Dom. 25 Octubre 2020 Actualizado ayer a las 11:45 pm

El COVID-19 ya llegó al África: mitos y datos sobre posibles riesgos

Hasta la fecha de publicación de este artículo, no hay un país africano entre los primeros 30 países con personas afectadas por el nuevo coronavirus. El brote en curso se notificó por primera vez en Wuhan, China, y se identificó como una nueva enfermedad coronavírica (COVID-19) el 10 de enero de 2020.

El análisis preliminar de los genomas virales de China y otros países sugiere que la transmisión inicial desde un reservorio zoonótico a los seres humanos podría haber ocurrido a finales de octubre de 2019.

Sin embargo, la semana pasada el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores chino, Lijian Zhao, reaccionó ante las declaraciones de Robert Redfield, director de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés), en la Cámara de Representantes de Estados Unidos, donde este reconoció que algunos casos del coronavirus en su país fueron clasificados erróneamente como influenza ya que los médicos no tenían una prueba precisa para la nueva epidemia en aquel momento.

Zhao exigió a Estados Unidos que revelara lo que está ocultando sobre los orígenes del COVID-19, llegando a sugerir que el Ejército estadounidense “ha llevado” el nuevo coronavirus a China.

Se ha documentado la transmisión de humano a humano y la infección al personal sanitario; la movilidad aumenta la probabilidad de dispersión entre países y continentes. Al igual que otros coronavirus, las personas pueden contagiar antes de mostrar ningún síntoma de la enfermedad.

Las cifras

África se ha beneficiado de la llegada bastante lenta del virus al continente, lo que ha dado a sus 54 países una oportunidad de establecer capacidades de análisis y tratamiento. La Organización de las Naciones Unidas (ONU) lo divide en cinco regiones: Occidental, Septentrional, Central, Oriental y Meridional.



Al día 16 de marzo de 2020, las cifras globales de afectados por el COVID-19 reportados oficialmente por la Organización Mundial de la Salud (OMS) son 168 mil 19 casos en 148 países, áreas o territorios, de los cuales 6 mil 610 han fallecido.

En el continente africano las cifras son las siguientes, al cierre de esta nota:



Algunos expertos y observadores internacionales han especulado con que el número relativamente bajo de casos en África podría ser simplemente el resultado de sistemas de reporte deficientes y bajas tasas de análisis. Según el CDC África, los CDC de cada país han estado en contacto con todos los países afectados y están movilizando apoyo de laboratorio, vigilancia y otros tipos de respuesta cuando así se solicitan.

Los CDC activaron el 27 de enero de 2020 su Centro de Operaciones de Emergencia y su Sistema de Gestión de Incidentes (IMS) para el brote de COVID-19, y hoy día, 33 de los 47 países del África subsahariana cuentan con instalaciones de pruebas.

Los ministros de salud de la Unión Africana se reunieron de emergencia en Addis Abeba (Etiopía) el 22 de febrero, acordaron una estrategia continental conjunta y una orientación para la evaluación, las restricciones de circulación y la vigilancia de las personas en situación de riesgo, incluidas las personas repatriadas de China.

Se están iniciando ejercicios de simulación de la respuesta (es decir, ejercicios de “mesa” para la coordinación de alto nivel), incluida una simulación inicial realizada con un grupo de unos 10 países de África occidental en asociación con la OMS. Además, se procura adquirir reservas de equipo médico de emergencia, incluidos diagnósticos (más de 6 mil equipos de prueba), escáneres térmicos y otros equipos críticos que pueden utilizarse para equipar rápidamente a los países en caso de aparición rápida de casos.

La estrategia incluye otras actividades para seguir y verificar los eventos relacionados proporcionando información crítica para informar sobre las actividades de respuesta y control y capacitación a 28 laboratorios africanos en el diagnóstico del SARS-CoV-2, síntoma del COVID-19.

¿Por qué el COVID-19 llegó tarde a África?

Cuando unos 24 países, aparte de China, habían registrado casos del COVID-19, ninguno de ellos estaba en África, a pesar de los vínculos cada vez más estrechos entre este continente y Asia.

China es el mayor socio comercial de África, hay unas 10 mil empresas chinas que operan en todo el continente, cerca de 2 millones de chinos viven y trabajan en el continente, mientras que muchos africanos también visitan cada vez más China por negocios y estudios.

Según DW, antes del brote, que se centró en la región china de Hubei y su capital provincial de Wuhan, unos ocho vuelos diarios operaban entre China y las naciones africanas. Este medio, junto a otros vinculados a la hegemonía corporativa, intentaron infundir temor a la población africana basándose en “lo mal preparados” que está la mayoría de los países africanos para responder a una pandemia importante, contando la cantidad de ciudadanos chinos, las deficiencias sanitarias y los crecientes vínculos con China basados en el desarrollo de megaproyectos asociados a la Iniciativa del Cinturón y la Ruta (ICR).

