era Trump tiene significados concomitantes y uno de ellos ha sido claramente instrumentalizado por Trump. Hollywood, los medios y sectores de la camarilla empresarial y financiera, no logran interpretar el sentido común del norteamericano promedio como sí lo ha hecho Trump, el hombre que apareció en las 500 millas de Daytona. Pese a lo que sugieren algunas encuestas, Trump, a mediados de febrero, luce invencible.

A expensas de su fallido juicio político y el momento “robusto” de la economía estadounidense, según Gallup para febrero de este año Trump alcanzó su mejor índice de popularidad de su mandato, con 49%.

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Los factores de la oscilante popularidad de Trump tanto como la consistencia de su imagen y personalidad carismática, pese a los ataques que ha sufrido, serán los que a fin de cuentas definan la candidatura Demócrata, lo cual aleja las posibilidades para Sanders e incluso, y más aún, para cualquier otro candidato.

Aunque el trecho electoral desde esta fecha hasta las elecciones es bastante largo y con probabilidades indecibles, al día de hoy, y con las condiciones actuales, Trump puede darse por reelecto.

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