A mediados de febrero pasado, África pasó de 2 a 16 laboratorios que podían diagnosticar el nuevo coronavirus en poco menos de dos semanas, y hace un mes los viajeros procedentes de China y otros países asiáticos eran objeto de confinamiento o cuarentena. Hoy en día la lista incluye a personas provenientes de Europa debido al disparo reciente de casos en dicho continente.

El epidemiólogo Paul Hunter, profesor de medicina de la Universidad de East Anglia, así como de la Universidad Tecnológica de Tshwane en Sudáfrica, manifestó que el COVID-19 “no ha estado presente el tiempo suficiente” para saber si su transmisión se verá afectada por el cambio de estaciones; no cree que el continente se vea tan afectado como China debido a que “las enfermedades por goteo no parecen ser un problema tan grande en África”, añadiendo que el SARS, una enfermedad respiratoria que también es un coronavirus, se propagó por 26 países en 2003 mas no logró afianzarse.

En África las personas no suelen vivir hacinadas en zonas tan densamente pobladas y también pasan mucho más tiempo al aire libre que en los países septentrionales.



Se llegó a especular en algunos medios de comunicación que el clima cálido y húmedo del continente era inhóspito para la enfermedad, sin embargo hay muchas partes de África donde el clima es templado, y dos grandes aeropuertos internacionales como el de Johannesburgo y el de Addisburgo que sirven a ciudades de unos 8 millones de habitantes cada una, incluida una importante población de barrios marginados, disfrutan de climas frescos y secos. Las cifras siguen siendo conservadoras.

Por ejemplo, el 17 de febrero de 2020, el sitio web cityscrollz.com informó falsamente que Kem Senou Pavel Daryl, un camerunés que estudia en China, contrajo el nuevo coronavirus pero se recuperó “debido a su composición genética de la sangre, que se encuentra principalmente en la composición genética de los africanos subsaharianos”.

Lo cierto fue que Pavel Daryl se enfermó después de contraer el nuevo coronavirus y fue hospitalizado. Su recuperación, después de haber sido puesto en aislamiento durante 13 días, se debió a rondas de antibióticos y otras drogas bajo cobertura del Estado chino.

La escuela del Ébola y la cooperación internacional

Los países que enfrentaron al brote del Ébola siguen teniendo las instalaciones de aislamiento y la experiencia en el control de las enfermedades infecciosas, pero, cuando se trata de la detección, el Ébola es diferente al coronavirus.

A pesar de no ser uno de los países más ricos, Cuba desplegó más de 460 médicos y enfermeros cubanos a Guinea-Conakry, Liberia y Sierra Leona bajo la dirección de la OMS, a la vez que más de 50 mil trabajadores de la salud de Cuba trabajan en 66 países de todo el mundo, incluyendo Estados Unidos.



Estados Unidos (con el acento puesto en personal militar), China, Suecia, Alemania, Reino Unido y otros países africanos como Ruanda, Uganda, Etiopía, Namibia y Angola, también enfrentaron esta epidemia que alcanzó los 28 mil casos y produjo 11 mil 300 muertes.

El Ébola tiene una tasa de letalidad mayor (aproximadamente 50%) y sólo se vuelve infeccioso cuando se manifiestan los síntomas, mientras que el COVID-19, cuya letalidad es más baja (14% en adultos mayores), puede transmitirse antes de que los pacientes muestren los síntomas.

Aunque no se sabe exactamente cómo se propaga de persona a persona, se sabe que virus similares lo hacen por medio de gotitas respiratorias, como las que se producen cuando una persona infectada tose o estornuda.

El aprendizaje de las instituciones y centros de investigación en torno a este flagelo ha permitido que se coloquen al frente de las situaciones inesperadas y no tras ellas, comenzando la lucha mucho antes de que se diagnostique el primer caso. Aunque el Ébola ha debilitado los sistemas de salud y las perspectivas económicas de algunos países, mantienen la experiencia como fortaleza.

Un riesgo latente reside en el hecho de que las naciones más ricas y desarrolladas, principales donantes en casos de contingencia, están luchando también contra el nuevo coronavirus, y es posible que no se apresuren a centrar su atención y ayudar a África en caso de que se disparen los contagios.

Otro riesgo tiene que ver con la larga epidemia del Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH) en países como Sudáfrica (51 casos), donde más de 7 millones de personas viven en condiciones que debilitan gravemente el sistema inmunológico, lo que hace que muchas personas sean potencialmente más vulnerables al COVID-19.

El COVID-19 llegó tarde a África y sus países han tomado medidas de alerta y emergencia que prevén el aislamiento por 14 días (período de incubación del virus) para toda persona proveniente de países en riesgo como China, Italia, Corea del Sur e Irán. Además de la suspensión de actividades masivas y vuelos desde y hacia países con riesgo de contagio.

Oportunidades y riesgos dependerán de las decisiones de sus gobiernos y de la cooperación entre sus países que, ojalá, no siga la senda de una Europa desorientada.

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